jueves, 26 de febrero de 2026

El verraco de Muñogalindo


El viajero que entra por la Puerta de San Vicente de la muralla de Ávila, deja a su derecha el palacio de Sofraga , que por los escudo heráldicos que lo adornan, perteneció a la familia de los Águila. Siguiendo la calle a escasos metros y en la acera de la izquierda, vemos la portada del palacio de Los Verdugo, mandado construir por Suero del Águila. El palacio tiene la fachada retranqueada y protegida por dos troneras que baten, enfrentadas, la puerta principal. La tronera de la izquierda esta tapada por un inmenso verraco de granito, acorde con la sillería del palacio, una escultura milenaria traída desde Muñogalindo en el Valle Amblés, a los pies de la Sierra de Ávila.

López Monteagudo: Toro. Granito. 230 cm. de longitud; 106 cm. de alto;
72 cm. de ancho y 280 cm. de perímetro. 

En Muñogalindo había censados dos verracos y, como nos recuerda Manglano Valcárcel, ninguno de los dos puede contemplarse en el pueblo pues, como suele ocurrir, se trasladaron a otros lugares, aunque por fortuna, en este caso no muy lejos en el propio valle. Uno está, nos recuerdan todos los autores, se encuentra en una dehesa de Tornadizos, cabecera del Valle Amblés, y el otro, el que traemos aquí, en la capital, en Ávila, flanqueando la entrada del Palacio de los Verdugo.  Es un toro impresionante, por su volumen y su belleza, presenta un excelente estado de conservación porque en él, aunque le falta la peana, parte de las patas y el testuz, podemos distinguir los detalles que lo adornan, el rabo, el sexo, el espinazo y los ijares, que lo hacen digno de ser observado con detenimiento.

Vista frontal del verraco. Se observan las patas rotas y a la derecha la tronera
de palo y orbe que defendía la puerta principal del palacio

López Monteagudo hace la siguiente descripción de la pieza: "Escultura bien conservada a excepción del morro y las patas que se advierten rotas a la al tura de la rodilla. En la cabeza se aprecia muy marcado el testuz y las mandíbulas, así como las concavidades para encajar los cuernos y los orificios de los ojos. La papada presenta unos resaltes que indican las rugosidades de la piel. Se observan bien los ijares y codos, continuándose los brazuelos en franja resaltada hasta el dorso, en donde destaca el espinazo. El rabo aparece vuelto sobre la pierna derecha y, cruzando la grupa, termina en penacho sobre el costado izquierdo. En la parte posterior destaca el sexo.

Parte trasera del verraco en el que se resalta el espinazo y partiendo de éste
el rabo cruza los cuartos traseros de derecha a izquierda

Manglano Valcárcel no nos detalla mucho más sobre esta pieza, sin embargo sí hace una introducción muy interesante sobre la evolución de estas esculturas, siguiendo el planteamiento que también hace Álvarez Sanchís. Los verracos, seña de identidad cultural de los vettones, debieron tener como primera función la demarcación del territorio, señalaban la propiedad de éste y sus recursos naturales tan importantes como eran los pastos, las fuentes y los vados de los ríos, y que se debería contemplar también como signos mágicos benefactores de los rebaños. Con la romanización hubo un profundo cambio en la ordenación del territorio con la despoblación los castros, con ello también se altera el significado de las esculturas y comienzan a ser considerados elementos funerarios. Bajo el dominio de Roma los verracos seguirán esculpiéndose aunque sufrirán una simplificación significativa en el tamaño y la pérdida de naturalismo de los primeros ejemplares, se fabrican más pequeños y esquemáticos.

Detalle de la parte trasera resaltado el espinazo y el
arranque del rabo y los testículos

En la tipografía que Álvarez Sanchis hace de los verracos, los cataloga como Tipo 1; mientras que Manglano Valcárcel lo hace como Tipo A. Ambos coinciden en que por su volumen y el naturalismo de sus rasgos son los más antiguos, anteriores pues, a la romanización, como lo son los de ejemplares de Guisando, uno de las Cogotas o el de Villanueva del Campillo.

Detalla de la cabeza a la que le falta el testuz y las patas delanteras rotas

Este verraco tuvo su pequeño anecdotario. Durante el tiempo que el Palacio de los Verdugo estuvo en obras de rehabilitación, -es la Sede de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, Archivo Municipal y de la Concejalía de Patrimonio-, se le protegió con un sarcófago de madera para que, como no podía ser de otra manera, no sufriera desperfectos y así, encerrado, pasó unos años hasta concluir las obras; al término de éstas el verraco se liberó del sarcófago y se le colocó una farola en el centro de la escultura a un metro escaso de distancia, torpeza que al poco tiempo se corrigió.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
López Monteagudo, GuadalupeEsculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio RamónLos verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

lunes, 16 de febrero de 2026

Montblanc: Murallas


Llegamos a Montblanc desde la ciudad de Tarragona. Era nuestra segunda visita a la villa de la Conca del Barberá. Nuestra intención era recorrer su muralla, y tuvimos un primer equívoco, cada tramos de la cerca tiene el nombre de un rey de Aragón lo que lleva a algún visitante a confundir la fecha de su construcción.

Puerta de Sant Jordi

Comenzamos nuestro recorrido desde la plaza de San Francisco, y siguiendo el relato que hace Cooper, la muralla de Montblanc se construye a mediados del siglo XIV durante el reinado de Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, encargo que recibió Guillem de Guimerá como maestro de obras. La  fortificación de la villa fue parte de la defensa del reino de Aragón contra la amenaza de las tropas castellanas del rey Pedro I, durante la Guerra de los dos Pedros. Además de MontblancGuillem de Guimerá, también se encargó de fortificar las plazas de Cervera, Lérida (1367) y Santes Creus.

Puerta de Sant Jordi desde el interior de la muralla

Guillem de Guimerá, emprendió la fortificación de la cerca en 1366, año que es nombrado comendador de la Orden de San Juan de Barberá, encomienda de origen templario que tras la disolución de la orden de los caballeros pasó a manos de los hospitalarios a principios de siglo XIV. La obra de Guimerá es significativa dotando a las murallas de manteletes, pieza de madera que defendía el hueco entre almenas. Según Cooper esta práctica ya la había llevado a cabo el propio maestro de obras en las almenas del convento de Santes Creusque donde había reciclad las cabezas  tempranogóticas talladas en las almenas transformándolas en alcayatas para manteletes, estructura que podemos contemplar en el almenaje de torreones y lienzos, aunque hoy reconstruidos, de Montblanc. Destacar que Guimerá probablemente fue encargado en principio de las obras de la puerta de Serranos de Valencia.

Interior de la muralla

En el modelo constructivo de las murallas de Montblanc reproduce el primitivo de la ciudad italiana de Monteriggioni, consistente en torreones abiertos por la gola, intramuros de la cerca, careciendo cada torreón de bóvedas. La bóveda, comenta tenía como objeto inmediato en el torreón el torreón facilitar una plataforma lo suficientemente fuerte para instalar el trebuchete. En este sentido el circuito de Montblanch, que cuenta con 31 torreones, carecen por completo de bóvedas, están abiertos por la gola y los pisos se construyen mediante vigas apoyadas en mechinales. El acceso entre plantas debía hacerse mediante escaleras de mano. Debemos señalar que Monteriggioni, se encuentra en la Toscana, provincia de Siena. Esta ciudad construyó su recinto amurallado en 1214 para defenderse de los florentinos y mantiene hoy día intacta la muralla y sus 14 torres.

Muralla y puerta de Santa Ana. Junto a la ladronera que defiende la puerta
se observa el mantelete que cubre las almenas de la torre

El mismo año que se construye la muralla, Pedro IV ordenó la reparación del castillo. Según las últimas excavaciones llevadas a cabo, el castillo tenía forma rectangular y tres cuerpos adosados; debía carecer de torres pues no existen vestigios de las mismas. Era una construcción de piedra y tapial. Según estas excavaciones el recinto fue abandonado entre los siglos XV y XVI, pasando a ser cantera de otros edificios de la villa, en consecuencia no queda nada de él. 

Interior de una de las torres con puerta y rastrillo, abierta
por la gola se observa la ausencia de bóvedas que soporten
los pisos superiores.

Para esta estrada he consultado la siguiente documentación:

La fortificación de España en los siglos XIII y XIVCooper, Edward, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Montblanc, L.B.S., en románico digital.com

Torreón sobre la roca madre junto a la puerta El Foradot

Interior de la muralla junto a El Foradot las almenas son modernas


jueves, 5 de febrero de 2026

Sigüenza: Murallas

Después de nuestra visita al castillo de Guijosa, nuestro siguiente destino era Sigüenza, la ciudad del Doncel. Nuestra parada fue breve, apenas si cruzamos frente al castillo y dimos un pequeño rodeo para descubrir partes de la cerca medieval. 

Castillo de Sigüenza

El eje principal de la ciudad es su castillo, construido a 1052 metros de altitud, en torno al cual gira su desarrollo urbano. Para Herrera Casado, "era, en realidad, la culminación de todo un complejo defensivo de murallas y torreones que cercaban por completo la ciudad seguntina". Su desarrollo, desde el siglo XII al XVI propició que se levantaran "dos círculos de muralla" que convertían a "la ciudad episcopal en un autentico bastión defensivo". De estas cercas, siguiendo a Herrera Casado, "la parte más antigua fue levantada por el obispo don Cerebruno, mediado el siglo XII", esta rodeaba el castillo por la cuesta que desciende hacia el río. En el siglo XIII, el obispo Girón de Cisneros, "levantó otra cerca más abajo", y finalmente, en el XVI el cardenal Carvajal ordena completar el conjunto. A la muralla se le dotó de las consiguientes puerta de acceso que, según nos recuerda la cartela que hay junto a un tramo de muralla, Sigüenza tuvo siete puertas de las que quedan aún cinco: Puerta del Toril o de la Cañadilla, Puerta del Sol, Puerta del Portal Mayor, Puerta del Hierro y Arquillo de San Juan o de la Travesaña Baja, que, además de permitir el acceso a la población también cumplían con funciones de vigilancia y recaudación de impuestos.

A la derecha torre del homenaje del castillo, a su lado dos torrecillas que
defendían la primitiva entrada. En la base de los lienzos vemos la antigua
cerca del siglo XIV de la reforma de la Puerta del Hierro.

Para hacer un breve recorrido seguimos la descripción que hace Jiménez Esteban: la muralla bajaba, partiendo del castillo, bordeando "el cerro que forma el arroyo Vadillo", al este de la población. Destaca que aún quedan algunos tramos de la cerca y de algunos torreones como el campanario del antiguo convento de Santa Clara que es un torreón transformado. Más hacia el norte "está el postigo del Sol, simple abertura en la muralla. Entre el castillo y esta puerta sólo hay una manzana y la calle Mayor sirve de adarve. Frente al ábside de la catedral se encuentra la Puerta del Toril que corresponde a la ampliación del obispo Mendoza del siglo XV", aquí podemos ver el puente que salva el arroyo Vadillo. Frente a la catedral, hacia el oeste, junto al Museo Diocesano "hay un pasadizo en el que sigue por su acera derecha la muralla primera hasta enlazar con un gran cubo circular al final de la calle Hospital en unión con la calle Valencia", se refiere al Cubo del Peso.

Cubo del Peso y restos de la muralla del siglo XIV

Según la cartela que hay junto al cubo, "del arco del Portal Mayor arranca el lienzo de muralla del siglo XIV, bordeando el perímetro de la ciudad llega hasta el principio de la calle Valencia donde se conserva un cubo o torreón de la muralla construido con fines defensivos". La muralla, concluye, que cerraba el recinto de la ciudad medieval, separaba la ciudad del arrabal que en aquellas época estaba habitado por población morisca.

Plaza Mayor de Sigüenza

Desde este punto, continúa Jiménez Esteban, "tuerce hacia el castillo con el muro completo, pero entre casas", hasta llegar a la Puerta de Hierro, "puerta que tiene como defensas dos cubos cilíndricos (uno casi derruido hoy día), macizos, de grandes piedras colocadas a espejo entre bandas de piedras horizontales como en las murallas de Ávila, obra primitiva del siglo XIII". La puerta se abre con dos arcos de medio punto de ladrillo que, según la cartela, datan del siglo XII. Sobre el citado cubo medio derruido, Cooper califica su restauración de inepta toda vez que "ha desfigurado gran parte del aparejo original". También hace referencia a la similitud del aparejo de la torre con el de la Puerta del Alcázar de la muralla de Ávila, a la vez que recuerda la similitud que tiene con la del castillo de Pelegrina, fortaleza que también perteneció a la mitra seguntina.

Puerta del Hierro

Sobre la Puerta del Hierro podemos leer en la cartela que hay junto a ella su breve historia: "En la Edad Media en Sigüenza se levanta una muralla defensiva que el aumento demográfico y la consecuente expansión urbana obligará a sucesivas ampliaciones. Fruto de esta expansión es la reforma del siglo XIII que decide sustituir una de las puertas más antiguas de la ciudad. El arco de medio punto original del siglo XII se conservó, añadiéndole dos torreones o cubos de mampostería y ladrillo que le imprimen carácter defensivo". Esta puerta, continúa la cartela, era por la que se accedía al mercado semanal, lugar desde donde arrancaba y "a través de ella se accedía desde la ciudad a la morería, cuyo centro era la calle Herreros, y la Judería Nueva", según se puede leer en una losa de piedra.

Otra de las puertas, la Puerta o arco del portal Mayor es semejante a la anterior Puerta del Hierro. Hubo otra muralla, comenta Jiménez Esteban, "que abarcaba la judería y cuya conexión con la ciudad era el arco de la Travesaña y la Puerta de Hierro. Tenía esta muralla el portal mayor en la calle de su nombre, y la Puerta Nueva, hoy inexistente con salida al campo"; continuando hacia, "un arrabal medieval en torno a la iglesia de Santa María, donde estuvieron los tintes de paños y alfares aprovechando las aguas del arroyo Valdemedina", arroyo que desagua en el Henares,. En esta zona el nombre de sus calles nos da una idea de la actividad que allí se realizaba: calle de Alfarerías, del Tinte Alto, del Tinte, callejón del Tinte y calle del Tinte Bajo, así como el Puente del Tinte que cruza el mencionado Arroyo de Valdemedina

Panorámica del castillo de Sigüenza

Después de esta parada no dirigimos hacia nuestro siguiente destino, a Riba de Santiuste para visitar el espectacular castillo roquero. Tomamos la carretera de Atienza tras dejar atrás la estación del tren donde la carretera se eleva bordeando el Cerro del Mirón, de 1107 metros de altitud, desde donde hicimos una última parada para ver Sigüenza

Además de la información que nos proporcionan las cartelas que hay junto a las puertas, también he consultado la siguiente documentación:

Cooper, E., La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Herrera Casado, A.Castillos de Guadalajara. Guía de campo, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, J.Castillos de Guadalajara I, Libros Penthalon, Madrid, 1992 

domingo, 25 de enero de 2026

Castillo de Guijosa


Tras nuestra breve visita a la iglesia de San Juan Bautista en Cubillas del Pinar, proseguimos nuestra ruta hasta Guijosa, a tan solo 3 kilómetros al oeste y a una altitud de 1056 metros.. El castillo se encuentra junto a la carretera, en la salida del pueblo dirección Sigüenza, al pie del páramo que forman el río Henares por su margen izquierda y el río Dulce por la derecha. El edificio es una construcción de cuidada estampa medieval  Estuve un rato hablando con una vecina, una mujer mayor, comentando las obras que se estaban haciendo en el castillo. Poca cosa. Era día de San Juan, el cielo se presentaba claro, despejado y luminoso, había llovido la noche anterior y presagiaba una tarde calurosa.

Lienzo este, con viviendas adosadas, y torre del homenaje


EL CASTILLO

El castillo, según el escudo de armas que campea sobre la puerta de acceso, perteneció a la familia López Orozco, al menos hasta 1367. Está formado por una torre cuadrada rodeada de un recinto con cubos en las esquinas. Según Jiménez Esteban, a quien vamos a seguir en nuestra visita, la torre central, la del homenaje mide 10 metros de lado y unos 18 metros de alto; está rodeada de una cerca que dista unos 10 metros de la torre; la cerca tiene torres circulares en las esquinas, lo que le confiere "cierta similitud con la Torresaviñán y muchos castillos-torres vascos y montañeses". También Cooper hace hincapié en esta similitud, aunque erróneamente, en 1991: "este gallardo fortín es como una caricatura del regio alcázar de Olite, sede de los reyes de Navarra" que por su distribución "la planta, un torreón rodeado de un recinto cuadrado con cubos en los ángulos, es la típica norteña". No obstante el propio Cooper (2014) aclara que la descripción que hizo en 1991 contenía muchos errores, entre ellos "la datación de este castillo (Guijosa) y la presunción de que fuera posterior al castillo de Carlos III en Olite" toda vez que el de Olite, tal como nos recuerda Moreno García, se construye entre 1402 y 1424.

Lienzo Sur donde se abría el acceso al castillo protegido por un matacán

Como hemos comentado, el castillo estaba en obras por lo que no pudimos acceder a su interior (nuestra visita fue en 2015) por lo que seguiremos de nuevo la descripción que hace Jiménez Esteban. La torre del homenaje, única torre que tiene la fortaleza, consta de cuatro pisos y se accedía a ella a la altura del primero, a unos tres metros del suelo, mediante una escalera de mano que se retiraba en caso de asedio. Está construida con mampostería de escasa calidad, aunque tiene las esquinas reforzadas con buenos sillares de granito, material utilizado también en una moldura entre el segundo y tercer piso. En el tercer piso, en cada una de las caras, se abre una ventana con un balconcillo de matacanes que protege cada lado de la torre. El último piso aún conservaba el arranque de las almenas y nos hace notar que es más ancha en la base que en el piso superior.

Lienzo sur con viviendas adosadas y el suroeste con tres ventanas reconstruido

El recinto que rodea la torre tiene forma cuadrangular, con torres circulares en las esquinas; sobre éstas se eleva directamente un cuerpo sobre el adarve "formando una especie de garitón almenado en chaflán sobre los lienzos de la muralla, ejemplos bastante raros en el arte militar medieval", estos se sostienen sobre ménsulas en su cara interior. Dichos garitones tienen la peculiaridad de que son redondos hacia el exterior y con lado rectos hacia el patio a modo de ábside románico, poseen a su vez dos puertas que dan acceso a cada lado del adarve. Aquí debemos comentar que cuando Jiménez Esteban visitó el castillo la torre de la esquina suroeste había desaparecido a causa de un derrumbe, al igual que parte del lienzo y los matacanes que defendían el centro de cada lienzo, tal como se muestra en la fotografía y el plano que adjunta en su publicación. Los muros, construidos a espejo, son macizos. 

Lienzo oeste con matacán y cubo esquinero reconstruidos

El castillo estaba defendido por un foso, hoy colmatado, por lo que debía tener un puente hasta la puerta de acceso al patio que se abría en el lienzo sur. La puerta está formada por un gran arco rematado con tres escudos, uno de ellos, según Cooper, está borrado; el segundo tapado parcialmente por una casa adosada al muro y el tercero, bien visible, el la familia López Orozco "lo que viene a confirmar que fue Íñigo López de Orozco su constructor" según comenta Herrera Casado. Una vez en el patio para ingresar en la torre de homenaje, se hacía por su cara este, por una puerta abierta en el primer piso a la que se accedía por una escalera manual. El patio, según se aprecian en los mechinales, concluye Jiménez Esteban, debían tener dependencias con dos pisos.

Lienzo norte en el que se aprecia la forma absidal de los garitones


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Como hemos comentado la familia López Orozco es quien construye el castillo en el siglo XIV, según el escudo que hay sobre la puerta de acceso, aunque, como detalla Jiménez Esteban, se carece de documentación relativa a esta fortaleza lo que no ocurre con otros castillos de la zona que están bien documentados. Herrera Casado, nos guía sobre las tenencias de la puebla antes de la construcción del castillo. El pueblo perteneció a la comunidad de villa y tierra de Medinaceli en época de repoblación, pasando en la segunda mitad del siglo XIII a poder de doña Beatriz, reina de Portugal. Esta fue hija de Alfonso X el Sabio y estuvo casada con Alfonso III de Portugal. De ésta paso a su hija doña Blanca, abadesa del convento de Las Huelgas de Burgos; por último, y mediante compra, pasó a engrosar las abundantes posesiones de don Juan Manuel.

Escudo de armas de la familia López Orozco a la izquierda otro ilegible

Posteriormente pasó al señorío de Íñigo López de Orozco a quien se atribuye la construcción de la fortaleza; no obstante, comenta Cooper al respecto, que lo único cierto es que la construcción es anterior a 1368, como apuntábamos al principio, toda vez que Íñigo López de Orozco Gómez, hijo del anterior, a quien se refiere Herrera Casado, fue ejecutado en 1367. Íñigo López de Orozco, padre, había combatido a las órdenes de Alfonso XI en la conquista de Algeciras siendo el encargado de la construcción y organización de las máquinas de asedio, por lo que recibió varias posesiones en señorío a la vez que se confirmaron las que ya poseía, como la villa y el castillo de Cogolludo. A su muerte en 1355 las posesiones pasarían a poder de su hijo Íñigo López de Orozco Gómez

Íñigo López de Orozco Gómez militó en las filas de Pedro I durante la guerra civil que lo enfrentó a Enrique II, y en la conocida como Guerra de los dos Pedros contra Pedro IV de Aragón. Durante esta última fue apresado en la batalla de Araviana (1359) y rescatado por Pedro I al año siguiente. De vuelta a Castilla en 1360 y "hasta su defección en 1366 (...) vivió confiado en la proximidad de Guijosa con la frontera de Aragón para ponerse a salvo" temiendo ser asesinado. El castillo, según Cooper "pese a la arquitectura poco refinada, el conjunto tiene carácter de angustiosa vigilancia, expresada por cierta exageración vertical, y por la apariencia de prisa en la construcción". El temor a ser asesinado se hizo realidad tras la derrota de los Trastámara en Nájera, (1367) donde fue hecho prisionero y ejecutado, pasando el castillo a poder real. En 1424 está en manos de Juan de la Cerda y Juana Sarmiento, cuyo hijo, Luis de la Cerda hizo cesión de su legítima al primer duque de Medinaceli, integrándose así en la casa ducal.

Entrada al castillo tapiada sobre el que se ven dos escudos de armas

Terminada nuestra visita y sin haber ingresado en la fortaleza por las obras, nos queda -así pendiente para una nueva visita-, seguimos nuestro camino hasta Sigüenza donde teníamos programada una breve parada sin llegar a interesarnos, por ahora, por su castillo, y aprovechar para hacer un breve recorrido por la villa antes de dirigirnos a nuestra siguiente destino, el castillo de Riba de Santiuste.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Cooper, E., Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y León, Junta de Castilla y León, Salamanca, 1991.
Cooper, E., La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Herrera Casado, A., Castillos de Guadalajara. Guía de campo, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, J., Castillos de Guadalajara I, Libros Penthalon, Madrid, 1992 
Moreno García, R., Olite. El fastuoso palacio del Rey Noble, Muy Viajeros, Castillos y fortalezas, págs.. 60-69, Madrid 2024.
Morollón Hernández, P.Íñigo López de Orozco, en Historia Hispánica, 
Morollón Hernández, P., Íñigo López de Orozco Gómez, en Historia Hispánica.

Torre del homenaje en la que se observa el matacán de la ventana y los
matacanes esquineros que coronan la torre, todos ellos reconstruidos

Detalle del lienzo este: ladronera, almenas, garitón y torre del homenaje