lunes, 2 de noviembre de 2020

El castro vadiniense de Peña del Castro

Con la victoria de Roma en las llamadas Guerras Cántabras culminó la conquista de Hispania en tiempos de Augusto (19 a.C.). Se concluía así la conquista de la Península que se había iniciado en 219 a.C. con el asedio cartaginés a Sagunto y el desembarco, un año después, de las legiones romanas en Ampurias dando inicio a la Segunda Guerra Púnica. Como apunta González Echegaray -citando a Tito LivioHispania fue la provincia que primero empezó a conquistar Roma y la última en ser conquistada, las Galias tardaron 7 años en ser conquistadas, Hispania tardó 200 años. El sometimiento de los cántabros fue de tal crudeza que llevaron prácticamente a su exterminio. En una reciente visita al norte de la provincia de León tuve la oportunidad de visitar el yacimiento de Peña del Castro en La Ercina, castro de los vadinienses, una de las tribus cántabras.

Muralla y edificio cuadrado para prácticas rituales
El castro se encuentra al norte de La Ercina y se llega por un camino cómodo que a su derecha tiene encauzado un arroyo y a la izquierda un hermoso valle de robles. El camino concluye el paseo de aproximadamente 1 km. en una explanada sin árboles; aquí el camino gira a la derecha bordeando el monte. Nosotros cruzamos en línea recta la explanada y subimos las peñas campo a través por la ladera que nos dejó junto a la puerta del castro. El camino correcto, aunque mal indicado, era tomar a la izquierda y el propio camino nos deja en el yacimiento.

Casa de las Paredes Rojas con pared de doble hilada rellena de tierra. En el interior
se aprecian divisiones. Debó ser lugar de culto y rituales.
Siguiendo a González Echegaray, la tribu cántabra de vadinienses se asentaban en el extremo nororiental de la actual provincia de León con una derivación hacia el bajo Sella. La fisonomía de los cántabros tenían aspecto indoeuropeo o céltico, aunque se pueden considerar un grupo homogéneo; hasta la fecha se conocían a los Salenos, Orgenomescos, Avarigios, Concanos, Blendios, Coniacos y Valdinienses (sic). El cántabro era un pueblo de estructura matriarcal en la que tenía preponderancia el derecho femenino y de línea materna, aunque estaba regido posiblemente por varones en todos sus niveles. Algunos de los nombres más citados de los pobladores, extraídos de lápidas funerarias, son para las mujeres Anna, Amia, Aia y Dovidena; las mujeres se encargaban de la agricultura, la ganadería y la confección de enseres como cerámicas y tejidos. Los nombres más comunes entre los varones era Ambato, Bodero, Boddo, Doidero, VadoPentovio; éstos solían dedicar su tiempo sobre todo a la guerra: defensa de las fronteras y mercenarios -a la vez que apreciados eran muy temidos-, a la caza y tal vez a la fabricación de armas. Como pueblo guerrero tenían sus propios himnos de combate y ejecutaban danzas. La esperanza de vida rondaba los 35 años, aunque existían casos de longevidad entre los 80 y 95 años.

Dos habitaciones, cuadrada en primer plano y redonda al fondo
La economía cántabra, habitantes de una zona muy montañosa, era muy pobre; se basaba en una agricultura muy elemental con predominio del cereal, cultivaban cebada con la que elaboraban cerveza, muy apreciada por ellos, y harina, y trigo de baja calidad. La ganadería: caprino y porcino que aprovechan los bosques de robles que tienen en la bellota alimento del ganado y fabricación de harina; la cría de caballos en semilibertad similar el actual asturcón; del vacuno les proveía de leche, carne y ayuda en la labranza; y la caza tanto como complemento alimenticio como ejercicio. No obstante gran parte de sus ingresos debía provenir de su calidad de guerreros mercenarios. Puede que la explotación minera del hierro y la fabricación de armas fuese también fuente de ingresos. Vivían sobre colinas, en poblados: castros que variaban de tamaño, desde pequeños poblados de escaso valor defensivo a grandes oppida que podían servir como refugio a varias "gentilidades" en épocas de guerra, situándose éstos en altura. El castro en la zona meridional defendiendo la frontera sur contaban con muralla y foso, mientras que los poblamientos del interior eran más pobres. Las habitaciones eran de planta circular a veces con paredes de piedra y techumbre de ramaje sustentado por un poste central; adosado a la pared se podía colocar un banco corrido; también existen casos más aislados de viviendas de planta rectangular. La distribución de las viviendas en el interior del recinto amurallado carecía de todo sentido urbanístico.

La economía cántabra mantenía un intercambio de productos con sus vecinos que tendían a equilibrar sus deficiencias, truques de cereales de los que eran deficitarios por sus excedentes ganaderos y materias primas de la montaña. Con la romanización de sus vecinos: Vacceos, Turmogos y Autrigones en diferentes etapas, este equilibrio tendió a romperse y a dificultar su sistema de comercio ancestral lo que les llevó en muchos casos a aprovechar su fortaleza como guerreros  para satisfacer sus necesidades con la práctica del pillaje de las cosechas de pueblos vecinos, excusa que esgrime Roma, la defensa de sus aliados, para lanzar campañas de castigo contra Astures y Cántabros hasta la sumisión de los primeros.

Entrada al castro y muralla en la que se aprecia desprendimiento de material
En el yacimiento se pueden ver dos cartelas informativas y las imágenes que las ilustran y que a continuación transcribo y que, aunque aportan escasa información, el visitante sabe agradecer:

Hola, mi nombre es Anna de la tribu cántabra de los vadinienses.
Cuando venía a este poblado me gustaba subirme al monte que vosotros llamáis Peñotas y desde allí contemplar el ajetreo del lugar de mis antepasados.
Las casas se organizaban cerca de la muralla y de la calle que desembocaba en la puerta de la misma. Las había redondas y cuadradas, pero la más importante era la Casa de las Paredes Rojas, a la izquierda de la entrada al castro, allí se hacían nuestras ceremonias. A nosotros nos gustaba salir al camino a recibir a los agricultores y ganaderos, pero lo mejor era cuando venían visitantes de lejanas tierras con cerámicas y adornos para comerciar en el poblado.

 

Hola, mi nombre es Pentio Festio de la tribu cántabra de los vadinienses y esta era la casa de mis abuelos, donde yo solía pasar algún tiempo.
La casa tenía la parte inferior de piedra, las paredes eran de ramas entretejidas que luego se cubrían de barro y se pintaban de colores. El techo era totalmente de paja.
E en interior de la vivienda mi abuela y mi madre molían el cereal junto al fuego con unos molinos circulares, mientras que mi padre y abuelo afilaban los útiles que utilizaban para trabajar los campos.


No sabemos cuándo se despobló el castro, posiblemente antes de los últimos episodios de la guerra todas vez que se encuentra en el límite meridional del país que se sitúa en esta zona en Cistierna, por lo que pudo ser sometido muy temprano. El castro se encuentra a 1255 metros de altitud, mientras que la cumbre de la Peña del Castro, bajo la que se ubica, tiene una cota de 1328 m. En la zona excavada se pueden ver tres habitaciones -que deben ser las que se recrean en el primer dibujo, dos cuadradas y una redonda-, la principal es la Casa de las Paredes Rojas que indica la cartela, tiene construidos los muros con doble hilada de mampostería y relleno de tierra como la muralla, aunque de menor grosor, presenta divisiones en su interior. Las otras dos habitaciones de menor tamaño y sin divisiones, tiene la base de sus muros de mampostería. La muralla que defendía el castro debe tener unos 2 m. de espesor, está construido entre dos paredes de mampostería y está rellenado de tierra -en la actualidad tiene un pequeño desprendimiento en la cara externa. Entre el muro y las habitaciones el suelo está empedrado.

Peña del Castro. A mitad de la montaña y a la izquierda se aprecia la
muralla en la que se distingue el derrumbe de materiales
La historia de los Cántabros, como hemos dicho al inicio, termina con la campaña del 19 a.C. a cargo de Cayo Agripa, yerno de Augusto. Agripa toma el mando de unas tropas romanas desorganizadas y desmoralizadas, que habían sufrido más una derrota -algunos soldados llevaban 10 años de campaña-, determina que tras el acoso sin cuartel que los cántabros sometían a las legiones, no hacer prisioneros. Todos los combatientes apresados eran ejecutados al momento. González Echegaray cita al respecto a Estrabón quien recordaba "una fila interminable de cruces donde agonizaban los cántabros aún sin fuerzas para entonar sus himnos de guerra". El país fue literalmente arrasado, los castros cercados y sometidos por hambre. Los supervivientes trasladados a la llanura. Los belicosos cántabros que desde 26 a.C. se habían sublevado contra Roma en cuatro ocasiones, tres de ellas junto a los astures antes de ser sometidos éstos, prefirieron la muerte al sometimiento. El propio Agripa, afectado por la crudeza de la campaña no quiso rendir cuentas al Senado ni aceptó los honores que el propio Augusto quiso rendirle.

Robledal descendiendo del castro camino de La Ercina

Para esta entrada he consultado, además de las cartelas informativas del propio castro, la siguiente documentación:

García González, Juan José, Ordenación geopolítica del espacio centro-meridional de la Cordillera Cantábrica (Siglos IV a.C.-VI d.C.), en Poder y Sociedad en la Baja Edad Media Hispánica, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2002
González Echegaray, Joaquín, Cantabria Antigua, Ed. Tantín, Santander 1986.


En la visita al Museo Arqueológico de Madrid en la sección de romanización de la Península nos explican brevemente el sistema de financiación de las campañas militares de Roma, en este caso las Guerras Cántabras. Con el título de Moneda y ejércitos la cartela informativa resume el sistema de financiación y conmemoración de las campañas cántabras junto a varias monedas:

Dinero y soldados viajan juntos. Salarios y gastos de organización se pagan en moneda que, a veces, se acuña expresamente para la campaña. Así ocurrió con las guerras cántabras, para las que se emitieron, en algún lugar del noroeste, bronces con la caetra, el escudo circular hispano. Algunas victorias militares son conmemoradas en las monedas mediante escenas en las que aparecen los enemigos vencidos, sus armas y sus símbolos.

Ases de Augusto para la Guerras Cántabras
Bronce. Hacia 27-23 a.C. Ceca indeterminada en el Noroeste

Denarios de Publio Carisio conmemorando las Guerras Cántabras
Plata. Hacia 25-23 a.C. Augusta Emerita (Mérida, Badajoz)

miércoles, 21 de octubre de 2020

Constanza de Castilla


El texto anterior es el de la cartela del sepulcro de Constanza de Castilla que se encuentra en la sala medieval, en la segunda planta del Museo Arqueológico de Madrid. En esta sala, además de una excelente la colección de capiteles, se encuentra también la estatua orante de Pedro I (1334-1369), abuelo de doña Constanza. El sepulcro se encuentra tras el rey y está fechado en 1478, año de su muerte. Separadas unos metros las dos obras, el visitante no suele relacionarlas. Ambas son anónimas y proceden del desaparecido convento de Santo Domingo el Real de Madrid del que doña Constanza fue priora durante medio siglo y que muy probablemente mandase construir en honor su abuelo el rey y el suyo propio.

Sepulcro de Doña Constanza de Castilla. Alabastro pintado y dorado. Gótico, 1478, del
desaparecido Convento Santo Domingo el Real (Madrid). El sarcófago está decorado con
 alegorías de las Virtudes -Fe, Esperanza, Prudencia, Templanza- y dos ángeles en el centro, 
tenantes del escudo de armas de la Casa Real de Castilla. La estatua yacente viste hábito y
 capa blancos, con rosario y libro de oraciones -conservado en la Biblioteca Nacional
En Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Comenzamos nuestra historia a principios de abril de 1354 en Cuéllar (Segovia). Los obispos de Ávila y Salamanca proclaman nulo el matrimonio de Pedro I de Castilla con la noble francesa Blanca de Borbón; a continuación proceden a casar al rey con la noble gallega Juana de Castro. Tras la noche de bodas el rey, temiendo un complot de los hermanos de ésta y el rey de Portugal, la abandona dejándola embarazada del futuro infante Juan de Castilla. Abandona, Juana se retira a Dueñas (Palencia) cuya fortaleza había recibido en dote. Allí morirá veinte años después, en 1374 sin volver a ver al rey. Durante este tiempo siempre había firmando como reina de Castilla. En julio de 1354, unos meses después de su boda con Juana, nace la segunda hija de Pedro I con María de Padilla, doña Constanza persona que será clave en la solución al problema de la legitimidad dinástica tras la muerte de Pedro I a manos de su hermanastro Enrique de Trastamara.

En 1366 Pedro I viaja a Inglaterra, -país aliado de Castilla en la Guerra de los Cien Años-. En el viaje le acompaña su hijo el infante Juan habido con Juana de Castro, sin embargo el rey regresará solo a Castilla quedándose el infante en Inglaterra donde permanecerá hasta 1388 cuando será reclamado por Juan I. Recordemos que en 1369 Pedro I habías sido asesinado en Montiel  por su hermano bastardo autoproclamado Enrique II. Con anterioridad a estos hechos, en 1362 Pedro I declaraba haberse casado en secreto con María de Padilla en 1535, declarando a su vez nulos posteriores matrimonios, los de Blanca de Borbón (1353) y Juana de Castro (1354), por tanto sólo reconoce como legítimos a los hijos habidos con María de Padilla: Beatriz, Constanza, Isabel y Alfonso, relegando al resto de hijos a la condición de bastardos. Alfonso, muere ese año de 1362; la heredera será Beatriz, muere -o desaparece de la documentación- el mismo año que su padre, en 1369, quedando tan solo con vida las dos hijas menores, Constanza, con condición de legítima heredera, e Isabel. En 1371 Constanza se casará con Juan de Gante, duque de Lancaster hijo del rey Eduardo III de Inglaterra. Al hacer su entrada en LondresConstanza lo hará como reina de Castilla, a la vez que los privados del difunto Pedro I animan al de Lancaster a reclamar los derechos al trono castellano frente a la dinastía usurpadora de Trastamara a la que no cesarán de atacar. En Castilla a la muerte de Enrique II, le sucede Juan I. Éste negociará la boda del heredero, el príncipe Enrique, futuro Enrique III, con la hija de Constanza y el conde de Lancaster, Catalina de Lancaster. Con esta boda se zanjará el problema sucesorio entre las casas de Borgoña y Trastamara en los nietos de Pedro I y Enrique II, legitimando así la nueva dinastía. En las estipulaciones del matrimonio Juan I exige, "para mayor seguridad y pacificación de todos, que el Duque de Alencastre entregase también al infante don Juan, hijo del rey don Pedro, que tenía en Inglaterra... y así se cumplió". Una vez entregado el infante al rey de Castilla, será recluido en el castillo de Soria. Las ansias de libertad del infante Juan le llevan a casarse con la hija del alcaide Elvira de Falces con quien tiene dos hijos, Pedro y Constanza, primos de la futura reina Catalina de Lancaster quien, durante su regencia, los toma bajo su protección dedicando a ambos a la carrera eclesiástica: Pedro llegó a ser obispo de Osma y Palencia, y Constanza, la que nos ocupa, priora del convento de Santo Domingo el Real en Madrid. El infante Juan morirá, sin llegar a ser liberado, en el castillo de Soria y será enterrado en la colegiata de San Pedro de la misma ciudad.

Escudo de la Casa Real de Castilla en el sepulcro de Doña Constanza

Siguiendo el excelente trabajo de Ana María Huélamo sobre Constanza de Castilla, en su faceta de autora y escritora medieval, una de las pocas mujeres escritoras castellanas medievales, que gira en torno a su obra literaria. En ella narra episodios de su vida que son los que nos interesan. Como hemos mencionado será Catalina de Lancaster quien introduzca a la joven Constanza en el monasterio de Santo Domingo el Real. En este punto Huélamo, citando un texto al padre Alonso Getino, nos revela cómo el ambiente del convento le fue propicio para desarrollar sus "raras condiciones de inteligencia y voluntad", a la vez que supo mantener excelentes relaciones con los monarcas castellanos que se sucedieron en el trono "de los que recibió numerosas mercedes". Constanza debió asumir el cargo de priora desde muy niña ya que lo desempeñaba en 1416 -había nacido hacia 1404, un año antes de la muerte de su padre- época en la que hay escasas referencia de su persona debido quizás a su corta edad. Es a partir de 1423 cuando aparece citada en numerosos documentos pontificios "los hay de Martino V, Eugenio IV, Calixto III y de algunos Delegados y Nuncios pontificios". Desde la regencia de Catalina de Lancaster doña Constanza será una persona importante y tendrá influencia en la Corte en la que, dada su longevidad, será testigo de los reinados de Juan II y Enrique IV y los inicios de Isabel I, de quienes recibirá numerosas gracias, toda vez que "fue priora casi cincuenta años", tiempo en que supo granjearse "una consideración muy positiva como religiosa".

De la generosidad real destaca Huélamo un texto de Juan II de febrero de 1428: "Yo el Rey mando a vos mis contadores mayores que libredes a mi tía doña Constanza, nieta del Rey don Pedro, mi bisagüelo, que Dios dé el paraíso, Priora del Monasterio de Santo Domingo de Madrid, cuarenta mil maravedís, que es mi merced de mandar dar"; y otra de la reina Juana, mujer de Enrique IV con otra generosa donación. No obstante, será de mayor interés para la priora la concesión de la licencia que le otorga Juan II para el traslado de los restos de su padre el infante Juan y los de su abuelo Pedro I al convento de Santo Domingo: "allí se les levantó un mausoleo, para el que Constanza contó con la ayuda económica de su hermano don Pedro, obispo de Palencia", y el traslado de la real capilla del sepulcro de su abuelo desde la Puebla de Alcocer a Madrid. Durante su larga regencia en el convento, la priora llevó a cabo importantes obras, entre ellas construyó la capilla mayor, el refectorio y el claustro que llevaba su nombre de doña Constanza. En 1465 debió dejar el cargo de rectora aunque aún vivió hasta 1478 siendo sepultada en el mismo convento, "En el coro, bajo un arco rebajado se colocó su elegante sepulcro en alabastro", el que hoy podemos contemplar en la sala de Museo Arqueológico. El convento de Santo Domingo el Real fue demolido en 1869. Los restos del Pedro I fueron trasladados, junto a su estatua y el sepulcro de doña Constanza, al Museo Arqueológico donde reposarán hasta 1877 que son trasladados definitivamente, junto con los de su hijo el infante Juan, a la Capilla Real de la Catedral de Sevilla.

Busto de la escultura orante de Pedro I en el Museo Arqueológico


REYES DE CASTILLA A PARTIR DE ALFONSO XI Y PERSONAJES CITADOS

                                           María de Portugal           ALFONSO XI            Leonor de Guzmán
                                                        ||                                        (1331-1350)                                 ||  

              Juana de Castro     PEDRO I    María de Padilla                                     ENRIQUE II    Juana Manuel
                              ||               (1350-1369)                 ||                                                      (1369-1379)    
                                                                                                                                                       ||
Juan de Castilla    Elvira Falces   Constanza de Lancaster    Juan de Gante    JUAN I   Leonor de Aragón                                                    ||                                                                            ||                           (1379-1390)   
                                                                                                                                                            ||  
          Sor Constanza de Castilla                                Catalina de Lancaster               ENRIQUE III
                                                                                                             ||                 (1390-1406)
                                                                                                                                                                                                                                                                                                         María de Aragón        JUAN II      Isabel de Portugal
                                                                                                                ||            (1406-1454)               ||
                                                                                                         
                                                                                                   ENRIQUE IV                              ISABEL I
                                                                                                          (1454-1474)                                  (1474-1504)


Perspectiva del sepulcro de doña Constanza de Castilla


Para esta entrada he consultado la siguiente documentación:

Huélamo, Ana Mª, La Dominica Sor Constanza, autora religiosa del siglo XVRevista de Literatura Medieval, 5, Madrid, 1993, (Podéis acceder al documento desde ebuah.uah.es)
Díaz Martín, Luis Vicente, Pedro I el Cruel (1350-1369), Trea, Gijón, 2007.
Biografías en Real Academia de Historia, en dbe.rah.es

viernes, 2 de octubre de 2020

Valeria medieval

Visitamos Valeria saliendo desde Cuenca por la CM-2100 al sur de la capital para llegar a unos 35 kilómetros. Antes habíamos visitado Uclés aunque de esta visita, muy breve por cierto, sólo recordamos en este blog la batalla de 1108. Nuestro objetivo era el yacimiento romano, aunque ahora nos vamos a detener en su muralla medieval que aislaba el cerro de Santa Catalina de la población. El yacimiento de la ciudad romana se encuentra a unos doscientos metros al sur de la población actual; el acceso se hace por un camino de pendiente suave que nos conduce hasta el cerro de Santa Catalina. Pasado el yacimiento romano llegamos a los restos de la muralla medieval, unos 70 metros de la que se distinguen dos tramos: la muralla propiamente dicha, y el segundo, los restos de una torre exenta. Siguiendo hasta el punto más alto del cerro, -984 metros de altitud-, encontramos los restos de la ermita medieval de Santa Catalina. Todos los restos del yacimiento están bien explicados en las cartelas informativas, incluso, partiendo del yacimiento romano, está trazada una "ruta medieval" que nos lleva a estos tres puntos.

En un artículo de J.L.Rodríguez Zapata en Cuenca, castillos y fortalezas, éste hace una magnífica descripción de las construcción y cronología, que  es la que vamos a seguir en esta entrada. El promontorio donde se ubica el cerro de Santa Catalina lo forma la hoz del río Gritos por el Este y Sur, y el Barranco-Zahorra por el Oeste, creando un tajo natural que hace prácticamente inaccesible el cerro por estos puntos -el río transcurre por una cota de 894 m con un tajo casi vertical en la zona Este de unos 100 metros de caída en la zona más elevada del cerro-, de tal forma que sólo se tiene acceso a él por el Norte que es donde se sitúa la muralla que defendía el asentamiento medieval. Aunque hay constancia de ocupación prerromana -Edad del Broce, Edad del Hierro-, Valeria toma su nombre de "su patronus o fundador -o refundada a partir del núcleo indígena- Valerio Flaco, pretor de la Citerior hacia el 90 a.C." (cartela informativa). Su mayor esplendor lo alcanza como ciudad romana en los años 50 de nuestra era. Tras la caída de la dominación romana, Valeria continuó su existencia con la monarquía visigoda convirtiéndose en sede episcopal lo que propició "la continuidad de unas funciones urbanas de centralización del territorio" (Rodríguez Zapata), que poseía en época romana. Según de cartela, posiblemente en época cristiana "la ciudad ya no estuviese ubicada sobre la ciudad romana o su centro monumental, sino sobre el antiguo barrio exterior en torno a la catedral, bajo el actual pueblo".

Restos de la ciudad romana y al fondo muralla y torre medieval

La ocupación medieval del cerro de Santa Catalina, la divide Rodríguez Zapata en cinco etapas constructivas. La primera tras la conquista musulmana en época califal -la población pasa a denominarse Al-Balira "y pasa a depender de la cora de Santaber a partir de la segunda mitad del siglo VIII"-. En esta época se construye la torre exenta, un torreón de planta rectangular de 4x7 metros que se encuentra bastante deteriorado, que pudo tener funciones de torre vigía del territorio a la que posiblemente se le pudo añadir alguna otra edificación o un muro defensivo. En esta época fue poblada por confederaciones de grupos tribales, y acabaría siendo controlada por los Banu Zennún, conocidos componentes "de una de las dinastías de los 'cadíes o emires de frontera'". En una segunda fase, también islámica, en los siglos XI-XII se reforma la torre "con tapia de cal y canto". Unos meses después de la conquista de Cuenca por Alfonso VIII en 1177, las tropas cristianas toman Al-Balira en 1178  el castillo sería entregado a Nuño Sánchez caballero que participó en la toma de Cuenca. Según Estepa, en 1176 ya se documenta la tenencia de Valeria "como una creación en expectativa en previsión de la conquista de Cuenca", y añade que "tal tenencia se atribuyera al conde don Nuño Pérez de Lara". Nuño Pérez muere por las heridas recibidas en 1177 en la toma de Cuenca. En 1217 la fortaleza, concluye Estepa, estaba en poder del conde Álvaro Núñez.

Interior del recinto con la torre exenta y la muralla

La tercera fase se inicia a partir de 1177 cuando se levantan los "la mayor parte de los cuerpos de fábrica conservados". Los cristiano construyen la muralla que se asienta sobre la roca cerrando el asentamiento por Norte, orientada de Este a Oeste, se conserva  unos 70 metros de muralla y una torre semicircular de franqueo "propias de las fortificaciones en la España cristiana del XII-XIII"; el muro que forma la muralla tiene un grosor de 1,50 m y una altura de 6 m está "realizado con piedras trabajas con cal y arena, revestido el exterior con sillarejo reutilizado de las estructuras romanas". En la cuarta fase, época bajomedieval se le adosan edificios de viviendas a ambos lados de la muralla, estructuras ya desaparecidas de las que aún quedan dos líneas de mechinales en el lienzo y en la torre de franqueo. Entre el torreón exento y la muralla debía estar la puerta de entrada al recinto.

Dentro del recinto "quedan los restos de la ermita románica de Santa Catalina, testimonio de un núcleo repoblador que debió crearse a finales del siglo XII o en el siglo XIII" (Rodríguez Zapata).Según la cartela, una vez reconquistada la zona se construye en el cerro la iglesia, "se construiría a partir del siglo XIII según se desprende por su estilo del románico rural tardío que impiden una adscripción cronológica más precisa". Tiene planta rectangular, orientación Este-Oeste, mide 26,50 x 6,20; "dimensiones bastante grandes para un edificio de tipo rural", el templo está construido en una sola nave con sillarejo unido con argamasa de cal y arena. La entrada se hacia por el lado sur. Destaca una esbelta espadaña de medio punto; en la base de ésta y en las esquinas se pueden ver grandes sillares. Documentada en el siglo XVI como ermita "y pese al abandono de la necrópolis a comienzos de este siglo la ermita perduró hasta su ruina definitiva en el siglo XIX". La necrópolis se localiza en el Sur -junto al ábside- y Este de la ermita y presentan la misma orientación que el templo. Existen dos tipos de tumbas, los de lajas de piedra e inhumaciones sobre la tierra, "con relación a las tumbas con estructuras constructivas, las lajas utilizadas son de caliza de forma, generalmente, bastante regulares. Reforzadas con argamasa de arena y cal. Todas ellas presentan cabeceras regularizadas, la caja de la cabeza esta formada por tres lajas más pequeña". Las sepulturas estaban cubiertas con losas que la práctica agrícola ha ido destruyendo. Los ajuares recogidos se corresponden con los siglo XIV y XV; "la necrópolis sería el lugar de enterramiento de los feligreses del pueblo actual, devotos de este templo, y de la población asentada en el Cerro, vinculada posiblemente a la funcionalidad militar del mismo".

Tumbas junto al muro Este de la ermita

La última etapa de la Valeria medieval concluye con su abandono. En su artículo Rodríguez Zapata incluye varias reseñas históricas, destacar tan solo que tras la repoblación cristiana Valeria pasó a depender del recién creado Consejo de Cuenca como parte integrante de su alfoz. Documentada como Valera de Suso (Arriba) en 1959 retoma su nombre por el de la Valeria romana.

Parte interior de la muralla con pérdida de parte del revestimiento

Para esa entrada he consultado, además de las cartelas informativas (2013), la siguiente documentación:

VV.AA., Cuenca, castillos y fortalezas, Coord. Miguel Salas Parrilla, Diputación de Cuenca, 2019
Estepa Díez, C., Los territorios del rey. Castilla, siglos XII-XIII, Marcial Pons, Madrid, 2021

Vista del la hoz del río Gritos al Sur-Este desde el cerro de Santa Catalina

lunes, 22 de junio de 2020

Castillo de la Estrella en Teba



Llegamos a Teba al atardecer donde hicimos una parada y aprovechamos para subir al castillo en nuestro trayecto de Ronda a Antequera, Coincidimos con una pareja joven del pueblo que estaban paseando. Él nos explicó que el castillo se llamaba de la Estrella, sabía poco más que lo que cuentan las tradiciones y que había trabajado en el acondicionamiento del castillo o del camino que lleva hasta él, cuento esta breve anécdota porque no siempre se encuentra a personas que han trabajado en obras de este tipo.

Nuestra ruta y parada coincide en parte con los comentarios de Cooper que nos van a servir de guía:"durante probablemente medio siglo, Teba era la vecindad más expuesta de la España cristiana fronteriza, aislada en una tierra de nadie entre Ronda y Antequera". En este comentario de 1991 destaca la calidad de su fortificación que propició que una vez conquistada la fortaleza "su reconquista fue definitiva", al contrario de lo que ocurriera con la mayoría de las plazas fuertes granadinas tomadas en la primera mitad del siglo XV; aunque en el segundo trabajo Cooper (2014) nos indica que los musulmanes fueron expulsados de Teba y la cercana Cañete la Real en 1330 por Alfonso XI; y a mediados de siglo, en 1350 -añade citando a García Fernández- la frontera entre Castilla y Granada, aunque no estaba aún clara, la delimitaban, en primera línea granadina, los castillos de Zahara, Setenil y Ardales; y en primera línea cristiana los de "Olvera, Pruna, Ayamonte (de Cádiz), Torre Alhaquime, Ortégicar, las Cuevas y Teba", de las que sólo Olvera y Teba eran plazas fuertes importantes y el resto "torres o castillos controlados alternativamente por castellanos y granadinos". La fortaleza se alza sobre un cerro al sur de la población, -continuamos con la descripción de Cooper-: "estaba defendido por una fuerte muralla dotada de torres redondas y octogonales. En el centro se levanta un recinto poligonal de reducidas dimensiones, construido de buena cantería de piedra caliza". El mejor elemento del conjunto es la torre del homenaje, una torre "todavía majestosa a pesar de su deteriorada condición". La torre, de tres plantas, está dividida cada una de ellas en "sendos pares de naves paralelas, abovedadas en ladrillo, orientadas las de la última planta en sentido opuesto a las demás. Las escaleras son rectas, empotradas en los muros norte y sur".


En cuanto a su historia, como hemos comentado más arriba, Cooper asegura en un principio que "desconoce la fecha de la primera ocupación cristiana de Teba", aunque en 2014 fecha la expulsión musulmana en 1330. Poco más de un siglos después, en 1440 "está en poder de Luis Méndez de Sotomayor, señor de El Carpio". Con anterioridad, Garci Méndez de Sotomayor, padre del anterior y muy activo en la defensa de la Frontera, había participado en 1407 en una campaña en Teba contra los granadinos según la crónica de Juan II,  "según la cual, Garci Méndez desempeñó un papel importante en esa campaña. Esa fue, probablemente, la razón por la cual el rey le dió la alcaidía de Teba. En todo caso, sabemos que unos años más tarde fue nombrado alcaide de esa villa" (Cabrera). En 1439 a la muerte de Garci Méndez le sucede su hijo Luis como señor de El Carpio y será nombrado alcaide de Teba en 1443; para pasar después -continúa Cooper- "al comendador mayor Juan Ramírez de Guzmán, aspirante al maestrazgo de Calatrava frustrado por el nombramiento de Pedro Girón. Es, además, quien centra probablemente en Teba las defensas del Campo de Teba" desde aquí controlaba el territorio con una fortaleza en Ardales, y tres atalayas las de "la torre de la Puente, la del Majano y la de la Salina".

Señalar, por último, que la mayoría de los castillos y torres que se mencionan en esta entrada se pueden ver, por lo que se puede organizar una interesante ruta para visitar y conocer un territorio de gran belleza paisajística y de extraordinario interés histórico.


Castillos Señoriales de la Corona de CastillaCooper, Edward, Junta de Castilla y León, 1991.
La fortificación de España en los siglos XIII y XIVCooper, Edward, Ministerio de Defensa y Marcial Pons Historia, Madrid, 2014.
El señorío de El Carpio en el siglo XV, Cabrera, Margarita, 1999