miércoles, 20 de febrero de 2019

Torre o castillo de Santibáñez de Béjar


Hicimos una visita fugaz a Puente Congosto. El castillo estaba en obras por lo que lo fotografiamos  desde la distancia, el puente medieval sobre el Tormes, el verraco que descansa junto a la carretera  SA-102 camino a la sierra de Gata. El primer pueblo al que llegamos fue Santibáñez de Béjar, Bordeando el pueblo por la carretera DSA-164 dirección Guijo de Ávila, apenas saliendo del pueblo se levanta la torre solitaria a derecha. Esto fue en 2007.


Jaime Pinilla González en su libro sobre castillos de Zamora y Salamanca al comentar esta torre nos remite al Catastro de Ensenada (1749-1756) donde se informa que "el Marqués de Fuente el Sol poseía en este pueblo una casa fuerte, inhabitable, por estar arruinada y una atalaya", de ambos edificio sólo la atalaya permanece en pie. Ésta , que está a unos cien metros de la población midea "60 m. de lado y es de mampuesto de granito. La puerta es de arco apuntado sin clave, y los muros presentan saeteras a diferentes alturas, correspondiendo a los tres pisos de madera del interior."; aunque carece de remate Pinilla supone que la torre estaba almenada. Comenta la dificultad para datar la construcción, aunque la "presencia del arco apuntado nos lleva a pensar en el siglo XIII" y su función era la de vigilancia, "atalaya o torre de señales, fronteriza con Castilla".

Según Fernando Cobos y Edward Cooper el propósito de su construcción de la torre se debía a la necesidad de controlar las rutas y cañadas de la Mesta , los pasos hacia la meseta sur en busca de los pastos de invierno, función que debió compartía en tierras salmantinas con las torres de Villar de Yeltes y Tamames, controladas por los Zúñiga y sus aliados "y por el comienzo de la señorialización del término de Cáceres".


Un artículo más reciente, de 17 de enero de 2018 comenta la actualidad de la torre; su propietario, en ese momento un particular, la puso en venta. Recuerda el artículo que hace un par de décadas el propietario y el ayuntamiento de Santibáñez de Béjar,que se había interesado para su compra y posterior rehabilitación, no llegaron a un acuerdo para la venta.


Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Castillos de Zamora y Salamanca, Pinilla González, Jaime, Ediciones Lancia, 1995
Castillos Señoriales en la Corona de Castilla, Cooper, Edward, Salamanca, 1991
Castilla y León. Castillos y fortalezas, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa.
Noticiascyl.com/Salamanca/provincia-salamanca/2018/01/17

sábado, 16 de febrero de 2019

El teniente Elliot y los piratas

Puerto de Cantón. c. 1850. China
Esta crónica apareció publicada en Revista Nacional de 1837; en ella se narra el singular y desigual combate entre La Folwa, buque de la marina colonial española, al mando de un joven teniente inglés apellidado Elliot, que hizo hizo frente a un nutrido grupo de piratas malayos.

   Los periódicos de Canton refieren el siguiente rasgo de valor de un oficial inglés. El teniente Elliot que sirve en la marina colonial española mandaba un pequeño buque montado por los 43 tagales defendido por un solo cañón en la proa y algunos pedreros en la popa, y en esta disposición se encontró de repente á la vista de una flota de 26 chalupas, montadas por piratas malayos. El oficial inglés tomó inmediatamente su partido. Aunque cada barco de los enemigos tenía á bordo 24 remeros, no titubeó en dirigirse desde luego hacia ellos y en hacer uso de su cañón: hizose con él tan buena puntería y fue tan terrible el efecto que produjo, que la chalupa del gefe de los piratas se fue á pique con todo su equipage. Elliot se dirigió entonces á la embarcación del segundo comandante é hizo fuego casi en el momento mismo de abordarla; después de algunos momentos de combate, desapareció también este otro buque como un ave del Océano.

   Viendo las 24 chalupas restantes la repentina é inesperada destrucción de los buenos gefes, echaron á huir á toda prisa; pero Elliot les dió caza, aunque le llevaban ventaja, no pudieron evitar, no obstante 62 cañonazos a metralla, que les envió aquel arrojado marino, y es probable que hayan tenido mucha pérdida. El combate duró cerca de tres horas. La Folwa, nombre del barco de Elliot, tuvo 2 hombres muertos y 12 heridos, de los cuales han muerto dos después. La desproporción de las fuerzas que dieron esta acción escede á toda ponderación: un barco solo montado por 43 hombres, se ha batido con 26, montados por cerca de 1000. Así es que luego el gobernador tuvo noticia de esta acción, ha conferido á Elliot el grado de capitán, dándole además una condecoración. También han sido recompensados los suboficiales subalternos, y la tripulación y el gobierno de las islas Filipinas se ha encargado de cuidar de las familias de los muertos.

La imagen que ilustra es esta crónica: Puerto de Cantón, pertenece al Museo Naval de Madrid en su actual exposición ASIA, excelente exposición donde se trata, en uno de sus espacios, la lucha contra la piratería en el Mar de Joló entre Filipinas y Brunei.



LA PIRATERÍA EN EL MAR DE SULU

A continuación transcribo íntegro el texto de la cartela sobre la piratería en el mar de Sulu o de Joló en una de las vitrinas del Museo Naval de Madrid en la que se hace una breve descripción de cuáles eran las actividades de los piratas en esta zona de Asia.

Prao pirata c. 1840, Singapur. (Museo Naval de Madrid)
Identificado por Manuel de Quesada como "Panco moro de Joló, pertenece a las culturas denominadas Iranun-Balanguingui que realizaban razias (ataques sorpresa de los musulmanes) en el entorno del Mar de Joló o Sulu.


El mar de Sulu o de Joló, es un mar interior rodeado de centenares de islas entre el sur de Filipinas y Brunei. Gracias a sus pequeñas bahías y otros escondites naturales, la piratería allí asentada se convirtió en un gran problema. Estos piratas actuaban como los saqueadores vikingos, asaltando violentamente a poblaciones costeras durante varios meses al año.  principal objetivo era secuestrar a personas para después venderlas como esclavos, o, ponerlas a trabajar en sus asentamientos.
Por todo ellos suponían una amenaza tanto para las gentes como para las misiones y la soberanía española. Los esfuerzos de la Armada para acabar con dichos ataques siguieron dos corrientes: la diplomática o el enfrentamiento directo.

Según los veteranos de la Marina como Halcón, la piratería tenía que solucionarse terminando con el comercio de esclavos, pero comprendía que lo arraigado de la esclavitud en las diferentes culturas locales dificultaba cualquier intento de acabar con esta amenaza.

Sin embargo, otro gran veterano de la Marina como Apodaca apostaba por la vía bélica para luchar contra la piratería. Para su erradicación promovía el uso de barcos de vapor y el asalto directo a las guaridas, que solía terminar con la liberación de cientos de esclavos. Tras los enfrentamientos "armas y efectos de guerra" eran requisados y algunos de ellos llegaron al Museo Naval para formar parte de sus colecciones bajo el epígrafe de "recuerdos históricos de combate".


DON SEBASTIÁN HURTADO DE CORCUERA

En un paseo por el Museo Arqueológico de Madrid el visitante puede ver este ejemplar de cañón que perteneció a Don Sebastián Hurtado de Corcuera. La cartela lo identifica como cañón de bronce de 1643 procedente de Manila (Filipinas). "En la inscripción junto al fogón se lee "Don Sebastián Hurtado de Corcuera", que fue caballero de la Orden Militar de Alcántara y gobernador de Filipinas entre 1635 y 1644, donde obtuvo importantes victorias contra los piratas moros de las islas de Mindanao y Sulu".

Cañón. Bronce (1643) Manila (Filipinas

A ambos lados del fogón se puede leer: Don Sebastián Hurtado de Corcuera
junto a éste, en la imagen a la izquierda la Cruz de la Orden de Alcántara


Bibliografía:
Revista Nacional, Núm. 183, Pág. 727, Madrid, 27 febrero 1837,  a través de Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. BNE.

martes, 11 de diciembre de 2018

El castillo de Zurraquín


Para llegar al castillo de Zurraquín hay que hacerlo desde Cabezas de Villar en Ávila, un pequeño pueblo a unos 50 kilómetros al oeste de Ávila. El pueblo está tradicionalmente vinculado "a las vías pecuarias y cañadas reales utilizadas desde tiempo inmemorial" por la trashumancia, lo que puede explicar su ubicación, enclavado a orillas del río Margañón, afluente del Tormes; el lugar sigue siendo una zona dedicada a la ganadería. El acceso al castillo se hace a través de un camino de tierra polvoriento entre cercados de granito y monte de encinar. Es un paseo cómodo que se inicia siguiendo el camino del cementerio.


Del castillo tan solo quedan los restos de una esbelta torre cuadrada con fábrica de granito en mampostería en su frente y los laterales en mampostería. Coronada de almenas, el frente presenta un pequeño vano "que hacia el interior muestra arco escarzano con bancos en las jambas". Sobre el vano, al exterior, hay un escudo que presenta un ave y tres estrellas de seis puntas dividido por un bastón, bajo éste hay una inscripción y más abajo una saetera. Lo más singular lo encontramos en el lateral derecho, casi a ras de suelo "se abre un vano adintelado con dos escudos parejos"; el de la izquierda está vacío, y el de la derecha es similar al que hay en la fachada. Según Cooper, el escudo antes descrito no se ha identificado y podría corresponder, según la inscripción, a un tal Galcerán de Barahona, "Señor de esta villa". Que el escudo de la izquierda esté vacío puede deberse a una promesa de matrimonio sin realizar, y el derecho, lugar preferente, corresponde a la mujer, por lo que se deduce que el castillo se construyó con la parte de la dote que correspondía a la mujer.

Par de escudos en el lado este de la torre sobre vano a ras de suelo

En el interior, al que se accede fácilmente, "se distinguen tres pisos más el adarve, marcados por líneas de mechinales enfrentados en los muros de mampostería, conservándose en la mayoría de los casos el arranque de las vigas" de madera. Todo el edificio está integrado en un caserío, una serie de dependencias construidas muy probablemente reutilizando material del castillo, donde se encierra ganado en la actualidad. El estado es ruinoso, aunque viendo fotografías de 1989, prácticamente permanece igual desde entonces.

Escudo de la torre bajo el que se encuentra la inscripción

Debió contar con una cerca alrededor de la torre, que según publica el libro del Museo de Ávila: "Esta cerca, quizá sobre una anterior, serviría para emplazar artillería avanzada. Dos de los lados han desaparecido al utilizar la piedra para construir un puente cercano en 1982, y el tercero forma parte de la valla de la finca".  Destaca también que en un tiempo relativamente reciente, la torre debió ser derribada "aportillada a consecuencia de un ataque con pólvora" para ser reconstruida de manera más sólida, sin dar detalle de las causas ni fechas de este ataque o aportillamiento, lo que se aprecia si se observa el interior, las esquinas del frente y laterales no están trabada. Según el Catastro de Ensenada, 1751, en la descripción que se hace del conjunto éste debía estar completo y estaba integrado por una casa palacio, castillo con barbacana "que la Guarneze con habitacion alta y baja, Patio, Cavallerizas, Pajares y Paneras". 

Ventana con arco escarzano y cortejadores sobre el vano de la saetera

Otra pieza interesante del conjunto es una pequeña iglesia construida a unos doscientos metros del castillo, a la izquierda regresando al pueblo. Es un edificio de cabecera cuadrada "a la que se accede por un arco de triunfo apuntado con decoración de bolas -si no fuese por este detalle quizá el edificio pasaría desde el camino desapercibido- y su espadaña"; ambos elementos se han unido mediante una construcción más reciente. Una vez en su interior de la cabecera se comprueba que "la bóveda de crucería con terceletes que cubre la cabecera muestra, en la clave y las uniones de  nervios, medallones con el mismo escudo que el representado en la torre". Comenta la posibilidad de que parte de los sillares de la iglesia, los que faltan entre la cabecera y la espadaña, se utilizasen para reconstruir la torre del castillo, y como "consecuencia de esto es, por un lado, la presencia de dos sistemas constructivos en la torre y, por otro, la construcción que se inserta en el vacío producido en la iglesia" con la espadaña.  En todo caso, concluye, que tanto la estructura del castillo, el estilo de decoración de la iglesia, el escudo y la inscripción de la torre del castillo, "fechan el conjunto a finales del siglo XV".  La nave de la iglesia, en la actualidad, también sirve de refugio para el ganado. La disposición de ambos edificios me recordó a la del castillo de Castronuevo y los restos de una iglesia mudéjar cercanos a él, y más similar si cabe aún el de Serranos de la Torre en Zapardiel de la Cañada, ambos también en Ávila.

Iglesia y edificio de relleno entre la espadaña y la cabecera

Terminando con la lectura del Museo, la dehesa donde se asienta el castillo era titularidad de la familia Guieras, y en el siglo XVIII, en la descripción que se hace en el Catastro de Ensenada, pertenecía a los marqueses de Bermudo en cuyo poder estaba a finales del XIX. En la actualidad, y tras sucesivas ventas, pertenece al pueblo de Cabezas de Villar.

Crucería, con medallones en la clave y en las nervaduras

Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Cooper, Edward, Castillos Señoriales de la Corona de Castilla y León, Junta de Castilla y León, 1991
Gutiérrez, J.M., Castillos de Castilla y León, Ed. Edical
Museo de Ávila, Castillos de Ávila, Ávila, 1989.

Dependencias ganaderas con posible reaprovechamiento de materiales 

Lado sureste de la torre

Acceso en el muro posterior de la torre que da a un pasadizo

Lado noroeste de la torre donde se aprecia la construcción en sillería de la torre
 y la barbacana y en mampostería en el cuerpo interior

La torre desde el interior de las dependencias ganaderas, se aprecian
las almenas y el adarve

La ermita vista desde el camino junto al castillo

Puente de piedra entre el pueblo y el castillo

viernes, 30 de noviembre de 2018

Canteros y marcas de cantero

Capitel del monasterio de Santa María la Real de Nieva (Segovia) en el
que se representa la construcción de un edificio. Sg. XV
Esta entrada está dedicada a quienes ejecutaban las obras de un castillo: los canteros. Quienes hemos conocido a varios de ellos, Vidal trabajó en la reforma del castillo de Mombeltrán, o Germán en la reconstrucción del ábside de la iglesia románica de Orbita, e incluso quienes hemos tenido la osadía de cortar y tallar piedra, no nos pasa desapercibida su labor a la hora de levantar tan monumentales edificios y dejaron su huella en la piedra, las conocidas marca de cantero, una pequeña filigrana que aún podemos ver en los sillares de muros, escaleras, bóvedas y arcos. Sin embargo su estudio se hace harto complicado y debe dársele el valor testimonial que tiene, la identificación de un trabajo que justificará el cobro del mismo.

La bujarda de una pieza, es martillo con dos caras cuadradas con dientes
 que se utiliza para allanar los sillares; en las modernas los dientes son dos
 piezas reemplazables que se anclan en los extremas. En la actualidad son
 herramientas neumáticas.
El maestro cantero, maestro mayor o maestro de las obras, para quienes trabajaban la piedra, era el encargado de dirigir las obras del castillo, era el equivalente al arquitecto de ahora. Según E. Cooper, que cita a varios maestros, entre ellos, el más conocido, el francés Juan Guas, constructor de Manzanares el Real; o si bien, la construcción era con ladrillo a éste se le denomina maestro alarife, siendo el más conocido el abulense Alí Caro, a quien se debe el castillo de Coca. Cantero era todo aquel que había superado ciertas etapas de formación y existían entre ellos diferentes categorías: el pedrero, encargado de cortar la piedra o albañil quien las colocaba. Sobre el proceso de aprendizaje nos recuerda que "una de ellas era la fabricación de pelotas de cañón" a la que se dedicó el maestro vallisoletano Pedro Polido en su juventud; en el pasado más reciente, el aprendiz elaboraba bordillos para las aceras.

Bolas o bolaños de cañón en el castillo de La Adrada (Ávila)
Es precisamente E. Cooper quien más se ocupa de las marcas de cantero, suele hacer referencia a ellas y las reproduce en varias de sus publicaciones. Son escasas sin embargo en otros autores, aunque como recuerdan Cobos y de Castro, es muy arriesgado utilizarlas como referencia en una construcción: "el estudio de las marcas de cantería, cuyo fin era reconocer el trabajo de un determinado cantero para su remuneración, tiene una utilidad limitada y aunque permite distinguir entre las diversas fases constructivas de un edificio, es arriesgado si no se dispone de un banco de datos más extenso, utilizarlas para relacionar a grupos de canteros que trabajaron en distintas obras".

Marca de cantero en el Monasterio de Santa María de Valbuena
(Valladolid) Sg. XII-XIII
Las escuelas de los maestros canteros, comenta Cooper, eran los talleres de las grandes catedrales, de hecho, las marcas más artísticas y complejas se encuentran en iglesias románicas. El auge del maestro cantero se sitúa a mediados del siglo XV y su declive a finales del mismo siglo cuando el uso de la artillería y la construcción de baluartes y fosos interesaba más la experiencia de ingenieros militares, lo que propició que paulatinamente el maestro cantero pasara a desempeñar un papel secundario y ser mero intérprete de los diseños del ingeniero militar. El oficio de cantero también contó con oficiales especializados en ciertos elementos de la construcción como podía ser las bóvedas, los aljibes o las escaleras.

Marca de cantero que se puede ver en varios peldaños de la escalera de 
caracol del castillo de Villafuerte de Esgueva (Valladolid) Sg. XV
Sobre las herramientas que utilizaban los canteros existe una gran variedad: para cortar, tallar, pulir, medir, elevar y colocar las piezas, aunque voy a traer tan solo las más representativas y que aún hoy se están utilizando, como son el puntero, la cuña y sobre todo la bujarda. Los punteros, según la dureza de la piedra solían perder la punta, bien por el desgaste o por rotura; el puntero no se afilaba, sino que debía ser aguzado en la fragua, - una de las labores de los aprendices era recoger los punteros y llevarlos en un hatillo al herrero para devolverlos luego a los oficiales, el hatillo en cuestión solía pesar varios kilos- los punteros actuales suelen tener la punta de vidia, mucho más resistente o, como vimos con las bujardas, neumáticos.

Dos punteros y una cuña de uso actual en Mingorría (Ávila)
En el castillo de Peñafiel, según la guía turística encargada de explicar a los visitantes el edificio, existen 52 marcas de cantero diferentes por lo que se puede concluir que, con un promedio de 10 personas por taller, resulta que sólo como canteros estaban trabajando para don Pedro Girón en la construcción de su castillo unas 520 personas cortando y labrando piedra, una obra que tardó 10 años en concluirse.

Marca en la torre del homenaje del castillo de Peñafiel (Valladolid) Sg. XV
La torre campanario El Miguelete en Valencia, se comenzó a construir en 1381 y se terminó en 1424. Es una esbelta torre de 51 metros de altura con cuatro cuerpo rematada por una espadaña posterior, de 1727. En ella trabajaron como maestros de obras: Andreu Julià, Joan Franch, Pere Balaguer y Martí Llovet. Durante la ascensión al campanario desde donde se divisa prácticamente toda la ciudad, es fácil distinguir varias marcas de cantero.

Marca en la pared de la escalera del Miguelete de Valencia (Sg. XIV-XV)
Siguiendo la lectura de Cobos y De Castro, no sólo la labor del cantero debía tenerse en cuenta como ejecutores de las obras sino que también llevaba aparejada cierta responsabilidad. Prueba de ello es la amenaza que reciben los canteros que construían Aunqueospese (Mironcillo, Ávila); su impulsor, Pedro Dávila, se había apropiado de los terrenos de la Comunidad de Ávila, para erigir el castillo, causa por la que la Corona en 1490 le ordena paralizar las obras. Ante el incumplimiento de la orden, dos años después, los reyes insisten ante el promotor "recordando a los canteros que según las leyes del reino ellos también podrían ser detenidos por ese delito".

Marca de cantero en una columna de la Mezquita de Córdoba. Sg. X
La práctica de la marca de cantero las encontramos en la península durante la Edad Media en todos los reinos. Muy atractivas son las que podemos ver en varios edificios de la ciudad de Córdoba: las de las columnas de la Mezquita de Córdoba de las dos últimas ampliaciones que se llevaron a cabo en el siglo X, la de Al-Hakan II y la de Almanzor, entre los años 962 y 994; y las que unos siglos después que se pueden ver en el Alcázar de los Reyes Cristianos de 1328-29 mandado construir por Alfonso XI y también las de la iglesia fernandina de San Bartolomé de finales del siglo XIV .

Marcas del mismo cantero en dos sillares de la Torre de los Leones
del Alcázar de los Reyes Cristianos en Córdoba. Sg. XIV

LAS MARCAS Y SIGNOS LAPIDARIOS

Sobre las marcas de cantero o signos lapidarios hay autores que proponen algunos métodos para su estudio. Martínez Prendes analiza alguno de éstos,  desde los más sencillos como el sistema de Lacotté que propone tres tipos: signos de cantera; signos ligados a la construcción y signos de transeúntes; aunque hace una mejor valoración del sistema propuesto por Van Belle "quizá la más completa", aunque aquí vamos a intentar resumir lo máximo posible.

Arco de acceso al albacar del castillo de la Puebla de Montalbán. Toledo.
En cada uno de los sillares y dovelas podemos ver una marca de cantero
Van Belle subdivide las marcas en dos: los signos de cantería y los grafiti -de transeúntes-. Los de cantería a su vez los subdivide en signos de identidad: son los signos de cantero o los signos de la cantera, y los que se utilizaban para facilitar la colocación de las piedras: altura, orden, disposición... Los grafiti aquellos hechos por transeúntes, o sea, monjes itinerantes, mendigos, viajeros o presos. Mientras que los de cantera se aprecian en toda la obra, a cualquier altura y suelen repetirse en varias piezas, los graffiti suelen ser únicos, están en lugares de fácil acceso y frecuente tránsito: en pasillos, a la altura de la mano o en el exterior del edificio.

Grafiti en una columna de Santa Mª de Montblanc. Tarragona. Siglo XIV
Sobre las marcas de cantero se han  propuesto a su vez  varios sistemas de catalogación que permiten agruparlas y crear catálogos para su comparación: Letras, son las más abundantes, suelen coincidir con la inicial del nombre del cantero; signos, que pueden hacer referencia al oficio del cantero; creencias como magia o astrología o religión, bien sea el cantero cristiano existe variado grupo de cruces, musulmán grabando una media luna o judío firmando con la estrella.

Marca con estrella en la Capilla de San Bartolomé de Córdoba.
 Sg. XIV. La estrella judía suele tener seis puntas, la Capilla
se encuentra en el antiguo barrio judío cordobés.
Las localizaciones de las marcas también están muy presentes, con ellas se permitía la albañil saber el lugar de colocación de la piedra, por ejemplo la línea que se marca en el tambor de una columna o las marcas que indican el lugar de ubicación de una dovela en el arco, o las diagonales que proporcionan al albañil la dirección en que se ha de colocar el sillar.

Ermita Nª Señor de las Nieves de Ávila Siglo XVI. En el sillar superior
hay una marca con forma de V invertida En el inferior marca / es la más
abundante indica el sentido de colocación del sillar
 
Como habíamos al principio también existen las marcas de cantera, aquellas que nos indican el origen y la cantera de donde se extrajeron los grandes bloques de donde el cantero extraerá los sillares. Esto propiciaba que en algunos sillares puedan verse dos marcas, la de la cantera y la del cantero. El hecho de que encontremos dos firmas también puede deberse a que el maestro firma junto a su aprendiz (padre e hijo); al desbastador y oficial en piezas complejas como un capitel, el peldaño de una escalera de caracol o la dovela de una bóveda. 

Doble marca en dos piezas de la bóveda de la Biblioteca de la Universidad de Coimbra
Sobre la complejidad de las marcas los canteros que hacían piezas abundantes y de escasa dificultad, como sillares, realizaban marcas sencillas como una cruz o una figura geométrica, mientras que las piezas de más dificultad, un capitel o alguna dovela, el cantero dejaba una firma más elaborada.

Cantero elaborando un sillar en un canecillo de la iglesia de
San Miguel de Ayllón (Segovia) siglo XII

Marca en sillar rectangular en la Ermita Santísimo Cristo de la Luz en Ávila Sg. XV

Puerta lateral de la Iglesia de Santa María de Almocóvar. Alcántara Siglo XIII
Marca en la dovela de la portada algo más compleja que la anterior.

Gárgola de Torres de Serranos (Sig. XIV) en Valencia que representa un
un cantero con un martillo en la mano. Las torres son obra del maestro
cantero Pedro Balaguer (Imagen cedida por Mª Teresa Vázquez)

Para esta entrada he utilizado las siguientes fuentes:

Los canteros medievales, Martínez Prades, José Antonio, Akal, Madrid.
Castilla y León. Castillos y fortalezas, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa. León
Castillos de Valencia, Ruibal, Amador, León, 1998
Castillos Señoriales en la Corona de Castilla, Cooper, Edward, Salamanca
Valencia, Pascual Izquierdo, Anaya Touring, Madrid