jueves, 5 de febrero de 2026

Sigüenza: Murallas

Después de nuestra visita al castillo de Guijosa, nuestra siguiente destino era Sigüenza, la ciudad del Doncel. Nuestra parada fue breve, apenas si cruzamos frente al castillo y dimos un pequeño rodeo para descubrir partes de la cerca medieval. Según la cartela que hay junto a un tramo de muralla, Sigüenza tuvo siete puertas de las que quedan aún cinco: Puerta del Toril o de la Cañadilla, Puerta del Sol, Puerta del Portal Mayor, Puerta del Hierro y Arquillo de San Juan o de la Travesaña Baja, que, además de permitir el acceso a la población también cumplían con funciones de vigilancia y recaudación de impuestos.

Castillo de Sigüenza

Siguiendo a Jiménez Esteban, la muralla de Sigüenza bajaba, partiendo del castillo bordeando "el cerro que forma el arroyo Vadillo", al este de la población, aún quedan algunos tramos de la cerca y de algunos torreones como el campanario del antiguo convento de Santa Clara que fue un torreón transformado. Más hacia el norte "está el postigo del Sol, simple abertura en la muralla. Entre el castillo y esta puerta sólo hay una manzana y la calle Mayor sirve de adarve. Frente al ábside de la catedral se encuentra la Puerta del Toril que corresponde a la ampliación del obispo Mendoza del siglo XV", aquí podemos ver el puente que salva el arroyo Vadillo. Frente a la catedral, hacia el oeste, junto al Museo Diocesano "hay un pasadizo en el que sigue por su acera derecha la muralla primera hasta enlazar con un gran cubo circular al final de la calle Hospital en unión con la calle Valencia", se refiere al Cubo del Peso.

Cubo del Peso y restos de la muralla del siglo XIV

Según la cartela de esta imagen, "del arco del Portal Mayor arranca el lienzo de muralla del siglo XIV, bordeando el perímetro de la ciudad llega hasta el principio de la calle Valencia donde se conserva un cubo o torreón de la muralla construido con fines defensivos". La muralla, concluye, que cerraba el recinto de la ciudad medieval, separaba la ciudad del arrabal  que en aquellas época estaba habitado por población morisca.

Plaza Mayor de Sigüenza

Desde este punto, continúa Jiménez Esteban, "tuerce hacia el castillo con el muro completo, pero entre casas", hasta llegar a la Puerta de Hierro, "puerta que tiene como defensas dos cubos cilíndricos (uno casi derruido hoy día), macizos, de grandes piedras colocadas a espejo entre bandas de piedras horizontales como en las murallas de Ávila, obra primitiva del siglo XIII". La puerta se abre con dos arcos de medio punto de ladrillo que, según la cartela, datan del siglo XII.

Puerta del Hierro

Sobre la Puerta del Hierro podemos leer en la cartela que hay junto a ella su breve historia: "En la Edad Media en Sigüenza se levanta una muralla defensiva que el aumento demográfico y la consecuente expansión urbana obligará a sucesivas ampliaciones. Fruto de esta expansión es la reforma del siglo XIII que decide sustituir una de las puertas más antiguas de la ciudad. El arco de medio punto original del siglo XII se conservó, añadiéndole  dos torreones o cubos de mampostería y ladrillo que le imprimen carácter defensivo". Esta puerta, continúa la cartela, era por la que se accedía al mercado semanal, lugar desde donde arrancaba y "a través de ella se accedía desde la ciudad a la morería, cuyo centro era la calle Herreros, y la Judería Nueva", según se puede leer en una losa de piedra.

Otra de las puertas, la Puerta o arco del portal Mayor es semejante a la anterior Puerta del Hierro. Hubo otra muralla, comenta Jiménez Esteban, "que abarcaba la judería y cuya conexión con la ciudad era el arco de la Travesaña y la Puerta de Hierro. Tenía esta muralla el portal mayor en la calle de su nombre, y la Puerta Nueva, hoy inexistente con salida al campo"; continuando hacia, "un arrabal medieval en torno a la iglesia de Santa María, donde estuvieron los tintes de paños y alfares aprovechando las aguas del arroyo Valdemedina", que desagua en el Henares, y donde el nombre de sus calles nos da una idea de la actividad que allí se realizaban: calle de Alfarerías, del Tinte Alto, del Tinte, callejón del Tinte y calle del Tinte Bajo, así como el Puente del Tinte que cruza el mencionado Arroyo de Valdemedina.

Bibliografía consultada:

Jiménez Esteban, J.Castillos de Guadalajara I, Libros Penthalon, Madrid, 1992 

domingo, 25 de enero de 2026

Castillo de Guijosa


Tras nuestra breve visita a la iglesia de San Juan Bautista en Cubillas del Pinar, proseguimos nuestra ruta hasta Guijosa, a tan solo 3 kilómetros al oeste y a una altitud de 1056 metros.. El castillo se encuentra junto a la carretera, en la salida del pueblo dirección Sigüenza, al pie del páramo que forman el río Henares por su margen izquierda y el río Dulce por la derecha. El edificio es una construcción de cuidada estampa medieval  Estuve un rato hablando con una vecina, una mujer mayor, comentando las obras que se estaban haciendo en el castillo. Poca cosa. Era día de San Juan, el cielo se presentaba claro, despejado y luminoso, había llovido la noche anterior y presagiaba una tarde calurosa.

Lienzo este, con viviendas adosadas, y torre del homenaje


EL CASTILLO

El castillo, según el escudo de armas que campea sobre la puerta de acceso, perteneció a la familia López Orozco, al menos hasta 1367. Está formado por una torre cuadrada rodeada de un recinto con cubos en las esquinas. Según Jiménez Esteban, a quien vamos a seguir en nuestra visita, la torre central, la del homenaje mide 10 metros de lado y unos 18 metros de alto; está rodeada de una cerca que dista unos 10 metros de la torre; la cerca tiene torres circulares en las esquinas, lo que le confiere "cierta similitud con la Torresaviñán y muchos castillos-torres vascos y montañeses". También Cooper hace hincapié en esta similitud, aunque erróneamente, en 1991: "este gallardo fortín es como una caricatura del regio alcázar de Olite, sede de los reyes de Navarra" que por su distribución "la planta, un torreón rodeado de un recinto cuadrado con cubos en los ángulos, es la típica norteña". No obstante el propio Cooper (2014) aclara que la descripción que hizo en 1991 contenía muchos errores, entre ellos "la datación de este castillo (Guijosa) y la presunción de que fuera posterior al castillo de Carlos III en Olite" toda vez que el de Olite, tal como nos recuerda Moreno García, se construye entre 1402 y 1424.

Lienzo Sur donde se abría el acceso al castillo protegido por un matacán

Como hemos comentado, el castillo estaba en obras por lo que no pudimos acceder a su interior (nuestra visita fue en 2015) por lo que seguiremos de nuevo la descripción que hace Jiménez Esteban. La torre del homenaje, única torre que tiene la fortaleza, consta de cuatro pisos y se accedía a ella a la altura del primero, a unos tres metros del suelo, mediante una escalera de mano que se retiraba en caso de asedio. Está construida con mampostería de escasa calidad, aunque tiene las esquinas reforzadas con buenos sillares de granito, material utilizado también en una moldura entre el segundo y tercer piso. En el tercer piso, en cada una de las caras, se abre una ventana con un balconcillo de matacanes que protege cada lado de la torre. El último piso aún conservaba el arranque de las almenas y nos hace notar que es más ancha en la base que en el piso superior.

Lienzo sur con viviendas adosadas y el suroeste con tres ventanas reconstruido

El recinto que rodea la torre tiene forma cuadrangular, con torres circulares en las esquinas; sobre éstas se eleva directamente un cuerpo sobre el adarve "formando una especie de garitón almenado en chaflán sobre los lienzos de la muralla, ejemplos bastante raros en el arte militar medieval", estos se sostienen sobre ménsulas en su cara interior. Dichos garitones tienen la peculiaridad de que son redondos hacia el exterior y con lado rectos hacia el patio a modo de ábside románico, poseen a su vez dos puertas que dan acceso a cada lado del adarve. Aquí debemos comentar que cuando Jiménez Esteban visitó el castillo la torre de la esquina suroeste había desaparecido a causa de un derrumbe, al igual que parte del lienzo y los matacanes que defendían el centro de cada lienzo, tal como se muestra en la fotografía y el plano que adjunta en su publicación. Los muros, construidos a espejo, son macizos. 

Lienzo oeste con matacán y cubo esquinero reconstruidos

El castillo estaba defendido por un foso, hoy colmatado, por lo que debía tener un puente hasta la puerta de acceso al patio que se abría en el lienzo sur. La puerta está formada por un gran arco rematado con tres escudos, uno de ellos, según Cooper, está borrado; el segundo tapado parcialmente por una casa adosada al muro y el tercero, bien visible, el la familia López Orozco "lo que viene a confirmar que fue Íñigo López de Orozco su constructor" según comenta Herrera Casado. Una vez en el patio para ingresar en la torre de homenaje, se hacía por su cara este, por una puerta abierta en el primer piso a la que se accedía por una escalera manual. El patio, según se aprecian en los mechinales, concluye Jiménez Esteban, debían tener dependencias con dos pisos.

Lienzo norte en el que se aprecia la forma absidal de los garitones


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Como hemos comentado la familia López Orozco es quien construye el castillo en el siglo XIV, según el escudo que hay sobre la puerta de acceso, aunque, como detalla Jiménez Esteban, se carece de documentación relativa a esta fortaleza lo que no ocurre con otros castillos de la zona que están bien documentados. Herrera Casado, nos guía sobre las tenencias de la puebla antes de la construcción del castillo. El pueblo perteneció a la comunidad de villa y tierra de Medinaceli en época de repoblación, pasando en la segunda mitad del siglo XIII a poder de doña Beatriz, reina de Portugal. Esta fue hija de Alfonso X el Sabio y estuvo casada con Alfonso III de Portugal. De ésta paso a su hija doña Blanca, abadesa del convento de Las Huelgas de Burgos; por último, y mediante compra, pasó a engrosar las abundantes posesiones de don Juan Manuel.

Escudo de armas de la familia López Orozco a la izquierda otro ilegible

Posteriormente pasó al señorío de Íñigo López de Orozco a quien se atribuye la construcción de la fortaleza; no obstante, comenta Cooper al respecto, que lo único cierto es que la construcción es anterior a 1368, como apuntábamos al principio, toda vez que Íñigo López de Orozco Gómez, hijo del anterior, a quien se refiere Herrera Casado, fue ejecutado en 1367. Íñigo López de Orozco, padre, había combatido a las órdenes de Alfonso XI en la conquista de Algeciras siendo el encargado de la construcción y organización de las máquinas de asedio, por lo que recibió varias posesiones en señorío a la vez que se confirmaron las que ya poseía, como la villa y el castillo de Cogolludo. A su muerte en 1355 las posesiones pasarían a poder de su hijo Íñigo López de Orozco Gómez

Íñigo López de Orozco Gómez militó en las filas de Pedro I durante la guerra civil que lo enfrentó a Enrique II, y en la conocida como Guerra de los dos Pedros contra Pedro IV de Aragón. Durante esta última fue apresado en la batalla de Araviana (1359) y rescatado por Pedro I al año siguiente. De vuelta a Castilla en 1360 y "hasta su defección en 1366 (...) vivió confiado en la proximidad de Guijosa con la frontera de Aragón para ponerse a salvo" temiendo ser asesinado. El castillo, según Cooper "pese a la arquitectura poco refinada, el conjunto tiene carácter de angustiosa vigilancia, expresada por cierta exageración vertical, y por la apariencia de prisa en la construcción". El temor a ser asesinado se hizo realidad tras la derrota de los Trastámara en Nájera, (1367) donde fue hecho prisionero y ejecutado, pasando el castillo a poder real. En 1424 está en manos de Juan de la Cerda y Juana Sarmiento, cuyo hijo, Luis de la Cerda hizo cesión de su legítima al primer duque de Medinaceli, integrándose así en la casa ducal.

Entrada al castillo tapiada sobre el que se ven dos escudos de armas

Terminada nuestra visita y sin haber ingresado en la fortaleza por las obras, nos queda -así pendiente para una nueva visita-, seguimos nuestro camino hasta Sigüenza donde teníamos programada una breve parada sin llegar a interesarnos, por ahora, por su castillo, y aprovechar para hacer un breve recorrido por la villa antes de dirigirnos a nuestra siguiente destino, el castillo de Santiuste.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Cooper, E., Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y León, Junta de Castilla y León, Salamanca, 1991.
Cooper, E., La fortificación de España en los siglos XIII y XIV, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
Herrera Casado, A., Castillos de Guadalajara. Guía de campo, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, J., Castillos de Guadalajara I, Libros Penthalon, Madrid, 1992 
Moreno García, R., Olite. El fastuoso palacio del Rey Noble, Muy Viajeros, Castillos y fortalezas, págs.. 60-69, Madrid 2024.
Morollón Hernández, P.Íñigo López de Orozco, en Historia Hispánica, 
Morollón Hernández, P., Íñigo López de Orozco Gómez, en Historia Hispánica.

Torre del homenaje en la que se observa el matacán de la ventana y los
matacanes esquineros que coronan la torre, todos ellos reconstruidos

Detalle del lienzo este: ladronera, almenas, garitón y torre del homenaje

lunes, 5 de enero de 2026

Verracos de La Torre

La localidad de La Torre se asienta a los pies de la Sierra de Ávila, en el valle Amblés, a 1129 metros de altitud junto a la carretera N-110. Dista 24 km. al oeste de la ciudad de Ávila y unos 17 km del puerto de Villatoro que cierra a poniente el valle. La referencia del castro más cercano es el de Sanchorreja, a unos 10 km. al noreste, en la Sierra de Ávila, y el de Chamartín, algo más alejado, a unos 7 km. más al norte de Sanchorreja. El día era desapacible, lloviznaba y del valle, inundado por la niebla, no podíamos ver la Sierra de la Paramera, que lo cierra por la vertiente sur.

Torre-campanario de la iglesia parroquial de La Torre

Como era de prever, nadie de sus aproximadamente 210 vecinos nos recibió en el pueblo. Hasta pasada media hora no vimos ningún vecino por sus calles. Dejamos nuestro coche en una calle cercana a la iglesia parroquial y comenzamos nuestra visita en busca de los verracos. De la iglesia destaca la elegante torre-campanario con excelente fábrica de sillares de granito; a sus pies sabíamos, por las referencias que llevábamos, de la existencia de dos verracos, un tercero empotrado en una pared, y un cuarto que no íbamos a ver porque está soterrado. Nuestras notas, siguiendo al profesor Manglano, eran las siguientes: "Cerca de Muñana y, siempre siguiendo el curso hacia el Este, marcado por el cauce del río Adaja, se documentan cuatro verracos en la población de La Torre". A continuación comenta muy brevemente la ubicación de las piezas, "uno de ellos frente a la iglesia". 


Es un cerdo de pequeño tamaño, esculpido en una pieza, le falta la cabeza,, tiene el rabo resaltado y las patas separadas de la peana por un vano. El costado derecho, expuesto al jardín de la iglesia parece mejor elaborado que el izquierdo, la parte que mira hacia la iglesia, labrada esta parte con menos precisión. Las medidas que tomé son: 67 cm. de alto; 79 cm. de largo y 37 cm. de ancho.



El segundo ejemplar, "otro en el jardín de la iglesia", se trata de una pieza de mayor tamaño que se ha reelaborado para convertirlo en banco. Carece de cabeza y quizá también de peana; se aprecian los resaltes de las patas separadas por un vano de la peana que parece perdida. En la parte delantera se aprecia la papada, y en la trasera el arranque del rabo y los testículos por lo que posiblemente se trate de un toro. Las medidas que tomé son: 68 cm. de alto; 118 cm. de largo y 44 cm. de ancho. Hay que tener en cuenta que la pieza, según podemos ver en las imágenes ha sido muy transformada. 




Del tercer verraco, "uno más que ha sido reutilizado para la edificación del muro de una vivienda del pueblo". De este ejemplar sólo es visible la parte trasera, posiblemente se trate de un toro, del que podemos ver el arranque y parte del rabo. Está incrustado en la primera hilada de piedras que forman el muro de la vivienda, a ras del suelo, en una calle detrás de la iglesia. Fue gracias a un vecino que me ayudó a encontrar la pieza de la que no tome medidas. 



Un cuarto verraco, comenta Manglano, "al parecer y según testimonio de los vecinos, se reaprovechó, en su día, para formar los cimientos de un pasillo que atraviesa el jardín de la mencionada iglesia parroquial".

Para concluir, el análisis litológico que hace el profesor Manglano Varcárcel de dos de los verracos de La Torre, uno de ellos es el que se encuentra junto a la iglesia, coinciden con el patrón de Chamartín que, como hemos comentado, se encuentra a unos 17 km. al norte de la población, en la Sierra de Ávila

Tras un breve paseo buscando el último verraco, el visitante descubre un pueblo típico de la sierra de Ávila, robustas construcciones de granito y mampostería, y algunos bloques de adobe, edificios que poco a poco se van perdiendo y que aún pueden contemplar, por lo que es muy recomendable la visita.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Manglano Varcárcel, Gregorio RamónLos verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018

martes, 23 de diciembre de 2025

Cubillas del Pinar: Iglesia de San Juan Bautista


Después de visitar la iglesia de Saúca, continuamos nuestra ruta por la GU-105 dirección norte con destino a Guijosa, pero antes tuvimos un inesperado y agradable encuentro, la iglesia románica de Cubillas del Pinar con advocación a San Juan Bautista. La iglesia nos apareció tras una curva y no la esperábamos; seguimos nuestro rumbo hasta un lugar donde pudimos dar la vuelta y volver sobre nuestros pasos.

Vista del templo desde la cabecera

La iglesia es el paradigma, según nuestra guía, de cómo el arte románico se reduce a una mínima expresión: "es un exquisito ejemplo de simplificación arquitectónica que sufrió el románico en estas aldeas serranas". Señala, sin embargo, los añadidos que ha sufrido el edificio original: la espadaña a los pies que no desentona con el conjunto, una capilla al norte, la sacristía y un leve recrecimiento de muros producto de una reforma del siglo XVI; "el conjunto muestra con hilarante descaro su elemental fábrica primitiva de tránsito entre los siglos XII y XIII, con ábside a oriente y una pequeña nave rectangular".

Vano meridional que aún se conserva con columnas pareadas

Conserva el atrio, en gran parte muy modificado, que aún mantiene sus dos puertas de acceso, la de poniente y la del lado meridional que forma una pequeña galería que "engarzada poco después de 1200 cubre todo el lado sur, exhibiendo su faz desfigurada por un sinfín de reformas". 

Portada de acceso sencilla con dos arquivoltas y chambrana

El edificio se construye con mampostería y algunos sillares, la cabecera posee una saetera y canes de proa de nave. De los cuatro vanos que se abrían en el lado meridional, sólo se conservan dos que se apoyan "en destrozados capiteles pareados" decorados con hojas. Entre los paramentos surgen restos de dovelas, vestigios de una cesta y un fuste. La portada esta formada por dos arquillos, chambrana e impostas de nacela y jambas lisas.
 
Capiteles pareados y columnas muy desgastadas  desde el interior

El interior no pudimos verlo. Nuestra guía detalla que posee un arco triunfal también modificado en la mencionada reforma del XVI, un retablo barroco y artesonado octogonal, además de una basa doble románica "procedente del trastocado pórtico".

Capitel incrustado en el muro sur

Tras esta breve parada proseguimos nuestra ruta camino de Guijosa donde nos esperaba su castillo del siglo XIV, villa que perteneció a la familia López de Orozco, a don Juan Manuel y, ya edificado el castillo, a la poderosa familia Medinaceli.

Galería vista desde poniente con sus dos puertas de acceso

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Todo el románico de GuadalajaraSalgado Pantoja, J.A., Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, Aguilar de Campoo (Palencia) 2018

Capitel pareado desde el interior

Capitel pareado muy desgastado con motivo floral