viernes, 4 de mayo de 2018

Sequeros: Crónica de Juan Alonso


Llegamos a Sequeros el domingo 8 de abril, sobre las siete de la tarde. Habíamos salido de Miranda del Castañar; desde allí nos indicaron un camino rural que nos evitaría dar un largo rodeo y nos llevaría hasta Villanueva del Conde, muy cerca de nuestro destino y, sin saberlo, lugar donde se desarrolla nuestra historia. En Sequeros sólo vimos un hombre joven a la entrada del pueblo; la tarde estaba lluviosa y apetecía poco recorrer las calles desiertas bajo el agua. En Sequeros se había rodado una película, El Nido, en 1980, que le había dado cierta fama al pueblo. Hicimos nuestro recorrido, vimos la plaza y su iglesia casi sin bajarnos del coche y pronto buscamos la salida. Volvimos a encontrar al mismo hombre joven que nos indicó una plaza de toros y el teso, un promontorio, desde el que se ve una extensa panorámica de las sierras de Francia y Béjar. La panorámica era espectacular, desde allí pudimos ver algunos pueblos que parecían dibujados entre las sombras de los nubarrones y los claros que dejaban pasar una luz tenue y algún rayo del sol. A nuestra derecha se veían correr cortinas de lluvia que parecían venir a nuestro encuentro. En el teso hay una cruz y un árbol, un tejo me pareció, los restos de un olmo caído y junto a ellos una cartela de información.
  Según la cartela nos encontrábamos en el Teso de la Cabezuela o Mirador de la Cruz, un lugar bucólico que en su día cautivó al director de cine Jaime de Armiñán para rodar su película, aunque el lugar escondía una historia, según el texto, no tan bucólica: frente a la cruz se ejecutaban las sentencias del juez de Sequeros, entre ellas, la más recordada, la de Juan Alonso, a quien un día de 1845, a las once de la mañana se dio garrote vil por haber asesinado en despoblado a una mujer casada. Noté cierto vacío en el ánimo, el texto no acompañaba en absoluto al panorama sombrío de espesos nubarrones que se abría en el horizonte, y con esa desazón que la inmensidad de la naturaleza ejerce sobre la soledad de las personas y la quietud que la muerte envuelve al alma, comenzó a llover con fuerza. Corrimos hacia el coche a refugiarnos de la lluvia y, ya sin parar, tomamos la carretera dirección norte, hacia Tamames, bajo un intenso aguacero.


El recuerdo de aquella escena me persiguió durante varios días. Decidí buscar, y me costó cierto trabajo encontrar el relato que llevó a Juan Alonso a este trágico desenlace, y la no menos trágica historia que lo condujo hasta allí; lo encontré entre los periódicos de la época. Comencé a leer sin orden, de manera compulsiva, las crónicas que trataban el crimen, según las iba encontrando, de la misma forma las reproduzco ahora que, aunque desordenadas, dan cuenta de la crónica del asesinato de María González.

La primera lectura que hice de la noticia fue en El Heraldo de Madrid de 30 de septiembre de 1845, en una crónica desde Valladolid. En ella se hacía una reflexión que bien podemos aún hoy tener en cuenta: Hace un año que casi mensualmente se levanta un patíbulo en el distrito de esta audiencia, habiendo sufrido en él diferentes reos la pena a que se habían hecho acreedores, y como si estos episodios terribles de la vida humana alentasen lejos de contener a los criminales, en nada disminuyen los crímenes atroces que se cometían. Sugiérenos estas reflexiones las diversas causas cuyas vistas hemos presenciado en las dos semanas anteriores.
En una de estas vistas, se falló la causa contra don Juan Alonso de Villanueva del Conde, partido de Sequeros. Se le acusaba de haber matado a la joven María González, que recibió once puñaladas, nueve de ellas mortales. El inferior le condenó a muerte que había de sufrir en Sequeros, y la sala ha confirmado esta sentencia, disponiendo que la ejecución se verifique en Salamanca donde se halla preso. Esta variación parece que causa una nueva instancia.

El 9 de noviembre publicaba el mismo periódico, una crónica con fecha del 5. Anunciaba que ese mismo día, desde Valladolid, sale para Sequeros el verdugo a ejecutar la justicia de Juan Alonso vecino, de Villanueva acusado de conato de violencia y muerte a la joven María González. La ferocidad de este hombre ha llegado al punto de estar muchos días con centinelas de vista.

El 12 de noviembre, El Español, en crónica de Salamanca del día 8 informaba que el día anterior, a las seis y media de la mañana salió de ésta, y custodiado por ocho guardias civiles, el reo Alonso, de Villanueva del Conde, partido de Sequeros. Le conducen a este último pueblo para sufrir la pena de muerte en garrote vil, por haber muerto a la joven María González, dándole once puñaladas, las nueve mortales. El verdugo de Castilla la Vieja encargado de ejecutar la justicia, llegó el jueves acompañado de un alguacil de la audiencia de Valladolid, y con la escolta de tres soldados de caballería. Salió también ayer para Sequero, que es donde deberá cumplir con la ejecución de la pena, a fin de dar su merecido a la justicia.



El crimen y su resolución lo narra El Español en la edición del 17 de junio, sección Tribunales con el titulo Causa notable seguida en el Juzgado de primera Instancia del Partido de Sequeros.

En el Juzgado de Sequeros debe haberse celebrado en uno de estos días en la sala de audiencia la célebre causa instruida contra Juan Alonso, vecino de Villanueva del Conde, por asesinato y violencia en la persona de María González su convecina. Terrible ha sido la sensación que ha causado en aquellos pueblos y aún en toda la provincia un hecho tan horroroso, cuyos pormenores referiremos minuciosamente cuando se nos remita el extracto de la causa, dando ahora solo una idea de lo que del sumario resulta.
 
El día 12 de mayo último desapareció del pueblo de Villanueva del Conde la joven María González, muger de F. de T. Practicadas por este y su familia las mas esquisitas diligencias en su busca, ningún resultado tuvieron en toda la noche del mismo día, hasta que a la hora de las siete de la mañana del 13 fue avisado el párroco, bajo sigilo de confesión, de que se hallaba el cadáver en un paraje oculto al sitio de la Roabajo, término del mismo pueblo. Comunicado el aviso por el párroco al señor alcalde Maldonado, dispuso el reconocimiento y remoción del cadáver previas las formalidades de la ley. Constituida dicha autoridad en el sitio designado, se inspeccionó el cadáver e identificado, resultó ser de la desgraciada María González, a quien examinaron los facultativos de medicina y cirugía D. Julián y D. Juan Martín. La víctima había recibido 12 puñaladas, de las cuales tres lo fueron en la garganta, dos en el pecho, dos en el estómago, dos en el vientre, y tres en los brazos. Removido el cadáver y hecha la disección anatómica, declararon dichos facultativos, que de las puñaladas del pecho una había penetrado en el corazón hasta media pulgada, siendo esencial y prontamente mortales esta y las demás recibidas en el tronco del cuerpo, por donde arrojaba sustancias alimenticias. Finalizada esta operación, se presentó el juez de primera instancia, y examinado que hubo las actuaciones, continuó los procedimientos con actividad hasta bien entrada la noche, que observando el ningún resultado que ofrecían las investigaciones, dictó una providencia que si bien era de éxito muy difícil, no por eso se detuvo en su práctica. Llevada a debido efecto produjo el de arrancar al reo de la profunda oscuridad en la que se ocultaba. Por la declaración de los facultativos se infirió que las heridas ocasionadas a la víctima en los brazos pudo recibirlas como en defensa propia, y nada más natural que el asesino hubiera a su vez recibido algún ligero golpe con la azada de que aquella iba provista para regar una heredad de su pertenencia. Para hacer esta investigación necesario era reconocer y examinar a todo el vecindario sin escepción de clases ni personas; y para verificarlo sin confusión y con regularidad, mandó que todos los vecinos concurriesen a la iglesia parroquial a las seis de la mañana del día 14, acompañados de sus hijos y criados mayores de 16 años. Situado en el pórtico de la parroquia y acompañado de todo el ayuntamiento y promotor fiscal del juzgado, pasó revista nominal a los 300 vecinos de que se compone el pueblo, y solo Juan Alonso se hizo sospechoso por su siniestro modo de presentarse, y una herida leve que tenía sobre el lado izquierdo de la nariz. Interrogado en el acto, confirmaron sus contestaciones las vehementes sospechas que su aturdimiento y palidez habían inspirado. Fue, pues, reducido a prisión incomunicado, interín se practicaron algunas diligencias referentes a su persona, y recibiéndose a seguida su declaración a inquerir, resultó que los calzones y polainas que llevaba puestos, estaban aún regados con sangre de su víctima. Al día siguiente 15 estaba completo el sumario hasta recibir la confesión del reo, que ya convicto permaneció en una obstinada negativa. El 16 se dió vista de la causa al marido y familia de la infortunada María González, y el 17 se pasó al promotor fiscal, quien en 20 pidió se ampliase el sumario a ciertos particulares, se produjeron mayores resultados que los hasta entonces obtenidos, pues se puso en evidencia el hecho, que Juan Alonso refirió a su muger cuando se presentó en su casa lleno de sangre, y ésta le preguntó la procedencia, reducido a que había preguntado a María González cuando salía del pueblo, a dónde se encaminaba, se dirigió a su encuentro, y no accediendo aquella a sus impuros deseos, la derribó en el suelo y la amenazó con una cuchilla de que iba provisto, consumando acto continuo su atroz delito, dándola doce puñaladas, la primera en el pecho. El 21 pasó segunda vez la causa al promotor, y el 26 la devolvió con la acusación de que se ha conferido traslado al reo.
Observaciones
Este proceso ofrece hechos dignos de la atención de nuestros lectores, aun alejando la vista del atroz delito consumado por Juan Alonso, que dio doce puñaladas a la infeliz María González. Es muy notable la tenaz resistencia que opuso al bárbaro intento de un agresor hasta el punto de defenderse con una azada. Es muy nuevo, y hasta dramático el acto de reunirse en la iglesia del pueblo todos los vecinos a sufrir un examen y reconocimiento que había de producir la averiguación del delincuente. Y hasta la circunstancia de verificarse la reunión de los vecinos en la iglesia, cosa que tal vez no merezca la aprobación de todos, es imponente, porque hace aquel acto más solemne y religioso. Parece que allí, en el templo, delante de Dios no podía menos de descubrirse el asesino, y que la mano de la Providencia lo designaba para que sufriese el castigo. Por último son dignas de elogio la sagacidad, la prudencia y el tino del juez de primera instancia que por este y otros medios originales ha conseguido descubrir el perpetrador del crimen, que haciéndose uso de los medios comunes y vulgares hubiera quedado impune y sin el castigo que reclaman la justicia y la sociedad ofendida.

El 14 de noviembre publica también El Español una crónica fechada en Sequeros el 9 de noviembre, crónica que La Esperanza reproduce íntegra: En la mañana de ayer ha sido puesto en capilla el reo Juan Alonso, vecino de Villanueva del Conde sentenciado en primera, segunda y tercera instancia a la pena de garrote vil, sin más alteración en las sentencias que en la primera y tercera se manda hacer la ejecución en esta capital de partido, y en la segunda se acordó fuera ejecutado en la ciudad de Salamanca, en cuya cárcel se hallaba por ser más segura.
  Oyó la notificación de la sentencia con imperturbable serenidad, y acto continuo se hicieron cargo de su persona los sacerdotes que le habrían de prestar los ausilios espirituales, necesarios a su triste situación y continua sereno, si bien edificando con su docilidad y arrepentimiento a los eclesiásticos que le acompañan con singular placer porque ningún esfuerzo tienen que hacer para dirigirle por el camino de su eterna salvación.
  El país, como era de esperar, se halla consternado, advirtiéndose en todos los semblantes la pasmosa sensación que causan los preparativos para una ejecución, de que no podrán convencerse hasta que no han visto obrar el brazo inexorable de la ley. Difícilmente se borrará de la memoria de los serranos el primer acto de esta clase que se ejecuta en su país, por lo que únicamente se siente que no pueda ser con todo el aparato que era de desear; pues por todo ausilio han enviado a este juez, cinco hombres de la guardia civil, cinco y un oficial de infantería del ejército, y cuatro caballos que han escoltado al ejecutor público, comprometiendo su posición por las razones arriba indicadas, y rebajando en parte el efecto que causa la vista de la tropa en un país donde jamás se ve un soldado.


No he encontrado referencia alguna a la ejecución, tan sólo que fue frente a la cruz del Teso de Cabezuela, a las once de la mañana, un día de ese mes de noviembre de 1845.

Para esta entrada he utilizado la siguiente documentación:

El Español, Madrid, 17-06, 12-11 y 14-11 de 1845.
El Heraldo, Madrid, 08-10 y 09-11 de 1845.
La Esperanza, Madrid, 14-11 de 1845.

Cabecera de El Español del Martes 17 de junio de 1845

lunes, 23 de abril de 2018

Torres por tierras de Salamanca

Panorámica de Villares de Yeltes
En esta entrada comento la visita a cinco fortificaciones de Salamanca que se encuentran dispersas en el terreno y de las que no he encontrado prácticamente información. Para estas visitas, que no se puede considerar ruta, he seguido el libro de Jaime Pinilla González, Castillos de Zamora y Salamanca, muy interesante sobre todo por las fotografías -edición de 1995- algunas de ellas son más antiguas para comprobar cómo han evolucionado en este último cuarto de siglo. Las visitas las hicimos aprovechando una estancia en el Balneario de Retortillo; la cercanía de algunos lugares al balneario y otras excursiones nos permitió visitar brevemente la torre de Tamames, la torre de El Cubo de Don Sancho, la torre de Villares de Yeltes, el castillo de Cerralbo y la torre de El Tejado, eso sí, complicandose las visitas algunas veces a causa de la lluvia. En lo posible, intentaré hacer entrada aparte a cada una de las fortificaciones con datos más actualizados.

Torre de Tamames
La visita a Tamames no estaba programada y aprovechamos el viaje de vuelta de la Sierra de Francia donde habíamos visito los castillos de Miranda del Castañar y de San Martín del Castañar. La torre de Tamames se encuentra aislada, al norte del pueblo, y no pude acceder a ella, pues se encuentra cercada y en un prado anegado. Según Pinilla González es una torre probablemente en el siglo XIII. La puerta de acceso a la torre tiene dos dinteles superpuestos y está decorada con círculos y florones, lo que puede indicar una construcción anterior a la actual torre. Consta de tres plantas de la que únicamente la segunda recibía luz por su cara este que debe ser el vano que se aprecia a la derecha. Carece de almenado y presenta saeteras.

Cubo con tronera y restos de baluarte del castillo de Cerralbo
Dos días más tarde, también un día lluvioso, tras la visita a los castillos de San Felices de los Gallegos y Sobradillo por la carretera de Vitigudino, pasamos por Cerralbo, cuyo castillo apenas se distingue desde el pueblo. Como llovía con fuerza desistimos de la visita toda vez que el edificio no se apreciaba apenas en el horizonte no sabíamos si la visita valdría la pena. Unos días después, ya con buen tiempo realizamos la visita. La duda continúa al incluirlo en esta entrada toda vez que se trata de un castillo y no una torre. El castillo, en efecto, está prácticamente arruinado; tiene planta rectangular con cubos en los ángulos; tanto los muros como los cubos están construidos en mampuesto y revestidos al exterior con sillares de granito, y ambas estructuras presentan grandes troneras. Por la abundancia de troneras y presentar forma abaluartada su construcción se fecha entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. Parte del edificio está rodeado de corrales que dificultan su visión desde el exterior. El interior del mismo está enterrado y en él se han practicado catas donde afloran varias estructuras por lo que será interesante profundizar en la puesta en valor del castillo.

Torre de El Cubo de Don Sancho
Una tarde soleada aprovechamos para hacer dos visitas: la torre de El Cubo de Don Sancho y el castillo o torre de Villares de Yeltes. La primera visita fue a la torre señorial que se levanta justo en el centro de El Cubo de Don Sancho. Construido entre finales del siglo XIV o principios del XV, está bastante modificado por las construcciones que se han adosado a él desde entonces, así como y las de su interior, -hay al menos tres nuevos vanos abierto recientemente-. Destaca un matacán defensivo en una de sus caras. En el siglo XVIII pertenecía la marquesado de Cerralbo y en la actualidad se usa como dependencias municipales.

Torre de Villares de Yeltes
A escasos kilómetros, dirección oeste, se encuentra Villares de Yeltes a donde se llega desde Pozos de Hinojo. El trayecto se hace por una carretera estrecha entre fincas ganaderas de espléndidos encinares y robledales. De esta torre, según nuestra guía, solo se sabe que en el siglo XVIII pertenecía al conde de Canillas.; tiene forma rectangular, construida en mampostería y sillería de granito en las esquinas; cuenta con cuatro plantas, su acceso, adintelado, se abre en la cara norte y está formado por jambas de tres piezas y dos ménsulas soportan el dintel en una disposición similar a la de Tamames. Probablemente sea obra del siglo XV y el remate de almenas piramidales denota símbolo de jurisdicción.

Torre de El Tejado con fábrica de ladrillo
El día de nuestra despedida aprovechamos para desviarnos en Calzada de Don Diego, A-62 dirección Madrid a unos 10 kilómetros de Salamanca, a El Tejado por un camino agrícola de 6 kilómetros de tierra que se encontraba en mal estado debido a las lluvias de días anteriores. El Tejado es un lugar singular, se encuentra dentro de una explotación ganadera y se tiene la sensación de estar en un lugar privado sin que llegásemos a ver a ninguna persona. La torre pertenece a la casa de Alba, aunque según Pinilla González, ni en los archivos de ésta hay referencias a su historia. Su interés radica en ser la única de la zona construida en ladrillo, es un rectángulo de 14 x 9 metros con muros de 1,50 metros, A la altura de la penúltima planta se abren una serie de vanos de medio punto a modo de galería que debieron abrirse cuando se le adosó a finales del siglo XV una casa palacio en la cara norte .

Para esta entra he consultado únicamente el siguiente libro:

Castillos de Zamora y Salamanca, Pinilla González, Jaime, Ediciones Lancia, 1995

lunes, 26 de marzo de 2018

El castillo o Torre Vieja de Ababuj


Sobre Ababuj (Teruel), y en concreto de su Torre Vieja, he encontrado escasa información. Ésta se remonta a la conquista de Ababuj por Alfonso II de Aragón, y la hace depender de la sesma de Monteagudo de la Comunidad de Teruel. La mayor parte de los textos coinciden en que la torre está construida en el siglo XIV y es el único resto que queda de un antiguo castillo, según documentos de Jaime I del siglo XIII, aunque lo más seguro es que sea una torre construida por la Comunidad para la defensa de sus habitantes ante las incursiones de los castellanos.


La torre le levanta sobre una plataforma que domina el valle de Alfambra, a una altitud de 1382 metros. Es de planta cuadrada, cada uno de sus lados mide unos 6 metros, por 15 de altura, está construida con sillería. La torre, que para distinguirla de la torre más moderna de la iglesia se le llama Torre Vieja, ha perdido la cubierta aunque conserva parte del almenado. La puerta de ingreso, de arco ligeramente apuntado, está a cierta altura, -nos recuerda a las atalayas vigías-. En todas sus caras hay una ventana excepto en una que presenta dos vanos, todas ellas de medio punto.

Las fotografías son de una visita de 2005, en la que se aprecia que la torre hacía función de poste eléctrico. Al año siguiente, en 2006, la torre fue declarada Bien de Interés Cultural.

Parte de la información se puede encontrar en www.patrimonioculturaldearagón.es, donde hay bibliografía recomendada. También he consultado Castillos de España, Ed. Everest, León, 1997, aunque la información es esquemática.


miércoles, 14 de marzo de 2018

El verraco de Villaviciosa (Ávila)


No suele haber noticias de hallazgos de verracos a no ser de época moderna, como en los trabajos arqueológicos en los cimientos de la muralla de Ávila, o en excavaciones en la propia capital en el antiguo cementerio musulmán. Éste es un relato del hallazgo del verraco de Villaviciosa a finales del siglo XVI. El hallazgo lo narra, según el texto íntegro que transcribo, el Padre Luis Ariz, en Historia de las Grandezas de Ávila. En el libro indica la fecha aproximada del hallazgo pues éste tenía la aprobación para su edición en 1603, y según el propio Ariz el descubrimiento ocurrió nueve o diez años antes.

La Torre de Villaviciosa, heredamiento antiguo, dado por el Conde Don Ramón, a Sancho de Estrada, no ay memoria, entre los Cavalleros que hasta oy lo han posseydo, quien fuesse el fundador. Y assi tienen por tradición de mayores, aver sido de Romanos, y aver succedido en aquella tierra algunas cosas memorables, porque tambien hallo en sus heredamientos Toros. Como pareze del que esta a su puerta, que se halló avra nueve, o diez años, desta manera. Un Labrador Rentero desta casa, de Villaviciosa, labrava junto a ella, en un heredamiento, llamado Barbazedo, y cada año topava con la reja en una peña, y procurando de sacarla, o quebrarla, halló ser un Toro, y por no le maltratar, fuesse a la Torre, adonde a la saçon estava el Capitan don Estevan del Aguila, y dandole cuenta. El Cavallero como curioso, mando llamar sus criados, y cabando al rededor, fueron descubriendo dos Toros, el uno encima del otro, el bajero hechado de lomo. Demanera, que el de arriba, afirmava a sus pies sobre los del otro, y en el medio de los dos, entre las varrigas, estaba una hermosa tinaja, muy bien labrada, a lo Mosayco, tapada, y dentro llena de zenizas. Hallaron también tres monedas, y en ellas la figura, y nombre de  Iulio Cesar. El Toro llevaron a su casa, y Torre, donde oy esta. Y el otro por averle quebrado, se le dejó en la heredad. Tambien se hallaron, en Muñana, heredamiento destos Cavalleros Estradas. De lo cual es manifiesto, aver sido poblada, y posseyda de Romanos.

López Monteagudo lo cataloga como toro con estos datos: 162 centímetros de largo, 78 de alto y 59 de ancho y un perímetro de 180 centímetros. " Se desconoce el lugar exacto de su hallazgo. Se conserva en el jardín del castillo. Le falta la cabeza y tiene las extremidades rotas apreciándose las rodillas delanteras y los codos traseros. Conserva el cuello y la papada y presenta cazoletas en el lomo. En la parte posterior se observa el sexo y el ano". En la catalogación se remite a Manuel Gómez Moreno sobre su procedencia, quien sí conocía el relato del Padre Ariz: "esta escultura fue hallada junto a otro ejemplar de toro y ambas en relación, al parecer, con una sepultura".

En concreto Gómez Moreno transcribe parte del texto de Ariz en su Catálogo de la provincia de Ávila: "Otros dos toros semejantes (al que conserva en Solosancho), pero menores y destrozados, hay ante la panera del Duque, en Villaviciosa. Ariz cuenta que se hallaron enterrados juntos en un heredamiento llamado Barbacedo, "uno encima del otro, el de abajo tendido, y en medio de los dos, entre las barrigas, estaba una hermosa tinaja muy bien labrada a lo mosayco, tapada y dentro llena de cenizas; hallaron también tres monedas, y en ellas la figura y nombre de Julio César", y en nota añade, "Uno de ellos sigue junto al castillo de Villaviciosa".

El verraco debió ser trasladado de los jardines del castillo fuera de éste, y en la actualidad se encuentra en la plaza del castillo, frente a la fortaleza.

Para esta entrada he consultado los siguientes libros:
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ávila, Ávila, 1978
Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, López Monteagudo, Guadalupe. C.S.I.C., Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1989.
Catálogo monumental de España. Provincia de Ávila, Gómez Moreno, Manuel, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 1983
Los Vettones, Álvarez-Sanchís, Jesús R., Real Academia de la Historia, Madrid, 2003.

Costado derecho del verraco
Parte trasera del verraco en el que se observa el orificio 
del ano y los testículos