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viernes, 3 de abril de 2026

Iglesia de Navalquejigo


Iniciamos nuestro viaje desde Madrid por la línea C8 de tren de Cercanías dirección a El Escorial, de donde Navalquejigo es anejo desde que Felipe II comprara sus tierras para anexionarlas al Real Sitio, otorgándole el rango de iglesia parroquial en 1564 con advocación a la Exaltación de la Santa Cruz. Durante años tuvimos la intención de visitar el lugar, pero fuimos posponiendo el viaje, como suele ocurrir, por la cercanía; no obstante, un suceso impredecible, aunque previsible, nos puso alerta y decidimos no demorar mucho tiempo la visita, el tejado de la cabecera de la iglesia se desmoronó a finales de 2022 y, por el temor de ver sólo las ruinas del edificio en el suelo, decidimos no demorar más nuestro viaje.

Fachada principal de la iglesia de Navalquejigo en restauración

De la abundante información disponible sobre Navalquejigo y su iglesia, nos vamos a guiar por el relato que hace Hispania Nostra, que incluye el templo en su Lista Roja. El edificio, según describe la organización, se levantó probablemente en el siglo XIII, fecha a la que pertenecen la parte inferior de los muros y el arco interior de la fachada principal, estilo románico de transición. El resto de la construcción corresponden a añadidos realizados principalmente del siglo XV. La fachada principal es el elemento más importante del conjunto, está construida con sillares de granito, algunos de los cuales tienen un labrado más tosco tipo sillarejo, sillería torpemente labrada.

Interior del templo en reconstrucción

Dicha fachada está coronada con una espadaña de tres vanos de medio punto en cuya base se dispone un matacán o "balconada defensiva, elemento característico de las fortalezas". Bajo este matacán se yuxtaponen dos arcos de medio punto de los que el interior es el más antiguo, probablemente del siglo XIII. El texto añade que esta fachada sirvió de modelo a la iglesia fortificada de Alpedrete, del siglo XV, situada a unos 8 km. al norte.

Espadaña y balcón con matacanes defensivos de la entrada principal

Aunque el edificio estuvo estructurado originalmente en tres naves y llegó a contar con cinco capillas, en la actualidad sólo queda un amplio solar y los restos de los muros que aún alcanzan la línea de impostas. También se mantienen en pie dos contrafuertes de la fachada norte. La única marca de cantero que pudimos ver estaba grabada en una de las piedras de la imposta de la nave de levante, en ella aparece lo que parece ser el año 1651, aunque tallado de forma invertida.

Puerta de acceso con doble arco de medio punto


ROLLO JURISDICCIONAL

En las cercanía de iglesia, se encuentra el rollo de Justicia de estilo renacentista. Fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII sustituyendo a uno de madera que se colocó  cuando el lugar fue nombrado villa en 1748. No existen noticias del uso del rollo como elemento de exhibición de ajusticiados, aunque unos orificios en la piedra sugieren que allí pudieron fijarse las argollas que servían para inmovilizar al reo. No se descarta, sin embargo, que el lugar sirviera para exponer anuncios y pregones de justicia.

Rollo jurisdiccional o pica de Navalquejigo

Para esta entrada he consultado las siguiente fuentes de información:

CastillosNet, Iglesia fortificada de Navalquejigo en castillosnet.org
Lista Roja de Hispania Nostra, Iglesia de Navalquejigo en listaroja.hispanianostra.org

Fachada sur de la iglesia de Navalquejigo

Muro interior con portada de arco apuntado

Torreón recrecido de la fachada principal con aspillera

Sillar de la línea de imposta con inscripción

Azulejos de la estación de tren de Las Zorreras - Navalquejigo

lunes, 24 de noviembre de 2025

Castillo de Villafranca o de Aulencia


El castillo de Villafranca o de Aulencia, se sitúa sobre un cerro que se eleva en la confluencia de los ríos Guadarrama y Aulencia. A él se llega tomando la carretera M503 y, cerca del km. 18 encontramos un desvío que nos deja en las instalaciones de la Agencia Espacial Europea desde donde podremos contemplar, siguiendo el camino que rodea el cerro, el impresionante castillo mudéjar. Tal como se lamenta el autor de la guía de Castillos de Madrid, "por desgracia este castillo sólo se puede apreciar desde la distancia ya que se encuentra dentro del cercado de una propiedad privada y no se puede acceder a él".

EL CASTILLO

La configuración del castillo, detalla la guía, "sigue a grandes rasgos el modelo de las residencias señoriales fortificadas": un recinto principal conformado por lienzos reforzados por torres en las esquinas y en el centro de los flancos. En su interior se eleva la impresionante torre del homenaje de planta cuadrada de unos 25 metros de lado. El conjunto se dota de barbacana, una cerca de inferior altura de la que sólo se aprecian restos de cubos en el lado norte. En las imágenes aéreas se aprecia los restos del foso aunque colmatado, presenta diferencias entre el lado norte y sur, de más de un metro y medio de profundidad y en el lado oeste de dos metros.

Flanco este donde se abre la puerta de acceso y sobre ésta restos del matacán 

En el flanco norte, el más accesible, la barrera se refuerza con cubos en los otros tres flancos. Para salvar el foso el castillo debió tener puente, aunque es casi imposible saber dónde se ubicaba, aunque por lógica debió estar en el lienzo este donde se abre la puerta que da acceso al patio de armas, aunque nuestra guía sugiere que éste se encontraba en el lienzo meridional "al resguardo de todo el conjunto", para no interferir en la defensa que proporcionaba unos matacanes colocados sobre la puerta de acceso, defensa que podemos ver en la imagen superior. En el lado opuesto, existe un portillo en el cubo central del lienzo, este era "más una salida de emergencia que un verdadero acceso al castillo". Concluye que las torres de flanqueo contaban con cámaras de guardia y saeteras.

Imagen cenital del castillo. Captura de pantalla de IGN

Las torres y muros se recrecieron durante los primera etapa de vida del castillo, "eso ha hecho que se conserve íntegramente, bajo el recrecimiento, el parapeto original almenado con merlones de ladrillo"; a su vez también se recreció la torre del homenaje. Esta es, según Cooper, el elemento más importante de la fortaleza. Se construye adosada al lienzo en el ángulo noroeste lo que le proporciona un espesor impresionante en el lado más vulnerable del edificio; además, "tiene ajimeces de un tipo anterior al siglo XV", algo que no podemos comprobar. En la parte superior presenta "los ángulos ligeramente achaflanados" y, añade, probablemente "tuvo garitas de madera, ya hundidas desde hace siglos y tapados sus accesos". El interior, dado el gran vacío estructural que tenía que salvar, -los lados miden 14 x 13 metros y casi 20 de altura-, "fue necesario combinar dos bóvedas de cañón" en la planta baja, y sobre éstas, en la primera planta otras tres bóvedas. Según se desprende de las imágenes, la torre carece de aperturas para el disparo, detalle que comenta Cooper, y que "dificulta proporcionar una fecha al conjunto".  Su gran tamaño junto al espacio que ocupa aljibe, deja poco terreno para edificios auxiliares.


Toda la obra está construida en "estilo toledano o mudéjar con 'mampostería encintada', es decir, mediante hiladas de piedra irregular que alternan con bandas de ladrillo". También son de ladrillo las esquinas y las jambas de puertas y ventanas según apreciamos en las imágenes. Para Cooper, el aparejo encintado es el mismo que el del castillo primitivo de Manzanares el Real, el de Casarrubios del Monte, y el de las obras que ejecutó Álvaro de Luna en el de Escalona. Destacar que son visibles los huecos que dejaron los apoyos de los andamios en el momento de construcción, distribuidos regularmente en lienzos y cubos, característicos en edificios construidos con esta técnica. A pesar de su cercanía a Madrid, señala Cooper, por "la variedad de técnicas y materiales se asemeja más este castillo a la escuela de Ávila, que a la citada anteriormente".


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Junto al vado del río Guadarrama existía la villa de El Horcajo a los pies del castillo, que más tarde pasó a denominarse Villa Franca, cuya jurisdicción debió recaer, poco antes de 1450, en Alonso Álvarez de Toledo. Éste junto a su esposa, Catalina Núñez, constituyeron un mayorazgo a favor de su hijo primogénito Pedro Núñez de Toledo, que también recibió en señorío entre otros los de Griñón y Cubas, y que "seguramente fue quien construyó el castillo". Apunta Cooper que Núñez de Toledo se confesó seguidor de Álvaro de Luna y que fue detenido junto a él en Burgos en 1453, aunque "al contrario que al Condestable la detención no le acarreó consecuencias funestas".

Imagen del castillo. Captura de pantalla de Google Earth

Pedro Núñez de Toledo estuvo casado en dos ocasiones; de su primer matrimonio tuvo una hija que casó con el hermano del duque del Infantado, no obstante, el señorío pasó a su primer hijo varón, fruto de su segundo matrimonio. Esto provocó una disputa con los Mendoza que argumentaban mayor legitimidad a los descendientes del primer matrimonio. Las pretensiones de los Mendoza, dueños del Real de Manzanares, se basaban sobre todo en su intento de frenar la expansión del señorío del marqués de Moya "sobre el área al Norte de Madrid". Diego Fernández de Cabrera, marqués de Moya, acababa de construir la fortaleza de Villaviciosa de Odón para reforzar el flanco occidental de su señorío, lo que debió provocar momentos de incertidumbre por lo que, probablemente, se decidió reforzar las defensas y elevar los lienzos y la torre del homenaje del castillo de Villafranca. La disputa no debió tener mayor repercusión porque a finales del XVI el señorío continuaba en poder de la misma familia, cuyo titular era el capitán de infantería Luis Núñez de Toledo, que había combatido en Lepanto. Este debe ser quien aparece mencionado en las Relaciones de Felipe II de 1575 cuando se hace la descripción de la dehesa de Villafranca, que "tiene D. Luis de Toledo, vecino de Madrid, una fortaleza, y se pasa por bajo y cerca de ella". Sin embargo, nos recuerda Cooper, este fue testigo del marqués de Villena "en las probanzas de 1498 de un pleito con el duque del Infantado sobre el Condado de Santisteban".

Posición de milicianos  frente al castillo que aún no ha sufrido impactos
 de artillería. Biblioteca Nacional de España (sin fecha)

Concluye la guía que el castillo tuvo varios propietarios, "pero antes por el valor de la finca que por el inservible edificio". Como fortaleza tuvo un postrer servicio durante la última Guerra Civil cuando en 1937 fue refugio de una compañía republicana participe en la Batalla de Brunete: "Durante el combate, el castillo sufrió varios impactos de artillería que sin duda vinieron a empeorar si cabe su ruinoso estado". En 1955 se acentúa su degradación al convertirse en corral de ganado, es en este momento cuando probablemente "se abrieron los vanos del sótano y se amplió la entrada". En la actualidad está completamente cercado, abandonado y sin uso.

Imagen tras la Batalla de Brunete donde se aprecian los impactos artilleros
en la torre del homenaje y lienzos. Biblioteca Nacional de España (17.8.1937)


Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y León, Cooper, E., Junta de Castilla y León, 1991.
Castillos, fortificaciones y recintos amurallados de la Comunidad de Madrid, Dirección General de Patrimonio. Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, 1993
Guía de Castillos de Madrid, VV.AA. Consejería de Empleo, Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, 2015
Imágenes: Biblioteca Digital de Biblioteca Nacional de España, en bnedigital.bne.es


martes, 18 de noviembre de 2025

Torre de telegrafía óptica del Estepar


Iniciamos nuestra excursión desde Hoyo de Manzanares con el propósito de visitar la torre del telégrafo óptico del Estepar, cercana al punto más alto de la sierra, la Mira, como se llama al pico El Estepar situado a 1403 metros de altitud. La zona tiene cierta dificultad para el viajero poco experimentado porque, como nos recuerda nuestra guía, el texto de Gonzalo de Luis Otero, la sierra de Hoyo de Manzanares "era un despoblado tan bello como inhóspito" y, aunque nunca fue cobijo de forajidos ni campo de batalla, por él apenas transitaban pastores ni canteros, un monte poblado de jarales, cantuesos, enebros y alcornoques de buen porte. En nuestro trayecto el viajero no se siente muy cómodo toda vez que no sabe muy bien si transita por terrenos públicos, particulares, militares o protegidos para la tranquilidad de la fauna.
Lado oeste de la torre. En primer plano muro de edificio auxiliar

La Torre del Estepar es la única torre óptica que se conserva de la llamada línea Lerena, -ésta toma su nombre del teniente de navío Juan José de Lerena-. La línea se construye con el fin de comunicar los Reales Sitios entre ellos Aranjuez, San Ildefonso y El Pardo  con la Corte mediante la telegrafía óptica. La primera de estas líneas con este fin se inaugura en 1831 entre Madrid y Aranjuez; y la segunda se inaugura en 1832 y une la Corte con San Ildefonso, línea a la que pertenece la de Hoyo de Manzanares. Pronto se le conoció como "telégrafo áulico" pues su uso era exclusivo de la Corona, y aunque algún autor se tiende a confundir la torre de la línea Lerena con las torres de la línea Mathé , la torre del Estepar no formó parte de la línea Madrid-Irún además de tener estructuras diferentes.

A la izquierda el muro del edificio anexo y lado sur de la torre

LA TORRE DEL ESTEPAR

La torre pertenecía a la línea que unía Madrid con San Ildefonso en Segovia, y contaba además con dos estaciones intermedias, ésta del Estepar, y otra en los Siete Picos de la que no quedan restos. Tenía su cabecera en la torre de los Lujanes en la plaza de la Villa de Madrid, y en La Granja la cabecera opuesta. La distancia entre las torres variaba entre los 30 y 35 kilómetros, una distancia considerable si tenemos en cuenta que las torres Mathé , a la sazón antiguo colaborador de Lerena, distaban entre 10 y 15 kilómetros y aunque, como comenta de Luis, los anteojos acromáticos estaban muy desarrollados, permitían visualizar con nitidez puntos lejanos, la distancia era excesiva, por lo que no es descartable que hubiese alguna torre intermedia más entre las mencionadas.

Lado este de la torre con abundantes material de derrumbe

Estaba dispuesta con orientación Norte-Sur y "con leve inclinación al Oeste" y alineada con el Puerto de Navacerrada. Tuvo tres alturas, la planta baja y dos pisos en altura. Su planta es rectangular y presenta hacia el exterior unas medidas de 5.60 x 5.13 metros, de lado. Las esquinas están reforzadas con sillares irregulares y las paredes estaban construidas con mampostería de sillarejo, piedras irregulares y mortero de cal. A diferencia de las Mathé no se utilizó el ladrillo, quizá debido a la pericia de los canteros de la zona que prescindía de este material, y eran algo más pequeñas, las torres Mathé, cuadradas, medían 6,40 metros cada lado
Lado norte con la puerta tapiada y muro sin trabar del dependencia

Los muros tenían un grosor de 0,70 metros lo que reducía el interior a 4,20 por 3,73 metros por lado. En las cuatro caras de la planta baja se abren vanos abocinados que se corresponderían con cuatro puertas; mientras que en los cuatro caras del primer piso se observan a su vez otros "cuatro vanos de dimensiones propias de cuatro grandes ventanales", lo que sugiere que los abocinamientos estaban destinados a recoger puertas y ventanas que se abrían hacia el interior. De la planta superior, donde estaría instalada la maquinaria, no quedan restos que permitan describir ventanas ni cornisa. En el interior se conservan los huecos donde se alojarían las vigas de la primera planta, y en la segunda planta unos vanos que podían haber sido aspilleras que posteriormente se taparon con ladrillo.
Interior donde se aprecian las divisiones de los dos pisos

Adosado al lado Oeste se conservan los restos de una cerca que debió pertenecer a un edificio auxiliar, éste debió construirse con posterioridad a la torre pues sus muros carecen de trabazón con ésta. 

Vista del valle de la vertiente norte de la Sierra desde el pico del Estepar


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

La torre, tal como concluye  de Luis, al poder acceder a ella por los cuatro lados, debe descartarse que tuviese carácter defensivo y, de haberlo tenido se debía sólo a la presencia de las aspilleras de la segunda planta. Al contrario, las torres Mathé sí tenían carácter defensivo y eran de uso exclusivo militar, recordamos que la línea Lorena tenía el uso restringido a la Corona. Cabe recordar que la construcción de la línea Lerena es de 1831, anterior a la Primera Guerra Carlista (1833-1840) mientras que las torres Mathé, se construyeron al terminar la contienda, para entrar en funcionamiento en 1844, estaban dotadas de aspilleras de fusilería en la primera planta y tenían el acceso en altura, por tanto, la línea Lerena no estaba diseñada para resistir tensiones bélicas ni el temor a posibles sabotajes.

Esquinazo suroeste en el que se aprecia la división del piso superior

Fue precisamente la Primera Guerra Carlista la que provocó el declive de su uso junto a la falta de recursos públicos. La línea dejó de utilizarse en 1836, y en 1838, por Real Orden, se decide terminar su financiación y, por tanto, su funcionamiento. Tras su abandono y debido a las peculiaridades de la sierra que hemos comentado, no debió tener más utilidad que la asignada a la Guardia Civil: su vigilancia para evitar que fuese refugio de bandoleros, siendo, no obstante, los vientos y los hielos quienes se encargaron de su progresiva ruina hasta tal punto que años antes de la Guerra Civil de 1936 la torre ya estaba arruinada.

Grosos de los muros en el esquinazo noreste

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Gonzalo de Luis Otero, Gerardo Gómez García, La Torre del Telégrafo Óptico de la Sierra de Hoyo de Manzanares, en Cuadernos de Estudios: revista de investigación de la Asociación Cultural "Pico San Pedro", nº 22, 2008, disponible en hoyodemanzanaresfandom.com 

Sierra de Hoyo de Manzanares. A la izquierda el pico El Estepar. 

sábado, 9 de marzo de 2024

Santorcaz


Iniciamos nuestra visita a Santorcaz siguiendo la guía del mudéjar madrileño de J. Jiménez en la que hace una brevísima referencia a la historia de su iglesia, íntimamente ligada al castillo de la Torremocha o, como comenta, lo que queda de él, toda vez que el ábside mudéjar se encuentra integrado en los muros de la cerca tras haberse adaptado como torre junto a una de las puertas de la antigua fortaleza. En la muralla, que cuenta con tramos de obra de sillería de piedra, encontramos un cubo de planta cuadrada, también mudéjar, a base de mampostería encintada, estilo toledano y muy primitivo que nos recuerda, concluye, a las murallas de Talamanca de Jarama.

Muralla de sillarejo y ábside de la iglesia. Entre ambas se sitúa la puerta

EL CASTILLO

La situación de Santorcaz, según comenta castillo de Madrid, es singular pues la mitad oriental pertenece al municipio, donde se sitúa la iglesia, y la mitad occidental es propiedad particular y, aunque se puede ver parte de la la muralla desde el exterior, no podemos contemplar el recinto completo. Como hemos comentado, el ábside de la iglesia se encuentra integrado en la muralla, y se fecha su construcción en el siglo XIII. El ábside se proyecta hacia el exterior, formando un bastión semicilíndrico que protege la única puerta de entrada que se conserva de la muralla. La puerta es un arco apuntado con jambas y dovelas resaltadas que se abre en un retranqueo de la muralla formando la entrada en codo al girar hacia el interior desde el ábside. 

Puerta de acceso entre el ábside mudéjar y la muralla

De la muralla se conservan varias torres de diferente tipología. Siguiendo el lienzo de sillarejo hacia el sur, encontramos la torre pentagonal también de sillarejo. Esta torre y el tramo de muralla que lo une a la puerta, posiblemente se construyese en una reforma del siglo XIV o principios del XV. De esta torre hacia el oeste se han perdido unos metros el lienzo.

Torre pentagonal de sillarejo

El lienzo vuelve a surgir a partir de la torre cuadrada del ángulo meridional. Como detalla Jiménez está construida en mampostería encintada de ladrillo, como es habitual en el mudéjar toledano. A partir de aquí el resto de la cerca y las torres son de mampostería concertada, son los más antiguos y al igual que el ábside, son del siglo XIII. En este tramo encontramos una cilíndrica en el ángulo suroeste, otra cuadrada en el centro del lienzo occidental, la torre albarrana de planta cuadrada en el noroeste. En el lado septentrional se levantan dos torrecillas separadas entre sí tan solo cuatro metros, por lo que es de suponer la existencia de una puerta para acceder a la residencia del Arzobispo de Toledo. Todo el adarve estaba protegido por un parapeto almenado.

Torre cuadrada de mampostería encintada estilo toledano

Aunque no existen restos, según algunos testimonios escritos, el caserío también estuvo cercado por una muralla de tapial en la que se abrían cinco puertas de las que, como hemos comentado, no queda resto alguno.

Ábside mudéjar y sacristía


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Por su situación Santorcaz se encuentra en un lugar claramente defensivo, al borde del páramo sobre un pequeño barranco que confluye con el arroyo de Anchuelo. Según el texto de la Comunidad de Madrid, el castillo carece de función estratégica pues no domina visualmente gran extensión de terreno; la población tampoco está situada en un eje de comunicaciones importante, ni cuenta con un suelo lo suficientemente fértil y, aunque se encuentra equidistante de valles tan importantes como los del Jarama, el Henares y el Tajuña, no mantiene especial vinculación con ninguno de ellos. Concluye que su fundación se debe únicamente a que antes hubo una población anterior.

Lienzo oeste de mampostería concertada y torre cuadrada del siglo XIII

Santorcaz es un lugar poblado desde antiguo donde se atestigua la existencia de un asentamiento celtibérico carpetano del silo III a C. que se despobló antes de la llegada de las primeras legiones romanas a la zona. El poblado estaba asentado, no obstante, en el llamado Llano de la Horca, cerro contiguo al norte de Santorcaz., lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones de reos. Hacia el siglo X se asientan en la zona poblaciones bereberes formando una aldea de escasa entidad, aunque no muy sumisa al poder califal. Éstos posiblemente son los constructores de una torre vigía al pie del cerro anterior al del Llano de la Horca, lugar denominado Cuesta de la Torre o de la Torrecilla. 

Lienzo oeste. Junto a la torre cuadrada se abre un portillo

Tras la reconquista el lugar será repoblado y en el siglo XII, lejos ya la amenaza almohade, se constituye en cabeza de un territorio más amplio. Sobre su origen existen dos versiones; la más plausible es que la Corona la cediera al Arzobispo de Toledo de quien dependía gran parte del valle del Henares, y otra, quizá dentro del imaginario popular, la cesión fuese a los caballeros del Temple. Lo cierto es que a principios del siglo XIV Santorcaz estaba en manos de la mitra toledana, y lo más probable es que ya le pertenecería desde el siglo anterior, cuando la Corona hace entrega de un basto territorio al arzobispo Ximénez de Rada.

Puerta de acceso desde el interior

Las primeras noticias del castillo son de la segunda mitad del siglo XIV en época del arzobispo Pedro Tenorio (1328-1399), a quien se le puede atribuir la construcción de la torre albarrana y la torre cuadrada mudéjar tipo alcalaíno. Con el arzobispo Alfonso Carrillo (1410-1482) la fortaleza se convierte en cárcel de clérigos y nobles, entre los que cabe señalar a "la princesa de Éboli, Juan de Luna, colaborador de Antonio Pérez, Rodrigo Calderón, el Marqués de Siete Iglesias, el Marqués de Ayamonte, el Duque de Híjar y canónigos de todas las condiciones", aunque uno de los principales cautivos fue Gonzalo Jiménez de Cisneros.

Inscripción en el atrio de la iglesia de Santorcaz recordando al Cardenal Cisneros


EL CARDENAL CISNEROS

Tal como podemos leer en la publicación de la Comunidad de Madrid, sobre el uso del castillo como cárcel de clérigos, y en el atrio de la parroquia de Santorcaz, el cardenal Cisneros fue uno de los que primero probaron sus "comodidades" antes de iniciar la carrera que le condujo a ser regente de Castilla. Tras cursar en la Universidad de Salamanca el título de bachiller en Decretos, de vuelta a su Torrelaguna natal, según narra García Oro, "se dispuso a conquistar puestos y dinero" tomando el camino más difícil, y fue promoviendo en Roma una causa contra el arcipreste de Uceda, García de Guaza, por irregularidades canónigas, logrando la destitución de éste y sucederle en la silla arciprestal, complaciéndose en su título de "el honrado Gonzalo Jiménez de Cisneros, Bachiller en Decretos y Arcipreste de Uceda"; no obstante, logró el cargo contra el criterio y porfiando contra el poderoso arzobispo de Carrillo "quien propinó al altivo arcipreste de Uceda unos meses de cárcel".

Busto del Cardenal Cisneros (ca. 1653-1659) atribuido a Orfeo Boselli
Terracota policromada. Colección Universidad Complutense de Madrid

Para esta entrada he consultado las siguientes publicaciones:

Cardero Losada, Rosa, Los castillos de Santorcaz, Castillos de España, revista Asociación Española de Amigos de los Castillos, nº 137-138-139, 2005.
García Oro, José, Francisco (Gonzalo) Jiménez de Cisneros, ficha de la Real Academia de la Historia en dbe.rah.es/biografías
Jiménez Esteban, Jorge, El mudéjar madrileño, Ediciones La Librería, Madrid, 2008
Martínez Vázquez, Francisco, Un problema de historiografía y cronología: la fecha de nacimiento del Cardenal Jiménez de Cisneros, 
Castillos, fortificaciones y recintos amurallados de la Comunidad de Madrid, Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, cuyo catálogo ha sido elaborado por Fernando Sáez Lara. Madrid, 1993.
Guía de Castillos de Madrid, Dirección General de Turismo. Consejería de Empleo Turismo y Cultural de la Comunidad de Madrid, con edición y textos de Fernando Sáez Lara. Madrid, 2015.

Lienzo este y puerta de acceso. Vistas desde el interior

Plano del castillo de Santorcaz. Elaboración propia a partir de Google Earth Pro 


jueves, 29 de febrero de 2024

La ermita de Santa María de la Antigua de Carabanchel


Llegué a Carabanchel Bajo (Madrid) siguiendo la pequeña guía del mudéjar madrileño (2008) de J. Jiménez, para ver la ermita de Santa María de la Antigua, aunque ampliaremos nuestro relato con la información que nos proporciona el estudio de arquitectura que llevó a cabo la restauración en 2016. El trayecto hasta el templo es sencillo, la estación de metro nos deja muy cerca, junto al cementerio viejo de Carabanchel. La mañana era agradable y solo hay que recorrer un corto paseo hasta la iglesia, atravesando un parque mal acondicionado y un entorno muy descuidado. El templo, como indica Jiménez, es una verdadera joya del mudéjar, ha conservado toda su estructura original, aunque ha sufrido algunas reformas desde su construcción, mantiene el ábside, las naves, la techumbre, la portada y una espectacular espadaña, y en él se conjugan el valor artístico e histórico de la iglesia mudéjar más antigua de Madrid y el hecho de estar vinculado al San Isidro Labrador, el patrón de la ciudad.

La iglesia: ábside y fachada este

Lo primero que ve el visitante es el ábside, construido en mampostería encintada, como todo el edificio; está coronado con canecillos de ladrillo, y presenta en su lado curvo un arco apuntado de herradura en el que se abre una ventana alargada tipo tragaluz. En el lado recto del mediodía se adosó la sacristía que no nos permite ver el ábside completo ocupando también parte del muro meridional.

Arco apuntado de herradura del ábside

Al mediodía se abre una elegante portada construida en ladrillo, está enmarcada con doble alfiz, tiene arquerías ligeramente apuntadas, compuesto de tres arcos siendo el central lobulado, y sobre estos vemos una decoración de esquinillas, decoración que se extiende a todo el alero. A su derecha, como hemos comentado, se ha adosado la sacristía que también invade parte del tramo recto el ábside, y se ha construido un contrafuerte. 

Portada de la iglesia

No pudimos acceder a su interior, no obstante nos vamos a guiar según detalla Jiménez, "consta de tres naves, siendo la central el doble de ancha que las laterales, separadas por dos pilastras tipo toledano. Se cubre por un techumbre de par y nudillo y presenta un pequeño coro con canecillos. El arco triunfal es de herradura apuntado con arquillos semicirculares al exterior de éste". El ábside tiene bóveda de cañón en su lado recto y cubre el lado curvo con bóveda de horno.

Lado recto  norte del ábside y detalle de los canecillo

En origen el templo tenía una sola nave pero sufrió un derrumbe de la cubierta, de fecha indeterminada que, según proyecto de Pedro Gómez Picazo de 1997, afectó al muro norte y, a su vez, provocó el desplome del muro sur que ya poseía el contrafuerte, aunque este no está trabado con el muro. El templo se reparó reconstruyendo el muro norte; se levantaron los pilares para soportar la nueva cubierta que hoy dividen el interior de la nave. El muro sur y el contrafuerte se repararon, y en el siglo XVIII se adosó la sacristía que invade parte del muro y parte del ábside, y se construyó una escalera para acceder al campanario.

La iglesia vista del campanario desde la fachada oeste

La torre del campanario, la espectacular espadaña, se eleva unos 20 metros sobre el suelo. Tiene la base maciza y está construida con cajones de mampostería y ladrillo, y reforzadas las esquinas con ladrillo. Hacia metro y medio de altura sobre el alero se aprecia una reparación de la fábrica lo que puede indicar que existen dos etapas constructivas, en la original debió demolerse la parte alta para ampliar la torre y duplicar su tamaño, y abrir en la parte superior seis vanos donde se alojan las campanas.

Base de la torre, la portada, el contrafuerte y la sacristía

En la torre hay una placa que nos recuerda que en ese lugar "estuvo la iglesia de Santa María Magdalena a la que venía a rezar San Isidro cuando trabajaba en estos campos y en ellos tuvo lugar el milagro del lobo". Según cuenta la tradición San Isidro entró en la iglesia para orar y había dejado su burro atado en la puerta del templo. Unos niños, interrumpiendo la oración, entraron para avisarle que había un lobo merodeando y que el burro corría peligro. San Isidro les respondió que no tuviesen cuidado por la acémila y continuó rezando. Al salir del templo encontraron al lobo muerto tumbado junto a al burro que permanecía pastando.

Fachada meridional

Por último recalcar que, siendo un edificio histórico y la simbología que representa para los madrileños, cuesta entender el lamentable estado en que se encuentran sus alrededores, sin urbanizar, convertido el solar que hay frente a ella en un aparcamiento a la sombra del ábside.

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Jiménez Esteban, Jorge, El mudéjar madrileño, Ediciones La Librería, Madrid, 2008
Santos Torres, José, La ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel (Madrid), In ArQadia, blog de JST Arquitectura, Valladolid, 2016

Detalle de la cruz en el lado oeste de la torre del según cajón de mampostería
Vista del campanario desde el interior del cementerio