lunes, 28 de septiembre de 2026

Castillo de Bijuesca


Tras la visita al castillo de Berdejo, retomamos nuestra ruta siguiendo el transcurrir del río Manubles hacia el sur, por la A-1502 para alcanzar nuestro próximo destino: Bijuesca. Distante tan solo 4 km, sobre un alto descansa el castillo y su iglesia fortificada. Al llegar a la población encontramos un tríptico editado por la Mancomunidad de Calatayud donde pudimos leer esta brevísima reseña del castillo: "La fortaleza de Bijuesca, seguramente mandada construir por Pedro IV, es de notable extensión, conserva buena parte de sus murallas de piedra y una torre-puerta, abovedada y con entrada en recodo".

Fachada sur que conserva el almenado y torre donde se abre el acceso

EL CASTILLO

En principio era de suponer que la historia del castillo fuese paralela al de Berdejo, por su cercanía, y que sufriera las mismas vicisitudes durante la Guerra de los dos Pedros, por ser una de las poblaciones que fortíficó el rey aragonés para impedir el acceso de las tropas castellanas al valle del Jalón. Siguiendo a Cooper, nos hace una descripción de la fortificación no exenta de cierto sarcasmo y planteando algunas dudas. Esta se alza en el recinto que "ocupa la cumbre de un cerro al lado del desfiladero del río Manubles. La torre presenta una entrada en recodo protegida por una ladronera con aspecto de chimenea. Las defensas incorporan la iglesia de Santa María del Castillo." No obstante, añade que la cronología del castillo difiere bastante de la relevancia que se le supone a una fortificación que "en la Guerra de los dos Pedros, no es nada clara: en 1357 "se mandó despoblar Bijuesca y que se fortaleciese la iglesia y la parte que está hacia el río". Esto sería tal vez para ganar tiempo: el 15 de mayo de 1358, Pedro IV autoriza a los vecinos de Vinesca (sic por Bijuesca), a construir un castillo".

Restos de la muralla del recinto intermedio, el castillo y a la derecha la torre

Comenta Cooper que las referencias que se dan del castillo complica aún más "la existencia de varias época de construcción en el conjunto" toda vez que la torre tiene el mismo aparejo "de Molina de Argón, es decir de finales del siglo XIII, y las murallas parecen incluso anteriores", además "figura en la iglesia una saetera del tipo estribo (la otra iglesia, de San Miguel, de estilo románico, se sitúa al lado del río". La saetera, asegura, no parece ser posterior al siglo XIII, ni "consta exactamente cómo funcionaba en relación con las armas en uso" de la época, tipo de saetera de la que sólo pueden verse ejemplares en el castillo de Osma (Soria).

Saetera tipo estribo del castillo de Osma (Soria)

Las saeteras de estribo tienen influencia cruzada, de finales del siglo XII, según podemos leer en una cartela del castillo de Osma, sin embargo, añade dicha cartela, las saeteras de la fortaleza oxomense son de época de Ramiro II de León (c. 900-951), por lo que "adelantan en muchos siglos a sus gemelas de Tierra Santa".

Restos de la muralla que cercaba el recinto intermedio

Lafuente Gómez nos ofrece datos interesantes sobre la financiación de las obras de acondicionamiento y reparación de las fortificaciones al inicio de las guerra. En el primer semestre de 1357 la iglesia cedió las primicias de las aldeas de la Comunidad de Calatayud para las reparaciones de las fortalezas correspondiendo a Bijuesca 1900 sueldos jaquenses, teniendo como responsable de las obras a Domingo Lop Pastor. Según la fecha esta cantidad debió destinarse a fortificar de la torre-campanario de la iglesia y reforzar las defensas del lado del río, algo que puede parecer excesivo teniendo en cuenta que en Berdejo de gastaron 1600 sueldos en el mantenimiento de su castillo y en Manubles y Fuentelsaz 1000 sueldos en cada uno de los suyos. Las primicias eran la entrega de los primeros frutos y crías del ganado que las aldeas, junto a los diezmos, daban a la iglesia. En junio de ese año, tanto el arzobispo de Zaragoza como el obispo de Tarazona renovaron la cesión de "las primicias de toda la Comunidad de Calatayud a las obras de sus castillos".

Lienzo norte del castillo protegido por la defensa natural del acantilado

Patrimonio Cultural de Aragón nos amplía la composición de la fortaleza que, según nos recuerda, data del siglo XIV, construida siguiendo las órdenes de Pedro IV, sobre en "un espolón rocoso topográficamente escalonados. El recinto intermedio tiene planta oval de unos 70 m de eje mayor y sus muros se adaptan al terreno, aunque la mayor parte están destruidos". El ingreso a este recinto "se realiza mediante una subida situada junto a la iglesia, y separada de la misma por un foso".

Puerta de acceso al recinto intermedio entre la torre y la muralla

La torre-campanario está rematada por una cornisa de matacanes para defensa de la entrada del conjunto; así mismo, nos recuerda, la iglesia pasó a formar parte de la fortaleza en 1357, cuando se mandó fortificar a la vez que se ordenó despoblar el lugar, con los fondos que aportaron las primicias correspondientes a la iglesia.

Torre-campanario fortificada. La entrada al recinto se sitúa entre el muro y la torre

El recinto superior, el propio castillo, tiene "planta alargada, de unos 40 metros de eje mayor, oscilando entre 20 y 30 el menor. Conserva sus muros de mampostería con almenas y saeteras. Su lado norte da al acantilado, cuyo muro se ha derrumbado en parte, y en el lado sur se eleva la torre-puerta rectangular, de 6 por 4 metros aproximadamente, reforzada por sillares en las aristas y con las ménsulas que sostenían un matacán que protegía la entrada", matacanes que Cooper comparaba con una chimenea. 

La torre ha perdido sillares de las esquinas y el lienzo el almenaje

La entrada en recodo es similar a la que habíamos visto en Berdejo, "se situaba en un recodo bajo la torre, muy utilizado en las construccionbes musulmanas, cubierta por una bóveda de medio cañón".  La torre estaba estructurada en tres plantas abovedadas de las que de la primera se conserva el hueco del rastrillo y ventanas góticas.

Acceso al castillo visto desde el interior del recinto defendido por una saetera
El ingreso se hacía por la derecha

Descripción muy similar nos hace Lafuente Gómez para quien "el aparejamiento de las torres, los muros y las puertas de las fortificaciones estaban pensado para hacer de estos elementos plataformas eficaces desde el punto de vista defensivo". En el caso del conjunto fortificado de Bijuesca, identifica algunos de estos elementos como la barbacana, el recinto intermedio que por su extensión sería el albacar; la entrada, en paralelo al muro y al pie de la torre con una buhedera, más arriba ésta se identifica como el hueco del rastrillo, situada sobre la puerta de acceso; la entrada en recodo y un balcón con matacanes encima. La muralla, concluye, estaba recorrida por su "correspondiente adarve y contaba con merlones y saeteras".

Torre del homenaje, con vanos de entrada, de acceso al adarve y los matacanes
que defienden la puerta de acceso en recodo

Como singularidad destaca Patrimonio que "el recinto bajo conserva el muro oeste, separado de la muralla por un pasadizo descubierto y que se podría juzgar como equivalente al muro-escudo germánico, siendo una pieza insólita en la arquitectura militar española".

Imagenhecha con dron de la zona norte del castillo defendida por el acantilado.
Fotografía de Rafael Moreno realizada con todos los permisos



CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

La de Bijuesca es una fortaleza fronteriza con Castilla, circunstancia que le llevó a sufrir varios conflictos a los largo de la historia entre los dos reinos, con especial intensidad la Guerra de los dos Pedros. Como hemos comentado, en Bijuesca se realizaron grandes obras por mandato de Pedro IV de Aragón en 1357 como fue la fortificación la iglesia y despoblar el lugar tal como ocurrió en las poblaciones al norte de la ribera del río Manubles. A pesar de este esfuerzo fortificador, el de Bijuesca fue uno de los primeros castillos conquistados por Pedro I de Castilla, en 1358 tan solo un año más tarde de su construcción. Una vez en poder de Castilla, el rey lo dejó bajo la alcaldía de su capitán Gómez Carrillo a quien mandó ejecutar más tarde bajo sospecha de traición.

Lado oeste del patio de armas con una línea de mechinales y restos de 
saeteras en los lienzos oeste y norte

Gutiérrez de Velasco, en su trabajo sobre la contraofensiva aragonesa de 1359. En este año se produce el desastre de Arabiana, donde tropas de Pedro IV, mandadas entre otros por don Enrique de Trastamara y su hermano don Tello, derrotan a los castellanos. La derrota hizo cundir el desánimo entre las huestes de Pedro I que, temiendo represalias de su rey se pasan a las filas del conde don Enrique. La ocasión la aprovecha el rey aragonés e "intenta ganar mañosamente los castillos de Bijuesca y Torrijo (fortaleza aragonesas conquistadas por el enemigo). Trata secretamente con Gómez Carrillo, alcaide de estos castillos; pero fracasan las gestiones al ser relevado este capitán de su cargo". Gómez Carrillo fue depuesto por Pedro I nombrando en su lugar a nuevos alcaides en los dos castillos y, como hemos comentado, lo mandó matar.

Cierre del lienzo este que conserva almenas y algunas saeteras

Poco después Bijuesca fue reconquistada por Aragón que la recuperó definitivamente en la ofensiva de 1362 por Pedro IV, que mandó derribar la fortaleza, orden que no se llegó a cumplir gracias a lo cual se conserva hoy en día una parte de ella.

Lienzo este desde el interior se aprecia el adarve las almenas con saeteras
y el acceso a la torre desde el adarve

Para esta entrada he consultado además de la cartera informativa del castillo de Osma, la siguiente documentación:

Cooper, Edward, La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Corral Lafuente, José Luis, La Comunidad de Aldeas de Calatayud en la Edad Media, Centro de Estudios Bilbilitanos, Institución Fernando el Católico, Calatayud, 2012
Gutiérrez de Velasco, A., La contraofensiva aragonesa en la Guerra de los Dos Pedros, Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 1963
Lafuente Gómez, Mario, Un reino en armas. La guerra de los Dos Pedros (1356-1366) Institución Fertnando El Católico (CSIC), Zaragoza, 2014

Puente sobre el río Manubles

Ventana de la iglesia románica de San Miguel junto al río Manubles 

Vista desde el lienzo norte del castillo con la carretera dirección Berdejo

Bijuesca a los pies del castillo y el valle que se abre al sur dirección Torrijo de la Cañada

martes, 8 de septiembre de 2026

El castro de La Mesa de Miranda

El castro de La Mesa de Miranda se encuentra en la localidad de Chamartín (Ávila). Habíamos salido desde Ávila por la carretera AV-100 hacia el oeste, ruta que coincide con la Cañada Real Soriana Occidental. A unos 23 km. llegamos a Chamartín donde encontramos en una placita junto a la carretera un magnífico ejemplar de verraco, la escultura de un toro que se asocia a la cultura de los vettones, los pobladores del castro. Iniciamos desde aquí nuestra ruta a pie, cruzando el caserío dirección norte por un camino rural bien señalizado. Un agradable paseo de unos 2,5 km. nos deja en la entrada del yacimiento de La Mesa de Miranda.

El paiseje de encinas que podemos observar y disfrutar durante el recorrido

Comenzamos nuestro recorrido por el castro siguiendo las explicaciones de las cartelas informativas que el visitante encuentra en varios puntos del yacimiento, aunque ha de tener en cuenta que la cronología que va a encontrar es decreciente, o sea, que comienza por la parte más moderna del castro, el tercer recinto y según avanza hacia el norte, el segundo recinto y el primer recinto, el más antiguo. Mención aparte se hace de la necrópolis de La Osera.

Verraco vettón en la plaza de Chamartín

La Mesa de Miranda, "oppidum vettón, o de la cultura de los verracos, posee un área total de 32.6 ha. Se compone de dos elementos arqueológicos: la zona de habitación (Castillo Bajero y Castillo Cimero) constituido por tres recintos complementarios, y la Necrópolis de la Osera, en la que se han exhumado más de 2200 tumbas, ocupando parte del tercer recinto y la zona exterior al castro.

Muralla del tercer recinto y entrada a uno de los túmulos de La Osera 

El yacimiento fue descubierto en 1930 excavándose parcialmente entre 1932 y 1944. En los últimos años se han ido restaurando diferentes tramos de la muralla. Fue habitado entre los siglos V-IV y II-I a.C.  por los vettones, pueblo céltico de la Meseta.

Tras esta breve introducción, encontramos una cartela que nos propone un recorrido que puede prolongarse hasta 1 hora de duración. En ella se hace una pormenorizada explicación de cada una de las áreas que se visitan.

Ubicado en una meseta en la confluencia de dos arroyos, se compone de tres recintos amurallados, ocupando una superficie total de 29 ha. A ello se une la necrópolis, emplazada al sur del castro ocupando, también, parte del tercer recinto. La Mesa de Miranda compone, con los vecinos castros de Las Cogotas (Cardeñosa) y Ulaca (Solosancho), todos ellos en un radio de unos 25 km., una serie de núcleos de habitación vettones de considerable entidad que participaron activamente de los acontecimientos militares y políticos que terminaron en la conquista de la zona central de la península Ibérica por los romanos entre el 136 y 133 a.C.

En esta relación de castros no se cita Los Castillejos, en Sanchorreja, más antiguo que los mencionados, a tan solo 7 km al sureste de Chamartín. Este castro se abandonó antes de la conquista romana y fue referencia para datar las murallas, las suyas era más toscas, y datar la antigüedad de las esculturas zoomorfas toda vez que en él no se encontró ninguna. Siguiendo la lectura de la cartela, nos informa de los habitantes del castro: 

Los vettones fueron el pueblo prerromano que habitó estas tierras en la segunda Edad del Hierro. Su territorio fue el de las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres y parte de Toledo. La forma de hábitat fueron los hoy denominados "castros", asentamientos de considerable extensión que constituían ciudades-estado independientes entre sí. Varias de estas ciudades-estado unidas por lengua, costumbres, pasado común y proximidad, les conferían un carácter propio como pueblo.

Zócalo de una vivienda del primer recinto

La elección del emplazamiento de este castro, calculada para utilizar sus condiciones naturales como defensa, además del reforzamiento con varios recintos amurallados, evidencia el ambiente de inestabilidad en el que se vieron envueltos estos lugares en los últimos siglos del primer milenio a.C.

Plano del castro de una de las cartelas informativas

Álvarez-Sanchís hace la siguiente cronología de la ocupación de la Mesa de Miranda:

Bronce Final/Hierro I. (Inicios del primer milenio). Sustrato indígena. No hay evidencia de muralla.
Hierro Pleno I. (Sg. VIII / VI-V a.C.). Primer recinto con campos de piedras hincadas en el sureste y suroeste junto a las puertas de acceso y foso que defiende la muralla.
Hierro Pleno II. (Sg. VI-V / III-I a.C.). Segundo recinto con campo de piedras hincadas al suroeste.
Hierro Final.  (III-I a.C. a I). Tercer recinto que invade la necrópolis.


LAS MURALLAS
 
En este punto cabe recordar que como asegura Álvarez-Sanchís, al margen de los mencionados conflictos que generaron gran inestabilidad, la fortificación del asentamiento hay que buscarla en un proceso anterior de cambio de sustrato: "se advierte en las murallas, obras de flanqueo, foso y otros mecanismos defensivos elementos evolucionados a partir de las tradiciones indígenas del bronce final", que vino propiciado por la necesidad de permanencia del grupo en el espacio ocupado "independientemente del grado de conflictividad de la época".

Sobre las murallas la cartela comenta: El castro estuvo rodeado de potentes murallas, sobre todo en los dos primeros recintos. En el tercero buena parte de su trazado parece únicamente esbozado, sin haberse llegado a consumar. En las murallas de los dos primeros recintos se utilizó piedra más pequeña que en la del tercero; en éste las piedras tienen grandes dimensiones. Construcciones de tal envergadura implicaron un trabajo muy costoso que habla del alto grado de organización imperante en todos los castros. 

Muralla del tercer recinto fabricado con piedras de grandes dimensiones

En lo que respecta a la construcción de la muralla, Manglano destaca que tanto conceptual como técnicamente, presenta cierto retraso respecto a otros pueblos contemporáneos occidentales. La muralla se construye sin atender una previa cimentación, mediante dos paramentos de mampostería en seco o trabados en seco cuyo espacio de separación se rellenaba con piedras dispuestas en horizontal, enlazadas unas con otras. Para evitar derrumbes en ocasiones se construían refuerzos "e incluso un tercer paramento como se aprecia en los castros de La Mesa de Miranda", Yeltes la Vieja y Bermellar, estos últimos en Salamanca. Su anchura oscilaba entre los 4 y los 8 metros en su base, y la altura, difícil de cálcular, podía llegar a los 6 metros y estar reforzada con tapial, enramado o empalizadas. Álvarez-Sanchís añade que los refuerzos de la muralla, cuerpos salientes, bastiones o refuerzos de planta curva, visibles en Las Cogotas, Las Merchanas y Yeltes la Vieja, y son inexistentes en Los Castillejos de Sanchorreja.

A partir de aquí el visitante se va a encontrar con un recorrido inverso en el tiempo, primero la construcción más moderna, el tercer recinto y terminará en el primer recinto. En lo que respecta a la Necrópolis de la Osera no necesariamente ha de vincularse a uno de estos recintos, siendo anterior al tercero que la invade.

Túmulo funerario en el interior del tercer recinto

TERCER RECINTO

De los tres recintos amurallados, el terecero es el más reciente, correspondiendo su construcción a la última fase de ocupación del poblado.
Tiene una superficie de 10,4 has. y complementa la protección del segundo recinto hacia el este. La orografía del terreno, favorable para la defensa natural en algunos puntos, posibilitó que no fuera necesario el cierre por el norte de este sector.

Muralla del tercer recinto

Defendiendo la entrada del tercer recinto se construye el llamado Cuerpo de Guardia como definió J. Cabré, un lienzo rectilíneo exento. Su estructura la compone un zócalo de piedras ciclópeas de diferente factura, alguna de ellas labradas. Su interior se rellena con piedras de menor envergadura. Su función era defender la entrada del tercer recinto de un ataque frontal a la puerta de acceso.

Cuerpo de Guardia, recinto exento que defiende la entrada del tercer recinto

En este recinto encontramos una de las señas de identidad de los vettones: los verracos: "Las esculturas zoomorfas representando toros y cerdos fueron un rasgo original y distintivo del pueblo vettón. Talladas en granito, con diferentes tamaños y tipologías, se creaban para situarlas dentro de los recintos más externos de los castros, en los accesos e, incluso, en zonas donde no había castros pero eran lugares con pastos importantes o caminos ya utilizados en aquella época. Representaban dos de los animales decisivos en su economía (el ganado vacuno y el porcino) y, posiblemente, constituían simbolos asociados a sus creencias, utilizables en diversos contextos aunque siempre con la misma función protectora."

Verraco en el interior del tercer recinto muy cerca a la entrada del segundo
 recinto. Muy desvastado, aún se observan los huecos de los ojos


SEGUNDO RECINTO

Adentrándonos dirección norte nos introducimos en el segundo recinto, el de menor extensión. La piedra utilizada para su construcción es de menor tamaño que la del tercero: "Este recinto junto al primero parecen ser los más antiguos del poblado. Cuenta con una extensión de 7.1 has.
El cometido de este recinto es desconocido a falta de investigaciones. En casos similares se han hallado indicios que hablan de su uso habitacional y también relativo a actividades de producción. No se descarta que en caso de asedios fueran lugares para la reclusión del ganados, como fueron interpretados por J. Cabré."

Segundo recinto y muralla del primer recinto y campo de piedras hincadas

Sobre este recinto Fabián García comenta la posibilidad de que se adosara en época previa a la conquista romana, a finales del siglo III, como respuesta a la campaña de los cartagineses que al mando de Aníbal concluyeron atacando y saqueando Salmantica (Salamanca) en 220 a.C. Destaca que este recinto "aparece como una explanada", por lo que quizá su construcción tuviese como fin completar la defensa del primer recinto. La posibilidad de uso habitacional y espacio para actividades de producción hace referencia al castro de Las Cogotas en cuyo segundo recinto se ubicaba el alfar.


SISTEMAS DEFENSIVOS

Aquí se encuentran los sistemas que defendían el poblado en su origen, la muralla del Primer Recinto, el antemuro que precedía al foso y el campo de piedras hincadas: "El flanco sur del primer recinto era el más expuesto al no contar con abruptas defensas naturales. Por ello fue dotado de mayor número de elementos defensivos, todos ellos complementarios. A la propia muralla sur se le adosaba una ante muralla, a la que seguía inmediatamente un foso (actualmente colmatado por los derrumbes de la muralla en buena parte de su profundidad, aunque apreciable por el desnivel del terreno). Donde el foso terminaba, comenzaba el campo de piedras hincadas. Todo ello servia para obstaculizar al máximo el ataque con caballos, guerreros a pie y máquinas de guerra."

Armas y herramientas de hierro encontradas en la tumba 228 de la necrópolis.
Museo Provincial de Ávila

En lo que respecta al foso, destacar el comentario del profesor Manglano que señala que la construcción del foso para reforzar la defensa de la muralla es algo excepcional "y que se da en muy pocos casos, por ejemplo en el castro de La Mesa de Miranda" toda vez que la situación del castro aprovechaba los escarpes de los ríos que hacían esta labor defensiva. El foso tenía entre 4 y 5 metros de profundidad y en la actualidad se encuentra colmatado por los derrumbes de la muralla del primer recinto. En el caso de las defensas naturales indicar que La Mesa de Miranda, está situado a una cota de 1116 m. de altitud, y desciende al llano, en la zona norte, donde están las Casas de Miranda, a los 1010 m., un desnivel uno 100 m. en una distancia de 215 m.

Muro, antemuro y la explanada donde se abría rel foso hoy colmatado

"Los 'campos de piedras hincadas' eran una forma defensiva de los castros vettones. Se trataba de concentraciones de piedras con forma normalmente puntiaguda, sólidamente clavadas en el suelo, muy juntas y sobresaliendo de la superficie entre 0,5 y 1 m. Su misión era obstaculizar el avance de la caballería y la infantería enemiga. Estaban situados en las zonas cercanas a las puertas y a las murallas principales con objeto de ser un obstáculo más para los atacantes." 

Campo de piedras hincadas. Al fondo vemos la muralla del Primer Recinto,
parte del antemuro y, con vegetación alta, el foso hoy colmatado

Álvarez-Sanchis añade que la tradicional adscripción de las murallas y otros sistemas defensivos a orígenes célticos o centroeuropeos ya han sido matizados, no así la procedencia transpirenaica de los campos de piedras hincadas, técnica defensiva que se difunde en la mitad norte peninsular no así en la zona no indeoeropea.


PRIMER RECINTO

"Se considera el más antiguo de los recintos, por el que se iniciaría la ocupación de este emplazamiento. Tiene una superficie de 11,5 has.
Todos sus contornos, excepto el sur, están protegidos naturalmente por abruptos cortados. Aún con ello se dotó a los mismos de muralla y, el meridional, de foso y campo de piedras hincadas.
En su interior se localizaba el grueso de las viviendas del castro."

Pasillo que da acceso al primer recinto


PUERTAS DE ACCESO

"Las puertas de entrada a los recintos fortificados estaban concebidas para obstaculizar el avance enemigo desde el exterior. A menudo flanqueadas por torres semicirculares o circulares, planteaban la entrada en forma de pasillo estrecho con el fin de concentrar más defensores en ciertos puntos de la muralla con los que hacer frente a los invasores."

Puerta sureste de acceso al primer recinto que fue cegada en época vettona

La puerta de acceso al primer recinto estaba situada en el extremo occidental de la muralla según se describe en la cartela anterior. En el lienzo sur hubo una segunda puerta que se cegó durante un momento incierto: "El primer recinto tenía dos puertas simétricas en el flanco sur con estructura diferente. La puerta sureste fue cegada en algún momento de la historia del castro, posiblemente para evitar tener que defenderla."

Restos de los dos cubos que protegían la puerta cegada

En el lado más septentrional del castro, desde donde se accede al llano, la actual La Moraña, hubo una tercera puerta situada en el lado noroeste, de la que no tenemos más información. Aquí debió existir un muro bajo pues lo abrupto del terreno ejercía de defensa natural tal como se comenta en una de las cartelas: "La elección del emplazamiento del castro se hizo en función de las necesidades propias del momento. La muralla de los dos primeros recintos fue concebida a partir de la topografía favorable. Allí donde las condiciones naturales no eran tan favorables, la envergadura del muro era mayor. Sin embargo donde la pendiente era muy elevada, el amurallamiento fue más discreto, detalle que puede apreciarse en todo el flanco oeste del primer recinto" donde prácticamente no se aprecia.

Extremo noroeste del castro donde se abría la tercera puerta de acceso

ECONOMÍAS COMPLEMENTARIAS

"Los habitantes de este castro participaban principalmente de dos economías complementarias: por una parte de la ganadería, utilizando el territorio serrano del sur, apto sobre todo para el pastoreo. Por otra, las tierras inmediatas hacia el norte, más bajas y más llanas, adscritas a los paisajes habituales del norte del Duero, posibilitaron un aprovechamiento basado en la agricultura. Sobre todo la agricultura y la ganadería pero también la producción de manufacturas (alfarería, herramientas de hierro... ) fueron las principales dedicaciones de los habitantes de La Mesa de Miranda."

Piedra para machacar minerales. Museo Provincial de Ávila

Fabián García nos detalla las dificultades por las que solían atravesar las poblaciones vettonas: la pobreza del terreno, la precariedad de recursos "limitados por el crecimiento demográfico, mantenían vivas las tradiciones guerreras". Cita a Diodoro y a Estrabón sobre las tribus lusitanas y vettonas que solían aliarse contra Roma y organizaban expediciones de saqueo al valle del Guadalquivir: "...las que habitaban un suelo pobre y carente de lo más necesario, habían de desear los bienes de los otros (...) La mayor parte de estas tribus han renunciado a vivir de la tierra para medrar con el bandidaje". Aunque parezca exagerada la crónica de Estrabón, apunta Fabián Gracia que esta "tuvo que implicar a las gentes de la Mesa de Miranda, emplazadas en una zona donde los recursos no son demasiado abundantes como para soportar problemas tales como sequía, guerras o bruscos aumentos de población".


NECRÓPOLIS DE LA OSERA

"Las fuentes antiguas dejaron constancia de las costumbres funerarias en los pueblos del interior de la peníncula ibérica. Los mejor considerados eran los muertos en combate, cuyo cuerpo se exponía a los buitres para que su alma fuera directamente al cielo. Los restantes eran incinerados en una pira y sus cenizas guardadas en una urna de barro que era enterrada en el suelo. Las investigaciones arqueológicas en la necrópolis de este castro, conocida como La Osera, han corroborado este ritual. J. Cabré excavó 2.230 enterramientos, cuyos ajuares muestran la estratificación social existente en el castro."

Túmulos de enterramiento y uno de los hitos que dividía los clanes

"La necrópolis estaba dividida en seis zonas diferenciadas entre sí. Probablemente cada una de ellas correspondía a las diferentes familias o clanes en los que se dividía la población del castro. Esos clanes agrupaban a un importante número de personas en torno a un antepasado común que se consideraba mítico. Cada zona estaba presidida por una piedra hincada resaltando suficientemente sobre las estelas que marcaban cada tumba. La disposición conjunta de todas estas piedras que presidían cada una de las seis zonas, tenía un significado astral como han demostrado algunos estudios recientes. De esta forma relacionaban el mundo de los muertos con su destino final en el más allá."

Urna a torno estampillada. Museo Provincial de Ávila


ASTRONOMÍA Y ARQUEOLOGÍA EN LA NECRÓPOLIS DE LA OSERA

Respecto a los hitos o estelas que configuran las demarcaciones de los clanes en los enterramientos, cabe destacar un estudio que plantea la coincidencia de estos hitos con la constelación de Orión. Comenta Fabián García, que lo más probable es que no se trate de una casualidad, toda vez que "siempre las gentes han identificado la altura que identifica el cielo con la presencia de la divinidad que siempre observa a los humanos. La reproducción en el cementerio de Orión podría significar la relación que los muertos de la Mesa de Miranda esperaban para con el más allá".

Estela zeta en a la zona IV  de enterramientos 

El estudio de Isabel Baquedano y Carlos M. Escorza, que publica la revista Complutum, lo resumen así sus autores: "Se analizan los datos arqueológicos conocidos sobre la disposición de las estelas de piedra que marcan los distintos grupos de enterramientos de La Osera, así como otros datos sobre inhumaciones singulares de cabezas cortadas. De la comparación de las alineaciones de las estelas con los puntos de salida del sol y de la constelación de Orión en la época de la necrópolis calculados informáticamente, se desprende que pudieron funcionar como marcadores de los días más importantes del calendario anual (solsticios de invierno y verano, principales fiestas célticas. Incluso la misma colocación de las estelas recuerda la disposición de Orión, lo que sugiere la importancia simbólica que tuvo esta constelación, al igual que en otras muchas culturas, y refuerza la idea de un sacerdocio institucionalizado en el mundo céltico vettón."

Estela delta de la zona IV de enterramientos

La idea de los autores del estudio es mantener que los habitantes del castro, a comienzos del siglo IV A.c., planificaron de manera integral el espacio que "conformaría su necrópolis de acuerdo con un ritual y unas creencias precisas" que la arqueología proporciona en todos los aspectos: localización de la necrópolis, de las estelas y los sacrificios humanos (los dos cráneos encontrados junto a las estelas alineados norte-sur), "trasladando al espacio físico ocupado por su necrópolis todo su universo simbólico".


DESPOBLAMIENTO DE LA MESA DE MIRANDA

El momento de abandono del castro es incierto; al respecto Fabián García propone tres fechas posibles. La más temprana sería al término de las Guerras Celtibérico-Lusitanas (155-133 a.C.), hay que recordar que los vettones eran tradicionalmente aliados de los lusitanos. En este momento Roma lleva  sus tropas desde el Guadalquivir hasta la orilla derecha del Duero tras la caída de Numancia; tesis que se apoya en parte en que el foso que defiende el primer recinto se haya colmatado por el derrumbe de la muralla -según excavaciones realizadas en 2004-, lo que indica que tuvo la posibilidad de que fuese derribada en ese momento.

Entrada al primer recinto desde el interior

El segundo momento posible es que el castro hubiese permanecido habitado hasta el fin de las Guerras Sertorianas (82 a 72 a.C.) que enfrentaron en la península a los seguidores de Sila, representante de los intereses de la oligarquía romana, y a los de Mario que representaba a las clases populares. Sertorio, partidario de este último, consiguió aglutinar bajo su mando a romanos y lusitanos, entre los que se incluiría a los vettones. La derrota de Sertorio supondría un agravante más en la historia de la Mesa de Miranda y pudo precipitar el abandono del castro.

Vista del Cuerpo de Guardia desde el cubo de entrada del segundo recinto

La tercera y última fecha propuesta para el despoblamiento del castro sería a partir de la Guerra Civil que enfrentó a César y Pompeyo en la península (49 a 44 a.C.). Será a partir de ese momento, como muy tarde, cuando los castros como la Mesa de Miranda se abandonan en favor de pequeños asentamientos en la llanura, junto a los ríos, sin necesidad de defensas naturales ni murallas. Este momento coincide con los primeros asentamientos romanos del siglo I en la zona y la romanización de los vettones.

Espada de antenas con nielado de plata y fíbula con botón cuadrado
Museo Provincial de Ávila


Para esta entrada, además de las cartelas informativas del castro, y la visita al Museo Provincial de Ávila donde se encuentran varias piezas cedidas por el Museo Arqueológico Nacional, he consultado la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
Baquedano, I. y Escorza, C., Alineaciones astronómicas en la necrópolis de la Edad del Hierro de La Osera (Chamartín de la Sierra, Ávila), Complutum nº 9, Madrid, 1998, pág. 85 a 100.
Fabián García, J. Francisco, Castro de la Mesa de Miranda, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2005
López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio Ramón, Los verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018


lunes, 24 de agosto de 2026

Verracos de Villanueva del Campillo


Llegamos a Villanueva del Campillo desde Ávila por la carretera N-110. Tras cruzar Villatoro, donde pudimos ver de nuevo junto a la iglesia parroquial sus tres verracos, ascendimos el puerto de Villatoro de donde, al coronar el puerto, parte a la derecha la carretera AV-P-637 que tras una leva ascensión nos dejará en nuestro destino.

Valle del Corneja desde el puerto de Villatoro

En este punto el viajero deja a su espalda, al este, el valle Amblés y el nacimiento del río Adaja que trancurre en una prolongada ribera, hasta la ciudad de Ávila, regando los sembrados que tapizan el valle. Coronado el puerto, hacia el oeste, como prolongación del anterior, se abre el valle del Corneja, cuna de la Casa de Alba. Aún nos quedan 5 km. dirección norte para llegar a nuestro destino, la plaza de la Constitución de Villanueva del Campillo, a 1433 metros de altitud, donde encontramos los dos verracos vettones, uno de ellos es el más grande conocido hasta hoy, un toro de 250 cm. de largo, 243 de alto y 150 de ancho según la medidas que nos ofrece Álvarez-Sanchís, y un suido o cerdo que descansa junto a él.

Gran toro de Villanueva del campillo (2005) tras su restauración.
El costado izquierdo que se encontraba enterrado y limpio de musgo

En nuestra primera visita, hacia 1990, no pudimos ver las esculturas porque estaban en su lugar original, siguiendo la información de López Monteagudo, en el paraje llamado Campo del toro, en la finca La Corneja o, según Álvarez-Sanchis, Los Tejares, lugar donde aún permanecían en 2003. Según las fotografías de López Monteagudo, que documentaba ambas piezas, eran los restos de dos verracos tumbados sobre el costado izquierdo que hacía imposible ofrecer medidas al estar practicamente enterrados y donde, según se cree permanecen bajo tierra los cuartos traseros del toro.

Gran verraco en imagen de 2026

Tras su restauración, se le añadió el tercio trasero de bronce, primero se exhibió el gran verraco en Ávila, para posteriormente trasladarlo a Villanueva del Campillo, su actual ubicación en 2005, en solitario, sin el verraco más pequeño que se conserva hoy junto al toro. Anterior a esta restauración, López Montegudo hacía la siguiente descripción de la pieza que, aunque daba las mismas medidas que Álvarez-Sanchís, difería en la altura,: 143 cm. -aunque es de suponer que era un error tipográfico-: Toro de granito. Escultura de gran tamaño del estilo de los toros de Guisando, en lamentable estado de conservación "ya que le faltan los dos tercios posteriores". Conserva la peana completa "con el arranque de las patas traseras, existiendo vano entre ella y el cuerpo del animal. En la cabeza destaca el testuz y las mandíbulas. Posee papada estando resaltado el brazuelo derecho cuya forma recuerda muy de cerca" a uno de los ejemplares de Guisando. Por su parte Álvarez-Sanchís hace casi las misma descripción, catalogándolo como toro de tipo 1, por su gran tamaño y cuidada ejecución, sin dar más detalles toda vez que "se encuentra semienterrano y sólo es visible el lado derecho".

Toro y verraco en la plaza de Villanueva del Campillo

Manglano Valcárcel profundiza más en la descripción de la pieza y hace hincapié en las proporciones del gran toro que se encuentra en la cabecera del valle del Adaja, "Es, cuanto menos significativo, que en este punto se documente la escultura de mayores dimensiones de todas las existentes", y el aspecto social que representa, "como si de un monumento presidencial se tratase, parece estar poniendo de manifiesto que hay gentes que dominan sus tierras, sus pastos o sus recursos naturales. Es, en cierto modo, una advertencia a quienes se adentren en su interior, una forma de señalizar o acotar determinadas propiedades o derechos que entienden son propios de los habitantes del valle". Aporta una fotografía de 2012 del toro tal como la vemos hoy. El análisis lítico que hace de ambas esculturas, coinciden con el patrón de Villanueva del Campillo, lo que nos indica que fueron talladas en la zona.

Verraco junto al toro que realza el tamaño de éste

El segundo ejemplar es un verraco de granito. López Montegudo cita el mismo lugar de procedencia y ubicación y las siguientes medidas: 67 cm. de longitud y una altura de 62 cm., la escultura se encuentra en "bastante mal estado de conservación, teniendo las patas rotas casi desde su arranque" y, debido a su posición, prácticamente enterrado, concluye que "es imposible apreciar cualquier detalle anatómico". Este ejemplar Álvarez-Sanchis lo describe como un cerdo de granito del que tan sólo nos ofrece la altura, 62 cm. Lo cataloga como tipo indeterminado al estar enterrado y visible "sólo el lado derecho". En el catálogo de Cuervo, se ofrecen las siguientes medidas: 170 m x 60 cm. x 55 cm. y 218 cm. de perímetro; lo cataloga como cerdo tipo 1, grupo caracterizado por piezas de gran tamaño y talla cuidada que miden entre 1,50 y 2 m. de longitud.

Parte trasera del verraco donde se aprecia el arranque del rabo y testículos

De la escultura podemos añadir que en ella se aprecia que le falta parte de la cabeza, tiene muy marcado el resalte del espinazo, la papada, el sexo y el rabo, aunque no podemos dar sus dimensiones, difieren mucho de las medidas que nos ofrecían los arqueólogos una vez desenterrada la escultura.

Verraco en él se aprecia el espinazo, rabo y el sexo

También Manglano Valcárcel hace referencia a esta segunda escultura, aunque no proporciona ninguna fotografía: un suido que se expone en la plaza del pueblo junto al gran toro que, "la desmesurada proporción de sus tamaños eleva, aún más si cabe, el realce de la más grande".

Costado derecho del verraco en el que se aprecia el sexo y la papada

Terminando nuestra visita se nos acercó un vecino que nos comentó desde el coche la singularidad del toro y su tamaño. Nos dijo que quizá la mejor opción hubiese sido haber dejado ambas esculturas en su lugar primitivo, recostadas en el suelo, porque, aseguró que durante las fiestas una de las actuaciones más recurrentes era subirse en el toro y hacer alarde de la dificultad que entraña tal "proeza". No tuvimos inconveniente en darle la razón, al menos en el hecho de subirse en un monumento de tal entidad y que no haya autoridad que lo impida.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
Cuervo, José, Verracos en verracos.es
López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio Ramón, Los verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

Toro visto de frente (2023) se aprecia marcada la pezuña de la pata izquierda