martes, 8 de septiembre de 2026

El castro de La Mesa de Miranda

El castro de La Mesa de Miranda se encuentra en la localidad de Chamartín (Ávila). La población se asienta junto a la carretera AV-110 que coincide con la Cañada Real Soriana Occidental. Al llegar a la población desde Ávila, encontramos a nuestra derecha un magnífico ejemplar de verraco, escultura que representa un toro que se asocia a la cultura de los vettones, pobladores el castro. Para llegar a éste lo hicimos a pie, cruzando el caserío dirección norte por un camino rural bien señalizado que, tras un agradable paseo de unos 2,5 km, nos deja en la entrada del yacimiento.

El paiseje de encinas que podemos observar y disfrutar durante el recorrido

Iniciamos nuestro recorrido siguiendo las explicaciones que nos ofrecen las cartelas informativas que el visitante encuentra en el yacimiento, aunque ha de tener en cuenta que la cronología que va a encontrar es decreciente, o sea, que comienza por la parte más moderna del castro, el tercer recinto y según avanza hacia el norte, el segundo recinto y el primer recinto, que es el más antiguo. Mención aparte se hace de la necrópolis La Osera.

Verraco vettón en la plaza de Chamartín

La Mesa de Miranda, "oppidum vettón, o de la cultura de los verracos, posee un área total de 32.6 ha. Se compone de dos elementos arqueológicos: la zona de habitación (Castillo Bajero y Castillo Cimero) constituido por tres recintos complementarios, y la Necrópolis de la Osera, en la que se han exhumado más de 2200 tumbas, ocupando parte del tercer recinto y la zona exterior al castro.

Muralla y entrada a uno de los túmulos de La Osera del tercer recinto

El yacimiento fue descubierto en 1930 excavándose parcialmente entre 1932 y 1944. En los últimos años se han ido restaurando diferentes tramos de la muralla. Fue habitado entre los siglos V-IV y II-I a.C.  por los vettones, pueblo céltico de la Meseta.

Tras esta breve introducción, encontramos una cartela que nos propone un recorrido que puede prolongarse hasta 1 hora de duración. En ella se hace una pormenorizada explicación de cada una de las áreas que se visitan.

Ubicado en una meseta en la confluencia de dos arroyos, se compone de tres recintos amurallados, ocupando una superficie total de 29 ha. A ello se une la necrópolis, emplazada al sur del castro ocupando, también, parte del tercer recinto. La Mesa de Miranda compone, con los vecinos castros de Las Cogotas (Cardeñosa) y Ulaca (Solosancho), todos ellos en un radio de unos 25 km., una serie de núcleos de habitación vettones de considerable entidad que participaron activamente de los acontecimientos militares y políticos que terminaron en la conquista de la zona central de la península Ibérica por los romanos entre el 136 y 133 a.C.

En esta relación de castros no se cita Los Castillejos, en Sanchorreja, más antiguo que los mencionados, a tan solo 7 km al sureste de Chamartín que fue referencia para datar las murallas y la antigüedad de las esculturas zoomorfas precisamente por la ausencia de éstas. Siguiendo la lectura de la cartela, nos informa de los habitantes del castro: 

Los vettones fueron el pueblo prerromano que habitó estas tierras en la segunda Edad del Hierro. Su territorio fue el de las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cácares y parte de Toledo. La forma de hábitat fueron los hoy denominados "castros", asentamientos de considerable extensión que constituían ciudades-estado independientes entre sí. Varias de estas ciudades-estado unidas por lengua, costumbres, pasado común y proximidad, les conferían un carácter propio como pueblo.

Zócalo de una vivienda del primer recinto

La elección del emplazamiento de este castro, calculada para utilizar sus condiciones naturales como defensa, además del reforzamiento con varios recintos amurallados, evidencia el ambiente de inestabilidad en el que se vieron envueltos estos lugares en los últimos siglos del primer milenio a.C.

Plano del castro de una de las cartelas informativas

Álvarez-Sanchís hace la siguiente cronología de la ocupación de la Mesa de Miranda:

Bronce Final/Hierro I. (Inicios del primer milenio). Sustrato indígena. No hay evidencia de muralla.
Hierro Pleno I. (Sg. VIII / VI-V a.C.). Primer recinto con campos de piedras hincadas en el sureste y suroeste junto a las puertas de acceso y foso que defiende la muralla.
Hierro Pleno II. (Sg. VI-V / III-I a.C.). Segundo recinto con campo de piedras hincadas al suroeste.
Hierro Final.  (III-I a.C. a I). Tercer recinto incompleto que invade la necrópolis.


LAS MURALLAS
 
En este punto cabe recordar que Álvarez-Sanchís asegura que al margen de los mencionados conflictos que generaron gran inestabilidad, la fortificación del asentamiento hay que buscarlo en un proceso anterior de cambio de sustrato: "se advierte en las murallas, obras de flanqueo, foso y otros mecanismos defensivos elementos evolucionados a partir de las tradiciones indígenas del bronce final", que vino propiciado por la necesidad de permanencia del grupo en el espacio ocupado "independientemente del grado de conflictividad de la época".

El castro estuvo rodeado de potentes murallas, sobre todo en los dos primeros recintos. En el tercero buena parte de su trazado parece únicamente esbozado, sin haberse llegado a consumar. En las murallas de los dos primeros recintos se utilizó piedra más pequeña que en la del tercero; en éste las piedras tienen grandes dimensiones. Construcciones de tal envergadura implicaron un trabajo muy costoso que habla del alto grado de organización imperante en todos los castros

Muralla del tercer recinto fabricado con piedras de grandes dimensiones

En lo que respecta a la construcción de la muralla, Manglano destaca que tanto conceptual como técnicamente, presenta cierto retraso respecto a otros pueblos contemporáneos occidentales. La muralla se construye sin atender una prevía cimentación, mediante dos paramentos de mampostería en seco o trabados en seco cuyo espacio de separación se rellenaba con piedras dispuestas en horizontal enlazadas unas con otras. Para evitar derrumbes en ocasiones se construían refuerzos "e incluso un tercer paramento como se aprecia en los castros de La Mesa de Miranda", Yeltes la Vieja y Bermellar, estos últimos en Salamanca. Su anchura oscilaba entre los 4 y los 8 metros en su base, y su altura, difícil de cálcular, podía llegar a los 6 metros y estar reforzada su altura con tapial, enramado o empalizadas. Álvarez-Sanchís añade que los refuerzos de la muralla, cuerpos salientes, bastiones o refuerzos de planta curva, visibles en Las Cogotas, Las Merchanas y Yeltes la Vieja son inexistentes en Los Castillejos de Sanchorreja.

A partir de aquí el visitante se va a encontrar con un recorrido inverso en el tiempo, primero la construcción más moderna, el tercer recinto y terminará en el primer recinto. En lo que respecta a la Necrópolis de la Osera no necesariamente ha de vincularse a uno de estos recintos, siendo anterior al tercero que la invade.

Túmulo funerario en el interior del tercer recinto

TERCER RECINTO

De los tres recintos amurallados, el terecero es el más reciente, correspondiendo su construcción a la última fase de ocupación del poblado.
Tiene una superficie de 10,4 has. y complementa la protección del segundo recinto hacia el este. La orografía del terreno, favorable para la defensa natural en algunos puntos, posibilitó que no fuera necesario el cierre por el norte de este sector.

Muralla del tercer recinto

Defendiendo la entrada del tercer recinto se construye el llamado Cuerpo de Guardia como definió J. Cabré, un lienzo rectilíneo exento. Su estructura la compone un zócalo de piedras ciclópeas de diferente factura, alguna de ellas labradas. Su interior se rellena con piedras de menor envergadura. Su función era defender la entrada del tercer recinto de un ataque frontal a la puerta de acceso.

Cuerpo de Guardia, recinto exento que defiende la entrada del tercer recinto

En este recinto encontramos una de las señas de identidad de los vettones: los verracos: "Las esculturas zoomorfas representando toros y cerdosfueron un rasgo original y distintivo del pueblo vettón. Talladas en granito, con diferentes tamaños y tipologías, se creaban para situarlas dentro de los recintos más externos de los castros, en los accesos e, incluso, en zonas donde no había castros pero eran lugares con pastos importantes o caminos ya utilizados en aquella época. Representaban dos de los animales decisivos en su economía (el ganado vacuno y el porcino) y, posiblemente, constituían simbolos asociados a sus creencias, utilizables en diversos contextos aunque siempre con la misma función protectora."

Verraco en el interior del tercer recinto muy cerca a la entrada del segundo
 recinto. Muy desvastado, aún se observan los huecos de los ojos


SEGUNDO RECINTO

Adentrándonos dirección norte nos introducimos en el segundo recinto, el de menor tamaño, así como el tamaño de las piedras usadas en su construcción: "Este recinto junto al primero parecen ser los más antiguos del poblado. Cuenta con una extensión de 7.1 has.
El cometido de este recinto es desconocido a falta de investigaciones. En casos similares se han hallado indicios que hablan de su uso habitacional y también relativo a actividades de producción. No se descarta que en caso de asedios fueran lugares para la reclusión del ganados, como fueron interpretados por J. Cabré."
Segundo recinto y muralla del primer recinto y campo de piedras hincadas

Sobre este recinto Fabián García comenta la posibilidad de que se adosara en época previa a la conquista romana, a finales del siglo III, como respuesta a la campaña que cartagineses, al mando de Aníbal, atacan Helmántica (Salmanca) en 220 a.C. Destaca que este recinto "aparece como una explanada", por lo que quizá su construcción tuviese como fin completar la defensa del primer recinto. La posibilidad de uso habitacional y espacio para actividades de producción hace referencia la castro de Las Cogotas en cuyo segundo recinto se ubicaba el alfar.


SISTEMAS DEFENSIVOS

Aquí se encuentran los sistemas que defendían el poblado en su origen, la muralla del Primer Recinto, el antemuro que precedía al foso y el campo de piedras hincadas: "El flanco sur del primer recinto era el más expuesto al no contar con abruptas defensas naturales. Por ello fue dotado de mayor número de elementos defensivos, todos ellos complementarios. A la propia muralla sur se le adosaba una ante muralla, a la que seguía inmediatamente un foso (actualmente colmatado por los derrumbes de la muralla en buena parte de su profundidad, aunque apreciable por el desnivel del terreno. Donde el foso terminaba, comenzaba el camnpo de piedras hincadas. Todo ello servia para obstaculizar al máximo el ataque con caballos, guerreros a pie y máquinas de guerra."

Armas y herramientas de hierro encontradas en la tumba 228 de la necrópolis.
Museo Provincial de Ávila

En lo que respecta al foso, destacar el comentario del profesor Manglano que señala que la construcción del foso para reforzar la defensa de la muralla es algo excepcional "y que se da en muy pocos casos, por ejemplo en el castro de La Mesa de Miranda" toda vez que la situación del castro aprovechaba los escarpes que los ríos que hacían esta labor defensiva. El foso tenía entre 4 y 5 metros de profundidad y en la actualidad se encuentra colmatado por los derrumbes de la muralla del primer recinto. En el caso dee las defensas naturales indicar que La Mesa de Miranda, con una cota de 1116 m. de altitud, desciende al llano, donde están las Casas de Miranda, hsta los 1010 m., un desnivel uno 100 m. en una distancia de 215 m.

A la izquierda la muralla del poblado, sigue el ante muro y
el foso, hoy colmatado y ocupado por la vegetación

"Los 'campos de piedras hincadas' eran una forma defensiva de los castros vettones. Se trataba de concentraciones de piedras con forma normalmente puntiaguda, sólidamente clavadas en el suelo, muy juntas y sobresaliendo de la superficie entre 0,5 y 1 m. Su misión era obstaculizar el avance de la caballería y la infantería enemiga. Estaban situados en nlas zonas cercanas a las puertas y a las murallas principales con objeto de ser un obstáculo más para los atacantes.

Campo de piedras hincadas. Al fondo vemos la muralla del Primer Recinto,
partre del antemuro y, con vegetación alta, el foso hoy colmatado

Álvarez-Sanchis comenta que la tradicional adscripción de las murallas y otros sistemas defensivos a orígenes célticos o centroeuropeos ya han sido matizados, no así la procedencia transpirenaica de los campos de piedras hincadas, técnica defensiva que se difunde en la mitad norte peninsular no así en la zona no indeoeropea.


PRIMER RECINTO

"Se considera el más antiguo de los recintos, por el que se iniciaría la ocupación de este emplazamiento. Tiene una superficie de 11,5 has.
Todos sus contornos, excepto el sur, están protegidos naturalmente por abruptos cortados. Aún con ello se dotó a los mismos de muralla y, el meridional, de foso y campo de piedras hincadas.
En su interior se localizaba el grueso de las viviendas del castro."

Pasillo con forma de embudo que da acceso al primer recinto


PUERTAS DE ACCESO

"Las puerta de entrda a los recintos forticicados estaban concebidas para obstaculizar el avance enemigo desde el exterior. A menudo flanqueadas por torres semicirculares o circulares, planteaban la entrada en forma de pasillo estrecho con el fin de concentrar más defensores en ciertos puntos de la muralla con los que hacer frente a los invasores."

Puerta sureste de acceso al primer recinto que fue cegada

La puerta de acceso al primer recinto estaba situada en el extremo occidental de la muralla según se describe en la cartela anterior. En el lienzo sur hubo una segunda puerta que se cegó durante un momento incierto: "El primer recinto tenía dos puertas simétricas en el flanco sur con estructura diferente. Las puerta sureste fue cegada en algún momento de la historia del castro, posiblemente para evitar tener que defenderla."

Extremo noroeste del castro donde se abría la tercera puerta de acceso

El lado más septentrional del castro desde donde se accede al llano, al inicio de La Moraña, hubo una tercera puerta situada en el lado noroeste, de la que no tenemos más información. Aquí debió existir un muro bajo pues lo abrupto del terreno ejercía de defensa natural tal como se comenta una de las cartelas: "La elección del emplazamiento del castro se hizo en función de las necesidades propias del momento. La muralla de los dos primeros recintos fue concebida a partir de la topografía favorable. Allí donde las condiciones naturales no eran tan fravorables, la envergadura del muro era mayor. Sin embargo donde la pendiente era muy elevada, el amurallamiento fue más discreto, detalle que puede apreciarse en todo el flanco oeste del primer recinto" donde prácticamente no se precia.


ECONOMÍAS COMPLEMENTARIAS

"Los habitantes de este castro participaban principalmente de dos economías complementarias: por una parte de la ganadería, utilizando el territorio serrano del sur, apto sobre todo para el pastoreo. Por otra, las tierras inmediatas hacia el norte, más bajas y más llanas, adscritas a los paisajes habituales del norte del Duero, posibilitaron un aprovechamiento basado en la agricultura. Sobre todo la agricultura y la ganadería pero también la producción de manufacturas (alfarería, herramientas de hierro... ) fueron las principales dedicaciones de los habitantes de La Mesa de Miranda."

Piedra para machacar minerales. Museo Provincial de Ávila


NECRÓPOLIS DE LA OSERA

"Las fuentes antiguas dejaron constancia de las costumbres funerarias en los pueblos del interior de la peníncula Ibérica. Los mejor considerados eran los muertos en combate, cuyo cuerpo se exponía a los buitres para que su alma fuera directamente al cielo. Los restantes eran incinerados en una pira y sus cenizas guardadas en una urna de barro que era enterrada en el suelo. Las investigaciones arqueológicas en la necrópolis de este castro, conocida como La Osera, han corroborado este ritual. J. Cabré excavó 2.230 enterramientos, cuyos ajuares muestran la estratificación social existente en el castro."

Túmulos de enterramiento y una piedra hincada que dividía los clanes

"La necrópolis estaba dividida en seis zonas diferenciadas entre sí. Probablemente cada una de ellas correspondía a las diferentes familias o clanes en los que se dividía la población del castro. Esos clanes agrupaban a un importante número de personas en torno a un antepasado común que se consideraba mítico. Cada zona estaba presidida por una piedra hincada resaltando suficientemente sobre las estelas que marcaban cada tumba. La disposición conjunta de todas estas piedras que preesidían cada una de las seis zonas, tenía un significado astral como han demostrado algunos estudios recientes. De esta forma relacionaban el mundo de los muertos con su destino final en el más allá."

Urna a torno estampillada. Museo Provincial de Ávila


DESPOBLAMIENTO DE LA MESA DE MIRANDA

El momento de abandono del castro es incierto. Al respecto Fabián García propone tres fechas posibles. La más temprana sobreviene al término de las Guerras Celtibérico-Lusitanas (155-133 a.C.), hay que recordar que los vettones eran tradicionalmente aliados de los lusitanos- En este momento Roma lleva sus tropas hasta la otra orilla del Duero tras la caída de Numancia; tesis que se apoya en parte a que el foso que defiende el primer recinto se haya colmatado por el derrumbe de la muralla -según excavaciones de 2004-, lo que indica que tuvo la posibilidad de que fuese derribada en ese u otro momento.

La segunda posibilidad es que el castro hubiese permanecido habitado hasta el fin de las Guerras Sertorianas (82 a 72 a.C.) que enfrentaron en la península a los seguidores de Sila y Mario. Sertorio, partidario de Mario, consiguió aglutinar bajo su mando a romanos y lusitanos entre los que se incluiría a los vettones. La derrota de Sertorio supondría un agravante más en la historia de la Mesa de Miranda.

La tercera y última fecha del despoblamiento del castro sería a partir de la Guerra Civil que enfrentó a César y Pompeyo en la península (49 a 44 a.C.). Será a partir de ese momento, como muy tarde, cuando los castros como la Mesa de Miranda se abandonan en favor de pequeños asentamientos en la llanura, junto a los ríos sin necesidad de defensas naturales ni murallas, con el comienzo de la romanización de los vettones.

Espada de antenas con nielado de plata y fíbula con botón cuadrado
Museo Provincial de Ávila


Para esta entrada he consultado, además de las cartelas informativas del castro, la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
Fabián García, J. Francisco, Castro de la Mesa de Miranda, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2005
López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio Ramón, Los verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

lunes, 24 de agosto de 2026

Verracos de Villanueva del Campillo


Llegamos a Villanueva del Campillo desde Ávila por la carretera N-110. Tras cruzar Villatoro, donde pudimos ver de nuevo junto a la iglesia parroquial sus tres verracos, ascendimos el puerto de Villatoro de donde, al coronar el puerto, parte a la derecha la carretera AV-P-637 que tras una leva ascensión nos dejará en nuestro destino.

Valle del Corneja desde el puerto de Villatoro

En este punto el viajero deja a su espalda, al este, el valle Amblés y el nacimiento del río Adaja que trancurre en una prolongada ribera, hasta la ciudad de Ávila, regando los sembrados que tapizan el valle. Coronado el puerto, hacia el oeste, como prolongación del anterior, se abre el valle del Corneja, cuna de la Casa de Alba. Aún nos quedan 5 km. dirección norte para llegar a nuestro destino, la plaza de la Constitución de Villanueva del Campillo, a 1433 metros de altitud, donde encontramos los dos verracos vettones, uno de ellos es el más grande conocido hasta hoy, un toro de 250 cm. de largo, 243 de alto y 150 de ancho según la medidas que nos ofrece Álvarez-Sanchís, y un suido o cerdo que descansa junto a él.

Gran toro de Villanueva del campillo (2005) tras su restauración.
El costado izquierdo que se encontraba enterrado y limpio de musgo

En nuestra primera visita, hacia 1990, no pudimos ver las esculturas porque estaban en su lugar original, siguiendo la información de López Monteagudo, en el paraje llamado Campo del toro, en la finca La Corneja o, según Álvarez-Sanchis, Los Tejares, lugar donde aún permanecían en 2003. Según las fotografías de López Monteagudo, que documentaba ambas piezas, eran los restos de dos verracos tumbados sobre el costado izquierdo que hacía imposible ofrecer medidas al estar practicamente enterrados y donde, según se cree permanecen bajo tierra los cuartos traseros del toro.

Gran verraco en imagen de 2026

Tras su restauración, se le añadió el tercio trasero de bronce, primero se exhibió el gran verraco en Ávila, para posteriormente trasladarlo a Villanueva del Campillo, su actual ubicación en 2005, en solitario, sin el verraco más pequeño que se conserva hoy junto al toro. Anterior a esta restauración, López Montegudo hacía la siguiente descripción de la pieza que, aunque daba las mismas medidas que Álvarez-Sanchís, difería en la altura,: 143 cm. -aunque es de suponer que era un error tipográfico-: Toro de granito. Escultura de gran tamaño del estilo de los toros de Guisando, en lamentable estado de conservación "ya que le faltan los dos tercios posteriores". Conserva la peana completa "con el arranque de las patas traseras, existiendo vano entre ella y el cuerpo del animal. En la cabeza destaca el testuz y las mandíbulas. Posee papada estando resaltado el brazuelo derecho cuya forma recuerda muy de cerca" a uno de los ejemplares de Guisando. Por su parte Álvarez-Sanchís hace casi las misma descripción, catalogándolo como toro de tipo 1, por su gran tamaño y cuidada ejecución, sin dar más detalles toda vez que "se encuentra semienterrano y sólo es visible el lado derecho".

Toro y verraco en la plaza de Villanueva del Campillo

Manglano Valcárcel profundiza más en la descripción de la pieza y hace hincapié en las proporciones del gran toro que se encuentra en la cabecera del valle del Adaja, "Es, cuanto menos significativo, que en este punto se documente la escultura de mayores dimensiones de todas las existentes", y el aspecto social que representa, "como si de un monumento presidencial se tratase, parece estar poniendo de manifiesto que hay gentes que dominan sus tierras, sus pastos o sus recursos naturales. Es, en cierto modo, una advertencia a quienes se adentren en su interior, una forma de señalizar o acotar determinadas propiedades o derechos que entienden son propios de los habitantes del valle". Aporta una fotografía de 2012 del toro tal como la vemos hoy. El análisis lítico que hace de ambas esculturas, coinciden con el patrón de Villanueva del Campillo, lo que nos indica que fueron talladas en la zona.

Verraco junto al toro que realza el tamaño de éste

El segundo ejemplar es un verraco de granito. López Montegudo cita el mismo lugar de procedencia y ubicación y las siguientes medidas: 67 cm. de longitud y una altura de 62 cm., la escultura se encuentra en "bastante mal estado de conservación, teniendo las patas rotas casi desde su arranque" y, debido a su posición, prácticamente enterrado, concluye que "es imposible apreciar cualquier detalle anatómico". Este ejemplar Álvarez-Sanchis lo describe como un cerdo de granito del que tan sólo nos ofrece la altura, 62 cm. Lo cataloga como tipo indeterminado al estar enterrado y visible "sólo el lado derecho". En el catálogo de Cuervo, se ofrecen las siguientes medidas: 170 m x 60 cm. x 55 cm. y 218 cm. de perímetro; lo cataloga como cerdo tipo 1, grupo caracterizado por piezas de gran tamaño y talla cuidada que miden entre 1,50 y 2 m. de longitud.

Parte trasera del verraco donde se aprecia el arranque del rabo y testículos

De la escultura podemos añadir que en ella se aprecia que le falta parte de la cabeza, tiene muy marcado el resalte del espinazo, la papada, el sexo y el rabo, aunque no podemos dar sus dimensiones, difieren mucho de las medidas que nos ofrecían los arqueólogos una vez desenterrada la escultura.

Verraco en él se aprecia el espinazo, rabo y el sexo

También Manglano Valcárcel hace referencia a esta segunda escultura, aunque no proporciona ninguna fotografía: un suido que se expone en la plaza del pueblo junto al gran toro que, "la desmesurada proporción de sus tamaños eleva, aún más si cabe, el realce de la más grande".

Costado derecho del verraco en el que se aprecia el sexo y la papada

Terminando nuestra visita se nos acercó un vecino que nos comentó desde el coche la singularidad del toro y su tamaño. Nos dijo que quizá la mejor opción hubiese sido haber dejado ambas esculturas en su lugar primitivo, recostadas en el suelo, porque, aseguró que durante las fiestas una de las actuaciones más recurrentes era subirse en el toro y hacer alarde de la dificultad que entraña tal "proeza". No tuvimos inconveniente en darle la razón, al menos en el hecho de subirse en un monumento de tal entidad y que no haya autoridad que lo impida.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
Cuervo, José, Verracos en verracos.es
López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio Ramón, Los verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

Toro visto de frente (2023) se aprecia marcada la pezuña de la pata izquierda


miércoles, 19 de agosto de 2026

Palazuelos: Iglesia de San Juan Bautista


Tras nuestro paseo por los restos de la muralla de Sigüenza, nos dirigimos por la GU-135 a Palazuelos. En nuestra anterior visita a la villa habíamos recorrido sus calles, la cuidada muralla que mandara construir Íñigo López de Mendoza sobre cuyas puertas campean los escudos de armas del linaje Mendoza: su hijo Pedro y de la mujer de éste, Juana de Valencia. En aquella primera visita nos había pasado inadvertida la humilde iglesia de San Juan Evangelista, distante tan solo unos metros de la Puerta de la Villa. Es un edificio discreto construido, como apunta Salgado Pantoja, "de muchas mampostería y poca sillería, integrado por un aula rectangular de origen románico", al que se le dotó posteriormente de espadaña y, en el siglo XVI, de cabecera. Según Herrera el edificio original románico se derribó por completo en el siglo XVI o en el XVII dejando sólo en pie la portada.

Portal que resguarda la portada de acceso al templo

La iglesia aún conserva los sillares románicos que muestran que la nave era menor en su origen "del mismo modo que los canecillos de nacela de la cornisa fueron reaprovechados cuando se aumentó la altura de los muros". Lo más destacable es, sin duda, la portada del templo "que se abre al mediodía, bajo pequeño portal, preserva del siglo XIII sus tres arquivoltas de medio punto, resueltas al igual que la chambrana e impostas con molduras muy simples. Las jambas, completamente destrozadas, están rehechas con cemento".

Portada y sillares románicos. En la reforma se utilizó mampostería

Su interior no pudimos verlo, no obstante, de época medieval no conserva nada. Salgado Pantoja destaca un digno arco triunfal y la pila bautismal renacentistas, el artesonado de la capilla mayor y un meritorio retablo de principios del siglo XVIII. De todo ello hace pormenorizada descripción Herrera Casado.

Espadaña del siglo XVI o del XVII

Para esta entrada he consutrado la siguiente documentación:

Guadalajara. Todo el románico, Salgado Pantoja, J.A., Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, Aguilar de Campoo (Palencia) 2018.
Palazuelos, el románico amurallado, 1990 en web herreracasado.com

Portada en la que se aprecia la sencillez de las arquivoltas, chambrana,
las columnas y jambas reconstruidas de cemento


sábado, 15 de agosto de 2026

Heráldica Municipal

Siguiendo el artículo de Sanz Platero, en el siglo XIX y, tras las disoluciones de las Comunidades de villa y tierra, y el establecimieno de los ayuntamientos constitucionales las poblaciones tuvieron que elaborar sus propios escudos. En 1811 y 1837 se habían declarado abolidos los regímenes señoriales, -hasta entonces eran las armas del señor las que campeaban en las fachadas-, y en 1841 se declaran abiolidos los mayorazgos.

En 1848 se dispuso por orden superior, que se dotase cada Ayuntamiento Constitucional de un sello distintivo en tinta para que su impronta se timbrara en los documentos oficiales que, por enconces, tenían vugor si contaban con la firma oficial del Alcalde o de los concejales.


PEÑAFIEL


Como blasón oficial, el escudo de Peñafiel tiene la siguiente descripción:

"Escudo en forma de piel de toro o casulla. "En campo de azur (azul), una torre de oro (dorado), con puertas y ventanas de gules (rojo), sobre un cerro de sinople (verde) y, posado en la torre, un halcón de su color natural, con las alas recogidas, mirando vigilante hacia la derecha del escudo y bordura de plata, cargada con el lema "ESTA SERÁ LA PEÑA MÁS FIEL DE CASTILLA" en letras de sable (negro). Al timbre una corona ducal".

La propuesta del escudo fue realizada por Fortunato Escribano de la Torre y José María Díez Asensio, quienes presentaron este diseño a la Real Academia de la Historia en 1975. Esta institución también propuso que pudiera utilizarse como armas de la villa las del "linaje girón", aunque el Ayuntamiento desestimó esta de los girones.

Según Escribano,
El azur es signo de lealtad.
El dorado de la torre, nobleza, riqueza, poder y sabiduría.
El sinople del cerro simbolo de abundancia y esperanza en el porvenir más próspero.
El lema se le atribuye al conde Sancho García cuando rescató Peñafiel al poder musulmán.

A continuación comenta "la actitud que debe tene el halcón representado sobre las almenas de la torre que ha suscitado varias interpretaciones dependiendo del tiempo utilizado, en posición de reposo, no de alzar el vuelo. Caso contrario tiene el apellido -Peñafiel- que tiene en su escudo un halcón de sable (negro) en la cima, con las alas abiertas en actitud de volar, sobre el campo del gules (rojo)".

El escudo que vemos está colocado en el jardin de la plaza de San Miguel de Reoyo de Peñafiel.

Sanz Platero, Daniel, Pendón bandera y escudo de Peñafiel, 2014.


ÁVILA

El escudo de armas de la ciudad de Ávila se encuentra muy presente en toda la población tan como comenta García-Oviedo. Como esr habitual el escudo que lo ilustra suele ser el que se encuentra en los jardines de San Vicente, a la izquierda de esta puerta de la muralla de ciudad.


Escudo enmarcado sobre cartela. En campo de gules, el cimborrio de la Catedral mazonado en su color, por el que asoima un Rey que esgrime una espada en su mano diestra, y una bola del mundo en la siniestra, en punta, la leyenda en letras sable "ÁVILA DEL REY"

Indicar que, seguiendo la tradición abulense, al cimorro o ábside de la catedral lo llama "cimborrio". El Rey representado, aunque no se menciona, es el emperador Alfonso VII (1105-1157) que, siendo niño, se refugió en la ciudad al ser perseguido por su padrastro Alfonso I el Batallador, rey de Aragón.

Escudo de Ávila en la entrada este del parque de San Antonio
en la calle de La Sierpe de Ávila

García-Oviedo Tapia, José M., Heráldica Abulense, Caja de Ahorros de Ávila, Ávila, 1992