miércoles, 4 de marzo de 2026

Carlos III. Heráldica

Escudo de Carlos III en la Real Casa de Correos en Puerta del Sol (Madrid)

Siguiendo el texto que nos ofrece Heráldica Hispánica sobre la evolución del escudo de España, continuamos con las armas de Carlos III (1759-1788) quien realiza una importante reforma en el escudo -a partir del escudo de Felipe VFernando VI-; "aparte de introducir en éste las armas de los Ducados de Parma-Medicis (de oro y seis flores de lis distribuidas de arriba a abajo una, dos, dos y una) y Toscana -Farnesio (de oro y cinco roeles de gules distribuidos en el campo de arriba a abajo, dos, dos y uno, un tortillo de azur en jefe cargado de tres flores de lis de oro) en representación de su herencia italiana; también sustituye el Collar de la Orden del Espíritu Santo por el de la Orden de Carlos III, creada mediante Real Cédula de 19 de septiembre de 1771 manteniendo el Toisón de Oro.

Con estos añadidos, Carlos III deja establecidas lo que serían a partir de ese momento las Armas Reales de España."
 
Detalle del escudo de Armas de Carlos III en la Real Casa de Correos
en la Puerta del Sol de Madrid

Los escudos con las armas de Carlos III se pueden ver en diferentes edificios de la capital, muchos de ellos tras los mástiles de las banderas que ondean en ellos al tratarse casi siempre de edificios de carácter público.

PALACIO DE EL PARDO (MADRID)


"A Carlos III le debemos también el diseño de la actual bandera de España con sus tradicionales franjas horizontales roja, amarilla y roja, en las que algunos historiadores han querido ver los colores heráldicos de la Corona de Aragón. A este monarca le sucede Carlos IV que no introduce ningún cambio en el escudo, salvo los puramente ornamentales." Existe cierta controversia en ver los colores de la bandera, como indica en el texto anterior con los de la Corona de Aragón, por la tendencia a simplificar tanto la bandera como el escudo en la Armada, para facilitar su identificación a los vigías.

Evolución del Escudo de España en heraldicahispánica.com

jueves, 26 de febrero de 2026

El verraco de Muñogalindo


El viajero que entra por la Puerta de San Vicente de la muralla de Ávila, deja a su derecha el palacio de Sofraga , que por los escudo heráldicos que lo adornan, perteneció a la familia de los Águila. Siguiendo la calle a escasos metros y en la acera de la izquierda, vemos la portada del palacio de Los Verdugo, mandado construir por Suero del Águila. El palacio tiene la fachada retranqueada y protegida por dos troneras que baten, enfrentadas, la puerta principal. La tronera de la izquierda esta tapada por un inmenso verraco de granito, acorde con la sillería del palacio, una escultura milenaria traída desde Muñogalindo en el Valle Amblés, a los pies de la Sierra de Ávila.

López Monteagudo: Toro. Granito. 230 cm. de longitud; 106 cm. de alto;
72 cm. de ancho y 280 cm. de perímetro. 

En Muñogalindo había censados dos verracos y, como nos recuerda Manglano Valcárcel, ninguno de los dos puede contemplarse en el pueblo pues, como suele ocurrir, se trasladaron a otros lugares, aunque por fortuna, en este caso no muy lejos en el propio valle. Uno está, nos recuerdan todos los autores, se encuentra en una dehesa de Tornadizos, cabecera del Valle Amblés, y el otro, el que traemos aquí, en la capital, en Ávila, flanqueando la entrada del Palacio de los Verdugo.  Es un toro impresionante, por su volumen y su belleza, presenta un excelente estado de conservación porque en él, aunque le falta la peana, parte de las patas y el testuz, podemos distinguir los detalles que lo adornan, el rabo, el sexo, el espinazo y los ijares, que lo hacen digno de ser observado con detenimiento.

Vista frontal del verraco. Se observan las patas rotas y a la derecha la tronera
de palo y orbe que defendía la puerta principal del palacio

López Monteagudo hace la siguiente descripción de la pieza: "Escultura bien conservada a excepción del morro y las patas que se advierten rotas a la al tura de la rodilla. En la cabeza se aprecia muy marcado el testuz y las mandíbulas, así como las concavidades para encajar los cuernos y los orificios de los ojos. La papada presenta unos resaltes que indican las rugosidades de la piel. Se observan bien los ijares y codos, continuándose los brazuelos en franja resaltada hasta el dorso, en donde destaca el espinazo. El rabo aparece vuelto sobre la pierna derecha y, cruzando la grupa, termina en penacho sobre el costado izquierdo. En la parte posterior destaca el sexo.

Parte trasera del verraco en el que se resalta el espinazo y partiendo de éste
el rabo cruza los cuartos traseros de derecha a izquierda

Manglano Valcárcel no nos detalla mucho más sobre esta pieza, sin embargo sí hace una introducción muy interesante sobre la evolución de estas esculturas, siguiendo el planteamiento que también hace Álvarez Sanchís. Los verracos, seña de identidad cultural de los vettones, debieron tener como primera función la demarcación del territorio, señalaban la propiedad de éste y sus recursos naturales tan importantes como eran los pastos, las fuentes y los vados de los ríos, y que se debería contemplar también como signos mágicos benefactores de los rebaños. Con la romanización hubo un profundo cambio en la ordenación del territorio con la despoblación los castros, con ello también se altera el significado de las esculturas y comienzan a ser considerados elementos funerarios. Bajo el dominio de Roma los verracos seguirán esculpiéndose aunque sufrirán una simplificación significativa en el tamaño y la pérdida de naturalismo de los primeros ejemplares, se fabrican más pequeños y esquemáticos.

Detalle de la parte trasera resaltado el espinazo y el
arranque del rabo y los testículos

En la tipografía que Álvarez Sanchis hace de los verracos, los cataloga como Tipo 1; mientras que Manglano Valcárcel lo hace como Tipo A. Ambos coinciden en que por su volumen y el naturalismo de sus rasgos son los más antiguos, anteriores pues, a la romanización, como lo son los de ejemplares de Guisando, uno de las Cogotas o el de Villanueva del Campillo.

Detalla de la cabeza a la que le falta el testuz y las patas delanteras rotas

Este verraco tuvo su pequeño anecdotario. Durante el tiempo que el Palacio de los Verdugo estuvo en obras de rehabilitación, -es la Sede de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, Archivo Municipal y de la Concejalía de Patrimonio-, se le protegió con un sarcófago de madera para que, como no podía ser de otra manera, no sufriera desperfectos y así, encerrado, pasó unos años hasta concluir las obras; al término de éstas el verraco se liberó del sarcófago y se le colocó una farola en el centro de la escultura a un metro escaso de distancia, torpeza que al poco tiempo se corrigió.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
López Monteagudo, GuadalupeEsculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio RamónLos verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

lunes, 16 de febrero de 2026

Montblanc: Murallas


Llegamos a Montblanc desde la ciudad de Tarragona. Era nuestra segunda visita a la villa de la Conca del Barberá. Nuestra intención era recorrer su muralla, y tuvimos un primer equívoco, cada tramos de la cerca tiene el nombre de un rey de Aragón lo que lleva a algún visitante a confundir la fecha de su construcción.

Puerta de Sant Jordi

Comenzamos nuestro recorrido desde la plaza de San Francisco, y siguiendo el relato que hace Cooper, la muralla de Montblanc se construye a mediados del siglo XIV durante el reinado de Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, encargo que recibió Guillem de Guimerá como maestro de obras. La  fortificación de la villa fue parte de la defensa del reino de Aragón contra la amenaza de las tropas castellanas del rey Pedro I, durante la Guerra de los dos Pedros. Además de MontblancGuillem de Guimerá, también se encargó de fortificar las plazas de Cervera, Lérida (1367) y Santes Creus.

Puerta de Sant Jordi desde el interior de la muralla

Guillem de Guimerá, emprendió la fortificación de la cerca en 1366, año que es nombrado comendador de la Orden de San Juan de Barberá, encomienda de origen templario que tras la disolución de la orden de los caballeros pasó a manos de los hospitalarios a principios de siglo XIV. La obra de Guimerá es significativa dotando a las murallas de manteletes, pieza de madera que defendía el hueco entre almenas. Según Cooper esta práctica ya la había llevado a cabo el propio maestro de obras en las almenas del convento de Santes Creusque donde había reciclad las cabezas  tempranogóticas talladas en las almenas transformándolas en alcayatas para manteletes, estructura que podemos contemplar en el almenaje de torreones y lienzos, aunque hoy reconstruidos, de Montblanc. Destacar que Guimerá probablemente fue encargado en principio de las obras de la puerta de Serranos de Valencia.

Interior de la muralla

En el modelo constructivo de las murallas de Montblanc reproduce el primitivo de la ciudad italiana de Monteriggioni, consistente en torreones abiertos por la gola, intramuros de la cerca, careciendo cada torreón de bóvedas. La bóveda, comenta tenía como objeto inmediato en el torreón el torreón facilitar una plataforma lo suficientemente fuerte para instalar el trebuchete. En este sentido el circuito de Montblanch, que cuenta con 31 torreones, carecen por completo de bóvedas, están abiertos por la gola y los pisos se construyen mediante vigas apoyadas en mechinales. El acceso entre plantas debía hacerse mediante escaleras de mano. Debemos señalar que Monteriggioni, se encuentra en la Toscana, provincia de Siena. Esta ciudad construyó su recinto amurallado en 1214 para defenderse de los florentinos y mantiene hoy día intacta la muralla y sus 14 torres.

Muralla y puerta de Santa Ana. Junto a la ladronera que defiende la puerta
se observa el mantelete que cubre las almenas de la torre

El mismo año que se construye la muralla, Pedro IV ordenó la reparación del castillo. Según las últimas excavaciones llevadas a cabo, el castillo tenía forma rectangular y tres cuerpos adosados; debía carecer de torres pues no existen vestigios de las mismas. Era una construcción de piedra y tapial. Según estas excavaciones el recinto fue abandonado entre los siglos XV y XVI, pasando a ser cantera de otros edificios de la villa, en consecuencia no queda nada de él. 

Interior de una de las torres con puerta y rastrillo, abierta
por la gola se observa la ausencia de bóvedas que soporten
los pisos superiores.

Para esta estrada he consultado la siguiente documentación:

La fortificación de España en los siglos XIII y XIVCooper, Edward, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Montblanc, L.B.S., en románico digital.com

Torreón sobre la roca madre junto a la puerta El Foradot

Interior de la muralla junto a El Foradot las almenas son modernas


jueves, 5 de febrero de 2026

Sigüenza: Murallas

Después de nuestra visita al castillo de Guijosa, nuestro siguiente destino era Sigüenza, la ciudad del Doncel. Nuestra parada fue breve, apenas si cruzamos frente al castillo y dimos un pequeño rodeo para descubrir partes de la cerca medieval. 

Castillo de Sigüenza

El eje principal de la ciudad es su castillo, construido a 1052 metros de altitud, en torno al cual gira su desarrollo urbano. Para Herrera Casado, "era, en realidad, la culminación de todo un complejo defensivo de murallas y torreones que cercaban por completo la ciudad seguntina". Su desarrollo, desde el siglo XII al XVI propició que se levantaran "dos círculos de muralla" que convertían a "la ciudad episcopal en un autentico bastión defensivo". De estas cercas, siguiendo a Herrera Casado, "la parte más antigua fue levantada por el obispo don Cerebruno, mediado el siglo XII", esta rodeaba el castillo por la cuesta que desciende hacia el río. En el siglo XIII, el obispo Girón de Cisneros, "levantó otra cerca más abajo", y finalmente, en el XVI el cardenal Carvajal ordena completar el conjunto. A la muralla se le dotó de las consiguientes puerta de acceso que, según nos recuerda la cartela que hay junto a un tramo de muralla, Sigüenza tuvo siete puertas de las que quedan aún cinco: Puerta del Toril o de la Cañadilla, Puerta del Sol, Puerta del Portal Mayor, Puerta del Hierro y Arquillo de San Juan o de la Travesaña Baja, que, además de permitir el acceso a la población también cumplían con funciones de vigilancia y recaudación de impuestos.

A la derecha torre del homenaje del castillo, a su lado dos torrecillas que
defendían la primitiva entrada. En la base de los lienzos vemos la antigua
cerca del siglo XIV de la reforma de la Puerta del Hierro.

Para hacer un breve recorrido seguimos la descripción que hace Jiménez Esteban: la muralla bajaba, partiendo del castillo, bordeando "el cerro que forma el arroyo Vadillo", al este de la población. Destaca que aún quedan algunos tramos de la cerca y de algunos torreones como el campanario del antiguo convento de Santa Clara que es un torreón transformado. Más hacia el norte "está el postigo del Sol, simple abertura en la muralla. Entre el castillo y esta puerta sólo hay una manzana y la calle Mayor sirve de adarve. Frente al ábside de la catedral se encuentra la Puerta del Toril que corresponde a la ampliación del obispo Mendoza del siglo XV", aquí podemos ver el puente que salva el arroyo Vadillo. Frente a la catedral, hacia el oeste, junto al Museo Diocesano "hay un pasadizo en el que sigue por su acera derecha la muralla primera hasta enlazar con un gran cubo circular al final de la calle Hospital en unión con la calle Valencia", se refiere al Cubo del Peso.

Cubo del Peso y restos de la muralla del siglo XIV

Según la cartela que hay junto al cubo, "del arco del Portal Mayor arranca el lienzo de muralla del siglo XIV, bordeando el perímetro de la ciudad llega hasta el principio de la calle Valencia donde se conserva un cubo o torreón de la muralla construido con fines defensivos". La muralla, concluye, que cerraba el recinto de la ciudad medieval, separaba la ciudad del arrabal que en aquellas época estaba habitado por población morisca.

Plaza Mayor de Sigüenza

Desde este punto, continúa Jiménez Esteban, "tuerce hacia el castillo con el muro completo, pero entre casas", hasta llegar a la Puerta de Hierro, "puerta que tiene como defensas dos cubos cilíndricos (uno casi derruido hoy día), macizos, de grandes piedras colocadas a espejo entre bandas de piedras horizontales como en las murallas de Ávila, obra primitiva del siglo XIII". La puerta se abre con dos arcos de medio punto de ladrillo que, según la cartela, datan del siglo XII. Sobre el citado cubo medio derruido, Cooper califica su restauración de inepta toda vez que "ha desfigurado gran parte del aparejo original". También hace referencia a la similitud del aparejo de la torre con el de la Puerta del Alcázar de la muralla de Ávila, a la vez que recuerda la similitud que tiene con la del castillo de Pelegrina, fortaleza que también perteneció a la mitra seguntina.

Puerta del Hierro

Sobre la Puerta del Hierro podemos leer en la cartela que hay junto a ella su breve historia: "En la Edad Media en Sigüenza se levanta una muralla defensiva que el aumento demográfico y la consecuente expansión urbana obligará a sucesivas ampliaciones. Fruto de esta expansión es la reforma del siglo XIII que decide sustituir una de las puertas más antiguas de la ciudad. El arco de medio punto original del siglo XII se conservó, añadiéndole dos torreones o cubos de mampostería y ladrillo que le imprimen carácter defensivo". Esta puerta, continúa la cartela, era por la que se accedía al mercado semanal, lugar desde donde arrancaba y "a través de ella se accedía desde la ciudad a la morería, cuyo centro era la calle Herreros, y la Judería Nueva", según se puede leer en una losa de piedra.

Otra de las puertas, la Puerta o arco del portal Mayor es semejante a la anterior Puerta del Hierro. Hubo otra muralla, comenta Jiménez Esteban, "que abarcaba la judería y cuya conexión con la ciudad era el arco de la Travesaña y la Puerta de Hierro. Tenía esta muralla el portal mayor en la calle de su nombre, y la Puerta Nueva, hoy inexistente con salida al campo"; continuando hacia, "un arrabal medieval en torno a la iglesia de Santa María, donde estuvieron los tintes de paños y alfares aprovechando las aguas del arroyo Valdemedina", arroyo que desagua en el Henares,. En esta zona el nombre de sus calles nos da una idea de la actividad que allí se realizaba: calle de Alfarerías, del Tinte Alto, del Tinte, callejón del Tinte y calle del Tinte Bajo, así como el Puente del Tinte que cruza el mencionado Arroyo de Valdemedina

Panorámica del castillo de Sigüenza

Después de esta parada no dirigimos hacia nuestro siguiente destino, a Riba de Santiuste para visitar el espectacular castillo roquero. Tomamos la carretera de Atienza tras dejar atrás la estación del tren donde la carretera se eleva bordeando el Cerro del Mirón, de 1107 metros de altitud, desde donde hicimos una última parada para ver Sigüenza

Además de la información que nos proporcionan las cartelas que hay junto a las puertas, también he consultado la siguiente documentación:

Cooper, E., La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Herrera Casado, A.Castillos de Guadalajara. Guía de campo, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, J.Castillos de Guadalajara I, Libros Penthalon, Madrid, 1992