jueves, 19 de marzo de 2020

Castillo de Elche y Torre de La Calahorra


Estos son apuntes de un breve paseo por Elche que publico sin mucha profundidad porque creo pueden ser interesantes en torno a su pasado medieval de la ciudad: los restos de la torre de la Calahorra y el castillo, el palacio de Altamira.


La torre de la Calahorra, su nombre viene a significar torre libre -ver nuestra entrada sobre la torre de la Calahorra de Córdoba-, según la cartela informativa, se ubicaba en la puerta que comunicaba la ciudad con Alicante, la Lucentum romana: "defendía la Puerta Lucentina (Sg. XII). Esta fortificación llegó a tener una altura de 30 metros pero perdió su tercio superior tras el terremoto de 1829. A la configuración original se le añadió en el siglo XV una casa señorial. El lado interior estaba protegido por un foso, y no se podía acceder a ella sin subir a la muralla y cruzar una puerta levadiza lo que la convertía casi en inexpugnable". Azuar y Navarro, coinciden en esta época para su construcción e indican que una posible reforma del siglo XVI la dotó de su remate de matacanes y troneras. Estaba dotada de una puerta con rastrillo y puente levadizo, que como hemos visto la hacía casi inexpugnable.


El castillo se encuentra en la margen derecha del río Vinalopó junto al puente que lo cruza.Tiene una estructura casi cuadrangular con una potente torre del homenaje en el lado del camino que lleva al puente donde probablemente estuvo protegido por un foso.  Azuar y Navarro nos hablan de dos fases constructivas, una correspondiente al primer cuerpo de la torre y al basamento de algunos muros de la cerca, realizados todos en tapial que se corresponde a época almohade, final del siglo XII y principios del XIII; y una segunda etapa, la de ampliación, construcción de las torres redondas y rellenos mampostería y sillería en las esquinas en la torre del homenaje, serían de finales del XV atendiendo a los escudos de la familia Cárdenas en las torres y, según Cooper, a los buzones y garitas tipo castellano.


Según documentación de Cristóbal Sanz (1621) que aporta también Cooper, Fernando el Católico donó en 1470 a su mujer, Isabel I de Castilla, la villa de Elche y el lugar de Crevillente. La reina católica a su vez donaría ambas poblaciones a Gutierre de Cárdenas -en agradecimiento al apoyo que éste dio al matrimonio de la reina con Fernando-. A la enajenación se opuso abiertamente la población que tuvo que ser sometida por tropas reales. A este personaje, a la sazón comendador de León y señor de Maqueda, pertenece el escudo que puede apreciarse en la torre del homenaje; y un segundo escudo en el recinto, en el cubo de la misma fachada, que pertenece al hijo de éste, Diego de Cárdenas y Enríquez. Destaca también la similitud del escudo que campea en la torre del homenaje de Elche con el que vemos hoy sobre la puerta de acceso del castillo de Maqueda (Toledo).


Interesante es el relato que hace Cooper sobre la tenencia de Elche tras ser conquistada por Alfonso X el Sabio.  El rey entregó la jurisdicción de la ciudad a su hermano el infante don Manuel, quien reparará y ampliará la muralla de la ciudad, y los intentos posteriores de su hijo, don Juan Manuel ante el rey Jaime II de Aragón por mantenerla en su poder. Cooper alude a los costes que dichas obras supusieron al infante.

Aparejo en la construcción pared oriental de la torre Calahorra
Castillos de AlicanteAzuar Ruiz, J.M. y Navarro Suárez, F.J. E. Lancia, León, 1995.
Castillos Señoriales en la Corona de CastillaCooperEdward, Salamanca, 1991
La fortificación de España en los siglos XIII y XIVCooper, Edward, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Villa romana de Noheda

Mosaico con Dionisos, bacantes y faunos

Llegamos a Noheda por la carretera N-320 a 17 kilómetros a norte de la ciudad de Cuenca. Primero hemos destacar la situación de la villa romana y del mismo pueblo de Noheda. La carretera N-320 une las ciudades de Guadalajara y Cuenca; (ésta última no existía en época romana). Desde Cuenca la carretera se divide en la N-420 y CM-2100 que nos llevará hasta la ciudad romana de Valeria, a unos 52 km. al sur de Noheda,.lo que nos indica una ruta conocida desde antiguo.


 ¿Qué hace que la villa de Noheda sea peculiar? Destaco dos aspectos importantes de esta villa construida entre los siglo III y IV; primero la calidad de sus mosaicos, tanto la figuración como el material utilizado, algunas teselas están cubiertas de pasta vítrea y con una fina capa de oro, y el hallazgo de fragmentos escultóricos de mármol de gran calidad; y segundo su extensión, la estancia principal cuenta con un mosaico de dimensión excepcional, unos 230 m2; y se calcula que los 900 m2 excavados visitables representan un pequeño porcentaje de la villa. Por la extensión de la villa y la calidad de los materiales, mármol de primera calidad traídas desde la península Itálica y oriente Mediterráneo, se deduce que el propietario debió ser un personaje poderoso que le permitió importar estos materiales hasta el centro de la Ibérica.

Sección de dos escenas: Dionisos con bacantes y Juicio de París

El conjunto que visitamos se compone de una sala octogonal y una impresionante sala triabsidada compuesta de dos exedras y una estancia principal donde se conservan los excelentes mosaicos, uno de ellos de forma rectangular en torno al estanque central divididos en 6 escenas rectangulares. También se pueden ver los interesantes estructuras de las termas, y los zócalos que aún conservan restos del estuco policromado.

Actores representando una pantomima

Las dos salas circulares, exedras, tienen mosaicos con motivos geométricos -éstos son diseños más sencillos y hasta cierto punto estandarizado que difieren mucho de la complejidad de los figurativos que precisaban de unos artesanos muy cualificados. Como hemos señalado la sala central la componen 6 cuadros rectangulares en torno al estanque. En ellos nos narran escenas mitológicas: el juicio de Paris y el rapto de Helena; un cortejo dionisiaco en el que desfilan junto a Dionisos, bacantes y faunos danzando; otro representa un grupo de actores en el que se identifican los componentes de la pantomima; y otro interesante que narra la historia de Pélope, sus amores con la bella Hipodamía. y el reto de Enómao, padre de ésta. Todos enmarcados con una orla de motivos florales y el estanque con escenas propias del reino marino: tritones y escenas de pesca. Estos últimos están deteriorados por la caída de la cúpula que los cubría.

Enómao y los pretendiente

La menos conocida de las leyendas es esta última, muy poco representada por los autores modernos, aunque en la antigüedad se hace alusión al mito en sarcófagos romanos y ánforas griegas cuya representación principal es el carro. La historia nos narra cómo Pélope, hijo de Tántalo; gana el amor y la mano de Hipodamia. Antes recordaremos, aunque no se narra, su origen. Según las crónicas Tántalo, el padre de nuestro héroe, fue castigado por los dioses debido a sus continuas infamias, entre ellas matar a su propio hijo Pélope y ofrecérselo en un banquete a los dioses para probar la inteligencia de éstos. Los dioses, sin embargo, descubrieron el engaño, todos menos Deméter que comió un trozo del hombro del joven Pélope. Descubierta argucia castigaron a Tántalo cubriéndolo de agua hasta el cuello y colocando sobre su cabeza las ramas de frutales; cuando intentaba Tántalo beber, el agua se retiraba, y si intentaba comer el viento elevaba las ramas. Los dioses decidieron resucitar a Pélope y el trozo de hombro que devoró Deméter lo restituyeron con uno de marfil, dotando al joven de singular belleza.

Hipodamia y Pélope

La historia que nos narra el mosaico sitúa a Pélope pidiendo la mano de Hipodamia, que se habían enamorado nada más conocerse, la bella hija de Enómao. Era Enómao rey de la Élide  y conocida la belleza de su hija había tramado un ardid contra los numerosos pretendientes de su hija: los retaba a una carrera de caballos, si vencía el pretendiente se casaba con la bella Hipodamía, y si eran vencidos pagaban con su vida. No queda claro si la negativa a casar a su hija era por que estaba enamorado de ella o porque el oráculo había vaticinado que su yerno acabaría con su vida. -A la izquierda del mosaico se representa a Enómao y a los jóvenes pretendientes, y sobre ellos las cabezas de tres pretendientes muertos-. El ventaja de Enómao consistía en que sus veloces caballos eran regalo del dios Ares (Marte) y los convertían en prácticamente invencibles. Pero Pélope sobornó a Mirtilo, auriga de Enómao al que propone en pago tomar a Hipodamia. El auriga consiente la traición cambiando los ejes del carro de Enómao por unos de cera. En plena carrera éstos se deshicieron y el rey fue arrastrado por la cuadriga hasta morir. -En la representación se ve al auriga cambiando los ejes y el cuerpo del rey despedido del carro, y a Pélope tomando la mano de Hipodamia-. Así consiguió Pélope a la Hipodamia, y Mirtilo, al solicitar el pago por su traición fue arrojado al mar por Pélope donde murió ahogado. Recordar que en honor a Pélope es conocida la península del Peloponeso.

Sala principal con el estanque central frente a la exedra

La villa, como hemos dichos al principio, se construyó entre finales del siglo III y a los largo del siglo IV y debió abandonarse paulatinamente sin observarse signos de violencia. Insistir en que la visita a una villa romana siempre es una gran experiencia -recordamos la visita a la villa de Almenara-Puras, en Valladolid- y, aunque siempre las hay más espectaculares -como La Olmeda en Palencia-, cada villa tiene su peculiaridad y su espectacularidad y belleza que no nos costará mucho descubrir, ni desechar nunca la visita, entre otras cosas, porque nunca defraudan. La visita, en esta ocasión, contó con los excelente interpretación y comentarios de la guía.

Pilastras de las termas

Para la leyenda de Peleo, Hipodamia y Enómao he consultado la siguiente documentación:

Diccionario de Mitología Clásica 2, C. Falcón, E. Fernández y R. López, Alianza Ed. 1997
Genealogía de los dioses paganos, Giovanni Boccaccio, Editora Nacional, 1983
Héroes y dioses de la Antigüedad, I. Aghion, C. Barbillón y F. Lissarrague, Alianza Ed. 1997