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miércoles, 29 de julio de 2015

El castillo de Pelegrina


Siguiendo nuestro recorrido por los castillos de Guadalajara después de visitar La Torresaviñán tomamos la carretera GU-118, dirección a Sigüenza. Esta es una carretera estrecha y sinuosa que deja atrás las llanuras de la Alcarria para internarse en el Parque Natural del Barranco del río Dulce. A unos 7 km. a la izquierda está el desvío que nos lleva a Pelegrina, una pequeña población muy cuidada entre las hoces del río Dulce y la campiña donde destacan  los restos de un castillo roquero esbelto que puede verse desde mucho antes de llegar al pueblo.


El acceso al castillo no tiene apenas dificultad y se hace por una calle que recuerda el antiguo trazado medieval bordeando la iglesia románica de la que sólo pude apreciar su ábside. El castillo se encuentra bastante deteriorado aunque mantiene en pie una puerta de ingreso entre dos formidables cubos orientados hacia río; a mitad del cerro se mantienen en pie otros tres cubos orientados al pueblo, y entre ambos restos los lienzos que se han perdido. Pregunté por la historia del castillo a lo que me respondió un visitante ocasional que aquellas ruinas no tenían historia alguna, algo sorprendente en una persona que se había molestado en llegar hasta allí. Le contesté que todos los castillos tienen una historia y que sólo había que buscarla.


El enclave de Pelegrina, estuvo poblado desde antiguo; cuenta con los restos de un cercano castro celtibérico. En época más reciente su historia va aparejada a la reconquista de Sigüenza por el obispo Bernardo de Agén en 1124 a quien el rey Alfonso VII donará Pelegrina y sus alrededores. Serán los obispos seguntinos quienes inician la obra del castillo a finales del mismo siglo XII para destinarlo a lugar de reposo en un entorno de tranquilidad y belleza, aunque bien pertrechado por la cercanía de los reinos musulmanes;, a los pies de la fortaleza se fue desarrollando la población.


Siguiendo a Jorge Jiménez Esteban,como hicimos en la historia de La Torresaviñán, nos introduce a través de un texto de Layna Serrano en la historia del castillo: "pocas noticias existen relativas a la fortaleza, sabiéndose únicamente que en el tiempo de Pedro I el Cruel fue secuestrada por éste con el pretexto de guarnecerla con tropas de confianza, dada su proximidad a la frontera de Aragón, casi siempre en guerra con Castilla y el saqueo que sufrió a finales del siglo XV por los navarros".


Siguiendo este guión nos encontramos con que la fortaleza estaba en la frontera entre reino castellano y el aragonés en el siglo XIV época  en la que mantuvieron diversas etapas de guerra durante el reinado de Pedro I el Cruel de Castilla; primero la Guerra de los dos Pedros (1356-1365) que lo enfrentó a Pedro IV el Ceremonioso, de Aragón; y posteriormente la guerra civil contra su hermanastro Enrique de Trastamara (1366-1371). Recordar que esta última se considera un episodio de la Guerra de los Cien años, un conflicto complejo siendo éste uno más dentro del conjunto de alianzas europeas que acabó propiciando el cambio dinástico en Castilla. Lo que a nosotros nos interesa es el apoyo del rey de Aragón a la causa del conde Enrique, el futuro Enrique II de Trastamara, por lo que es de imaginar que en alguna de las fases de la contienda el rey Pedro I mandase reforzar la línea defensiva en la que se encontraba el castillo ante una posible invasión desde el reino de aragonés.

Respecto al saqueo que sufrió por parte de las tropas navarras, éstas se produjeron tras la toma de Torija en 1445 por el capitán navarro Juan de Puelles al servicio de los Infantes de Aragón que los enfrentaba a Juan II de Castilla, y que duró hasta que Torija fue reconquista en 1447 o 1452. Desde allí los navarros lanzaban operaciones de saqueo por los alrededores que llegaron incluso a las puertas de Madrid.  Recordar que el infante Juan reinaría en Navarra también como Juan II, mismo nombre con el que reinaría luego en Aragón; aunque estos hechos se remontan a mediados de siglo y no a finales como nos sindica el texto de Layna Serrano.


No hay noticias del castillo hasta 1710 cuando fue incendiado por las tropas austriacas del general Guido von Starhemberg, tal como vimos en la historia de La Torresaviñán, en su retirada hacia Aragón tras la derrota que sufrieron en la batalla de Villaviciosa de Tajuña durante la Guerra de Sucesión. Posteriormente, según la mayoría de las fuentes, el castillo fue restaurado.

Un siglo después, fue testigo  de la Guerra de la Independencia  y pudo ser habitado por Juan Martín El Empecinado, jefe de la guerrilla en la zona de Guadalajara en lucha contra el ejército francés. Como medida preventiva el ejército napoleónico incendiará el castillo para evitar que fuese refugio del guerrillero, dejándolo prácticamente en las ruinas que conocemos en la actualidad.


El castillo de Pelegrina es lo que se denomina castillo roquero y domina el valle del río Dulce. Su forma es alargada ligeramente pentagonal. Cuenta con fuertes cubos y torreones  cilíndricos esquineros. Los muros tienen un espesor de metro y medio, y en la zona oeste y parte del este ya no existen en la actualidad. Tuvo torre del homenaje cuadrada, de construcción más tardía, que contaba con dos pisos y estaba adosada a la parte norte defendiendo la puerta principal. Al sur se abre una puerta secundaria, entre dos potentes torreones cilíndricos, y según se ingresa a su izquierda debió contar con barbacana.

El castillo dejó de pertenecer a los obispos de Sigüenza tras la abolición de los señoríos a principios del siglo XIX. Según Jiménez Esteban el castillo fue desamortizado, vendido a un particular y finalmente revertió en el pueblo. En la actualidad presenta en estado ruinoso. Desde él se dominan las hoces del río Dulce. un paseo muy agradable y donde el doctor Félix Rodríguez de la Fuente rodó parte de sus documentales para televisión.


Para esta entrada he consultado varias fuentes debido, sobre todo, a la disparidad de fechas y ambigüedad y generalidad de los hechos, pero sobre todo:

Castillos de Guadalajara I, Jiménez Esteban, Jorge, Libros Penthalon, Madrid, 1992.
Guía de Campo de los Castillos de Guadalajara, Herrera Casado, Antonio, Ed. Aache, Guadalajara, 2000.
Poder y sociedad en la Baja Edad Media Hispánica. Estudios en homenaje al profesor Luis Vicente Díaz Martín., Universidad de Valladolid, Valladolid, 2002.

También me han parecido interesantes los siguientes enlaces:
http://enlavilladeberninches.blogspot.com.es/2011/10/juan-de-puelles-y-carne-de-cabra.html
https://otraiberia.wordpress.com/2013/04/04/el-castillo-de-pelegrina-guadalajara/




miércoles, 20 de mayo de 2015

Castillos: por tierras de Guadalajara


Hacía un tiempo que organizamos unos amigos un viaje por tierras de Guadalajara. Mi deseo era hacer de la visita una pequeña ruta de castillos por esta parte de la provincia. En principio era una visita a Sigüenza y aprovechamos el trayecto para desviarnos a otros pueblos por el camino, de los muchos que hay en la provincia, que tienen interés. Como son tantas las fortalezas y tan rica su historia, llevé conmigo como guía el libro Castillos de Guadalajara, de Jorge Jiménez Esteban, de un valor innegable y de gran ayuda cuya información pude complementar con las guías de las Oficinas de Turismo, la conversación con paisanos y los carteles que ilustran al pie de cada monumento su historia. Como hice en el Paseo por los castillos de Valladolid, iré desgranando, dentro de mis posibilidades, en entradas individuales la historia de cada uno de estos lugares.

El viaje lo iniciamos saliendo de Madrid por la carretera de Barcelona, la autovía A-2, el viernes 15, día de San Isidro, patrón de Madrid, que era fiesta local. La predicción del tiempo era excelente, caían la temperatura en torno a los 22 grados, aunque se preveía viento. La ruta programada comenzó con una breve parada en La Torresaviñán, en la Salida 118 antes de tomar la carretera local GU-118 dirección a Sigüenza.

Castillo de La Torresaviñán
La parada de La Torresaviñán fue breve, junto a la fuente desde donde sale el camino que lleva hasta el castillo. La fortaleza, de origen árabe, fue destruida en parte por las tropas del general Starhemberg en 1710 durante la Guerra de Sucesión. Tras esta breve parada tomamos la carretera GU-118, dirección Sigüenza, una vía estrecha y sinuosa que atraviesa el Parque Natural del Barranco del río Dulce. A unos 7 km. a la izquierda está el desvío a la siguiente parada, Pelegrina.

Castillo de Pelegrina
Pelegrina es una pequeña población muy cuidada entre las hoces del río Dulce y la campiña. Tiene los restos de un castillo esbelto y visible desde mucho antes de llegar al pueblo. La primera visita fue a las hoces del río Dulce. un paseo muy agradable con dos rutas posibles para hacer a pie. Hicimos la más corta, de unos 3,5 kilómetros, llegando hasta el lugar donde el doctor Félix Rodríguez de la Fuente rodó parte de sus documentales.

De vuelta al pueblo, la ascensión al castillo que domina el pueblo no tiene apenas dificultad. El castillo se encuentra bastante deteriorado aunque mantiene en pie la puerta de ingreso entre dos formidables cubos orientados hacia río, y a mitad del cerro otros tres cubos orientados al pueblo. Entre ambos restos se han perdido los lienzos. El castillo, frontera entre los reinos de Castilla y Aragón vivió diversas etapas de guerras: entre Pedro I y Enrique II en el siglo XIV; el asediado de las tropas navarras de los Infantes de Aragón en el XV; incendiado por las tropas austriacas del general Starhemberg, al igual que en La Torresaviñán, en el XVIII y posteriormente por las tropas francesas en la guerra de la Independencia en el XIX.

Catedral de Sigüenza
Desde Pelegrina seguimos por la misma carretera rumbo a Sigüenza, a 11 km. Entrando por esta carretera se tiene una impresionante vista del castillo que más tarde visitaremos. Primero fue la comida, y después la primera visita: a la Catedral. Un edificio es de origen románico cisterciense y cuenta con características de fortaleza. Construido a partir de 1124 por orden Bernardo de Agén, obispo aquitano que en esa fecha conquistó plaza a los árabes, terminó construyéndose en gótico tardío habiendo sufrido posteriores modificaciones en época del renacimiento, plateresco barroco y neoclásico. Destaca la capilla del Doncel representado en la inusual postura del caballero leyendo un libro; y la Sacristía de las Cabezas obra de Alonso de Covarrubias  del siglo XVI, Cuenta también con un lienzo de El Greco demás de una formidable colección de tapices flamencos del siglo XVII.

Castillo de Sigüenza
El otro gran edificio es el castillo, originariamente fue castro romano, fortaleza visigoda y alcazaba musulmana. Desde su conquista por Bernardo de Agén en 1124, fue residencia episcopal hasta finales del siglo XIX cuando pasó a ser casa asilo y casa cuartel y en ruinas desde la Guerra Civil en el XX, para convierte en Parador Nacional de Turismo tras una profunda reforma en 1972. Se puede visitar del interior sólo el patio de armas y la barbacana, que se ha transformado en aparcamiento. Es un edificio impresionante que se puede circundar por el exterior sin mucha dificultad.

Sigüenza cuenta con un casco histórico muy cuidado y de esta época mantiene restos de la antigua muralla, de la que se conservan cuatro puertas. También tiene dos iglesias románicas del siglo XII, San Vicente y Santiago, esta última en restauración.

Puerta de acceso en la muralla de Palazuelos
A la mañana siguiente, después de muchas dificultades para encontrar un lugar donde desayunar, salimos dirección a Atienza por la CM-110. Al despedirnos de la ciudad, existe un momento en que la panorámica es excelente, pero como ya ocurriese en la entrada y posteriormente nos pasará en Jadraque, es imposible parar el coche para contemplarla. A 6 km. tomamos el primer desvío a la izquierda por una carretera local para hacer la primera parada del día en Palazuelos.

Castillo de Palazuelos
Palazuelos conserva prácticamente completa una muralla del siglo XV. mantiene así mismo los cubos semicirculares y cuatro puertas. Al noreste, integrado en la muralla, se levanta el castillo. Toda la obra -murallas y castillo-, los comenzó a construir el marqués de Santillana, don Íñigo López de Mendoza, a mediados del XV. El castillo tiene planta cuadrada y torre del homenaje, aunque carece de saeteras y ventanas, y a principios del siglo XIX fue saqueado por los franceses. En la actualidad es de propiedad particular y se está restaurando como vivienda. Posee también Palazuelos un rollo jurisdiccional y picota.

Iglesia del Salvador en Carabias
Por la misma carretera, a 4 km., está Carabias, nuestra siguiente parada. Es una pequeña población que cuenta con la iglesia románica del Salvador, joya del siglo XIII, y que posee una espectacular y hermosa galería porticada. Aquí la parada fue breve pues no encontramos quién nos abriese la iglesia por lo que hicimos el camino a la inversa para tomar la carretera CM-110 dirección a Atienza.

Salinas de Imón
A partir del cruce, a unos 9 km. a la derecha se puede ver a unos 4 km. de distancia el castillo de Riba de Santiuste justo antes de llegar a nuestra próxima parada, Imón. En este pueblo hay unas salinas que datan de época romana. La explotación, a partir del siglo XII, se hace al aire libre por sistema de evaporación. El colorido de las aguas estancadas del río Salado -rojizo, amarillo y blanco- hacen de las salinas un lugar singular en un entorno considerado microrreserva natural.

Castillo de Atienza
A media mañana llegamos a Atienza, población que se levanta al pie del cerro que domina un impresionante castillo roquero, punto estratégico entre ambas Castillas. Su historia que se remonta a la época prerromana. En la Edad Media los árabes hacen de Atienza un enclave principal y levantan una fortaleza sobre la roca; en la actualidad el acceso a pie es fácil y está bien acondicionado, aunque el fuerte viento ofrecía cierta dificultad para alcanzar la puerta de ingreso. La fortaleza pasó alternativamente de manos árabes a cristiana; frente a sus muralla "a siniestro deixan   Ati(enca), una peña muy fuert", pasó Don Rodrigo Díaz, del Cid camino del destierro. Es de destacar también los restos de la muralla que rodeaba la villa y varias iglesias románicas: Santa María del Rey y San Bartolomé, también es de gran belleza la plaza porticada del Trigo o del Mercado y la plaza de España donde está el museo etnográfico, muy completo, en la llamada Posada del Cordón.

Castillo de Jadraque
Después de la comida tomamos de nuevo la carretera CM-110 dirección a Sigüenza; a unos 5 km. tomamos la CM-101 dirección a Jadraque, que sería una parada improvisada, a unos 30 km. Una vez en el pueblo tomamos la CM-1000 dirección Miralrío. El castillo de Jadraque, conocido también como del Cid,  aunque sin relación con El Campeador, se encuentra en las afueras del pueblo, sobre una colina de la que ocupa todo su trazado. Nos costó llegar a él porque está en obras y se ha retirado el cartel, si es que lo había, que indica el acceso, y si se pasa ese punto se han de recorrer unos pocos kilómetros para poder dar la vuelta, porque no hay un lugar apropiado donde parar, ni siquiera para fotografiarlo. Una vez en el castillo, al que se accede por una cuesta muy empinada, coincidí con un paisano que me contó que las obras de pavimentación del terreno que rodea el castillo antes no existía, sino que los lienzos y las torres se asentaban directamente sobre la ladera del monte. Esta actuación, a modo de camino de ronda exterior, facilita dar la vuelta casi completa a toda la fortaleza. No puede entrar, aunque al parecer el Ayuntamiento facilita el acceso previa cita, sin embargo sí se puede ver el interior desde diversas aberturas en el lienzo oeste; no obstante, según Jiménez Esteban, "Interiormente, el castillo está vacío", éste nos recuerda la existencia de dos aljibes. El castillo perteneció a la familia Mendoza y a los duques del Infantado, en la actualidad es de propiedad municipal.

Y contemplando Jadraque a nuestros pies, el vasto valle del Henares hasta donde se alcanza a ver, como nos asegura Jiménez Esteban: Castilblanco, Carrascosa, Bujalaro, Cendejas de la Torre y Cogolludo, además de las atalayas de Congosto y La Toba, salimos camino de Madrid con el sol aún alto para terminar nuestra ruta después de 334 km.

Valle del Henares desde el castillo de Jadraque