domingo, 1 de febrero de 2015

Castillo de Curiel


Castillo de doña Berenguela des el pueblo
Desde el castillo de Peñafiel mirando hacia el norte, cruzando el Duero, se recorta sobre un cerro el castillo de Curiel, una población que está sólo a 5 kilómetros del centro de Peñafiel donde me contaron, en un bar de la plaza Mayor que suele utilizarse como coso taurino en las fiestas, una leyenda que narra cómo un gigante solía beber el agua del río Duero; para hacerlo, el gigante ponía un pie en Peñafiel y el otro en Curiel. y agachado bebía el agua del río. Si no me hubiesen contado esta leyenda quizá no me hubiese animado a llegar hasta allí y descubrir tanto la población como la insólita historia de su patrimonio.

Acceso al castillo de doña Berenguela
El castillo roquero en lo más visible de Curiel, conocido como Castillo de doña Berenguela, madre de Fernando III el Santo, está sobre el cerro que domina el pueblo, testigo de la historia entre los siglos IX y XIV. La fortaleza perteneció al infante don Juan, hijo de Alfonso X el Sabio y hermano del rey Sancho IV, personaje de vida azarosa muerto en 1319. A finales del siglo XIV, en 1386, el rey Juan I dona Curiel y su tierra a Diego López de Zúñiga a cambio de Villalba de la Losa (Burgos).

Castillo-Palacio de los Zúñiga
Con la cesión de CurielDiego López de Zúñiga, debió cambiar bastante la fisonomía de la villa al iniciar éste la construcción de un segundo castillo, (castillo-palacio o casa fuerte) en el casco urbano. Los Zúñiga, miembros de la llamada nobleza de servicio, eran descendientes de familia navarra que habían ascendido en la corte de Castilla tras tomar partido por Enrique II de Trastámara en la guerra civil que lo enfrentó a Pedro I el Cruel. Fue Diego López de Zúñiga el segundo de los cuarto hijos de Íñigo Ortiz, quien debió prestar importantes servicios a Enrique II, por lo que consiguió para sus cuatro hijos cargos en la corte, de hecho Diego se había criado en la corte junto al infante don Juan, futuro Juan I , lo que facilitaría su ascenso. A la muerte de Juan I participó activamente en la regencia durante la minoría de edad del futuro Enrique III, frente a los llamados epígonos Trastamara, los parientes del rey que serían reemplazados en el poder por la nueva nobleza, o nobleza de servicio, a la que pertenece Ruy López Dávalos, nombrado condestable de Castilla, como vimos en la historia del castillo de en Arenas de San Pedro (Ávila), el de La Triste Condesa, y el propio Diego López de Zúñiga que será nombrado Justicia Mayor.


Diego López de Zúñiga inicia las obras del que iba a ser su castillo-palacio, que en 1397 debía tener terminadas las obras toda vez que en testamento de ese año lo cede a su esposa en usufructo con sus casas de la villa, -donación que reitera en testamento de 1410 y en 1417 donde señala la donación de "las casas que labro en la villa de Curiel, con el palomar, huerta y heredades". El castillo-palacio constaba de dos patios que, como los de la época, estaban adornados con elementos y decoración mudéjar. Tenía dos torres, una en cada esquina del edificio que no solían resaltar la planta general, en el caso de Curiel los paños exteriores las simulaban formando las esquinas. Sobre la puerta de ingreso al castillo-palacio según nos indican Cobos Guerra y Castro Fernández "existía un escudo de la familia Zúñiga y una inscripción: "Esta obra mando facer Diego Lopes Stuñiga Justicia Mayor del Rey... Villa e acabose en el anno del nacimiento de nuestro señor Jesucristo de Mil e CCCC e X annos", que nada tiene que ver con el escudo que hay en la actualidad que colocado más recientemente. Sobre la puerta de ingreso hay un vistoso matacán sobre ménsulas así como almenas en todo su frente.


El castillo-palacio fue propiedad de la casa de Osuna hasta mediados del siglo XIX hasta que en 1862 es adquirido por un tal Indalecio Martínez Alcubilla, vecino de Madrid, que realiza una profunda "limpieza del castillo", del que extrae más de 500 carros de escombros aunque va a mantener la decoración mudéjar del edificio.

Adorno del castillo-palacio conservado en el Museo Arqueológico de Madrid
En 1919 lo adquiere otro particular, Agustín Yagüe, que inicia su desmantelamiento y expolio: obtiene de él 3.800 arrobas de leña entre la que se encontraba "gran parte de la espléndida decoración mudéjar" que se había mantenido hasta entonces. Algunos restos son vendidos y se dispersan: parte de la decoración se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, identificándolos como de Curiel de los Ajos, además, "uno de sus artesonados se encuentra hoy en día en San Simón de California (EE.UU.) y otro fue trasladado al Alcázar de Segovia. El patio del castillo fue también vendido y hoy se encuentra en la finca "El Canto del Pico" en Torrelodones" (Madrid).


Frente a la entrada existía el rollo jurisdiccional hoy desaparecido del que sólo se conservan las gradas en cuyo centro hay plantado un hermoso arbusto, y también destaca la iglesia de Santa María, del siglo XII aunque su interior, que no pude ver, se corresponde con los siglos XV y XVI. A la salida del pueblo se encuentra el Arco de Curiel una de las puertas de acceso de la muralla, mientras que el castillo de doña Berenguela sigue dominando el pueblo, ha sido rehabilitado recientemente, de forma crítica, para  convertirlo en hotel rural, pudiéndose visitar y desde el que se tienen unas vistas panorámicas extraordinarias.

Armadura del Castillo de doña Berenguela del actual hotel rural
Para este viaje y elaborar esta entrada en consultado además de la web del Ayuntamiento de Curiel de Duero, los siguientes libros:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Las noblezas españolas en la Edad Media Siglos XI-XVGerbet, Marie-Claude, Alianza Universidad. Madrid 1997.

Peñafiel visto desde el castillo de  doña Berenguela de Curiel. En el centro
 de la imagen puede distinguirse sobre el cerro el castillo de Peñafiel
Vista parcial de Curiel desde el castillo de doña Berenguela. A la izquierda
el castillo-palacio de los Zúñiga y a la derecha la iglesia de Santa María
Arco de Curiel desde su interior
Escena galante de la decoración del castillo-palacio de los Zúñiga en el
Museo Arqueológico Nacional de Madrid

domingo, 14 de diciembre de 2014

Castillo de La Adrada


Saliendo de Arenas de San Pedro, a unos 50 kilómetros al este siguiendo el valle del Tiétar dirección Madrid, está La Adrada. La información sobre el castillo de La Adrada no es muy extensa, quizá porque es una fortaleza que carece de una historia de batallas ni fue lugar de hechos relevantes, tan solo se hace referencia a ella por la entidad de sus propietarios. No obstante, y a pesar de haber llegado a estar el edifico en situación de casi total ruina, ha ganado interés por la intervención que se ha hecho él. Se han reconstruido las torres, los lienzos de sus dos recintos amurallados y su patio renacentista, convirtiéndose en un lugar idóneo para visitar e iniciarse en la apasionante mundo medieval y los castillos.


La Adrada pudo tener su origen en una fortaleza árabe en torno a la cual se iría aglutinando un núcleo de población. En la repoblación de la zona llevada a cabo por Raimundo de Borgoña por orden de Alfonso VI en el siglo XII, "se reconstruyó el castillo de La Adrada como avanzada de defensa frente a las posibles incursiones de los moros". La población es reconocida como villa, segregándose de Ávila el año 1393, y pasa a formar parte del señorío de Ruy López Dávalos  mediante otorgamiento del rey Enrique III como vimos en la entrada del castillo de La Triste Condesa en Arenas de San Pedro. Tras la caída en desgracia del condestable Dávalos la propiedad paso a de Álvaro de Luna, valido de Juan II, que la mantuvo hasta su ejecución en 1453, y hasta 1463 en poder de su viuda Juana de Pimentel conocida como La Triste Condesa. En 1465 Enrique IV dona la propiedad como dote a Mencía de Mendoza, mujer de Beltrán de la Cueva. duque de Alburquerque, por los servicios que éste le había prestado. Es justo Beltrán de la Cueva a quien se atribuía la paternidad de la hija del rey, Juana la Beltraneja, aunque a la muerte del rey el duque apoyará los derechos de sucesión al trono de la princesa Isabel en contra de los intereses de su supuesta hija. Años más tarde, en 1570, Felipe II otorga al descendiente de don BeltránAntonio de la Cueva, el marquesado de La Adrada.


El castillo se erige en el siglo XIV sobre una iglesia gótica de 1250 de la que conserva el ábside; éste se elevará para convertirse en torre del homenaje. El presbiterio, del que quedan restos de las columnas, se cierra y pasa a ser salón; y sobre el costado sur, hacia 1500, se adosará un palacio renacentista de patio porticado. Tanto las columnas de la antigua iglesia como las dovelas del arco que da paso al ábside tienen profundas marcas de cantero. En el exterior, junto al ábside de la antigua iglesia, estaba el cementerio al que corresponden las estelas que se pueden ver actualmente junto al muro que separaba la iglesia del palacio.


El patio del palacio renacentista consta de dos plantas en tres de sus lados, el cuarto es el muro sobre el que se adosó de la iglesia, y está reconstruido en su totalidad. También está reconstruida la entrada de ingreso al castillo que ha sido adornada con una vistosa ventana con parteluz y alfiz, y una ladronera sobre ella, única defensa vertical de la fortaleza. Una vez en el interior destaca en el patio empedrado el brocal de piedra que cubre la cisterna subterránea donde se recogía el agua de lluvia. Las columnas del patio y los pilares de la primera planta son todos ochavados, y al igual que el antepecho de tracería gótica, se han reconstruido a partir de los restos de elementos originales. A su vez se han colocado los escudos de armas de sus propietarios, dos de ellos se reproducen también en los cubos de la entrada, el de Alvaro de Luna, que es original; el de Beltrán de la Cueva, y el de la mujer de éste Mencía de Mendoza. Al conjunto se le añade, al pie de la antigua iglesia, una torre pentagonal albarrana en proa, que hace de unión entre al edificio y el recinto exterior.

Detalla E. Cooper que consta que en el castillo había una importante depósito de pólvora y fue desde allí desde donde se envió la pólvora para el asedio del castillo de Torrejón en la primavera de 1465. Tras este asedio, Pedrarias Dávila, contador mayor de Enrique IV, tomó por las armas el castillo de Torrejón de Velasco. Por su condición de almacén de pólvora, añade Cooper, "cabe suponer que el almacén era el mismo castillo y que su estado arruinado pudiera deberse a una explosión inoportuna".


La fortaleza se cerró con este recinto exterior o falsabraga, que tiene forma pentagonal y cuenta con diez torres. El camino de ronda, de libre acceso, es corrido, almenado y dotado de troneras de cerradura invertida. En este recinto exterior se abre la puerta de acceso a la liza, -espacio entre la barrera exterior y el castillo-, frente a la torre del homenaje. Esta puerta está flanqueada por dos cubos almenados y provistos de troneras, a los que se accede mediante un puente levadizo que nos indica que debió tener un foso que rodearía todo el conjunto. En uno de los cubos está el escudo de Alvaro de Luna y en el otro el de Beltrán de la Cueva, ambos de reciente factura.


En las dependencias del reconstruido palacio renacentista se ha instalado el centro de interpretación del castillo y de la época medieval del valle del Tiétar  y de historia antigua y medieval de la provincia de Ávila. Cuenta con maquetas del propio castillo y del de Mombeltrán. En la planta de recepción un audiovisual muestra cómo evolucionó la construcción del castillo desde la iglesia románica y su transformación en fortaleza. Es de agradecer la profesionalidad de las personas que atienden este centro de interpretación. Para terminar, sería de gran interés una reimpresión del cuadernillo Restauración del castillo de La Adrada, con un excelente texto del profesor Luis Mora-Figueroa, con fotografías de J.R. San Sebastián, Concha del Río y unas magníficas ilustraciones de Miguel Sobrino.

Para esta entrada he consultado los siguientes publicaciones:
Castillos de Castilla y León, Gutiérrez, José Manuel, Edical, S.A.-, Valladolid, 2007.
Restauración del castillo de La Adrada, Mora-Figueroa, Luis, Diputación Provincial de Ávila, Ávila, 2004.
La Adrada, recuerdos y tradiciones, VV.AA., Diputación Provincial de Ávila, Ávila, 2000.
Castillos Señoriales en la Corona de CastillaCooper, E., Junta de Castilla y León, 1991.

Torre albarrana desde el paseo de ronda del castillo
Muralla, paseo de ronda y cubo del recinto exterior o falsabraga
Panorámica de la planta de la antigua iglesia y pario del palacio desde la torre albarrana
El castillo desde el noreste
Marcas de cantero en las columnas de la antigua iglesia gótica

jueves, 4 de diciembre de 2014

El castillo de la Triste Condesa


Saliendo de Ávila hacia el sur, para cruzar Gredos, el camino natural es el puerto de Menga, entre la sierra Zapatera y la Serrota hasta llegar al Puerto del Pico. Desde allí hay una vista maravillosa en torno al fértil valle de las Cinco Villas y la calzada romana que desciende serpeando hasta Mombeltrán. Ahí comienza lo que se denomina la Andalucía de Ávila, en el límite con la provincia de Toledo. Hacia el oeste, a escasos 10 kilómetros se encuentra Arenas de San Pedro y a 25 Candeleda, antesala de La Vera, Cáceres; hacia el este, a unos 50 kilómetros, La Adrada. El clima frío y seco de Ávila aquí se suaviza con cálidos veranos; las abundantes lluvias y los deshielos de primavera conforman un área rica tanto agrícola como ganadera.

En el castillo del Condestable Dávalos o de la Triste Condesa, que de ambas formas se conoce al castillo de Arenas de San Pedro, se reflejan los vaivenes políticos acaecidos tras la muerte de Enrique III, el turbulento reinado de Juan II , la guerra civil con Enrique IV  e Isabel I, hasta la consolidación del poder real con los Reyes Católicos, época que plasma la lucha entre la alta nobleza y la monarquía absolutista en Castilla durante todo el siglo XV, como resume Marie-Claude Gerbet: "Juan II y Enrique IV fueron dos monarcas autoritarios que, siguiendo el ejemplo de los tres Trastámara, no quisieron compartir el poder con una nobleza muy rica y poderosa, que ellos mismos habían fraguado, sino que prefirieron gobernar con un "favorito", que evidentemente procedía de la nobleza, pero que no compartía los puntos de vista de ésta. Los grandes nobles no aceptaron que se les excluyera del poder como "orden" ni se les apartara de los altos cargos, del gobierno y de esa fuente permanente de riqueza que entonces más que nunca era el rey".


El origen del castillo está vinculado a la concesión del señorío de Arenas a Ruy López Dávalos en 1395 por el rey Enrique III. Hacia 1400, López Dávalos, Condestable de Castilla, comienza la construcción del castillo para garantizar su dominio sobre la vertiente sur de Gredos, -también era señor de La Adrada y Candeleda donde poseía también fortalezas, además de las villas de El Colmenar (hoy Mombeltrán) y La Puebla de Santiago de Arañuelo-. Las villas del señorío estarán obligadas entonces a entregar carretas de piedras, madera y carbón para la construcción y acondicionamiento de la fortaleza. Ésta se levantará a orillas del río Arenal, sobre la roca y va a carecer de cimientos. Se construirá también el puente de Aquelcabo que va a permitir controlar con facilidad una de las cañadas que conducen al Puerto del PicoPuerto del Peón, y que será fuente de ingresos mediante el cobro del portazgo. El castillo, construido en el llano, comenta Cooper: "favorece su gran tamaño y el desarrollo de una planta regular; es un simple rectángulo con dos puertas sencillas de entrada, cubos en los ángulos, y una torre del homenaje en medio lienzo".


A la muerte de Enrique III, el condestable apoya la causa de los Infantes de Aragón que persiguen mantener los privilegios de la alta nobleza y su influencia sobre el sucesor al trono, el aún niño y futuro Juan II. Frente a ellos estará el mismo rey y Álvaro de Luna, defensores de una monarquía autoritaria. Derrotados los infantes por Álvaro de LunaLópez Dávalos  se refugia en Aragón y sus posesiones son distribuidas como botín de guerra. El castillo pasa a manos de Rodrigo Alonso de Pimentel, conde de Benavente, que en 1432 lo cedió en dote a su hija, Juana, con motivo de su casamiento, precisamente con el valido del rey y nuevo Condestable de Castilla, Álvaro de Luna. En 1453 el condestable cae en desgracia, es juzgado sumariamente, condenado y ejecutado en Valladolid. Tras la ejecución del valido, y obsesionado con la riqueza que éste había acumulado, el rey devuelve a la viuda, Juana de Pimentel, parte de las posesiones a cambio de dos tercios del tesoro que creía estaba escondido en el castillo de Escalona. Entre otras posesiones a la viuda le retornan la villa de Arenas con su castillo, donde se refugia junto a su hija María de Luna y su nieta Juana, heredera de su hijo Juan de Luna. Pero el rey sobrevive poco tiempo a su valido y muere al año siguiente, en 1454 sucediendole Enrique IV.


Enrique IV dejará también el gobierno del reino en manos de validos, lo que propiciará el enfrentamiento con la alta nobleza que no está dispuesta a soportar un nuevo Álvaro de Luna. Las disputas entre la alta nobleza y la nueva nobleza forjada por funcionarios, pequeños nobles y clientes del soberano, generará la formación de varios grupos nobiliarios que lucharán entre sí, y cambiarán de bando en función siempre de sus propios intereses.


Durante los primeros años de reinado de Enrique IV el valido es Juan Pacheco, Marqués de Villena. Pacheco había entrado en la corte como paje de la mano de Álvaro de Luna, y ambicionaba tanto el poder como las posesiones de éste, por lo que pretende forzar el casamiento su hijo, Diego López Pacheco, con la hija de aquél y Juana de PimentelMaría de Luna. Pero Juana se negó a esta boda, ya tenía elegido pretendiente para casar a su hija, a Íñigo López de Mendoza, hijo del Marqués de Santillana y desde 1475 Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza enemigo enfrentado a Juan Pacheco.


Ante la negativa de Juana al casamiento, Pacheco cerca el castillo. Juana, que ya en sus cartas al rey encabezaba con un "Yo, la Triste condesa, Juana de Pimentel", resistió el cerco y pidió ayuda al Marqués de Santillana a quien solicitó a la vez que enviase a su hijo Íñigo a Arenas. Éste, disfrazado de mercader, burló el cerco y escalando el lienzo de la muralla por la parte del río, se introduce en el castillo, se casa con María y consuma el matrimonio esa misma noche. El rey, que había recibido presiones de Pacheco para forzar el matrimonio de su hijo con María, requiere a  Juana para que acceda a dicho matrimonio,a lo que ésta contestó que “su hija se había casado con el primogénito de Mendoza, que estaba preñada y de esta manera figurábase que no la querría el de Villena para mujer de su hijo”.


Juan Pacheco consigue, no obstante, que en abril de 1461 le sean confiscados todos los bienes a la Triste Condesa. Ésta, con el apoyo de los Mendoza  resiste y pone en armas a las gentes y fortalezas de Arenas y La Adrada contra la orden real. A pesar de su resistencia perderá la villa y el castillo; es obligada a ceder la custodia de su nieta Juana, y siendo ésta una niña la casarán con el hijo del de Villena, Diego López Pacheco. El rey muere en 1474 y al año siguiente, en 1475 Juana de Pimentel, la Triste Condesa, una vez rehabilitado su esposo por los Reyes Católicos, recupera sus posesiones y deja el castillo, mediante testamento en 1484, a su hija María. El castillo, de esta forma, no llegó a caer en manos de los de Villena y siguió perteneciendo a la casa de los Mendoza.

Armadura - Museo Lázaro Galdiano
La fortaleza fue propiedad de los Mendoza hasta la Guerra de la Independencia; en estas fechas es destruido su interior y, desde 1812, se destina a prisión, almacén y cementerio hasta que en 1835 pasa a ser propiedad del duque de Pastrana quien lo cede, a cambio de una fanega de trigo anual, al municipio. Según el profesor Eduardo Tejero, el castillo en 1812 se destina a cementerio y en 1849 se presenta un proyecto para convertirlo en prisión. El edificio, propiedad del duque del Infantado, lo cederá éste en 1853 al municipio y tras varias reformas en 1867 la reina Isabel II ordena informar sobre su estado y es reformado de nuevo "resultando cárcel en perfecta sintonía con el castillo, creando un conjunto que muchos creyeron medieval y que se conoció como casa de los Picos", y a tal uso se destinó hasta 1961. En la actualidad es de propiedad municipal y lo destina a festejos y actos culturales.

Para esta entrada he consultado y reproducido extractos de los siguientes libros:
Castillos de Segovia y ÁvilaBernad Remón, Javier, Ed. Lancia, 1990.
Los castillos y fortalezas de Castilla y LeónMartín Jiménez, Carlos M. Ed. Ámbito.
Historia de Avila. III Edad Media (Siglos XIV-XV)Luis López, Carmelo, Institución Gran Duque de Alba,  Ávila 2006.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Las noblezas españolas en la Edad Media Siglos XI-XVGerbet, Marie-Claude, Alianza Universidad. Madrid 1997.
Castillos Señoriales en la Corona de Castilla, Cooper, Edward, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1991.
Castillos de Ávila, Museo de Ávila, Ávila, 1989.
Castillos de España, Revista de la Asoc. Española de Amigos de los Castillos, nº 130. Cardiñanos Bardeci, Inocencio, Madrid 2003.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Soria: paseo por el románico soriano

Arco califal - Castillo de Gormaz
Hace 15 años subí al castillo de Gormaz en una visita sin planificar y nunca pensé que volvería a los restos de la fortaleza más grande de la Europa medieval. Desde allí se contempla el discurrir lento del Duero entre chopos y campos labrados; esta vez volví para visitar no sólo sus castillos, sino el románico de Soria obras que ha perdurado, como la fortaleza, más de 900 años en el silencio que envuelve estos pueblos prácticamente deshabitados.

San Pedro - Soria
Casi todas la iglesias que visité han sufrido reformas e intervenciones posmedievales, y ninguna mantiene su estructura original aunque fachadas, pórticos, ábsides y claustros de bellísima factura guardan en su totalidad el esplendor y la expresividad que el cantero les diera; y tampoco pude entrar en todas ellas, con lo que me perdí algunas imágenes, pinturas, capiteles y retablos de su interior. Son los restos de la historia que se inicia con la toma de la fortaleza de Gormaz por Fernando I de Castilla en 1060 que "conquista toda la extremadura soriana llegando hasta tierras de Guadalajara". El itinerario, muy denso, se vio frustrado en parte, por los caprichos del cambio de hora y haber hecho parte del viaje en día festivo.

San Miguel - Almazán
La primera parada del viaje fue Almazán, ciudad que aún conserva parte de la muralla y la espléndida puerta de Herreros. A través de se llega hasta la plaza Mayor donde se encuentra, de espaldas al Duero y frente al palacio de los Hurtado Mendoza, la iglesia de San Miguel, del siglo XII, cuya singularidad  más destacable es una esbelta torre octogonal. Subiendo la calle que sale del palacio se llega a la iglesia de San Vicente, del mismo siglo y de la que sólo perdura el ábside y las arquerías interiores, y aunque hoy se utiliza como sala de cultura, siendo festivo no pude visitar el interior.

Santo Domingo - Soria
Desde Almazán llegué a Soria a mediodía. Buscando un lugar para comer me encontré con la iglesia de Santo Domingo, de una belleza increíble. De finales del siglo XII se construyó sobre una anterior en honor a Santo Tomé. Tiene la portada con cuatro arquivoltas  donde se narran escenas del Apocalipsis, la matanza de los Inocentes, el nacimiento y vida Jesús, y la Pasión. Se le conoce como "la Biblia en piedra".El edificio se reformó en gran parte en el siglo XVI. En el exterior, en la acera, hay una placa con versos de Machado: "En Santo Domingo / la misa mayor. / Aunque me decían / hereje y masón / rezando contigo / ¡Cuánta devoción!".

San Juan de Duero - Soria
Después de la comida un paseo frente al palacio renacentista de los Condes de Gomara hasta llegar al Duero. Cruzando el río, a la izquierda, descansa el espléndido claustro de San Juan de Duero. Fundado por monjes Hospitalarios llegados de Tierra Santa en el siglo XII, se construyó el claustro con una exquisita mezcla de influencias románicas y orientales: "arcos de medio punto, ojivales, entrelazados, secantes, califales componen una sinfonía de arte medieval". Tiene también una pequeña iglesia en cuyo interior hay dos templetes de bellos capiteles con escenas fantásticas y bíblicas.

San Saturio - Soria
Siguiendo el curso del río se llega primero a San Polo donde quedan restos de un supuesto cenobio templario, y después, bajo una lluvia mansa de otoño: San Saturio, paseando junto a la ribera del río que cantara Machado: "He vuelto a ver los álamos dorados, / álamos del camino en la ribera / del Duero, entre San Polo y San Saturio, / tras las murallas viejas / de Soria -barbacana / hacia Aragón, en castellana tierra-." Después de visitar la gruta del ermitaño vuelta a la ciudad, por la otra orilla del río, de nuevo bajo la amenaza de la lluvia, para la última visita: San Pedro.

San Pedro - Soria
En la actual Concatedral de San Pedro. sólo queda del antiguo edifico románico un extraordinario claustro de "líneas puras y capiteles historiados" al que se accede desde el templo de poderosas columnas góticas construido en el XVI . El paseo por el claustro, donde se yergue un hermoso ciprés, fue un evocador tránsito por el silencio y la lenta lectura de unos capiteles bellamente tallados, lectura que sólo interrumpió el repicar de las campanas y con el graznido de una pareja de cuervos que parecían habitar en las sombras de la galería. Señalar que es el único lugar donde hay que pagar entrada, aunque sin lugar a dudas, bien mereció la pena.

San Juan de Rabaneda - Soria
A la mañana siguiente un pequeño paseo para visitar el olmo seco y partido, al que también cantara Machado, y la tumba de Leonor y desorientado hube de preguntar a un peatón para llegar al siguiente destino: "Baje después -me dijo-, donde está San Juan de Rabanera, mi ojo derecho; cuando se marche a recorrer la provincia no olviden visitar Andaluz, San Baudelio, ¡cómo no! y la iglesia de Gormaz, al pie del castillo que, aunque estará cerrada, miren por si acaso estuviese abierta, tiene unas hermosas pinturas". Después de la visita al olmo y al cementerio llegué a San Juan de Rabaneda que destaca por tener un ábside espectacular de dos ventanas y una portada "perteneciente anteriormente a la ahora arruinada iglesia de San Nicolás". Las escenas de los capiteles del exterior, más expuestos a la lluvia y el frío, comienzan a deteriorarse. Es de admirar algunas figuras de los canecillos del ábside. Junto a la entrada hay unos versos de Gerardo Diego: "Ay, San Juan de Rabanera, / si yo robarte pudiera".

San Miguel Arcángel - Andaluz 

Desde allí, y siguiendo la indicación del peatón, tomé camino a Andaluz tras una breve parada en Calatañazor  que mereció un paseo por su castillo y para contemplar las construcciones que aún mantienen su aspecto mediveal. En una de las plazuela y donde han erigido un busto a Almanzor, recordando la derrota que acabó con su vida. Andaluz es un pueblo pequeño al que se llega por un puente romano, tan pequeño que no tiene bar y sin embargo fue la primera villa con Fueros de Castilla. En la parte alta está la iglesia de San Miguel Arcángel, consagrada a principios del siglo XII (año de 1.114). También ésta ha sufrido varias reformas postmedievales, pero conserva una espléndida galería porticada de bella excepcional, tanto los capiteles como los canecillos que aún conserva. Según la información que hay junto a la iglesia el pórtico debió construirse un siglo después de terminado el edificio.

San Baudelio - Casillas de Berlanga
Hecha esta visita, y sin poder tomar un tentempié, salí hacia Berlanga de Duero. Fue providencial: llegar y ver la impresionante Colegiata, porque sólo se abre a las horas de culto: Después de esta visita dejé para la tarde subir al castillo, y salí hacia Casillas de Berlanga donde esperaba San Baudelio.

"El santuario de Casillas de Berlanga tiene un aspecto humilde, casi desangelado en medio del paisaje sobrio. Diríase que ha seguido a pie juntillas la tradición de la casa del moro, un "por fuera nada y por dentro un tesoro". Y así es, un edificio sorprendente, una ermita del finales del X o principios del XI que parece una pequeña mezquita, "uno de los ejemplares más importantes de la herencia mozárabe en España", aunque sufriera uno de los episodios más tristes de nuestra historia cultural, la venta de sus pinturas en 1926 a un museo de EE.UU. El edifico tiene una pequeña sala de columnas que no deja de sorprender por su armonía, además conserva aún restos de los frescos mozárabes y románicos. Recordé que antes de salir de San Saturio una empleada me recitó un poema de Gerardo Diego: "-Que no / -Sí, madre que sí / que yo los vi. / Cuatro elefantes / a la sombra de una palma. / Los elefantes gigantes / -¿Y la palma? / -Pequeñita. / -¿Y qué más? / -¿Un quiosco de malaquita? / Y una ermita / -Una patraña, / tu ermita y tus elefantes. / Ya sería una cabaña / con ovejas transhumantes. / -No. Más bien una mezquita / tan chiquita. / La palma / me llevó el alma. / - Fue sólo un sueño / hijo mío. / Que no, que estaban allí / yo los vi, / los elefantes. / Ya no están y estaban antes. / (Y se los llevó un judío, / perfil de maravedí)" Es, en realidad, un ensueño.

San Miguel - Caltojar
Siguiendo la carretera hacia el sur se llega a Caltojar donde está la espléndida iglesia románica de San Miguel Arcángel que ha sufrido, al igual que las de Soria, reformas posteriores ha llegado hasta nosotros su portada sur, que describe el texto turístico: "una monumental portada se adelanta mediante un antecuerpo, decorado en cornisa con canecillos de rollo. Cuatro arquivoltas de medio punto articulan el vano abocinado, ornamentadas con boceles y medias cañas, excepto la exterior que presenta una llamativa decoración con desarrollado junquillo en zig-zag", aunque la mayor singularidad es el tímpano de arco de medio punto, sin parteluz, en el que se representa en bajorrelieve al santo titular del templo.

Castillo - Berlanga de Duero
Continué el viaje hasta Rello para visitar los restos del castillo y el conjunto de la población aún amurallada. Desde allí vuelta a Berlanga de Duero para comer y visitar su castillo. Durante la comida entablé conversación con los vecinos de mesa, toda una satisfacción haberlo hecho pues eran los propietarios y valedores del Centro Internacional de Cultura Escolar (CEINCE), institución dedicada a interpretación y la memoria de la cultura de la escuela, un maravilloso lugar ubicado en la casa natal de Juan Bravo, lugar de obligada visita para estudiosos y personas interesadas en la enseñanza y su divulgación.

Ermita San Miguel de Gormaz
Esta visita restó tiempo a otras, toda vez que ese día se recortaba la luz en una hora y después de visitar el castillo y la magnífica muralla defensiva, me dirigí hacia Gormaz donde me esperaba la fortaleza musulmana y la Ermita de San Miguel que, aunque sabía que estaría cerrada como predijo el paseante de Soria frente al olmo de Machado,, bien valía la pena dedicarle unos minutos. De allí tomé camino hacia Burgo de Osma para hacer noche. Atrás quedaron sin visitar, por el cambio de hora, los templos románicos de Bordecorex y Aguilera.


Tras el desayuno en Burgo de Osma partí hacia el cercano castillo de Osma, con su peculiar torre pentagonal, y desde allí, de nuevo hacia el sur dirección La Rasa para llegar a Caracena, pero el trayecto se complicó por obras en la carretera y me hicieron desviar dando un rodeo por Vilde, que tuvo como interés saber que aquellas tierras vieron el destierro del Cid Campeador y acogieron a Per Abbat, autor o copista del Poema de Mío Cid, y tras ese rodeo, pensando en estos personajes y esquivando algún ciervo, llegué al destino con una hora de retraso.

San Pedro - Caracena
Caracena ha sido la parada que más me ha cautivado. El pueblo, que mantiene su estructura medieval, conserva el rollo jurisdiccional o picota; la Casa de las Tierras, lugar donde se pernoctaban los representantes de aldeas vecinas para hacer las juntas que está frente al ábside de canecillos primorosos de San Pedro, iglesia que tiene en su puerta sur una galería porticada de bellísimos capiteles; en las afueras, junto a la otra iglesia, la de Santa María, ambas del siglo XII aunque ésta de menor belleza, están los restos de un fortín adosado a la muralla desaparecida que defendía la población, y a sus pies el puente medieval. Siguiendo un camino que sale desde la puerta sur de San Pedro se llega al castillo que fue testigo de las luchas de poder entre Isabel La Católica y Juana La Beltraneja. Quizá lo más entrañable fue el almuerzo y oír la conversación de un pequeño grupo de pastores sobre sus ovejas y la fabricación de quesos.

San Miguel - San Esteban de Gormaz
A mediodía salí hacia San Esteban de Gormaz por una carretera nueva que tiene acceso desde cerca de Tiermes, camino más confortable que el de ida, aunque no tenía el encanto  del paisaje de la ribera del río Caracena. Más conocida en la actualidad, quizá porque está en la carretera entre Aranda de Duero y Soria, son los restos de la muralla de castillo musulmán los que dominan San Esteban de Gormaz , población que cuenta con dos de las más hermosas iglesias románicas de la provincia.
La primera que visité fue la de San Miguel, en la parte alta y bajando a escasos metros Nuestra Señora del Rivero; ambas tienen espléndidas galerías porticadas de columnas más robustas que las vista hasta entonces. A ambas se accede por una escalera; la primera, la de San Miguel, tiene un conjunto de canecillos excepcional.  De entre los capiteles de ambas, me llamó la atención la representación de la serpiente, que encarna el mal en el bestiario medieval, y que debe ser derrotada por el bien, en este caso encarnado por Cristo o por la Virgen.

Ntra Sra. Rivero - S. Esteban de Gormaz
En San Esteban de Gormaz di por terminada la excursión por el románico soriano, si bien se quedaron iglesias, torreones y castillos por visitar y sobre los que volver para profundizar en cada uno de los monumentos que visité. El espacio de esta entrada, de por sí demasiado extensa. no me lo permite aunque no descarto volver a alguno de estos pueblos para comprender y ampliar mejor sus monumentos, su historia y sus gentes. Desde aquí partí a la cercana Ayllón, en Segovia, para concluir el viaje unas horas después en Madrid.

Río Duero - Soria