Mostrando entradas con la etiqueta Aragón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aragón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de abril de 2024

Torre de los Moros en Jaraba


Llegamos a Jaraba desde Cimballa donde habíamos visitado los restos de su poderoso castillo. La Torre o castillo de los Moros de Jaraba, había despertado mucha curiosidad, una construcción que no sabíamos cómo calificar y teníamos verdadero interés en ella, pues se aleja de toda tipología que nosotros conocíamos. Para llegar a nuestro destino recorrimos un camino que sale a la derecha de la carretera que va dirección a Ibdes frente a una embotelladora de agua mineral. La torre se encuentra en el punto intermedio entre ambas poblaciones, Jaraba e Ibdes, sobre el cerro de la Serna, desde donde se domina el valle del río Mesa, por lo que no fue difícil deducir que se trata de una torre vigía que controlaba el valle entre ambas poblaciones.

Acceso al aljibe 

Sobre la torre hemos encontrado muy poca información; casi toda ella repite el texto por lo que vamos a guiarnos por la reseña que hace la asociación ARCA que la clasifica como fortificación musulmana de los siglos X-XI que comunicaba visualmente con los castillos de Jaraba, Ibdes y Somet, formando una línea defensiva con estas fortalezas. La torre formaría parte, además, con otras torres que partían en distintas direcciones desde Calatayud, población situada a unos 27 km al noreste de Jaraba.

Cara oeste de torre donde se aprecian en la base los mechinales de las ajugas
del enconfrado

LA TORRE

En la cartela que hay frente a la torre ésta se identifica como "una antigua fortificación de origen musulmán, ubicada en la margen derecha del rio Mesa" y nos recuerda que formaba una línea de comunicación defensiva con los castillos de Jaraba, Ibdes y Somet.

Cara norte de la torre. El acopio de material por la erosión facilita el acceso
a la parte alta de la torre

La cartela hace la siguiente descripción: "Se trata de un recio y macizo torreón construido en tapial de tierra prensada (sin uso de cal ni de yeso) perfectamente integrado en el entorno y con refuerzo de madera embutida en su interior y en los mechinales. La torre de planta cuadrada debía dominar un recinto exterior, en el que actualmente se encuentran restos de cerámica. La estructura se halla muy afectada por la erosión que ha desgastado los paramentos exteriores y ha desmantelado su parte superior. Se accede a su interior por una puerta arqueada que da paso a un depósito o aljibe".

Interior del depósito o aljibe

En torno a la torre se aprecia un gran cúmulo de materiales que se ha depositado en la base a causa de la erosión. En la cara oeste podemos observar los mechinales dejados por las agujas del encofrado del tapial. El acceso a la parte alta de la la torre se hace sin dificultad por su cara norte. Desde allí se tiene una espléndida panorámica del valle del río Mesa a cuyo control estaba destinada.

Imagen aérea de la torre, al fondo la carretera que une Jaraba con Ibdes
Fotografía de Rafa Moreno

CIRCUNTANCIAS HISTÓRICAS

En la ficha que publica ARCA se vuelve a repetir el texto anterior y se anota que "No se conoce documentación sobre este recinto defensivo. En 1918 dice Calavia: …se construyeron por todo este entorno varias fortalezas árabes y entre ellas, la que había entre Jaraba e Ibdes en el inmediato cerro de la Serna, cuyos restos todavía se contemplan y de cuyos subterráneos son testigos las escalas que aún subsisten, y que año tras año, se van ocultando con escombros y maleza. Esta fortaleza se comunicaba con otras varias que desde Calatayud partían en distintas direcciones… 

Jaraba cerrando el valle del río Mesa al oeste desde la la torre

En 1997 dice Sicilia: En el límite con el término de Ibdes, por el paraje conocido con el nombre de la serna hay una pequeña construcción que se le llama el Castillo de los Moros, siendo una simple atalaya para dar avisos y mantener la vigilancia de la vega de Jaraba, Ibdes y alrededores, en comunicación directa con otra de igual trazado en la pardina de Somed, no dudando de su procedencia árabe.

Vista desde la torre el lado este del valle del río Mesa

Para esta entrada he consultado, además de la cartela que hay frente a la entrada de la torre, la siguiente documentación:

Inventario  Fortificaciones Aragonesas (A.R.C.A.) Torre del los Moros, 03 marzo 2023

martes, 15 de febrero de 2022

El castillo de Alcalá de la Selva


Salimos de Mora de Rubielos dirección norte por la A228 hacia nuestra siguiente parada en Alcalá de la Selva. El viaje, aunque corto, se hace por una carretera sinuosa que nos va descubriendo los parajes agrestes de la sierra de Gúdar. El castillo se encontraba en obras de restauración o consolidación, tenía una cerca que nos impedía el paso, lo que fue realmente frustrante; no obstante su historia parece tan interesante como singular que me ha decidido publicar esta entrada.

EL CASTILLO

El castillo se encuentra en el cerro que domina la población junto al borde de un acantilado. Siguiendo nuestra guía de Guitart, el término árabe Al-Qalá nos remite a la raíz de su nombre: el castillo. De origen musulmán debió ser un castillo roquedo que vigilaba una escasa población a sus pies; fue conquistada por Alfonso I el Batallador (1118) y definitivamente por Alfonso II (1174) que lo cede a la abadía francesa de La Gran Selva, de donde toma su nombre la población. Estuvo en poder de los monjes durante dos siglos justos, hasta 1375 cuando éstos lo venden a los Fernández de Heredia, señores de Mora de Rubielos. que reconstruirían el castillo para reconvertirlo en una de sus residencias.

Lienzo noroeste y torre del homenaje

Aunque no pudimos ver su interior, desde fuera se observan restos de construcción de mampostería y la torre del homenaje de época más reciente. La torre tiene forma prácticamente triangular y debió ser construida en el siglo XV, y un patio. La torre-mirador tiene reforzadas las esquinas con sillares y se observa una escalera por la que se accede al primer piso por una puerta soportada por matacanes. Cuenta con dos plantas, dos salas superpuestas con bóvedas de cañón, la superior adornada con "una alegre galería de arcos semicirculares semejantes al del castillo de Valderrobres, obra de otro Heredia".


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Como hemos comentado Alfonso I el Batallador lo conquista en 1118 y hace entrega junto a otras posesiones a Lope Johanes de Tarazona, aunque esta posesión debió ser breve, pues la conquista definitiva la hace Alfonso II de Aragón en 1174 que la cede a la abadía de La Gran Selva. A través de los textos de Ayala y Molina nos introduciremos en el entorno geopolítico e histórico en el que se produce esta última cesión. Entre 1171 y 1176 los reinos cristianos viven en permanente amenaza de los almohades que venían a reunificar los taifas surgidos tras la expulsión de los almorávides. Hacia el sur y este de Aragón se encuentra el reino de Ibn Mardonis, el rey Lobo para los cristianos, cuyo ámbito de influencia era Murcia, Valencia y las actuales provincias de Cuenca, Teruel y Almería. Recordemos que Ibn Mardanis, era tributario de los reinos cristianos de Aragón y Castilla lo que le permitía mantener cierta independencia política y militar frente a éstos a la vez que evitaba un enfrentamiento con ellos y entorpecía el avance almohade. En su expansión hacia el sur el rey aragonés Alfonso II había conquistado hasta esas fechas Alfambra en 1169 y fundado Teruel en 1171 cimentando con estas plazas sus posesiones en el alto Turia . Aunque la situación cambió en 1172 con la muere el rey Lobo y, sobre todo, en 1174 cuando sus hijos hacen entrega de sus reinos a los almohades de Abu Yaquib.


Lienzo sueoeste

LA ORDEN MILITAR DE ALCALÁ DE LA SELVA

El mismo año de la conquista Alfonso II cede el castillo de Alcalá a la abadía francesa de La Gran Selva fundando la orden militar de Alcalá de la Selva; según Ayala "quizá sea una de las menos conocidas de cuantas componen el complejo panorama peninsular". En la situación descrita y la toma de los almohades del reino de Ibn Mardonis, la decisión de Alfonso II de crear la orden puede deberse en parte a un posible plan estratégico y político del monarca aragonés en su expansión de reconquista. A partir de esta propuesta Ayala examina los puntos del "acta de fundación" de la orden que presenta  irregularidades y salvedades. 

Torre del homenaje desde el este del pueblo

Como hemos dicho en febrero de 1174 Alfonso II entrega a la abadía burdigalense de Santa María de la Gran Selva y a su prior en Ejea, Raimundo de Tharz, el castillo de Alcalá; como acto fundacional de la Orden de Alcalá de la Selva. Entre los privilegios que acompaña la cesión figura la exención del pago del quinto real cuando los freires o pobladores del castillo acudieran en hueste junto al monarca contra los musulmanes. De esta forma la abadía se beneficiará de la donación y sus monjes, a través del prior de Ejea, serán los responsables, no solo de la defensa del castillo, sino también de la lucha contra los musulmanes: "destruccionem sarracenorum". Entre las donaciones figuraba la exención del quinto, "típicamente militar" que correspondía al rey de todas las conquistas, a condición de que ellos o sus hombres los acompañasen contra los musulmanes; de esta manera Alfonso II convierte a los freires alcalaínos en miembros de las milicias que dependen de forma directa de él: "ad servicium et fidelitatem mean". Esta era, pues, la respuesta de la monarquía cristiana a los combativos almohades a los que la desaparición Ibn Mardanis enfrentaban cara a cara, esto es, multiplicar la fórmula del radicalismo militante que representaban las órdenes militares. Alfonso II va a crear varias órdenes para reforzar con las ya existentes la defensa de sus fronteras. Para desarrollar su estrategia, además de entregar Alcalá a la abadía de La Gran Selva, el mismo año entrega Alfama a la abadía de Santa María de Montegaudio, y Alcañiz a la orden de Calatrava, asegurándose así la defensa de Teruel: por un lado Alcalá se localiza a unos 30 km. al este y Alfama unos 25 al norte de Teruel.

Sin embargo, la fundación de la orden tiene algunas anomalías que Ayala analiza. La abadía de Santa María de la Gran Selva, fue fundada por San Gerardo cerca de Burdeos en el último tercio del siglo XI. Pronto tuvo implantación al otro lado de los Pirineos en el camino de Santiago en el entorno del pantano de Yesa, y al sur de la comarca de Cinco Villas. Para mejor controlar sus intereses en Hispania constituye un priorato en Santiago de Ruesta que, en el momento de la donación de Alcalá se había trasladado a Ejea. En 1144 la abadía de La Gran Selva se integra en el Cister pero con la salvedad de mantener su organización, tanto es así que su abad en 1204 promulga unos estatutos para el priorato de Ejea sin consultar con el capítulo general del Cister, circunstancia que unida a que la abadía constituía un ejemplo de cofradía militar de carácter laico, militarización de lo sagrado -el Cister, añade Ayala, admitía "sin dificultad la función bélica como una legítima proyección de la religiosidad cristiana"- pudo influir en la decisión de Alfonso II en su elección de 1174.

Caballeros castellanos representados en la abadía cisterciense
de Santa María de Valbuena (Valladolid)

El aspecto organizativo presenta a su vez una clara indefinición jerárquica, no aparece la figura del maestre; a finales del siglo XII y principios del XIII se perfila sin embargo la figura de un comendador de Alcalá o casa de Alcalá como máximo responsable de la institución, sucesor del "freire mayor" según un documento de 1184. Al parecer ni Roma, ni el capítulo general del Cister, ni la propia Corona parecían estar interesados en consolidar un status homologable de orden militar a los alcalaínos. Por otro lado el proyecto de Alfonso II no debió cuajar en sus sucesores, a pesar de que los freires participaron en la conquista de Valencia: Pedro II no se había mostrado muy generoso con la orden y Jaime I aunque confirmó los bienes de la orden en 1226 y les entregó el castillo de Almedíjar (a 60 km, al sureste, cerca de Segorbe) no mostró significativa inclinación hacia ellos. Según Ayala el hecho de que los comendadores alcalaínos, como su primer prior, eran de más allá de los Pirineos, podía significar que el rey aragonés no debió imponerlos o no tuvo ningún interés en hacerlo. Todo este cúmulo de imprecisiones, unido a la inacción de la milicia provocada por la crisis económica que a mediados del XIII sufrió el priorato de Ejea,  provoca una situación de cierta desconfianza con la Corona. Con esta precariedad se vieron obligados en 1248 a desprenderse del castillo de Algimia que, junto a Alcalá y Almedíjar, era la tercera fortaleza que tenía la orden en Aragón, y lo hacen cediéndolo en usufructo vitalicio a un particular, de hecho, una de las cláusulas que impuso Jaime I en la cesión de Almedíjar en 1238 era que no fuese enajenada a caballeros seglares.

En consonancia con su situación, la orden apenas se expandió fuera de Aragón hasta 1224 cuando Fernando III de Castilla le hace entrega de dos fortalezas en la ribera del Júcar: Alcalá del Júcar y Garadén, una cueva fortificada, todo ello dentro de la estrategia del rey castellano para incorporar Murcia y Andalucía a sus dominios; no obstante, ésta es la única referencia que se hace a la orden en documentos castellanos y si participó en la conquista de estos territorios no debió recibir recompensa alguna. Al finalizar el siglo XIV, en 1375, la orden abandonará el castillo de Alcalá de la Selva tras venderlo a los Fernández Heredia, lo que significa prácticamente su desaparición como orden.


LA PRIMERA GUERRA CARLISTA: O'DONNELL

No tenemos más noticias del castillo hasta las Guerras Carlistas del primer tercio del XIX. Como la mayoría de las fortalezas del Maestrazgo en esta época, la de Alcalá de la Selva fue ocupada por tropas partidarias de Carlos VI y acabaría sufriendo serios desperfectos tras el ataque al que le sometió el general O'Donnell. A través de dos crónicas de la época intentaremos documentar por una lado los preparativos del ataque y por otro el asalto de las tropas nacionales al castillo. Al frente de los nacionales se encontraba el joven general Leopoldo O'Donnell de 31 años que a través del parte de guerra, narra la toma del castillo y la resistencia de sus defensores. 

Leopoldo O'Donnell. Busto de José Piquer y Duart (Bronce ca. 1885-1862)
Museo del Romanticismo de Madrid

El Correo Nacional del 27 de abril de 1840. "El mismo duque de la Victoria (Espartero) al remitir los anteriores partes, añade que el general O'Donnell, ya mejorado el tiempo iba á atacar el fuerte de Alcalá de la Selva". En un parte anterior se comentaba que "las fuertes lluvias que hemos tenido estos días nos han librado de las incursiones que con tanto frecuencia hacen los facciosos". El texto hace referencia al frente de Cataluña y las crecidas de los ríos Cinca y Segre que habían provocado las lluvias. A continuación comentan los preparativos para la acción: "Hoy se espera aquí el tren de batir que á beneficio del buen tiempo que empezó hace dos días, y al trabajo de ingenieros y artilleros, ha podido salir de los atolladeros en que lo empantanó el temporal, y es regular que pronto se emplee contra Alcalá de la Selva que parece que es el primer fuerte que se atacará".

Unos días después, el 6 de mayo, el mismo periódico publica el parte de guerra del general O'Donnell sobre la toma del fuerte de Alcalá de la Selva, con tono épico hace una descripción pormenorizada del asalto y destrucción del castillo: "Ejército del centro. Secretaria de campaña. Excelentísimo Sr. El castillo de Alcalá lo han ocupado las tropas nacionales a las siete de la tarde de hoy. La defensa que han hecho los rebeldes no es fácil describirla. Apagados los fuegos de su artillería, destruidas todas las defensas, arruinados los torreones, establecida la mina, ocupada un parte del fuerte, derribada por el hacha de los gastadores los rastrillos, la guarnición continuó su desesperada resistencia, y á cuerpo descubierto su gobernador daba ejemplo arrojando piedras, granadas y cuanto a la mano encontraban sobre nuestros valientes que impávidos no retrocedían del terreno que ganaban. Aquella tenacidad cedió al fin a los certeros disparos de nuestra artillería, al fuego de nuestros cazadores y al aspecto de las compañías de granaderos que al frente se preparaban al asalto en el momento que la mina hubiera hecho la explosión. Ninguna garantía les he concedido ni aun la vida, porque irritaba su obstinación. Sin embargo ya rendidos no era posible ser cruel. Mi primera satisfacción en el suceso es la decisión y entusiasmo que ha brillado en las tropas: se necesitan algunos bravos que voluntariamente se introdujesen por el estrecho agujero de una casamata: la compañía a quien se dirigió la indicación corrió entera el peligro y lo ejecutó.
Estoy complacido de la conducta de todas las clases y de todas las armas; y mi placer es tanto más puro, cuanto mi pérdida no es grave. Hay hechos de valor singulares, de que daré conocimiento a V.E. para el superior de S.M. la Reina Gobernadora.
Se han cogido dos piezas útiles de artillería. Además del coronel gobernador, el número de prisioneros es un comandante, dos capitanes, seis subalternos, un capellán, siete sargentos y 78 cabos y soldados, habiéndose pasado anoche un oficial y 12 hombres que ocupaban un puesto exterior. En los almacenes existen considerables repuestos de víveres y municiones. Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel General de Alcalá de la Selva 30 de abril de 1840. Excmo. Señor Leopoldo O'Donnell."

Al parecer, y según cita Guitart, el castillo se mantuvo durante años en el estado de ruina que lo dejaron las tropas de O'Donnell según las fotografías que ilustran sus publicaciones.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Ayala Martínez, Carlos de, Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (Siglos XII-XV), Madrid, 2007
Guitart Aparicio, Cristóbal, Los castillos de Aragón. Guía breve. Zaragoza, 1999
Guitart Aparicio, Cristóbal, Los castillos de Teruel, Lancia, León, 1992
Lomax, Derek W., Las dependencias hispánicas de Santa María de la Selva Mayor, 1982
Molina López, Emilio, Ibn Mardanis, en dbe.rah.es/biografías
VV.AA. El Correo Nacional, 27-abril y 06 mayo de 1840.

sábado, 22 de enero de 2022

El castillo de Valderrobres


 La parada en Valderrobres no estaba programada por lo que no pudimos hacer una visita con detalle a la ciudad y al castillo; no obstante creo que vale la pena hacer algunos comentarios, aunque sean breves, a la espera de ampliar esta entrada en un futuro. Valderrobres era para nosotros la puerta de entrada al Maestrazgo y teníamos comprometido el tiempo de llegada a nuestro destino en Peñíscola.

Puente y puerta de acceso a la ciudad medieval

EL CASTILLO

El castillo, según el tríptico de Turismo, se construye a partir de 1307 "por obra del arzobispo Pedro López de Luna" que inicia tanto la construcción del castillo como de la iglesia contigua. A partir de 1390, el arzobispo García Fernández de Heredia reemprende las obras del conjunto para transformar la fortaleza en un palacio residencial dándoles un fuerte impulso. Será el también arzobispo Dalmacio de Mur y Cervellón quien ponga punto final a las obras del palacio y la iglesia. A mediados del siglo XVI el arzobispo, Hernando de Aragón, se interesará de nuevo por Valderrobres y acometerá nuevas obras, entre las que manda construir el muro que contiene el patio de armas y el distribuidor de la planta noble.

Acceso a la plataforma o patio de armas

A partir de esa época los arzobispos dejan de interesarse por el castillo y la iglesia hasta iniciado el siglo XIX que, durante las desamortizaciones, el castillo pasará a propiedad del Estado, "lo que significó su abandono"; en esta época la iglesia llegó a sufrir su hundimiento en 1877. Debe pasar casi un siglo para que en la década de 1980 se inicie la reconstrucción del castillo que se destinará a la celebración de eventos culturales; la iglesia deberá esperar a 2008 para ser reconstruida.

Torre y lienzo norte del castillo

El castillo en su exterior tiene aspecto palaciego en el que destacan sus grandes ventanales ajimezados;  está rematado el un piso superior con una galería de arcos de medio punto en la que se alzan tres torrecillas cuadradas, todo almenado. La planta baja está compuesta de un recibidor, las caballerizas y la sala capitular; desde ella se tiene acceso a una planta subterránea cubierta con bóveda de cañón que se utilizaba como mazmorra. La segunda planta tiene un distribuidor construido en el siglo XVI que da acceso a las estancias nobles, la cocina y despensa, y una escalera por la que se accede a la segunda planta. En la segunda planta encontramos la sala de galerías que en origen estaba compartimentada con estancias destinadas a granero y de manera ocasional como habitaciones del servicio, en esta planta se encuentra la llamada sala de los leones, espacio que estuvo dividido en dos, uno de éstos espacios pudo ser la habitación del arzobispo, y en el segundo, una sala en la que se encontraban las figuras de cuatro leones.

Es interesante, por otro lado, que en el tríptico se nos informe de la presencia de marcas de cantero y muestra algunos ejemplos de ellas: de la segunda fase constructiva del castillo (1340-1349); de la etapa en el que se transforma en palacio-residencia y primera planta (1390-1456), y la cuarta etapa que se construye la segunda planta (1431-1456). No obstante alguna más pudimos observar desde el exterior de la iglesia que deben corresponder a la segunda fase constructiva.

Marcas de cantero del castillo e iglesia. Las tres primeras son del tríptico
de Turismo, la dos de la línea de abajo son las que pudimos ver nosotros


CIRCUNSTANCIA HISTÓRICAS

Tras la conquista definitiva de las tierras del Matarraña en la campaña de 1169-1175 por Alfonso II de Aragón, éste hizo donación del territorio de la Peña de Aznar Lagaya al obispo de Zaragoza, Pedro de Tarroja, en 1175. Puch Foncuberta nos recuerda que la primera conquista del territorio la llevó a cabo Alfonso I el Batallador (1117-1133) manteniéndose en poder cristiano hasta la derrota de la batalla de Fraga (1134), a causa de las heridas recibidas en esa batalla morirá Alfonso I unos días después, retornando el territorio conquistado a poder musulmán. Añade Puch Foncuberta que en la carta de donación que hace Alfonso II en 1175 aparece por primera vez el lugar Penna Aznar Lagaia "y además se añade a dicha Penna los términos de Vallem de Roures, Focespatula y Mezchino", identificando Vallem de Roures, con la actual Valderrobres.  Según el tríptico de Turismo en el documento de donación ya "se habla de la necesidad de construir un castillo". A partir de 1307 el obispo de Zaragoza se convierte definitivamente en el señor feudal del territorio siendo, como hemos visto antes, el arzobispo Pedro López de Luna el impulsor de la construcción del castillo y la iglesia.

Ábside de la iglesia

Siguiendo a Fomento la conquista del valle del Matarraña por Alfonso II debió ser temprana, en 1169, y como hemos visto el rey hace cesión al obispo de Zaragoza Pedro Torroja; éste, tan solo cinco días después acuerda subinfeudar la mitad de la posesión a Fortun Robert con la condición de repoblarlas -la carta de población está fechada en 1183-. Esta situación de condominio se alargará siglo y medio. Según la cronología Fortun Rober cederá la mitad de su posesión a su hija Sancha, y la otra mitad a su sobrino Matalón de Fréscano, en estas condiciones llega hasta que Lope Guillermo de Oteyza, descendiente de doña Sancha, en 1237 compra la otra mitad; así queda durante todo el siglo XIII cuando un descendiente de Lope, Pedro casado con una hija natural de Pedro III, al no tener descendencia revierte la posesión a la Corona en la persona de su cuñado el rey Jaime II en 1305, y dos años después, en 1307 éste lo transmite al arzobispo de Zaragoza que se encargará de edificar el castillo. En 1323 el mismo Jaime II vende al arzobispo los derechos y jurisdicción de Valderrobles quedando en esta situación hasta 1811. En 1836 en cabecilla carlista Cabrera lo fortificó en 1836 durante la I Guerra Carlista, aunque no debió registrar grandes combates pues el castillo no sufrió los desperfectos propios de una contienda.

Para esta entrada he consultado además del tríptico informativo del castillo, la siguiente documentación:

Puch Foncuberta, Enrique, A propósito de Peña de Aznar Lagaia, la caixa de Valderrobres, en Repavalde.com
D.G. de Bellas Artes y Bienes Culturales, Castillos y arquitectura defensiva, Ministerio de Fomento, 2003

Vista de la villa y puente medieval sobre el río Matarraña

Matacán o ladronera que defiende la puerta de acceso a la población

Gárgola de la iglesia

sábado, 9 de mayo de 2020

El castillo de Mora de Rubielos


Llegamos a Mora de Rubielos desde Albarracín. tan sólo haciendo una breve parada para fotografiar desde la carretera el castillo de Santa Croche.El castillo de Mora es un imponente edificio "representativo del gótico mediterráneo" según el tríptico que entregan en la visita (2005) excelente y muy completo.

El edificio que vemos en la actualidad se asienta en un promontorio rocoso en la parte más alta de la villa. Con anterioridad existía uno mas antiguo, probablemente musulmán. En el tríptico se hace una reseña de su historia: Mora fue conquistada en 1171 por Alfonso II de Aragón; en 1198 su hijo Pedro II, lo dona a Pedro León. Jaime I el Conquistador, hijo de Pedro II, lo donará en 1255 a su hijo Jaime  de Jérica (de quien se cuestiona su legitimidad). Con motivo de la Guerra de los Pedros (1356-1369) entre Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla, la villa y el castillo son tomados por las tropas castellanas en 1363 y reconquistada un año después gracias a la intervención de la población por lo que el rey aragonés promete mantenerla siempre unida a la Corona. En 1367 los señores de Jérica venden la villa y el castillo a don Hugo, vizconde de Cardona, y éste a su vez, tan sólo al cabo de un mes, lo vende a Blasco Fernández de Heredia. Serán los Fernández Heredia quienes construyan el actual castillo y se constituirán en Señores de Mora, dinastía que rigió la villa durante los siguientes cinco siglos hasta su desamortización.

Patio de armas porticado

El castillo se eleva entre la defensa natural del río Mora por el sur y oeste; por el este estaba resguardado por el Fuenlazana que pronto, según Cooper, se convierte en alcantarilla lo que obligó a ampliar el recinto hacia esta zona quedando del mismo lo que conocemos como Nuevas Torres, una barrera monumental que, como describe, parece proteger más al atacante que al defensor. La muralla urbana exterior del castillo y la función de éste eran cerrar el recinto por el norte lo que confinaba a la población en una hoya. Era evidente (Cooper) que se pretendía invertir en la construcción una fortuna incalculable, tanto que no hubo fondos para concluir el proyecto: los muros tienen un grosor de 4 metros y el despliegue de alambores por la parte del río sólo era superado en la península por el de Tomar en Portugal. Lo califica de extravagancia arquitectónica que con el tiempo pudo influir en la construcción de otros castillos aragoneses de menor empaque: construcción en piedra arenisca, naves abovedadas, taludes y patio central. Su estructura estilística la divide en dos; la parte N-E, la zona que da a la población, dominada por dos grandes torreones amatacanados con paños de mampostería; mientras que el S-O, zona que da al campo, es toda de sillería con dos enormes torres poligonales, esta parte que da la sensación de inacabada: le falta el adarve y una planta más, y para crear dependencias útiles se levanta un ático que desfigura la fachada de este lado.

Nuevas torres desde el castillo

El interior es un patio inmenso porticado de dos plantas, el más grande de toda España, que da idea del desembolso que debió asumirse. El conjunto no posee aljibe, el abastecimiento de agua quedaba limitado a un pequeño pozo, aunque se ha descubierto, dice en nota, un manantial subterráneo del que se desconoce su antigüedad. La planta superior carece de bóvedas y en las inferiores son de tan escasa calidad que da a entender un cambio continuo de criterios durante la construcción sin dar una idea clara a qué dedicar cada una de las estancias. Sobre la puerta campean las armas de los Fernández de Heredia: cinco castillos en campo cuadrado colocados en diamante. Se pueden ver marcas de cantero en algunas dovelas y sillares del edificio.

Torre esquinera de sillería y paño de mampostería

Como hemos dicho el castillo lo construyen los Fernández de Heredia. En este punto Cooper debate quién pudo ser el promotor de la obra y, sobre todo, cuál era su fin. La única persona que pudo financiar tan desorbitado gasto era Juan Fernández de Heredia, padre de Blasco Fernández quien adquirió la villa y el castillo primitivo a don Hugo. Era Juan Fernández Heredia ilustre personaje y de gran poder, fue Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén entre 1377 y 1396. A pesar de su experiencia como constructor en Tierra Santa y en Avignon, donde fue gobernador, en el castillo no existen heráldica ni atributos que lo vinculen con los sanjuanistas, además, apostilla, desde 1382 hasta su muerte no pisó la Península. Relata también un hecho anterior, de 1364: Bonaventura de Arborea, viuda de Pedro Jérica, último titular Jérica de la villa y castillo, tres años antes de la venta a don Hugo, decide pasar la población a Castilla en un intento de evitar que fuese heredado por el hijo ilegítimo de su marido con el fin de que la propiedad recayese en su hija Juana de Jérica; ésta estaba casada con Juan Sánchez Manuel, sobrino de don Juan Manuel y que había sido nombrado  conde de Carrión por Pedro I de Castilla, es decir, que Mora cambiaba de bando en plena Guerra de los Pedros. Dicha transacción, como el mismo Cooper señala, no llegó a efectuarse y el infante Juan de Aragón convocó cortes en Mora reafirmando su jurisdicción y anulando toda enajenación de los bienes de Pedro Jérica en 1367.

Fragmento del escudo de los Fernández Heredia

Volviendo de nuevo al tríptico informativo, en 1617 Juan Fernández de Heredia, -por disposición testamentaria del Gran Maestre de San Juan, todos los herederos debían tomar el nombre Juan- cede el castillo a los franciscanos convirtiéndolo en convento. En 1700 sufrió un gran incendio y se perdieron los archivos y la biblioteca; en la consiguiente restauración se alteró el aspecto del castillo. En 1835 pasa a dominio municipal tras la desamortización de Mendizábal y se convierte en cárcel. Durante las Guerras Carlistas la fortaleza se convierte en reducto liberal siendo asediada y sufriendo graves desperfectos. Durante la II República (Cooper) se inicia un proceso de restauración que se paraliza durante la Guerra Civil de 1936 y el arquitecto restaurador es represaliado sin llegar a concluirse las obras. Durante la contienda  se convierte en cuartel y será abandonado posteriormente. En 1972 se inicia su proceso de restauración y puesta en valor.

Para esta entrada he consultado las siguiente publicaciones:

La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Cooper, Edward, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.