domingo, 26 de marzo de 2023

Jardín del Príncipe de Anglona

 
El Jardín del Príncipe de Anglona es un pequeño jardín situado entre la plaza de la Paja y la calle Segovia de Madrid, es uno de esos espacios con encanto que prácticamente pasan desapercibidos a los paseantes al encontrarse cerrado por unos muros altos que no permiten distinguir su existencia. Toda la  información que he encontrado es la que nos proporciona Turismo de Madrid y la cartela del propio jardín, en el interior en una de sus esquinas, y que transcribo a continuación:

Entrada al Jardín

El Jardín del Príncipe de Anglona, es uno de los pocos ejemplos que ha llegado a nuestros días de las casas de los nobles de la Corte madrileña de finales del siglo XVIII.
El jardín se sitúa sobre un terraplén artificial salvando un fuerte desnivel entre la calle Segovia y la calle Príncipe Anglona, lo que le confiere características de "jardín colgante" sobre la calle Segovia.
Originalmente el Jardín del Príncipe Anglona, neoclásico con elementos de tradición española de jardín andaluz, posee una ordenación en perspectiva apoyada en la vegetación y el agua, elementos autónomos dentro del conjunto.

Fuente central donde se cruzan los dos caminos de ladrillo

Tiene una superficie aproximada de 500 m2 y una fuerte geometría en su trazado, sus dos caminos de ladrillos aparejados a sardinel y bordillo de granito se cruzan perpendicularmente dando lugar a cuatro cuadrantes potenciados por el dibujo de los setos inferiores de boj evocando el trazado de su primer diseñador: Chalmandrier.

Fuente central de granito y caminos de ladrillo colocados a sardinel

Una fuente de granito focaliza el especio, dos pérgolas tapizadas de rosales y un cenador se presentan como elementos singulares del mismo. Completan el recorrido los caminos laterales y una glorieta semicircular. Alrededor del muro de cerramiento una sucesión de pilastras unidas entre sí por celosías se cubren de plantas trepadoras recogiendo el jardín.

Cenador sobre  plataforma

Los árboles del jardín configuran un conjunto de gran colorido y frondosidad con acacias, un plátano, higueras y una masa de ailanthos generando una sombra espesa y recreando en su interior un jardín romántico. Los boj forman setos a lo largo de los caminos reforzando el trazado, los bérberis, madroños, hydrangea y syringa componen el nivel arbustivo y también tienen cabida los frutales, frecuentes en los jardines de la época, tales como granados, kakis y almendros.

Pérgola junto a una higuera, al fondo ailantos y granados

El jardín se creó, según la hoja de Turismo de Madrid, hacia 1750 y es uno de los pocos jardines nobiliarios del siglo XVIII que aún se conservan. El diseño que vemos hoy es obra de Javier de Winthuysen, pintor y afamado diseñador de jardines entre los que destacan los de la Moncloa, en Madrid, o el Palmeral de Elche. La última restauración del jardín fue en 2002, corresponde a la efectuada por la paisajista italiana Luisa Serradi, encargada también de la reforma del Jardín del Museo Cerralbo.

Fuente baja que debó ser la original desplazada junto a la pared de la calle Segovia

El jardín toma su nombre del edificio contiguo, y aunque, como hemos dicho,  reformado este siglo "aún conserva la estructura original que define todo el espacio", ha mantenido su trazado y el solado original de los caminos colocados a sardinel. Aquí difieren las medidas con las de la cartela, nos indica que posee 800 m2, cifra más cercana a la real que los 500 m2 de la cartela. Nos recuerda su trazado neoclásico y que está estructurado a partir de un parterre en crucero dibujado con setos de boj, así como que para su construcción hubo de levantarse un  terraplén artificial. La fuente de taza baja en mármol blanco sin pulir que ocupaba el centro, ha sido desplazada a la calle más al norte, junto al muro de la calle Segovia y sustituida por otra alta de piedra lustrosa.

Exterior del jardín donde se aprecia el desnivel desde la calle Segovia

EL PRINCIPE DE ANGLONA

Una mañana, paseando por la playa de La Barrosa en Chiclana, comencé a conocer la ajetreada vida del Príncipe de Anglona. En esa playa tuvo lugar la batalla de Chiclana o de La Barrosa el 5 de marzo de 1811, durante la Guerra de la Independencia en la que adquirió protagonismo el Príncipe de AnglonaPedro de Alcántara Téllez-Girón y Alonso-Pimentel, en la que fueron derrotadas las tropas napoleónicas del mariscal Victor

Valentín Carderera. Príncipe Anglona. Marqués de Jabalquinto
 (1843) Lápiz grafito, acuarela y toques de gouache sobre papel.
Museo del Romanticismo (Madrid)

El Príncipe de Anglona había nacido en 1786; era el segundo hijo varón del IX duque de Osuna, del mismo nombre, Pedro de Alcantara Téllez-Girón y de su mujer, la duquesa de Benavente, María Josefa Alonso Pimentel y Borja, quien mandó construir El Capricho en la Alameda de Osuna. Como segundogénito no tenía acceso a los títulos nobiliarios de primer orden, heredando de su madre el título de Príncipe de Anglona, -su madre había sido la primera en poseer ese título-. Su padre lo conduce hacia la carrera militar desde muy niño y por mediación de su tutor, el sacerdote y político liberal, Diego Clemencín, adquirió ideales liberales. Participó activamente en varios frente de la Guerra de la Independencia combatiendo en la batalla de Bailén a la orden del general Castaños. En el ámbito cultural destacar que fue director del Museo del Prado, de la Real Academia de San Fernando y miembro de la Real Academia de Historia. Murió en su palacio de la calle Segovia, el edificio contiguo a los jardines del lo separa una celosía.

Interior del jardín y muro de ladrillo y cajones de  tapial

Vegetación del Jardín; enredadera, mahonia y laurel

Ventanas del palacio de Anglona

Dibujo de ladrillo colocado a sardinel enmarcado con adoquines de granito

Retrato de Pedro de Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna (h.1795)
padre del Príncipe de Anglona obra de Francisco de Goya
(Firck Collection. New York en exposición de Museo del Prado)

sábado, 4 de marzo de 2023

Trijueque: murallas


Trijueque
es una de las paradas que se suelen dejar para el final de una excursión. La población se encuentra a la derecha de la autovía A-2 en el km.78 dirección Madrid, por lo que siempre se espera visitarla en el viaje de vuelta. Su mayor reclamo es el mirador de La Alcarria, al borde de la meseta a cuyo pie trascurre el río Badiel; desde esta posición se divisa una amplia panorámica del valle del río Henares de quien el Badiel es afluente, podemos ver el Pico Ocejón y el Pico del Lobo en la Sierra de Ayllón del Sistema Central; y en el valle el cerro de Hita, con la población a sus pies, y a su izquierda los cerros de La Muela  y El Colmillo en Alarilla, una vista realmente excepcional de tierras de cultivo y olivar.

Vista de la torre reformada a la que se adosa la escalera


EL CASTILLO Y LA MURALLA

Del castillo y muralla de Trijueque sólo quedan restos de muralla y un torreón. De la muralla tan solo Jiménez nos aporta en su libro un plano muy esquemático sin especificar la fecha en que se edifica el castillo y se cerca la villa. Sobre la muralla Herrera nos comenta que contaba con tres puertas; de sus restos encontramos dos tramos que se encuentran en la cuesta que baja al valle, son los vestigios de dos torres esquineras, una de ellas se reutilizó como campanario de la antigua iglesia de Nuestra Señora de las Angustias según Jiménez, y la segunda unos cincuenta metros al sur de la iglesia; el torreón se levanta entre edificios actuales en el centro del pueblo. Este torreón, según la cartela que hay en su base, es uno de los dos esquineros que delimitaban la antigua muralla, mide unos ocho metros de alto y catorce de ancho. Fue consolidado en 1980 y restaurado en 1994. Según Jiménez de él partía la muralla que bordeaba la meseta "y dejaba la plaza mayor fuera como coso y mercado". En la actualidad, con las reformas se ha reconstruido parte del muro y escalera lateral hasta la puerta de acceso al mismo, elemento que no se veía en las imágenes que nos ofrecen Jiménez ni Herrera, a la vez que se ha restaurado el último piso de ladrillo.

Restos de la muralla forrada de sillarejo. Al fondo la Iglesia de la Asunción

La muralla debía continuar, como hemos comentado, bordeando la meseta hasta la iglesia Nuestra Señora de la Asunción en la esquina noroeste se reaprovechó el torreón para levantar el campanario de la iglesia. El templo es un ejemplo de arquitectura plateresca de la primera mitad del siglo XV del que sólo quedan ruinas. Según la cartela que hay en uno de sus muros, fue palacio de los Mendoza y en él estuvo custodiada en 1470  Juana "La Beltraneja", hija de Enrique IV.

Portada de la Iglesia de la Asunción


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Siguiendo a Herrera éste nos comenta que Trijueque, tras la conquista a los musulmanes en el siglo XI, perteneció al Común de Villa y Tierra de Hita, pagando fuertes tributos a los arzobispos de Toledo. En el siglo XIV quedó incluida en el señorío de Hita que poseyó Íñigo López de Orozco que lo había heredado de su padre Diego Fernández de Orozco. A principio del siglo XV quedó incluido en el mayorazgo de los Mendoza llegando hasta el siglo XIX en poder de los duques del Infantado. En 1503 cobró relativa independencia, al menos en lo jurisdiccional, al otorgarle Fernando el Católico el privilegio de villa. 

Como dijimos, en el interior de la muralla se alojaba el palacio de los Mendoza donde estuvo custodiada Juana "La Beltraneja". La custodia y administración de sus bienes correspondía a Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla. Este era el segundo hijo del marqués de Santillana, siendo su hermano Diego el I duque del Infantado y otro hermano, Pedro, conocido como "El Gran Cardenal"Juana, que había sido jurada heredera al trono, estuvo bajo la custodia de Íñigo hasta cumplir los 8 años de edad en 1470. Hay que recordar que Íñigo López de Mendoza fue defensor de los derechos de Juana a la corona de Castilla junto a toda la familia Mendoza hasta que su hermano Pedro decidió apoyar la causa Isabel. La mayor parte de la custodia de Juana se hizo, no obstante, en el castillo de Buitrago de Lozoya, sin embargo, tras los actos de Valdelozoya (1470) en el que el rey Enrique IV volvió a reconocer a Juana como heredera, los Mendoza se vieron obligados a entregar su custodia a Juan Pacheco, marqués de Villena. Tal fue la lealtad de Íñigo hacia Juana que estando al servicio de los Reyes Católicos no combatió en la batalla de Toro (1476) en las que se enfrentaron las tropas de los Reyes Católicos contra las de Juana y Alfonso V de Portugal, por no traicionar la causa de su antigua protegida. Posteriormente el palacio se remodelaría como iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuyos restos se asoman al valle.

Fachada de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción

Para esta entrada he consultado, además de las cartelas informativas de turismo, la siguiente información:

Herrera Casado, Antonio, Castillos de Guadalajara, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, JorgeCastillos de Guadalajara I, Penthalon, Madrid, 1992
Morales Muñiz, Dolores Carmen, Íñigo López de Mendoza, ficha de la Real Academia de la Historia en dbe.rah.es

Paso porticado que comunica la Plaza Mayor y la Plaza Placetuela

Talud de bajada al valle,  a la derecha la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción

Panorámica del valle del Henares. En plano intermedio se ve el cerro de Hita

viernes, 24 de febrero de 2023

Hita: Castillo y Murallas

Puerta de Santa María reconstruida

Hita es la primera parada de nuestro viaje de una excursión que nos iba a llevar por la campiña de Guadalajara. Habíamos partido de la capital de la provincia por la CM-1003, desde el cruce con la autovía A-2, que nos conduce directamente a nuestro destino. Durante el viaje nos guiamos por el relato de Jorge Jiménez Esteban en su libro de Castillos de Guadalajara (1992), aunque ampliaremos aspectos con otros autores que aportan datos más recientes. Del castillo apenas nos habla puesto que no existen más restos que unos paredones visibles desde la población, razón por la que preveíamos breve nuestra estancia. No obstante su relato es muy interesante.

Restos de la muralla del castillo desde la población

Si atendemos al tríptico de turismo municipal, no carente de lirismo, en tiempos de durante la dominación romana "Hita fue un privilegiado puesto de vigilancia"; importancia que volvió a tener durante la Reconquista al estar situada en "zona de tránsito entre las los Españas: la cristiana y la musulmana". Su mayor esplendor  lo alcanza "en la Edad Media, como punto de convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes", concluye esta época con la reforma del Estado que llevan a cabo los Reyes Católicos, que unido a otras circunstancias como veremos más adelante, se inicia el declive de la villa. En época más reciente, durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Hita quedó en primera línea de fuego lo que provocó la destrucción de gran parte de su patrimonio.

EL CASTILLO

Del castillo de Hita, comenta Jiménez, quedan pocos restos, unos muros que rodean la planicie donde se asienta y el aljibe rectangular, al que hay que visitar por mera curiosidad arqueológica y, sobre todo, por la excelente panorámica que se tiene desde él. Estos restos son los que pueden verse desde la vertiente que mira a la población, aunque quedan otros restos en el lado nordeste. Por consiguiente no podemos saber cómo era la estructura de la fortaleza, su disposición, ni el número de torres que poseía. La descripción que el autor hace de los restos del muro es que está construido en sillarejo interior con revestimiento de sillares, algunos de ellos entre hiladas de ladrillo; tiene una altura máxima de cuatro metros y la longitud del tramo de cuarenta metros. El aljibe se encuentra en el centro de la plataforma y "fue reconstruido en el siglo XV con sillarejo calizo blanco".

Restos del muro en el que se aprecian hasta seis hiladas de ladrillo

A través de un texto que rescata LaynaJiménez nos trae una descripción, probablemente del siglo XVI por la letra en que está redactado, en el que se menciona la existencia de una barbacana exterior. La puerta se situaba en el centro de uno de sus lados. Una vez en el interior de la fortaleza describe varias dependencias que se encuentran caídas y un sistema de recogida de aguas que alimentaba el aljibe; disponía de caballerizas, buenas cámaras, casa de tahona y horno. Tenía además torre del homenaje y patio de armas rodeado de estancias, "con galerías subterráneas y una barbacana rodeándolo todo". Algunos cronistas, añade Jiménez aunque los califica de exagerados, destacan que tuvo el castillo siete líneas de muralla y en él se escondía uno de los tesoros de la familia Mendoza.


LA MURALLA

Jiménez fecha la construcción de la cerca de la villa en 1441 sobre otra anterior según documentos recogidos por Layna "que los cimientos della sean de cal y canto e que suba cinco tapias en alto la dicha cerca e que la postrimera tapia de encima que sea de cal e ladrillo e que aya encima su pared e las almenas que sean de cal y canto..." y que se levantaran torres en los lugares donde más conviniese. El coste de la obra se financiaría a base de sisas a ciertos productos durante un periodo de diez años; de esta manera se abonaría un cornado por la venta de cada cántara el vino.

Cubo y lienzo de la muralla que cerca la villa

Lo más notable de la cerca es, sin lugar a dudas, la puerta de la villa: Puerta de Santa María. Jiménez recoge una descripción de 1929 en la que se decía que era "una hermosa puerta de entrada que estaba defendida por dos torrecillas de salientes matacanes, cuyo arco ojival tiene sobre sí y en él, el escudo de los Mendoza". La puerta fue volada en 1939 y reconstruida años más tarde. A cada lado de la puerta de la villa y alejadas de ésta había, a este y oeste, otras dos puertas.

Plaza del Arcipreste. En la parte alta se distingue el cerro del castillo


CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS

Habitado desde antiguo, en el cerro cónico atalaya, como lo denomina Jiménez, se han encontrado restos de cerámica romana y árabe, restos que el propio autor ha recogido y catalogado. Herrera por su parte puntualiza que tras la invasión musulmana en 712 las tropas de Witiza arrasan una fortaleza existente y conquistan la posición. Hita vuelve a manos cristianas en 1085, año de la conquista de Toledo. Es citado en varios documentos y su castillo se menciona en el Poema del Cid en los versos 455 y ss. donde se narra una algarada que protagoniza Álvar Fáñez por el valle del Henares:
            
                        Aosadas corred     que por miedo non dexedes nada
                        Fita ayuso     e por Guadalfajara
                        fata Alcalá     lleguen las algaras
                        e bien acojan     todas las ganançias
                        que por miedo de los moros      non dexen nada

También hace mención a Hita y describe su castillo Gonzalo de Berceo en su obra Vida de Santo Domingo de Silos en los versos 733 y ss.

                        Fita es un castiello     fuert e apoderado,
                        infito e agudo     en fondón bien poblado;
                        el reÿ don Alfonso     la tenié a mandado
                        el que ganó Toledo     si non só trascordado

Aunque la mayor gloria de la villa es sin lugar a dudas su arcipreste Juan Ruiz, el autor de El Libro del Buen Amor, quien se presenta en su ruego pidiendo a Dios que le diese graçia que podiese facer éste libro,

                        Porque de todo bien es comienço é rayz
                        La Virgen Santa María, por ende yo, Juan Rruys,
                        Arcipreste de Fita, della primera fiz
                        Cantar de los gozos siete asy diz:

En el siglo XIV Pero (Pedro) González de Mendoza, que estaba al servicio de Pedro I de Castilla, recibió por sus servicios en la Guerra de los dos Pedros las poblaciones de Hita y Buitrago, aunque durante la guerra que enfrentó a Pedro I con su hermanastro el futuro Enrique II, prestaría su apoyo al Trastámara quien en reconocimiento a sus servicios volvió a donarle la villa de Hita que debió haber perdido al abandonar el bando petrista. Junto a otras donaciones reales afianzó el poder de los Mendoza en la zona de Guadalajara. Durante el reinado de Juan I siguió prestando sus servicios a la corona acompañando al rey en la batalla de Aljubarrota (1385) donde encontró la muerte. La crónica detalla que fue Pero González de Mendoza quien entregó su caballo al rey para que pudiese escapar pereciendo él en la batalla. Con anterioridad Pero González de Mendoza había fundado el mayorazgo de Hita en 1376 a favor de su hijo Diego Hurtado de Mendoza futuro almirante de Castilla.

En 1404 a la muerte del almirante le sucede su hijo don Íñigo López de Mendoza que con tan solo 6 años hereda el señorío de Hita. El futuro marqués de Santillana enviará desde el castillo de Hita, continúa Jiménez, sus tropas a combatir los castillos de Beleña y Cogolludo, en el conflicto que mantuvo con los futuros duques de Medinaceli por la posesión de estas plazas. Tras apoyar a los Infantes de Aragón en un primer momento frente a Juan II, don Íñigo se refugiará en el castillo a causa de los recelos del rey y de su privado don Álvaro de Luna contra varios nobles, entre los que se encontraban los Zúñiga, los Velasco y los Manrique que pretendían conjurarse contra el valido, considerando que el castillo de Hita era más seguro que su palacio de Guadalajara. Como vimos más arriba, y nos recuerda Cooper citando a Layna, en 1441 el marqués de Santillana firmó un acuerdo con el concejo de Hita para cercar el pueblo con murallas y "con sus torres en la dicha cerca sobre las puertas de la dicha villa". Es durante el siglo XV cuando la villa adquiere su mayor auge, contando con importante morería y judería, tal fue así que la comunidad sefardí dejó ciento nueve casas vacías al ser expulsada en 1492. Además contó con cinco iglesias y varios conventos, de los que sólo nos queda la parroquial.

Retrato de don Íñigo López de Mendoza (1398-1458)
 I Marqués de Santillana y señor de Hita

No obstante estas fechas Herrera apunta que es a partir de 1348, año de la gran peste negra, cuando comienza el declive de la villa perdiendo progresivamente importancia, según Jiménez "pasando de ser villa linajuda a villa aldeana". En el siglo XIX formaba aún cabeza de un arciprestazgo con treinta y dos pueblos bajo sus órdenes. Atendiendo al catastro de Madoz, descripción que aporta Jiménez, la villa "está situada en forma de anfiteatro a la falda de un cerro, en cuya cúspide hubo un castillo ya derruido, tiene 244 casas". Durante la Guerra Civil Española  toda la población sufrió grandes estragos, entre las que cabe señalar la iglesia de San Pedro y, como hemos mencionado, en 1939 se destruye la puerta de la villa que no se reconstruirá hasta años después.

Ruinas de la iglesia de San Pedro destruida durante la Guerra Civil de 1936

Cabe mencionar de Hita los festivales medievales que se llevan a cabo durante el verano y la figura del profesor Manuel Criado del Val que durante los primeros años de TV propició el recuerdo de Hita y la época medieval. Tras la visita, y habiendo recorrida la villa, nos preparamos para nuestro siguiente destino, el castillo y palacio de Cogolludo, y dada la hora, nos vinieron a la mente otros ejércitos, como los que describe el buen Arcipreste:
 
                                 Pusso en la delantare mucho buenos peones:
                            Gallynas é perdices, conejos é capones,
                             Anades é navancos é gordos anssarones;
                             fazían su alardo çerca de los fysones.(...)
                             En la buena yantar éstos vienen primero
                                 En pos los escuderos están los vallesteros:
                             Los ánsares, çeçinas, costados de carneros,
                            Piernas de puerco fresco, los jamones enteros (...)

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

AnónimoPoema de Mio Cid, , Alianza Editorial, ed. José Jesús de Bustos Tobar, Madrid 1988
Berceo, Gonzalo deVida de Santo Domingo del SilosGonzalo de Berceo, Biblioteca Virtual Cervantes, en cervantesvirtual.com
Cooper, Edward, Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y LeónJunta de Castilla y León, 1991
Herrera Casado, Antonio, Castillos de Guadalajara, Aache ed., Guadalajara, 2007
Jiménez Esteban, Jorge, Castillos de Guadalajara I, Penthalon, Madrid, 1992
Juan Ruiz. Arcipreste de HitaEl Libro del Buen Amor, Ed. Mediterráneo, Madrid, 1974
Moreno Gómez, Ángel, Íñigo López de Mendoza, Ficha de la Real Academia de la Historia

jueves, 2 de febrero de 2023

Refugio del aeródromo de Illana

Entrada Sur del refugio
 
Llegamos al refugio del aeródromo de Illana (Guadalajara) por la CM-2054. Se encuentra hacia el kilómetro 4,5 antes de llegar al cruce de Leganiel, donde da comienzo la GU-250 y de aquí a otros 4 kilómetros se llega a Illana. Junto a un camino que lleva directamente a un azud del río Tajo, a 110 metros a la derecha nos encontramos con la boca sur de entrada al refugio; a 42 metros de ésta se encuentra la segunda entrada. La primera se encuentra a 50 metros de la carretera CM-2054. Más cerca de la carretera, a unos 15 m de ésta, encontramos los restos de un edificio, que no pudimos identificar. Aunque el lugar está señalado en Google Maps como Polvorín de la Aviación de Leganiel, nosotros creemos que se trata del refugio principal del aeródromo de Illana.

Entrada Sur y escalera de acceso a la  galería

En comparación con otros refugios situados en aeródromos, no nos cabe duda de que éste de Illana también lo es por sus características, ya que todos seguían el mismo patrón constructivo. Los refugios antiaéreos asociados a los aeródromos solían contar con dos bocas de acceso; tenían una profundidad variable en función de la estructura del suelo; las escaleras se solían construir en tramos evitando la línea recta, de tal manera que los hacía más seguros si se producía una explosión en alguna de ellas evitando así la onda expansiva.

Tramo final de la escalera con bóveda de ladrillo y acceso a la galería

La boca de entrada es de hormigón, así como el primer tercio que cubre la escalera está reforzado por el encofrado; el tercio restante de acceso a la galería está construido con bóveda de ladrillo a sardinel y la pared de hormigón. La galería está excavada en la roca sin refuerzo alguno y, a mitad del trayecto, se excava una segunda galería, entrando desde la boca Sur hacia la izquierda, perpendicular a la principal. Esta segunda galería termina en un derrumbe por lo que no pudimos observar más detalles. La boca Norte se encuentra impracticable debido a la acumulación de basura y restos de vegetación y tierra.

Centro de la galería y la salida a la boca Norte

Por lo general la seguridad del refugio la proporcionaba la capa de tierra que lo cubría. Solían tener forma de U, de S o en zigzag; y si el terreno lo permitía, como es el caso que nos ocupa, se excavaba una mina. Las entradas se situaban cerca de los edificios principales del aeródromo lo que permitía un acceso rápido al interior del refugio del personal de servicio.

Galería perpendicular a la principal que termina en un derrumbe

Respecto a los restos cercanos a la carretera, un edificio del que sólo se conservan los cimientos, un zócalo de unos 50 cm. de altura, cuya entrada está orientada al Sur, no podemos especular sobre si era un edificio auxiliar del conjunto del aeródromo o si se trata de una estructura más reciente.

Zócalo de edificio sin identificar y la entrada Sur del refugio

Para esta entrada, además de la colaboración y fotografías de Rafael Moreno, he consultado la siguiente publicación:

Moreno García, R. y Schnell Quiertant, P., Aeródromos de campaña en el frente de Guadalajara, en La Guerra Civil Española. 1936-1939 en Guadalajara y Montes Universales -Cuenca y Teruel-. Castellano Ruiz de la Torre, R., et al., 2022.

A la izquierda la boca Norte y a la derecha, camuflada, boca Sur del refugio
Fotografía de Rafael Moreno

Entrada Norte y escalera de acceso a la galería

Panorámica de la entrada Norte. La línea de árboles limita la carretera 

Situación de las dos entradas del refugio y del posible edificio auxiliar
 junto a la carretera CM-2054.  40º10'67" N - 03º00'09" O

Plano del refugio