lunes, 18 de agosto de 2014

Gutierre-Muñoz


Desde Orbita, tomando una carretera local que va paralela a la autovía, dirección Ávila, y a 2 kilómetros escasos está Gutierre-Muñoz. Al igual que Orbita y Espinosa de los Caballeros es una población que ha sufrido un fuerte proceso migratorio pasando de los 446 habitantes censados en 1910 a los escasos 79 del pasado 2013, aunque aún viven menos en invierno, y en el que prácticamente no hay niños; los que pude ver son los niños de las familias que veranean y dan al pueblo cierto ambiente de bullicio en estos meses de calor. Cuando llegué estaban preparando las fiestas, se oía música, las calles y algunas casas estaban engalanadas con pendones y banderines medievales muy vistosos.


Buscando el origen del pueblo encontré que Gutierre-Muñoz debe su nombre de un pueblo surgido a raíz de su posición en una cañada real, aunque no encontré más información. Fue reconquistada y repoblada entre los años 1085-1088, como los anteriores, por Alfonso VI bajo la dirección de Raimundo de Borgoña, “se repobló por el del mismo nombre documentado como “villicus in Castella” en 1097”. Lo más destacado de su historia es que aquí muere en 1214 Alfonso VIII el rey de Castilla vencedor de Las Navas de Tolosa (1212) cuando se dirigía a Plasencia, la última ciudad de sus dominios, a causa de unas fiebres. En esta época debió existir un palacio hoy desaparecido.


Según las notas de Manuel Gómez-Moreno, la iglesia parroquial es “toda de principios del siglo XVI; su crucero, sus brazos y capilla mayor, con arcos apuntados y semicirculares, los más de ellos sin capiteles, y bóvedas de crucería; nace y colateral a la izquierda, comunicándose por un vasto arco escarzado, de poca altura. La nave principal tiene rica armadura morisca” a partir de aquí la descripción que hace del artesonado he de confesar que me es prácticamente ininteligible, aunque termina asegurando que la armadura “es una de las más bellas de esta región”.


La iglesia, como la de Espinosa de los Caballeros y la de Orbita está en el extremo este del pueblo, y como la primera, tiene adosado el cementerio al edificio. Un vecino me abrió la  iglesia y me dejó solo en la entrada. En el interior pude pasear con total libertad y en completa soledad, aunque sin guía, por lo que tuve que atenerme a mis anotaciones. El artesonado, la “armadura morisca” es, en efecto, una de las más bellas que he visto, aunque la nave de la derecha tenía un techo como el de cualquier casa de la zona. Me llamó la atención la amplitud del templo de dos naves, puesto que donde debía estar la tercera, se abren tres ventanas sobre una sala adosada que podía ser la sacristía. Estas ventanas abiertas al mediodía, inundan de luz el templo y le dan una sensación de desahogo y espacio.


Sobre las iglesias de dos naves José Luis Gutiérrez Robledo comenta que “son templos llenos de interrogantes que deben ponerse en relación con otros similares en la Moraña y provincias limítrofes en los que no queda nunca claro cómo era el proyecto inicial. La planta y las imágenes de lo conservado parecen indicar que la parroquia de Gutierre-Muñoz fue un templo mudéjar de una única nave, reformada en el siglo XVI pensando en levantar un edificio de 3 naves al que se le incorporó el ábside semicircular, el cuerpo de la torre y el espacio de la anterior nave”; en este caso los vecinos me comentaron que la planta de la iglesia estaba diseñada por Juan de Herrera, aunque éste no llegó a concluirlas las obras.


Sobre la decoración del interior de la iglesia, ésta tiene varios retablos, y siguiendo a Gómez-Moreno, el principal es “de mediados del siglo XVII, con pinturas y esculturas de poco valor. Lienzo con entierro de Cristo, poco menor del natural, que recuerda a Miguel Coxie, y será copia, pues otra igual hay en el museo de Valladolid”, lienzo que me fue imposible encontrar, y una cerámica en el “frontal de azulejos de Talavera, con la figura de S. Juan en medio, en su capilla que data de 1645; semejante a los de Sanchidrián y Martín Muñoz de las Posadas”, dos pueblos cercanos.


Permanecí allí casi una hora contemplando a mis anchas los retablos, la crucería y el maravilloso artesonado morisco. A la salida había un cartel que pide la voluntad para el mantenimiento del templo, y ya en la calle un grupo de adolescentes ensayaba los bailes para las fiestas. Llegué hasta la calle del Palacio, donde hay un local social, lugar de reunión de los vecinos. Allí mantuve una entretenida charla sobre la autoría de los planos de la iglesia de Juan de Herrera y el lugar donde se encontraba el palacio y si existían algunas ruinas. Me indicaron que el palacio estuvo justo detrás del local, donde en la actualidad hay un edifico moderno, por lo que no existen ni ruinas ni vestigios visibles. Después la conversación derivo en la difícil situación demográfica y el envejecimiento de la población que hace prácticamente irrecuperable el pueblo y me mostraron alguna de las casas modernas que me parecieron de buen gusto y edificadas bastante acorde con el conjunto.

Como comentaba al principio, en el pueblo murió Alfonso VIII ; éste y su época son los protagonistas de las fiestas, el pueblo se engalana de época medieval y se hace una representación teatral de la vida del monarca. Me invitaron, antes de machar, a recorrer el pueblo y ver sus galas, lo que hice con sumo gusto para poner fin a esta excursión por tres pequeñas poblaciones que, si nada lo remedia, tienden a desaparecer y que cuentan con un riquísimo patrimonio cultural, histórico y humano: Espinosa de los Caballeros, Orbita y Gutierre-Muñoz.

Estatua del rey Alfonso VIII en Soria
Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Historia de Ávila, Tomo II, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Los artículos de Ángel Barrios García, Conquista y población, Ávila, 2000; y Tomo V, Gutiérrez Robledo, José Luis, Arquitectura Románica y Mudéjar. Ávila, 2013.
Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institutción Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.

Unos meses después de mi visita se colocó esta placa conmemorativa
del octavo centenario de la muerte del rey Alfonso VIII

viernes, 8 de agosto de 2014

Orbita


Siguiendo el recorrido que inicié en Espinosa de los Caballeros, a 2 kilómetros dirección Ávila, está Orbita, otra pequeña población dedicada a la agricultura y que como aquélla también cuenta con una iglesia excepcional. El pueblo aparece en el Poblamiento de 1250 como Orvita, su origen está en la repoblación que llevó a cabo Raimundo de Borgoña por orden de Alfonso VI, como vimos en la entrada anterior de Espinosa, aunque a diferencia de ésta que fue repoblada por colonos castellanos, en Orvita fueron riojanos o vasconavarros los pobladores. 

Fachada norte

La iglesia, de estilo mudéjar, está situada en la parte más oriental del pueblo, y siguiendo a Gutiérrez Robledo, "tenía en su cabecera un ejemplar magnífico y único de este modelo de arquería. Tenía, porque a principios de la década de 1980 toda la cabecera se vino al suelo aunque ha sido reconstruida de un modo mimético y así podemos recuperar la imagen de lo que fue su cabecera altísima”. Y quizá sea ésta la parte más interesante de nuestra historia.

Puerta ojival de la fachada norte de tres arcos de ladrillo decorada con dos
bandas superiores de esquinillas y una central a sardinel. Las columnas
interiores donde descansa el arco interior son de ladrillo redondeado

Dejé el coche junto a una fuente de piedra de cuatro caños y desde allí a cincuenta metros se ve la cabecera nueva de la iglesia. Hice las primeras fotografía y pregunté por quién podía abrir la iglesia y pronto dos personas me acompañaron y guiaron en la visita, aunque antes había tomado notas de la descripción que mi paisano Manuel Gómez-Moreno había hecho de la iglesia parroquial en 1900, 86 años antes del derrumbe: “Otra de las románico-mudéjares de la Moraña, y bien notable: por fuera, su ábside y presbiterio suben a gran elevación, aún más que en Barromán, no obstante habérsele derribado el último cuerpo: hoy sirve de campanario; antes dicen que fue fortaleza y así sería para en casos de apuro. A sus pies se prolonga la nave del templo, en parte rehecha, pero a lo largo del costado meridional arrímasele un pórtico, imitación interesante de los románicos de Segovia, si no de los asturianos y leoneses más antiguos”.

Ábside reconstruido

Respecto al ábside anota: “Ábside y presbiterio se adornan en su parte baja con esbeltas arquerías, como de costumbre; luego sube liso el muro por gran trecho, y en lo alto le taladran muchas ventanas, de arcos asimismo redondos y dobles, no sólo hacia el exterior, sino además en el lienzo que cae sobre la nave; encima quedan arranques de otra serie de arcos. Es de notar que el aparejo de cal y canto, ordinario en estos edificios, sufre excepción en el ábside, labrado todo con ladrillos alternativamente puestos en hiladas, ya tendidos ya de pie, mostrando sus cantos menores”.

Marca de cantero en uno de los arcos del presbiterio

Recuerdan Secundino y Eva, mis guías, que toda esta maravillosa obra se vino abajo la mañana del 16 de febrero de 1986, con un estruendo que sacudió todo el pueblo. Aquella mañana llovía con fuerza por lo que no había casi vecinos en la calle, y era de prever que la catástrofe ocurriese toda vez que el Obispado estaba advertido de que la torre amenazaba con derrumbarse. Se envió un arquitecto, según me cuentan, y se concluiría que la iglesia estaría en pie muchos años, más que el cura de la parroquia, que por cierto aún vive. Con el derrumbe también se pierden el altar mayor, el retablo de la Vera-Cruz y la sacristía, y sufren graves daños la nave principal y los dos retablos laterales. Para recuperar lo máximo posible de su patrimonio, se crea una organización con el objeto principal de restaurar los daños que ha sufrido el templo, una labor con “un proceso que dura más de 8 años”, según los paneles informativos instalados al efecto. Durante la restauración se apuntala el arco central, y una de las dovelas que son repuestas es obra de mi amigo y vecino de Mingorría, Germán de la Iglesia, por lo que tengo interés en verla, y descubro a la vez varias originales que conservan la marca de cantero.

Decoración de las columnas adosadas del arco

Según Gómez-Moreno, a la izquierda del presbiterio, hay “un arco de piedra o de yeso, con adornos de la decadencia gótica, y debajo laude de pizarra con escudo y una inscripción: “Aquí están sepultados el muy noble caballero Antonio de Reinoso, hijo del muy magnífico señor Juan Ruiz de Reinoso, señor de la villa de Antillo, é doña Isabel de la Caveza su mujer – IVDXXXI”. Por desgracia, desorientados mis guías y yo comentando los efectos que tuvo en el pórtico el derrumbe, no supimos encontrar la inscripción, aunque sí nos entretuvimos con la historia del órgano de la iglesia.

Arco reconstruido que da acceso al ábside desde el presbiterio

Según Secundino, casi un tercio de los pies de la nave debió caerse en los años de 1700 y debió ser cuando se restauró o actuó sobre ella, la zona “en parte rehecha” que alude Gómez-Moreno, donde se instala el órgano. Tras largos años en desuso y deteriorado se decide su restauración para lo que se contrató a un fraile de Santander que, a falta de otros medios, al parecer la reparación corrió a cargo del pueblo, el fraile fue huésped del propio Secundino. Una vez restaurado hubo un concierto en el que el señor cura cantó con tal fuerza que en ocasiones no dejaba oír la angelical armonía del instrumento restaurado.

Órgano

Todo esto lo comentábamos mientras Secundino, me mostraba con total devoción, sin saber yo de dónde la trajo, una reliquia de San Esteban, a quien está dedicada la iglesia. Hice fotografías de nuevo del exterior y ya cerrando la iglesia nos despedimos en el pórtico que José Luis Gutiérrez Robledo nos describe: "Además, como ya se ha dicho, tiene esta iglesia el único ejemplar de pórtico meridional de ladrillo de la provincia. Sólo se conserva de él el tramo cercano a la cabecera con un gran arco en su frente cubierto de esquinillas, recuadros en el manchón de esquina y tres arcos de medio punto más esbeltos y en recuadros hundidos en su frente. Sirve para insistir una vez más en las diferencias entre el románico y el mudéjar, ya que aquí el material condicionará claramente la arquitectura, resultando un pórtico que define un espacio distinto al de los pórticos románicos".

Interior del pórtico meridional

Y como es mi costumbre, esta vez no pude consumir ni hacer gasto alguno en el pueblo, aunque Secundino y Eva insistieron amablemente a invitarme al desayuno, porque el bar estaba cerrado, y es que son tan pocos los habitantes del pueblo, unos 70, que sólo abren unas horas al día. Ellos volvieron a sus asuntos y yo seguí camino de Gutierre-Muñoz, mi próxima parada, 2 kilómetros más al sur.

Vista de la iglesia desde la vía de acceso a la autovía A-6

Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Historia de Ávila, Tomo II,  Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Los artículos de Ángel Barrios García, Conquista y población, Ávila, 2000; y Tomo V, Gutiérrez Robledo, José Luis, Arquitectura Románica y Mudéjar. Ávila, 2013.
Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institución Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.

Fuente de cuatro caños

lunes, 4 de agosto de 2014

Espinosa de los Caballeros


Hay unos pueblos que parecen enclaustrados o arrinconados de la provincia de Ávila, entre la autovía Madrid-La Coruña y la provincia de Segovia, que parecen dormir a la sombra de la fama de Arévalo, son Gutierre-Muñoz, Orbita y Espinosa de los Caballeros. Estos pueblos desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1960 mantuvieron una población en torno a los 400 habitantes y a partir de esa fecha sufrieron un declive demográfico dejándola entre los 120 y 70 habitantes y parecen haber perdido interés y caer en el olvido tras nueve siglos de historia, para caer casi en la despoblación. 

Nuestra primera visita es a Espinosa de los Caballeros, el más cercano a Arévalo. El pueblo aparece citado en el Poblamiento de 1250 como Espinosa. Es reconquistada por Alfonso VI y repoblada por el conde Raimundo de Borgoña entre 1085 y 1088 por colonos castellanos. Las primera referencia, según la Guía del Románico, "es de 1174 en la que se establece la donación a la Orden de Jerusalén realizada por Alfonso VIII y que derivaría en la segunda parte de su nombre"; aunque otras fuentes citan que la donación que hizo Alfonso VIII fue en agradecimiento a las fuerzas que Espinosa aportó para participar en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), otorgándole el título “de los Caballeros”.

Torre campanario


Tenía en mi cuaderno algunas notas sobre la iglesia y su esbelta torre. La iglesia de Espinosa tiene la singularidad de mezclar “lo mudéjar con una cabecera en sillería románica, con capiteles y canecillos románicos y con elementos góticos y tiene una torre esbelta y hermosa como pocas levantada con humildes y firmes cajones de mampostería y con bellos arcos en el campanario. El interior conoció luego una reforma barroca que alteró su imagen”, explica Gutiérrez Robledo.

Ábside de cantería y canecillos con diferentes representaciones (Siglo XII)

El edifico destaca por esta mezcla de románico y mudéjar, dos estilos que convivieron en la misma época y que algunos especialistas identifican al románico con un sustrato social de riqueza y opulencia del alto clero y aristocracia, y al mudéjar con el pueblo llano. Manuel Gómez-Moreno a principios de 1900 describe la iglesia: “Corresponde al estilo románico-morisco de tierra de Arévalo y es uno de los edificios que mejor sirve para fijar en el siglo XII su construcción. En efecto, su ábside y presbiterio son enteramente románicos, hecho de mampostería su parte baja, y de sillería de arenisca de muy blanda lo demás. Dos columnas refuerzan el ábside con capiteles de cuadrúpedos y aves, como en lo de Ávila; ventana de doble arquivolta achaflanada da luz al presbiterio, y el alero de canecillos con figuras encogidas, cigüeña, lobo, cabeza humana y hojas, como la de los capiteles más antiguos de San Vicente”; y añade a la descripción “a esto se adhiere, con muestras de coetáneo, una nave con su colateral a la izquierda, de obra de tapias de cal y canto y cintas de ladrillo, taladrada con largas saeteras, y una torre a sus pies, de la misma fábrica, con su puerta de arco apuntado, y en lo alto dos arcos de la misma forma, en cada lado, con sus arquivoltas dobles”.

Interior del ábside decorado con los tetramorfos.
Las vigas ancladas en el ábside sujetan el altar

Gracias a la sacristana conseguimos acceder al interior que, según notas en la obra de Gómez-Moreno, fue “renovado en el barroco. El presbiterio, restaurado en 1940, conserva la bóveda de cañón y arcos doblados en los muros de la primitiva obra mudéjar. Detrás del retablo barroco del siglo XVIII, se aprecian los restos de pinturas murales…” Estas pinturas murales, siguiendo la explicación que nos ofrece Cristina de Miguel, "siguen la órbita de las de Santa María de Arévalo y Santa María de Madrigal". A este espacio de detrás del retablo, se accede por una minúscula puerta, es una pequeña cámara formada por al semicírculo del ábside y el retablo, está apuntalado al muro; en la bóveda se encuentran las pinturas que representa a Cristo en majestad acompañado a cada lado por los tetramorfos, la representación de los evangelistas: un toro, un águila, un ángel y un león; y conserva la siguiente inscripción: Esta obra fizo Gº de Ribera, siendo Clygo mayor en esta Iglesia, año del Señor de Mil CCCCXXXVI.

Virgen de la Matilla

Ahora quedaba por ver una pequeña escultura de la Virgen sentada sosteniendo al Niño, una preciosa figura románica policromada del siglo XII o XIII según las fuentes. Esta figura, nos cuenta la sacristana, es “la Virgen de la Matilla. Estaba en una ermita en el prado Matilla; la ermita se derrumbó y hubo una disputa con Arévalo, quien se quedó con los terrenos y Espinosa se quedó con la imagen de la Virgen. Existe la tradición en el pueblo que todos los niños bautizados son ofrecidos a la Virgen”.

Aspillera o ventana que da luz a la escalera de la torre

Otra imagen de la Virgen, ésta de finales del siglo XV, también pequeña y policromada, le falta la mano izquierda; y junto al retablo una escultura de Cristo crucificado con caracteres estilísticos del siglo XIV. El retablo barroco, según la sacristana, “tiene cuatro cuadros, los dos de la izquierda con los patronos del pueblo, San Andrés, a quien está dedicada la iglesia, y Santa Bárbara; y a la derecha los místicos, San Juan de la Cruz y Santa Teresa”.

Arcos de ladrillo mudéjar de la torre

De allí subimos a la torre tras pasar junto al órgano de fuelle que está sin restaurar. Al campanario se sube por una escalera estrecha que tiene dos rellanos iluminados por sendas aspilleras. El campanario está formado por esbeltos arcos mudéjares de gran belleza; desde allí se divisa la llanura morañega: “Al norte Arévalo, y por ese camino, hacia el este, Martín Muñoz de las Posadas” dice la sacristana. “Nosotros no nos podemos quejar, cuando se hicieron las Edades del Hombre en Arévalo, hubo dudas de si restaurar esta iglesia o la de San Martín en Arévalo, y se restauró aquélla, pero ésta se arregló y se hicieron catas y prospecciones”. En una de las catas aparece, en un capitel del arco de la entrada, una Anunciación, y en otro, junto a la sacristía, una arpía.

Antigua puerta de acceso actualmente cegada

Para terminar pasamos a la base de la torre donde se encuentra la primitiva entrada “que fue anulada. En esta parte, donde la piedra está más oscura, es piedra de rajuela, de la zona. Los restauradores nos dijeron que era el moho de los siglos y del humo de las antorchas que utilizaban los caballeros templarios que visitaban la iglesia y venían a reunirse aquí, por lo que no descarte que un día encontremos aquí un tesoro y el Santo Grial” me dice con humor. Por último nos enseña los enterramientos que hay en el suelo de la iglesia, que a diferencia de los habituales de lápidas de piedra, aquí son de madera, en bastante mal estado que esperan una necesaria restauración.

Altar tras el que se encuentran las pinturas de los tetramorfos

Antes de abandonar la iglesia nos enseña con entusiasmo la sacristía donde hay una pequeña colección de casullas y la mantelería que se utiliza para los oficios. La sacristana, por otro lado, al preguntarle por su nombre se resiste a decírmelo porque, asegura, que aquello es obra de todo el pueblo y que si escribo estas líneas he de referirme a todos los habitantes, no sólo a ella. Y así termino esta visita a Espinosa de los Caballeros, población reconquistada y repoblada a finales del siglo XI y que en la actualidad lucha por recuperar población en el difícil medio rural agrícola y ganadero “tan mecanizado que ya no precisa mano de obra, pero que este año han nacido 12 niños”, comenta la sacristana que, como el resto de habitantes, se muestra orgullosa de su pueblo, de su historia y su patrimonio.


Para esta excursión he consultado los siguientes libros:

Ávila. Todo el Románico, Gutiérrez Robledo, J.L., Hernánbdez García de la Barrera, I., Moreno Blanco, R., Fundación Santa María la Real, Aguilar de Campoo, 2019.
Historia de Ávila, Tomo II y Tomo V. Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. En los artículos de Barrios García, Á.; Miguel Cabeza, C. de; Franco Marta, A. y Gutiérrez Robledo, J.L., Ávila, 2000 y 2013.
Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institución Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.


jueves, 24 de julio de 2014

El castillo de Castronuevo


Salí de Narros de Saldueña, por tierras de La Moraña abulense, dirección al castillo de Castronuevo, en Rivilla de Barajas. Decidí ir por Crespos, la ruta que tomé la primera vez que visité esta fortaleza. La parada en Crespos fue obligada para averiguar cuál era el camino que debía tomar: saliendo del pueblo, antes de llagar al puente, en una pendiente de tierra a la derecha sale a un camino que bordea una zona de pinos y encinar, con un firme en muy mal estado, nos lleva hasta el fortaleza. El primer y principal problema fue que el recinto está totalmente vallado, prohibiéndose el paso por peligro de derrumbe. Mi percepción fue muy similar a la de unos años antes, la de encontrarme ante un edificio bastante deteriorado, rodeado de un secarral de cardos y arbustos. El camino me dejó a unos cincuenta metros de la entrada principal; a mi espalda el campo arado en barbecho y un calor sofocante.


El castillo es propiedad de la Casa de Alba, aunque no hay vestigios ni escudos que lo atestigüen, tras su adquisición a Rodrigo de Vivero desde finales del siglo XV. Por su nombre parece indicar que anteriormente hubo un castro o fortaleza anterior en la transición del románico al gótico, que fue restaurada en el siglo XV.


El edificio se compone de dos recintos rectangulares construidos de argamasa de ladrillo, cal y canto. El exterior tiene aspecto militar y es austero, presenta numerosas troneras para el tiro de artillería y  tiene un sótano abovedado y foso. En el segundo recinto, el interior, se haya el núcleo central del conjunto con torres en las esquinas, garitas y un camino de ronda. Aloja un distinguido palacio renacentista del siglo XVI, del que sólo se construye una de las tres galerías diseñadas, que incluye varias salas, galerías de arcos y una gran escalera de dos tramos, aunque no pude visitarlo en esta ocasión. Destaca, sobre todo, la ausencia de la torre del homenaje, que según Cooper, está inacabada o bien fue desmochada.


Cobos y de Castro señalan a Gil de Vivero como impulsor de las primeras obras del castillo, consistentes en la edificación de un recinto interior que se remata con cubos angulares y garitas. Éste había heredado el lugar de su padre,el desdichado contador real Alfonso Pérez del Vivero que vimos en la historia del castillo de Fuensaldaña, que lo había recibido en donación de Juan II en 1437. Esta fase inicial debió quedar terminada antes de 1476 cuando ya se tienen las primeras noticias de la fortaleza, y en 1481 ya estaba totalmente concluida. Tras un litigio por cuestiones de herencia con su hermano Gil, Rodrigo de Vivero la vendió en 1489 a Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de Alba, quien inicia las obras del palacio interior.


De esta época es un suceso en el que estaba involucrado Gil del Vivero "dentro de las guerras de banderiza de la época" con caballeros de la cercana villa de Fontiveros. En 1468 la mujer de Pedro de Hontiveros, capitán de las tropas de los Zúñiga, había ofendido a la de Gil del Vivero. Pasando Hontiveros con su gente cerca de Castronuevo y sin hacer caso a los consejos de sus criados para que "se guardase de las asechanzas y llevase buen galope de caballos" le salió al paso del Vivero y antes de que los criados de aquél pudieran socorrerle, "atravesole con su lanza Juan Gutierrez (criado de Vivero)"

 Mayores problemas de datación tiene la barrera de artillería externa "cuya estructura está soportada por cuatro amplios corredores abovedados de ladrillo" que pudieron servir también de caballeriza, y que en la actualidad es un paseo sobrecogedor entre la penumbra. Los expertos sostienen que debió haber una cerca anterior de cal y canto, sustituida tras su hundimiento por la actual muralla defensiva exterior; ésta debió tener torres angulares ya desaparecidas.


Siguiendo el camino hacia la derecha hay, dentro del cercado, una balsa de agua como las que se utilizan para abrevadero de ganado. Siguiendo a la izquierda se llega al puente que cruza la autovía Ávila-Salamanca desde donde se tiene una buena vista de la fortaleza a ese lado frente a un campo de cereal listo para la cosecha. En esa dirección, a la derecha, a unos 500 metros de la fortaleza están las ruinas de una iglesia mudéjar sin más identificación camino del siguiente puente sobre la autovía que lleva hasta Rivilla de Barajas. Este es un camino más cómodo y mejor acondicionado que el de Crespos, donde retomé la autovía dirección Ávila mientras escuchaba por radio el final de de proclamación de Felipe VI, ceremonia que se inició como vimos durante la visita al castillo de Narros de Saldueña.


Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Castilla y León. Castillos y fortalezas, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa.
Castillos de Castilla y León, Gutiérrez, J.M., Ed. Edical
Los castillos y fortalezas de Castilla y León, Martín Jiménez, Carlos M., Ed. Ámbito.
Castillos Señoriales de la Corona de Castilla, Cooper, Edward.