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viernes, 27 de enero de 2023

Castillo de Castrotorafe


Llegamos a Castrotorafe después de visitar el monasterio de Santa María de Moreruela. Las impresionantes ruinas del monasterio cisterciense nos anticipaban el estado en que encontraríamos el recinto amurallado y el castillo de Castrotorafe. El lugar sorprende por su extensión, sus murallas alcanzan un perímetro de más de un kilómetro de longitud, en el que tan solo destacan los restos de la cerca, la espadaña de la iglesia y, en la esquina noroeste, el castillo. Entre los autores que he consultado cada uno aporta datos que complementan los ya citados por los anteriores. Para iniciar nuestro recorrido lo haremos con el más antiguo, acudiendo al Catálogo Monumental de la provincia de Zamora de 1903-1905 de Gómez Moreno como base, y como guía de campo los castillos de Zamora de Pinilla González.

Lienzo este de la muralla donde se encontraba la puerta de acceso a la villa


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Gómez Moreno nos introduce con breves pinceladas en la historia de Castrotorafe. Ésta debió tener un gran poblamiento que en sus días rivalizaba en importancia con Zamora, Toro y Benavente, al respecto añade Pinilla que se le conocía de antiguo con el nombre de "Zamora la Vieja" cuyas ruinas "se alzan en el término de San Cibrián". Sobre su antigüedad la cartela que hay junto al castillo indica que se levantó sobre asentamientos anteriores según restos arqueológicos paleolíticos y romanos hallados en el lugar. Gómez Moreno comenta no haber encontrado información anterior a 1129: "ninguna mención hallo de su existencia antes de 1129, año en que Alfonso VII señaló términos a su Concejo y le impuso el Fuero de Zamora; en 1143 se le nombra castro torali en un deslinde de Moreruela, en 1153 y sin que conste la razón, hizo destruir Alfonso VII sus muros y despojó a sus moradores de la mitad de Moreirola de Suso que dio al monasterio". Al respecto, Cobos califica esta etapa de fallida puebla; toda vez que en 1140, añade Estepa, está documentada la tenencia de Castrotorafe a favor de Ponce de Cabrera, personaje proveniente del ámbito catalán que se había establecido en el reino tras contraer matrimonio Alfonso VII con Berenguela de Barcelona en 1128. Éste accedió en 1143 al condado y mayordomo del rey en 1145 hasta la muerte del monarca en 1157. Habrá que esperar por tanto a la iniciativa de Fernando II en la segunda mitad del siglo XII como detalla Gómez Moreno: "mas Fernando II la repobló dándola a los caballeros de Santiago por capital de la Orden en 1176, y en efecto, a los dos años su Maestre Don Pedro Hernández celebró avenencia con el Concejo de la Villa. En 1192 figura cierto conde de Castrum Torafe confirmando un privilegio".

Castillo de Castrotorafe (1903-1905) Fotografía M. Gómez Moreno

"A principios del siglo XIII -continúa Gómez Moreno- cobró notoriedad su gran puente sobre el Esla, cuyo portazgo fue cedido á la catedral de Zamora para reedificar el claustro en 1202: era entonces señora de la villa la reina Dª Urraca, viuda de Fernando II, quien se la dio en arras y ella hizo cesión a favor de dicha catedral en 1211, sin que conste en qué forma pues los de Santiago resultan poseyéndola en 1216 en adelante hasta los tiempos de D. Juan Alfonso de Alburquerque, afianzado allí en su resistencia contra el rey Don Pedro". Cobos apunta que en 1220 Alfonso IX confirmó la posesión a la Orden de Santiago, aunque el castillo debió estar bajo control real puesto que durante las guerras fronterizas con Castilla la Orden apoyó al rey castellano mientras que la villa lo fue al rey leonés. Durante la guerra de la minoría de edad de Fernando IV, el rebelde Alfonso de la Cerda, quien se hacía llamar rey de León, acuñó moneda en Castrotorafe en 1298.

Imagen aérea de la meseta donde se asienta Castrotorafe en el que aprecian
los escasos restos del lienzo norte de la muralla. Imagen de Rafael Moreno

En 1333 Alfonso XI confirma la donación del castillo a la Orden de Santiago y la villa a García Rodríguez Valcárcel, hasta que en 1351 Pedro I solicita a los santiaguistas que le fuese entregada a don Juan de Alburquerque, quien al perder el favor del rey se refugiará en la villa, para después pasar a Portugal. Finalmente Pedro I lo entregará -continua Gómez Moreno- "a su favorito Men Rodríguez de Sanabria", hasta que "Enrique II hizo arrasar su castillo en odio a la lealtad con que sostuvo la causa de su hermano; reconstruido más adelante, sirvió de prisión al Conde de Urgel", se refiere a Jaime II de Urgel que se sublevó contra Fernando I de Aragón; tras ser derrotado el de Urgel estuvo preso en varios castillos entre ellos en Castrotorafe entre 1424 y 1426 desde donde fue trasladado al de Játiva donde moriría en 1433.

En primer término cubo sureste y lienzo este de la barrera artillera del castillo

A continuación señala Gómez Moreno que Castrotorafe "se sostuvo contra Alfonso V la causa de Doña Isabel, que llegó a posesionarse de su fortaleza", en realidad, según Pinilla, Alfonso V de Portugal esposo de Juana la Beltraneja, llegó a tomar la villa pero no así el castillo cuyo cerco al que estaba sometido hubo de levantarse ante la presencia de Fernando el Católico en Zamora-. De aquí, continúa Gómez Moreno, pasó de nuevo "á la Orden de Santiago, cuyo comendador Alfonso de Palencia hubo de repararla". Cobos añade que Fernando el Católico entregaría la alcaidía de la fortaleza al linaje de los Enríquez, condes de Alba de Liste, aunque la posesión continuó en manos de Alfonso de Valencia, comendador de Santiago hasta la década de los 80. Destaca que durante esos años una real ejecutoria de 1481 "expedida en Toro, los reyes fallaron que los vecinos de Pajares no tenían deber de pechar para la reedificación del castillo de Castrotorafe". La reparación, como indica Gómez Moreno,  la llevó a cabo el comendador de la Orden. 

Esquina suroeste de la muralla de doble muro y restos de almenas

Concluye Gómez Moreno: "En adelante nunca figura más en las historias, y es probable que arruinado su puente que debía constituir un elemento de vida y riqueza extraordinario, por ser la comunicación más fácil entre Castilla y Galicia por Portugal, decaería hasta despoblarse en tanto que se agrandaba a su costa la inmediata villa de San Cebrián de Castro. Ignoro si con algún fundamento el Tudense dijo que Castrotorafe se llamó antes Moriana". Gómez Moreno se refiere como Tudense a Lucas de Tuy, obispo de Tuy, cronista y hagiógrafo de la primera mitad del siglo XIII.

Lienzo oeste en el escarpe del río


LA MURALLA

Comenta Pinilla González, que de todo el conjunto sólo se conserva parte del recinto que cercaba la antigua villa, refiriéndose a ella como una construcción de "mampostería pizarrosa y mortero, con cubos en determinados puntos salientes, y un trazado irregular en el que se abren dos puertas, hacia el sureste y el sur, muy destrozadas" -hay que añadir, según la cartela del recinto, la existencia de un portillo que daba al río-. La muralla se adapta al terreno aprovechando los afloramientos rocosos; tiene forma trapezoidal y "está construida con mampostería de cuarcita y argamasa, con doble muro o forro en unos lienzos ligeramente alamborados rematados con merlones y almenas que se conservan en algunos tramos además de un foso ya muy colmatado",  todo ello está jalonado con algunos cubos. Para Cobos la muralla parece obra de finales del siglo XII y sus restos "podrían estar relacionados con algunos restos aparecidos recientemente en el castillo de Ponferrada y de los que serían coetáneos".

Cubo noreste y restos del lienzo norte

Cobos nos aporta un documento de la relación que hace la visita de la Orden en 1494, momento en que comienza su declive: se trata de una villa en la estando bien poblada cabrían 400 vecinos; ese año no había más de 15 vecinos, sus muros están todos aportillados ya que "el rey de Portugal los mandó derrocar, son de piedra mampuesta y algunos petriles de tapial". En 1688 tras la guerra con Portugal, la situación era penosa, según los visitadores la villa estaba arrasada, y la cerca que la rodea estaba toda aportillada y caída. En los textos de 1712 y 1763 se habla ya de la villa como despoblada, y sólo se hace mención al castillo y el palacio, también arruinados y destruidos.

Recinto amurallado (1903-1905). Fotografía M. Gómez Moreno


EL CASTILLO

Siguiendo la cartela que podemos leer en el recinto, el castillo se construye cerrando el vértice noroeste del perímetro amurallado de la villa. El recinto interior es obra del siglo XIII o XIV, con torres rectangulares en los ángulos y otra en el vértice noreste correspondiente a la torre del homenaje. En el interior hubo edificios, incluso de dos plantas, divididos en numerosas estancias, tanto señoriales como auxiliares. El recinto exterior es una barrera artillera de menor altura construida en el siglo XV.

Imagen cenital del castillo de Castrotorafe. Fotografía de Rafael Moreno

Cobos coincide con las fechas y descripción anterior y puntualiza que éste se cierra con dos muros perpendiculares entre sí a modo de atajo con torres de planta cuadrada que destacan por su aparejo de sillares en las esquinas. "Se aprecia igualmente el relevante de los muros de la cerca que conforman las otras dos paredes de este recinto, constituyendo todo ello el cuerpo principal del castillo y que, sin perjuicio de la existencia de obras anteriores, podría fecharse entre finales del siglo XIII y principios del XIV". Tras resistir el asalto portugués de las tropas de Alfonso V, en el último tercio del siglo XV, y probablemente antes de 1475, "se construye una barrera para artillería con muros de notable grosor y cubos circulares en sus esquinas", que son "demasiado pequeños y separados para lo que era común en la época". La forma de la ruina de estos cubos -en la actualidad dos de los cubos está restaurados-, "sugiere la posibilidad de que hubieran sido volados con la intención de inutilizar el castillo", aunque asegura que no existen referencias documentales sobre ello.

Interior del lienzo oeste del siglo XII-XIII con mechinales y un muro de
división de dependencias. La pared almenada es del cierre del siglo XV

Cuando lo visita Gómez Moreno, según se aprecia en la fotografía que toma del castillo, éste ya se encontraba muy deteriorado, y hace la siguiente valoración: "en el ángulo NO y aprovechando algo del muro antiguo, erigiose hacia el siglo XIV ó XV una fortaleza, mezquina y sin primor que la avalore". Lo describe como "un cuadrado irregular con torres grandes en dos esquinas, hoy medio caídas, y por dentro señales de habitaciones y escaleras; cíñele un antemuro con cubos a los ángulos, que encierran departamentos en dos pisos, abovedados y provistos de saeteras. Su obra es toda de mampostería y sufrió gran estrago". 

Cubo suroeste de la barrera artillera. 2ª mitad del siglo XV

Por el documento que aporta Cobos de la visita al castillo en 1494, sabemos que era alcaide Francisco de Traslayo, y que lo era por don Enrique Enríquez de Guzmán comendador de la Orden. Según se relaciona, la fortaleza contaba con una cava no muy honda hacia la villa, y de ella a la puerta de la barrera de una puente de madera. Entraron en la barrera que cerca toda la villa, construidos sus anchos muros en mampuesto y algunos "petriles" de tapia y otros de piedra mampuesta, almenas y "los trasvases muy buenos cubos los que la hace menester y sus troneras en toda dicha barrera".  Visitaron los aposentos del interior y entraron en una sala donde había una chimenea y una ventana con reja de hierro que da al río; poseía un retrete y una escalera para subir "a lo alto que esta encima del aposentamiento". Su reparación la mando hacer el comendador junto a "todo el aposentamiento de grano e basticimiento y bestias está bien reparado tejado con teja e todo ello lo uno y lo otro de madera basta".

Lienzo sur de la barrera, torres cuadradas y lienzo almenado del castillo

Cobos va detallando el proceso de degradación del castillo a partir de 1494. En 1604 comenta reparaciones que se llevaron a cabo en corredores, tejados y "enmaderamientos" de las torres, aunque estaban por reparar la torre del homenaje, la bodega y el lagar. En 1688 tras la guerra con Portugal, la situación era penosa, según los visitadores de la Orden "el castillo y fuerte en cuanto a la cantería esta bueno pero la bivienda del palacio que avia en el toda está arrasada e inabitable". En 1712 se habla ya de la villa como despoblada, el castillo y el palacio que había en su interior están arruinados y destruidos; y en 1763 se daba por perdido el palacio con "sus salas, paneras, caballeriza, bodega y oficinas".
Lienzo oeste en el escarpe del río

Pinilla añade que contaba con dos puertas, una de acceso desde la villa y por la segunda se accedía al puente. Destaca que de los cubos en los ángulos de la barrera, dos se reformaron para adaptarlos a la artillería. En el interior se observan diferentes tipos de materiales constructivos por lo que "hace pensar en reparaciones y obras de mantenimiento, más que en reformas de envergadura. Su planta es similar a la exterior, con el refuerzo de dos torres en el muro S obra de sillarejo, más cuidada que los muros restantes". El interior del recinto como indican las citas anteriores, se encuentra totalmente arruinado, pudiendo observarse los mechinales en algunas paredes que nos hablan de los diferentes pisos en que se hallaba dividido.

Cubo artillero noreste y barrera norte

Plano del castillo a partir de la imagen de Rafael Moreno basado en F. Cobos Guerra
La primera fase constructiva en azul corresponde a la cerca de la villa (sg. XII-XIII)
La segunda fase, línea roja (sg. XIV) aprovechando la cerca se construye el castillo.
 Tercera fase, línea gris (sig. XV) se construye la barrera artillera


EL PUENTE

Pinilla, al igual que Gómez Moreno, señala la importancia que tuvo el puente sobre el Esla para la existencia misma de Castrotorafe, "punto de comunicación entre Castilla, Galicia y Portugal". Comenta Gómez Moreno que para su construcción se aprovechó "un remanso del río, por efecto de violentísima curva que antes se desarrolla; es probable que se construyese a finales del siglo XII y constaba de doce o más arcos, ya hundidos, sobre pilas de corte poligonal contra la corriente y espolonadas a la parte contraria, con bien torpe criterio. Sus cimientos perseveran dentro del rio y otras cuatro pilas surgen sobre peñas á la margen contraria, hechas de sillería gruesa". De la misma opinión sobre la importancia del puente es Pinilla comentando que doña Urraca, viuda de Fernando II de León, de quien había recibido la villa en arras; concede junto con su hijo Alfonso IX, "la mitad del portazgo en 1206 a la Catedral de Zamora para las obras de su claustro"; como habíamos visto al principio Gómez Moreno fecha la cesión a la catedral en 1202. 

El río Esla desde el castillo. Los restos del puente forman la diagonal O-E

Las ruinas del puente, según se observa en la imagen superior, sólo se pueden ver durante el estiaje del río y del embalse de Ricobayo, el resto del año se encuentra bajo sus aguas. Desde aquí partimos a nuestro siguiente destino para ver el fuerte de Carbajales de Alba.

Cobos Guerra, F. y De Castro Fernández, J.J., Castilla y León. Castillos y fortalezas, Edilesa, 1998
Estepa Díez, Carlos, Los territorios del rey. Castilla, siglos XII-XIII, Marcial Pons, 2021
Gómez Moreno, Manuel, Catálogo Monumental de la provincia de Zamora 1903-1905
Pinilla González, Jaime, Castillos de Zamora y Salamanca Lancia, 1995


Cubo noroeste en la entrada al castillo. A la derecha liza y barrera artillera

Cubo suroeste de la barrera y adarve y aspillera sobre los restos del portillo

Liza del lienzo sur. En el centro torre cuadrada central del castillo

Bóveda del cubo artillero sureste

Lienzo este de la barrera con el cubo sureste a la izquierda

Cubo noreste de la barrera apuntalado donde se aprecia la casamata y el
grosor y materiales de la construcción

Situación del castillo en la villa y localización de la iglesia, las puertas
y el portillo del recinto amurallado


martes, 24 de mayo de 2022

Castillo de Alba de Aliste


En nuestro viaje habíamos hecho una breve parada en Carbajales de Alba para ver los restos del fuerte del XVII; allí tomamos la carretera ZA-911 y, tras cruzar el puente que salva el embalse de Ricobayo, nos dirigimos a Castillo de Alba. El castillo se encuentra situado en una cresta frente al pueblo del mismo nombre. Se llega por un camino que sale a la izquierda justo antes de entrar en el pueblo según nos indicó un pastor; por él se llega, a la derecha, a un merendero donde comienza el camino de subida. Al pie del camino hay una cartela informativa con una breve historia del castillo: "La fortaleza se levantó en el siglo XII como baluarte defensivo ante el reino de Portugal. Posteriormente perteneció a Fernando III el Santo (1206) y Alfonso IX de León, quien por la Concordia de Villafáfila (1220) lo restituyó a los Templarios. Posteriormente perteneció a D. Álvaro de Luna. En tiempos de Enrique IV (1489) pasa a ser cabeza del condado de Alba y Aliste". Leída la información, indicar que la fecha de 1206 tras el nombre de Fernando III, a la que también hace referencia Gómez Moreno en su Catálogo de la provincia de Zamora, es la fecha en la que Alfonso IX cede la fortaleza a su hijo por el Tratado de Cabreros y que, según Gómez-Moreno, identifica por primera vez como castillo de Alba.

En primer plano el revellín que cubre la entrada sur al castillo

EL CASTILLO

Continuando con la cartela, ésta nos detalla la estructura del castillo: "tiene planta irregular, y de su fábrica hoy se conserva parte de un robusto torreón, un ángulo de la torre del homenaje y buena parte de su recinto murado". Gómez-Moreno destaca que el castillo ya existía con su alcaide en los siglos "XII á XIII y aún conserva su aspecto de aquella edad, porque quizá no era entonces sino un castro renovado", aspecto que también señala en nuestra guía de castillos de Zamora, Pinilla González algo más preciso; "Emplazado sobre un castro a juzgar por los restos catalogados por Gómez Moreno, ofrece una planta irregular, adaptada a la configuración del emplazamiento, cuyas rocas a veces forman parte de la fortificación". Las medidas que nos da son 78 m. de largo y una anchura de 30 m. Los muros están construidos en mampostería de gruesos cantos "probablemente acarreados desde las canteras de Fonfrías, no muy lejanas".

Lienzo Suroeste con la parte central reforzada

Continúa Pinilla con la descripción de la torre del homenaje de la que tan solo quedan restos "que nos permiten conocer su forma rectangular y su división en tres pisos o plantas" por los mechinales que conserva. "Otra torre protegía la entrada, situada al N, prolongándose la defensa mediante un revellín en el que se abren saeteras de cazoleta. El lienzo del O nos muestra un doble baluarte espolonado producto de reformas efectuadas en el siglo XV", reformas que se deben al primer conde de Alba de Aliste, Enrique de Guzmán. Es probable que haya un error en la orientación puesto que la entrada al castillo y el revellín se encuentran al S y el baluarte al E. Concluye que en el castillo se distinguen dos etapas constructivas, la que pertenece a la estructura principal de la fortaleza que corresponde al siglo XII; y la del siglo XV cuando se reforma la torre norte, se duplica el baluarte y se construye el revellín. 

Puerta de acceso desde el interior prolongación del revellín

Más preciso es Gómez-Moreno en su descripción y ubicación que, "para fortaleza primitiva resulta excelente" cuestionando la dificultad de justificar "la nombradía de este castillo, aun dada la poquedad de recursos estratégicos en la Edad Media, y aunque protegiese un vado fácil sobre el Aliste en el camino de Castrotorafe y Carbajales á Alcañices". Aquí hay que valorar el impacto que tiene en este trayecto el actual embalse de Ricobayo. Comenta que la fortaleza se comienza a conocer "en 1206 como castillo á la sazón Templario"; está "dispuesto sobre un rocoso cerro, accesible tan solo hacia el sur". Como hemos comentado su planta es "irregular y heterogénea como obra de épocas diversas, lo más antiguo parece ser un núcleo de muro de hormigón y pedrezuelas, como lo de Benavente, que quizá viera el siglo XII; otras partes hay de mampostería muy recia y vetusta, y por último datarán del siglo XV la torre principal, de que solo un ángulo se mantiene, una especie de baluarte espoloneado reforzando el antemuro, y el revellín de la puerta, bajo la protección de otra torre más antigua y bien conservada, con saeteras en lo alto". Esta torre, según indica Lista Roja de Patrimonio, data de época templaria que describe como "torreón de planta cuadrada y suaves  formas piramidales con saeteras en los alto". En la actualidad el torreón contiene un palomar abandonado. 

Interior de lienzo del revellín con dos troneras


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Pinilla nos hace una breve resumen de su historia: El castillo fue tomado en 1196 por Alfonso VIII de Castilla al rey Alfonso IX de León. En 1206, fecha que aparece en la cartela informativa junto al infante Fernando (futuro Fernando III), conviene aquí destacar el trabajo de Estepa Díez; según éste el 7 de septiembre de 1206 los reyes de León y Castilla, Alfonso IX y Alfonso VIII firman el Tratado de Cabreros, por el cual los castillos que fueron entregados en arras a la reina Berenguela por su matrimonio con Alfonso IX, -matrimonio mandado disolver por orden del papa Inocencio III- pasarán a poder del infante Fernando, además el rey leonés dona otras fortalezas entre ellas el castillo de Alba de Aliste; en el tratado Alfonso VIII, dona también varios castillos a su nieto, y en él se consigna que los caballeros que tengan estos castillos serán vasallos del infante Fernando, así como sus tenentes harán homenaje al rey de León y serán sus vasallos, por lo que será Alfonso IX quien nombre a los tenentes del castillo.

Torre del extremo sur en el que se aprecian dos saeteras

A comienzos del siglo XIII, continuamos con Pinilla, el castillo pasa a manos de los Templarios y en él se hallaba refugiado en 1310 Fray Gómez Pérez, comendador de Alba de Aliste, al inicio del proceso contra dicha orden. Tras la extinción de la Orden del Temple la fortaleza pasó a poder de la Orden de San Juan. En lo que respecta a la posesión templaria del castillo vamos a seguir a Clemente Ramos. En 1211 Alfonso IX llega a un acuerdo con la orden del Temple por el que se apropia de muchas de las posesiones que habían recibido los caballeros a lo largo de los reinados de Alfonso VII y Fernando II. Éstas se acumulaban en la zona norte del reino leonés, una zona cómoda alejadas de los riesgos de la frontera musulmana. El argumento de la apropiación real era la reorganización de las mismas a lo que el Temple, aunque obtuvo algunas compensaciones, no accedió de buen gusto. La intención del rey era favorecer a la orden de Alcántara. Pocos años después, en 1220 por la Concordia de Villafáfila, Alfonso IX devolverá Alba de Aliste a los templarios tal como indica la cartela informativa.

Restos de la torre del homenaje en el extremo norte

Continuando con Pinilla, en los sucesivos enfrentamientos de la Corona con los nobles que se dieron a lo largo de los siglo XIV y XV, el castillo sufrirá diversos cambios de posesión. Gómez-Moreno indica que en 1430 "lo tomó el Infante de Aragón D. Pedro; a los cuatro años pasó á D. Álvaro de Luna, y después al Almirante de Castilla, D. Alonso Enríquez, cuyo hijo segundo Enrique, obtuvo el título de Conde de Alba por merced de Enrique IV". La misma secuencia hace Pinilla sin mencionar al infante D. Pedro y añade, sin embargo, que en 1434 es donado por Juan II al condestable de Castilla don Álvaro de Luna "quien en ese mismo año lo cede a su sobrino del mismo nombre", y en 1445 es entregado a Enrique de Guzmán a quien Enrique IV concede en 1449 el título de Conde Alba de Aliste. Es a éste a quien se deben las reformas mencionadas del XV. El castillo desempeña su último papel durante la guerra de la independencia de Portugal, siendo tomado por los portugueses en 1640.

Imagen cenital del castillo de Alba de Aliste  tomada por Rafael Moreno

Para esta entrada he consultado además de la cartela informativa la siguiente documentación:

Clemente Ramos, J. y De la Montaña Conchiña, J.L., Las Órdenes Militares en el marco de la expansión cristiana de los siglos XII-XIII en Castilla y León, en Researchgate.net.
Estepa Díez, Carlos, Los territorios del rey. Castilla, siglos XII-XIII. Marcial Pons, Madrid 2021.
Gómez-Moreno, Manuel, Catálogo Monumental de España. Provincia de Zamora, 1903-1905.
Lista Roja de Patrimonio. Hispania Nostra, Castillo de Alba de Aliste.
Pinilla González, Jaime, Castillos de Zamora y Salamanca Lancia, 1995

Tronera de cazoleta desde el interior del revellín

Tres fases constructivas. En el centro el núcleo de hormigón y pedrezuelas
que cita Gómez Ortega como el más antiguo de la fortaleza

Lienzo suroeste recrecido y torre que defiende la entrada

Lienzo Oeste. Al fondo torre del homenaje

Baluarte del lienzo este parcialmente tapado por la vegetación

Vista del lienzo este del castillo desde el pueblo

Interior de la torre sur convertido en palomar

Casa del pueblo con tronera y sillares del castillo reutilizados

Escudos de los Condes de Alba y Aliste. Iglesia de San Pedro Apóstol en
Garrovillas de Alconétar que formaba parte del Condado de Alba y Aliste

martes, 14 de diciembre de 2021

Salamanca: Torre del Clavero


A Salamanca, como a Roma, parece que llegan todos los caminos. Nosotros lo hicimos desde Alba de Tormes por la CL-510.  Hace tiempo traje a este blog la entrada de Doña María la Brava que transcurre en Salamanca; la historia la había leído en Viajes por España (1883) de Pedro Antonio de Alarcón, en aquella ocasión me pasó desapercibido los comentarios del viajero sobre la Torre del Clavero, el último relato del libro, en la misma ciudad y de la misma época. Posteriormente encontré una artículo sobre el clavero, de Clara Isabel López Benito, y a parte de estas menciones la que hace Cooper; el resto son referencias de pasada sobre las torres y casas fuertes en los núcleos urbanos, sobre todo en Segovia, Ávila y ésta de Salamanca, la que será la sexta parada en nuestro viaje visitando fortificaciones por la ribera del Tormes.

LA TORRE

Comenta Alarcón en su libro de viajes que a punto de abandonar Salamanca "todavía fuimos á contemplar, por consejo de nuestros amigos (...), la Torre denominada del Clavero (...) Dicha torre formaba parte de un extenso edificio; pero hoy ha quedado aislada y sola. como padrón conmemorativo de la Edad Media. Su figura es de los más elegante y gallardo que nos han legado aquellos tiempos. Cuadrada en su parte inferior, conviértese luego en octógona y resaltan de ella ocho garitas preciosísimas, que la hacen más voluminosa por arriba que por abajo. Los capacetes que cubren estas garitas descuellan sobre el cuerpo de la torre: dibujando en el cielo una especie de corona feudal que ennoblece aquel esbeltísimo monumento.
   Toda la fábrica es de granito, y mide 28 metros de elevación por seis y medio de altura. Edificóse en 1484, á expensas de D. Francisco de Sotomayor, Clavero de la orden de Alcántara, y hoy pertenece al señor Marqués de Santa Marta.- Recientemente han construído en lo alto de ella una especie de templete ú observatorio de pésimo gusto; y, pues me honro con la amistad de dicho señor Marqués, atrévome á suplicarle que mande derribar aquel detestable apéndice, por su asombrosas que sean las vistas que desde él se disfruten.- Los fueros del arte, mi querido D. Enrique, son superiores á los derechos del individuo." Al parecer, según la nota que acompaña al texto, el señor Marqués tuvo a bien disponer "que se remediase cuanto pudiera dañar á la histórica Torre".

Torre del Clavero desde la plaza Colón

Para Cooper la Torre del Clavero es una imitación de la torre del homenaje de Belalcázar (Córdoba), lo que él denomina el estilo Belalcázar, entre los que cabe incluir además de esta de Salamanca los castillos de Aguilar de la Frontera también en Córdoba; Puebla de Alcocer, Herreruela del Duque, Feria y Puebla del Maestre en Badajoz, y Caudilla en Toledo-. De la salmantina destaca la presencia de troneras en la torre a pesar de la debilidad de su estructura, elemento del que precisamente carece la de Belalcázar. Otras diferencia con la de Córdoba es su situación "al pie de un declive, reforzando la esquina de un palacio totalmente reformado, le priva del aspecto dominante del torreón cordobés", careciendo la salmantina de bóvedas. La semejanza entre ambas torres, añade, es "la forma octogonal de la parte superior, con las mismas ocho garitas, y el tipo de ventana-ranura de que está dotado". Por último señala que sólo ha encontrado una marca de cantero, una X aunque puede que al efectuarse una limpieza de las paredes del edificio para adaptarlo a museo hayan desaparecido otras. Según López Benito, el palacio era la residencia del clavero, aunque hoy sólo queda la torre, debía estar bien acondicionada. Ésta constaba de cinco plantas que estaban comunicadas por escalerillas de caracol vaciadas en los muros, una construcción -añade- en la que el maestro constructor intentó "unir la esencia militar con el arte arquitectónico y señorial".


Respecto a otras torres en Salamanca que tenía como rivales más cercanas la del Clavero, nos remite a la relación que hace Villar y Macías: y que creo que vale la pena transcribir completa "Torre tenía la del infortunado arcediano Diego Arias Maldonado, donde después sus descendientes alzaron la casa llamada de las Conchas, que también tuvo varios torreones; como los tenía la de Arias Corvelle, a San Boal; como en Santo Tomé la de Alonso Solís; y aún se descubren señales de los que hubo en la casa de los primeros señores de Montellano, en la calle de Zamora; como en la de San Pablo, esquina de la del Jesús, se ven restos del torreón de los señores de Guarros; y en la Plazuela de la Trinidad se alzaba no há mucho el de los Enriquez de Anaya, y en frente la gallarda torre del Clavero, de los Sotomayores, señores de los Baños; hasta Junio de 1833 aún descollaba erguido en lo más ancho de la calle de Herreros el torreón del palacio fundado por nuestro antiguo regidor Anton Nuñez de Cibdá-Rodrigo, señor de Terrados; un elevado arco, que daba paso á la calle, servía de puente para ponerle en comunicación con la casa; y hasta el último tercio del siglo pasado existían las cuatro torres, que daban nombre al palacio de los Castillos, señores de Santa María del Campo". Aunque de manera mucho más concisa, Cobos Guerra menciona las siguientes "torres del Clavero, del Aire, de Anaya y de San Benito".

Torre del Clavero desde la calle Consuelo

CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Primero deberíamos comentar qué era la figura del clavero y qué funciones desempeñaba, para ello acudimos a Corral Val quien primero divide en dos los integrantes de la orden de Alcántara: los caballeros y los clérigos. El Clavero formaba parte de los caballeros de la orden junto al Maestre, el Comendador Mayor, los comendadores, etc.: "era, originariamente, el que se hacía cargo de la custodia de las puertas del convento, pasando después a ser uno de los integrantes del grupo de los Ancianos de la Orden y guardián de las llaves del archivo central, amén de otras preeminencias que se le fueron añadiendo conforme pasaba el tiempo". Por tanto, el nombre de la torre nos recuerda López Benito, alude al oficio de su poseedor y posible constructor, D. Francisco de Sotomayor, que fue clavero de la Orden Militar de Alcántara.

Tronera bajo una ventana desde la parte alta de la calle Consuelo

López Benito hace una semblanza realista y poco atractiva del clavero Sotomayor aunque, su perfil no deja de ser el de "un caballero que, sobre todo, fue un prototipo de la época que le toco vivir". La función de éste era velar por los intereses de la orden, no obstante, el cargo le otorgaba una posición de poder privilegiada y dominante que en muchas ocasiones derivaba en abusos "para sacar beneficios que a menudo consigue con unas acciones tan irregulares que permiten identificarlo como un verdadero malhechor". A continuación aporta una relación de los abusos que el propio clavero admite en su testamento, cuando presiente acabar su vida, y las cantidades que otorga en compensación a sus atropellos: "3.000 mrs. a la mujer de Diego Ruiz, de Zalamea; 3.200 mrs. a una viuda que vivía con su hija; 20.000 mrs. a repartir entre los vecinos de Zalamea "que io mande robar"..."  En total la suma de las compensaciones ascendía a 169.200 maravedís para "reparar los numerosos robos y saqueos que cometió en tierras de la Orden de Alcántara". Sotomayor era, como hemos dicho, el caballero prototipo de su época; recordar por ejemplo, en la entrada de este blog del castillo de Villavellid (Valladolid) el mismo proceder de Juan Enríquez en su testamento; o los abusos por los que fue ejecutado el Alcalde Mayor de las Tierras de Alba en el castillo de Salvatierra (Salamanca). También se ha de tener en cuenta que en la Edad Media existía un terror especial a morir estando en pecado mortal por lo que estos caballeros intentaban lavar sus abusos con pingües donaciones a los afrentados. 

En torno a la figura de Sotomayor es interesante el relato que hace Cooper del conflicto que enfrentó al clavero Alonso de Monroy, pretendiente al maestrazgo de Alcántara sin contar con el apoyo real, con los sucesivos maestres de la orden en el que Sotomayor tuvo cierto protagonismo aprovechando las circunstancias para incrementar su patrimonio. Recordemos que Monroy era sobrino del maestre Gutierre de Sotomayor y fue nombrado clavero con tan solo 16 años. A la muerte del maestre todo hacía pensar que él iba a ser nombrado Maestre pero el elegido fue Gómez de Cáceres Solís, persona muy cercana al rey Enrique IV. Este nombramiento dividirá a la orden, contando cada pretendiente con apoyos, provocó enfrentamientos tanto en lucha personal como en los bandos que se formaron en las guerras civiles entre Enrique IV y el infante Alfonso; y la posterior entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, cado uno apoyando un bando. En uno de estos episodios  se encontraba preso Alonso de Monroy en el castillo de Magacela donde era alcaide Gómez Solís, éste a su vez había nombrado clavero a Mosén Soto, padre de Sotomayor. Al ausentarse Solís para ir de campaña, Soto queda como alcaide de la fortaleza y se permite negociar personalmente la libertad de Monroy, éste se aviene a entregarle el castillo de Mayorga con su encomienda lo que incrementará el poder de Soto y por consiguiente el de su hijo. Una vez libre Monroy prosigue su lucha contra el sucesor de Gómez Solís -éste había muerto en campaña-, Juan de Zúñiga para quien al parecer siempre había estado reservado el maestrazgo. El conflicto concluirá cuando los Reyes Católicos asuman el control de la orden en 1494. Por su parte, Francisco de Sotomayor participará de forma muy activa en las luchas del reino, de la ciudad y personales, formando y encabezando los bandos que se formaron en su ciudad llegándose a enfrentar al poder real, incluso los Reyes Católicos ordenan despojarle de las fortalezas de Mayorga y Magacela, desde donde Sotomayor desplegaba su poder. Al final de su vida Sotomayor, como hemos visto en su testamento, toma un giro acorde con los tiempos que le tocó vivir, apaciguando su impetuosa personalidad como destaca López Benito: según su testamento de 1508 su personalidad había evolucionado de forma clara "había dejado de ser el caballero infatigable y el malhechor ocasional (...) que empezaba a convertirse en un hombre más apaciguado y sereno"; y señala algunos aspectos importante para este cambio con el advenimiento de la Edad Moderna: el fin de la reconquista con la toma de Granada hace innecesarias las órdenes militares; la anexión de la Orden de Alcántara a la Corona en 1494, "hacen imposible seguir con las actuaciones "a su aire" que habían venido protagonizando los componentes de aquella Orden"; y por último la pacificación de las luchas internas de la nobleza salmantina; en "consecuencia, el Clavero había perdido sus principales motivos de inquietud, y veía desaparecido el soporte de la función que había marcado el rumbo de buena parte de su vida: la lucha". A su muerte hacia 1508, fecha de su último testamento, le sucede su hijo Juan Gómez de Sotomayor. quien asume las nuevas perspectivas de su tiempo "una nueva corriente que afectaba a toda Castilla: la emigración a Las Indias".
 
Puente romano sobre el Tormes sin caudal

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

 Alarcón, Pedro Antonio de, Viajes por España, Madrid 1883, en bibliotecavirtualdeandalucia,.es
Cooper, Edward, Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y León, Junta de Castilla y León, 1991
Corral Val, Luis, Organización y vida religiosa en la orden de Alcántara desde sus orígenes hasta su incorporación a la Corona, Universidad Complutense, Madrid
López Benito, Clara Isabel, Don Francisco de Sotomayor, -Clavero de Alcántara- Un prototipo de caballero en la temprana Edad Moderna. Studia Historica, 1991
Novoa Portela, Feliciano, Alonso de Monroy, en Real Academia de la Historia, dbe.rah-es/biografías
Villar y Macias, M., Historia de Salamanca. Tomo II, Salamanca, 1887, en bibliotecadigital-jcyl.es