El castro de La Mesa de Miranda se encuentra en la localidad de Chamartín (Ávila). La población se asienta junto a la carretera AV-110 que coincide con la Cañada Real Soriana Occidental. Al llegar a la población desde Ávila, encontramos a nuestra derecha un magnífico ejemplar de verraco, escultura que representa un toro que se asocia a la cultura de los vettones, pobladores el castro. Para llegar a éste lo hicimos a pie, cruzando el caserío dirección norte por un camino rural bien señalizado que, tras un agradable paseo de unos 2,5 km, nos deja en la entrada del yacimiento.
Iniciamos nuestro recorrido siguiendo las explicaciones que nos ofrecen las cartelas informativas que el visitante encuentra en el yacimiento, aunque ha de tener en cuenta que la cronología que va a encontrar es decreciente, o sea, que comienza por la parte más moderna del castro, el tercer recinto y según avanza hacia el norte, el segundo recinto y el primer recinto, que es el más antiguo. Mención aparte se hace de la necrópolis La Osera.
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| Verraco vettón en la plaza de Chamartín |
La Mesa de Miranda, "oppidum vettón, o de la cultura de los verracos, posee un área total de 32.6 ha. Se compone de dos elementos arqueológicos: la zona de habitación (Castillo Bajero y Castillo Cimero) constituido por tres recintos complementarios, y la Necrópolis de la Osera, en la que se han exhumado más de 2200 tumbas, ocupando parte del tercer recinto y la zona exterior al castro.
El yacimiento fue descubierto en 1930 excavándose parcialmente entre 1932 y 1944. En los últimos años se han ido restaurando diferentes tramos de la muralla. Fue habitado entre los siglos V-IV y II-I a.C. por los vettones, pueblo céltico de la Meseta.
Tras esta breve introducción, encontramos una cartela que nos propone un recorrido que puede prolongarse hasta 1 hora de duración. En ella se hace una pormenorizada explicación de cada una de las áreas que se visitan.
Ubicado en una meseta en la confluencia de dos arroyos, se compone de tres recintos amurallados, ocupando una superficie total de 29 ha. A ello se une la necrópolis, emplazada al sur del castro ocupando, también, parte del tercer recinto. La Mesa de Miranda compone, con los vecinos castros de Las Cogotas (Cardeñosa) y Ulaca (Solosancho), todos ellos en un radio de unos 25 km., una serie de núcleos de habitación vettones de considerable entidad que participaron activamente de los acontecimientos militares y políticos que terminaron en la conquista de la zona central de la península Ibérica por los romanos entre el 136 y 133 a.C.
En esta relación de castros no se cita Los Castillejos, en Sanchorreja, más antiguo que los mencionados, a tan solo 7 km al sureste de Chamartín que fue referencia para datar las murallas y la antigüedad de las esculturas zoomorfas precisamente por la ausencia de éstas. Siguiendo la lectura de la cartela, nos informa de los habitantes del castro:
Los vettones fueron el pueblo prerromano que habitó estas tierras en la segunda Edad del Hierro. Su territorio fue el de las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cácares y parte de Toledo. La forma de hábitat fueron los hoy denominados "castros", asentamientos de considerable extensión que constituían ciudades-estado independientes entre sí. Varias de estas ciudades-estado unidas por lengua, costumbres, pasado común y proximidad, les conferían un carácter propio como pueblo.
La elección del emplazamiento de este castro, calculada para utilizar sus condiciones naturales como defensa, además del reforzamiento con varios recintos amurallados, evidencia el ambiente de inestabilidad en el que se vieron envueltos estos lugares en los últimos siglos del primer milenio a.C.
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| Plano del castro de una de las cartelas informativas |
Álvarez-Sanchís hace la siguiente cronología de la ocupación de la Mesa de Miranda:
Bronce Final/Hierro I. (Inicios del primer milenio). Sustrato indígena. No hay evidencia de muralla.
Hierro Pleno I. (Sg. VIII / VI-V a.C.). Primer recinto con campos de piedras hincadas en el sureste y suroeste junto a las puertas de acceso y foso que defiende la muralla.
Hierro Pleno II. (Sg. VI-V / III-I a.C.). Segundo recinto con campo de piedras hincadas al suroeste.
Hierro Final. (III-I a.C. a I). Tercer recinto incompleto que invade la necrópolis.
LAS MURALLAS
En este punto cabe recordar que Álvarez-Sanchís asegura que al margen de los mencionados conflictos que generaron gran inestabilidad, la fortificación del asentamiento hay que buscarlo en un proceso anterior de cambio de sustrato: "se advierte en las murallas, obras de flanqueo, foso y otros mecanismos defensivos elementos evolucionados a partir de las tradiciones indígenas del bronce final", que vino propiciado por la necesidad de permanencia del grupo en el espacio ocupado "independientemente del grado de conflictividad de la época".
El castro estuvo rodeado de potentes murallas, sobre todo en los dos primeros recintos. En el tercero buena parte de su trazado parece únicamente esbozado, sin haberse llegado a consumar. En las murallas de los dos primeros recintos se utilizó piedra más pequeña que en la del tercero; en éste las piedras tienen grandes dimensiones. Construcciones de tal envergadura implicaron un trabajo muy costoso que habla del alto grado de organización imperante en todos los castros.
En lo que respecta a la construcción de la muralla, Manglano destaca que tanto conceptual como técnicamente, presenta cierto retraso respecto a otros pueblos contemporáneos occidentales. La muralla se construye sin atender una prevía cimentación, mediante dos paramentos de mampostería en seco o trabados en seco cuyo espacio de separación se rellenaba con piedras dispuestas en horizontal enlazadas unas con otras. Para evitar derrumbes en ocasiones se construían refuerzos "e incluso un tercer paramento como se aprecia en los castros de La Mesa de Miranda", Yeltes la Vieja y Bermellar, estos últimos en Salamanca. Su anchura oscilaba entre los 4 y los 8 metros en su base, y su altura, difícil de cálcular, podía llegar a los 6 metros y estar reforzada su altura con tapial, enramado o empalizadas. Álvarez-Sanchís añade que los refuerzos de la muralla, cuerpos salientes, bastiones o refuerzos de planta curva, visibles en Las Cogotas, Las Merchanas y Yeltes la Vieja son inexistentes en Los Castillejos de Sanchorreja.
A partir de aquí el visitante se va a encontrar con un recorrido inverso en el tiempo, primero la construcción más moderna, el tercer recinto y terminará en el primer recinto. En lo que respecta a la Necrópolis de la Osera no necesariamente ha de vincularse a uno de estos recintos, siendo anterior al tercero que la invade.
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| Túmulo funerario en el interior del tercer recinto |
TERCER RECINTO
De los tres recintos amurallados, el terecero es el más reciente, correspondiendo su construcción a la última fase de ocupación del poblado.
Tiene una superficie de 10,4 has. y complementa la protección del segundo recinto hacia el este. La orografía del terreno, favorable para la defensa natural en algunos puntos, posibilitó que no fuera necesario el cierre por el norte de este sector.
Defendiendo la entrada del tercer recinto se construye el llamado Cuerpo de Guardia como definió J. Cabré, un lienzo rectilíneo exento. Su estructura la compone un zócalo de piedras ciclópeas de diferente factura, alguna de ellas labradas. Su interior se rellena con piedras de menor envergadura. Su función era defender la entrada del tercer recinto de un ataque frontal a la puerta de acceso.
En este recinto encontramos una de las señas de identidad de los vettones: los verracos: "Las esculturas zoomorfas representando toros y cerdosfueron un rasgo original y distintivo del pueblo vettón. Talladas en granito, con diferentes tamaños y tipologías, se creaban para situarlas dentro de los recintos más externos de los castros, en los accesos e, incluso, en zonas donde no había castros pero eran lugares con pastos importantes o caminos ya utilizados en aquella época. Representaban dos de los animales decisivos en su economía (el ganado vacuno y el porcino) y, posiblemente, constituían simbolos asociados a sus creencias, utilizables en diversos contextos aunque siempre con la misma función protectora."
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| Verraco en el interior del tercer recinto muy cerca a la entrada del segundo recinto. Muy desvastado, aún se observan los huecos de los ojos |
SEGUNDO RECINTO
Adentrándonos dirección norte nos introducimos en el segundo recinto, el de menor tamaño, así como el tamaño de las piedras usadas en su construcción: "Este recinto junto al primero parecen ser los más antiguos del poblado. Cuenta con una extensión de 7.1 has.
El cometido de este recinto es desconocido a falta de investigaciones. En casos similares se han hallado indicios que hablan de su uso habitacional y también relativo a actividades de producción. No se descarta que en caso de asedios fueran lugares para la reclusión del ganados, como fueron interpretados por J. Cabré."
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| Segundo recinto y muralla del primer recinto y campo de piedras hincadas |
Sobre este recinto Fabián García comenta la posibilidad de que se adosara en época previa a la conquista romana, a finales del siglo III, como respuesta a la campaña que cartagineses, al mando de Aníbal, atacan Helmántica (Salmanca) en 220 a.C. Destaca que este recinto "aparece como una explanada", por lo que quizá su construcción tuviese como fin completar la defensa del primer recinto. La posibilidad de uso habitacional y espacio para actividades de producción hace referencia la castro de Las Cogotas en cuyo segundo recinto se ubicaba el alfar.
SISTEMAS DEFENSIVOS
Aquí se encuentran los sistemas que defendían el poblado en su origen, la muralla del Primer Recinto, el antemuro que precedía al foso y el campo de piedras hincadas: "El flanco sur del primer recinto era el más expuesto al no contar con abruptas defensas naturales. Por ello fue dotado de mayor número de elementos defensivos, todos ellos complementarios. A la propia muralla sur se le adosaba una ante muralla, a la que seguía inmediatamente un foso (actualmente colmatado por los derrumbes de la muralla en buena parte de su profundidad, aunque apreciable por el desnivel del terreno. Donde el foso terminaba, comenzaba el camnpo de piedras hincadas. Todo ello servia para obstaculizar al máximo el ataque con caballos, guerreros a pie y máquinas de guerra."
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| Armas y herramientas de hierro encontradas en la tumba 228 de la necrópolis. Museo Provincial de Ávila |
En lo que respecta al foso, destacar el comentario del profesor Manglano que señala que la construcción del foso para reforzar la defensa de la muralla es algo excepcional "y que se da en muy pocos casos, por ejemplo en el castro de La Mesa de Miranda" toda vez que la situación del castro aprovechaba los escarpes que los ríos que hacían esta labor defensiva. El foso tenía entre 4 y 5 metros de profundidad y en la actualidad se encuentra colmatado por los derrumbes de la muralla del primer recinto. En el caso dee las defensas naturales indicar que La Mesa de Miranda, con una cota de 1116 m. de altitud, desciende al llano, donde están las Casas de Miranda, hsta los 1010 m., un desnivel uno 100 m. en una distancia de 215 m.
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| A la izquierda la muralla del poblado, sigue el ante muro y el foso, hoy colmatado y ocupado por la vegetación |
"Los 'campos de piedras hincadas' eran una forma defensiva de los castros vettones. Se trataba de concentraciones de piedras con forma normalmente puntiaguda, sólidamente clavadas en el suelo, muy juntas y sobresaliendo de la superficie entre 0,5 y 1 m. Su misión era obstaculizar el avance de la caballería y la infantería enemiga. Estaban situados en nlas zonas cercanas a las puertas y a las murallas principales con objeto de ser un obstáculo más para los atacantes."
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| Campo de piedras hincadas. Al fondo vemos la muralla del Primer Recinto, partre del antemuro y, con vegetación alta, el foso hoy colmatado |
Álvarez-Sanchis comenta que la tradicional adscripción de las murallas y otros sistemas defensivos a orígenes célticos o centroeuropeos ya han sido matizados, no así la procedencia transpirenaica de los campos de piedras hincadas, técnica defensiva que se difunde en la mitad norte peninsular no así en la zona no indeoeropea.
PRIMER RECINTO
PRIMER RECINTO
"Se considera el más antiguo de los recintos, por el que se iniciaría la ocupación de este emplazamiento. Tiene una superficie de 11,5 has.
Todos sus contornos, excepto el sur, están protegidos naturalmente por abruptos cortados. Aún con ello se dotó a los mismos de muralla y, el meridional, de foso y campo de piedras hincadas.
En su interior se localizaba el grueso de las viviendas del castro."
PUERTAS DE ACCESO
"Las puerta de entrda a los recintos forticicados estaban concebidas para obstaculizar el avance enemigo desde el exterior. A menudo flanqueadas por torres semicirculares o circulares, planteaban la entrada en forma de pasillo estrecho con el fin de concentrar más defensores en ciertos puntos de la muralla con los que hacer frente a los invasores."
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| Puerta sureste de acceso al primer recinto que fue cegada |
La puerta de acceso al primer recinto estaba situada en el extremo occidental de la muralla según se describe en la cartela anterior. En el lienzo sur hubo una segunda puerta que se cegó durante un momento incierto: "El primer recinto tenía dos puertas simétricas en el flanco sur con estructura diferente. Las puerta sureste fue cegada en algún momento de la historia del castro, posiblemente para evitar tener que defenderla."
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| Extremo noroeste del castro donde se abría la tercera puerta de acceso |
El lado más septentrional del castro desde donde se accede al llano, al inicio de La Moraña, hubo una tercera puerta situada en el lado noroeste, de la que no tenemos más información. Aquí debió existir un muro bajo pues lo abrupto del terreno ejercía de defensa natural tal como se comenta una de las cartelas: "La elección del emplazamiento del castro se hizo en función de las necesidades propias del momento. La muralla de los dos primeros recintos fue concebida a partir de la topografía favorable. Allí donde las condiciones naturales no eran tan fravorables, la envergadura del muro era mayor. Sin embargo donde la pendiente era muy elevada, el amurallamiento fue más discreto, detalle que puede apreciarse en todo el flanco oeste del primer recinto" donde prácticamente no se precia.
ECONOMÍAS COMPLEMENTARIAS
"Los habitantes de este castro participaban principalmente de dos economías complementarias: por una parte de la ganadería, utilizando el territorio serrano del sur, apto sobre todo para el pastoreo. Por otra, las tierras inmediatas hacia el norte, más bajas y más llanas, adscritas a los paisajes habituales del norte del Duero, posibilitaron un aprovechamiento basado en la agricultura. Sobre todo la agricultura y la ganadería pero también la producción de manufacturas (alfarería, herramientas de hierro... ) fueron las principales dedicaciones de los habitantes de La Mesa de Miranda."
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| Piedra para machacar minerales. Museo Provincial de Ávila |
NECRÓPOLIS DE LA OSERA
"Las fuentes antiguas dejaron constancia de las costumbres funerarias en los pueblos del interior de la peníncula Ibérica. Los mejor considerados eran los muertos en combate, cuyo cuerpo se exponía a los buitres para que su alma fuera directamente al cielo. Los restantes eran incinerados en una pira y sus cenizas guardadas en una urna de barro que era enterrada en el suelo. Las investigaciones arqueológicas en la necrópolis de este castro, conocida como La Osera, han corroborado este ritual. J. Cabré excavó 2.230 enterramientos, cuyos ajuares muestran la estratificación social existente en el castro."
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| Túmulos de enterramiento y una piedra hincada que dividía los clanes |
"La necrópolis estaba dividida en seis zonas diferenciadas entre sí. Probablemente cada una de ellas correspondía a las diferentes familias o clanes en los que se dividía la población del castro. Esos clanes agrupaban a un importante número de personas en torno a un antepasado común que se consideraba mítico. Cada zona estaba presidida por una piedra hincada resaltando suficientemente sobre las estelas que marcaban cada tumba. La disposición conjunta de todas estas piedras que preesidían cada una de las seis zonas, tenía un significado astral como han demostrado algunos estudios recientes. De esta forma relacionaban el mundo de los muertos con su destino final en el más allá."
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| Urna a torno estampillada. Museo Provincial de Ávila |
DESPOBLAMIENTO DE LA MESA DE MIRANDA
El momento de abandono del castro es incierto. Al respecto Fabián García propone tres fechas posibles. La más temprana sobreviene al término de las Guerras Celtibérico-Lusitanas (155-133 a.C.), hay que recordar que los vettones eran tradicionalmente aliados de los lusitanos- En este momento Roma lleva sus tropas hasta la otra orilla del Duero tras la caída de Numancia; tesis que se apoya en parte a que el foso que defiende el primer recinto se haya colmatado por el derrumbe de la muralla -según excavaciones de 2004-, lo que indica que tuvo la posibilidad de que fuese derribada en ese u otro momento.
La segunda posibilidad es que el castro hubiese permanecido habitado hasta el fin de las Guerras Sertorianas (82 a 72 a.C.) que enfrentaron en la península a los seguidores de Sila y Mario. Sertorio, partidario de Mario, consiguió aglutinar bajo su mando a romanos y lusitanos entre los que se incluiría a los vettones. La derrota de Sertorio supondría un agravante más en la historia de la Mesa de Miranda.
La tercera y última fecha del despoblamiento del castro sería a partir de la Guerra Civil que enfrentó a César y Pompeyo en la península (49 a 44 a.C.). Será a partir de ese momento, como muy tarde, cuando los castros como la Mesa de Miranda se abandonan en favor de pequeños asentamientos en la llanura, junto a los ríos sin necesidad de defensas naturales ni murallas, con el comienzo de la romanización de los vettones.
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| Espada de antenas con nielado de plata y fíbula con botón cuadrado Museo Provincial de Ávila |
Para esta entrada he consultado, además de las cartelas informativas del castro, la siguiente documentación:
Álvarez Sanchis, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, Madrid, 2003
Fabián García, J. Francisco, Castro de la Mesa de Miranda, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2005
López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, C.S.I.C., Madrid, 1989.
Manglano Varcárcel, Gregorio Ramón, Los verracos vettones, UAM Ediciones, Madrid, 2018




















