martes, 24 de enero de 2017

La torre de Noviercas


Después de nuestra parada en Moñux para visitar su castillo que se confunde como torre, llegamos a Noviercas una pequeña población  camino de Ágreda donde destaca su torre mudéjar, una torre islámica construida entre los siglos X y XI, según la información al pie de la misma torre, cuyo "origen musulmán lo acredita el arco de herradura de la entrada de clara influencia califal", aunque la fecha, como veremos, es incierta.


Siguiendo a Cobos y de Castro en sus Castillos y Fortalezas, la torre de Noviercas forma parte de "un conjunto de homogéneo de torres de planta rectangular, con entrada elevada, que cubren un pequeño territorio -al norte y sur de la sierra del Madero-". Estas están situadas en el valle de Rituerto. y mencionan once torres en total que distan unos 5 kilómetros entre ellas y están visualmente interconectadas. Su misión era la de proteger a pequeños grupos de población y ofrecerse socorro mutuo entre ellas; de tal manera en la de Noviercas "su función de refugio queda contrastada por la existencia en el piso inferior de un pozo de agua" según indica el cartel informativo que antes mencionaba.


La estructura de la torre, volviendo a Cobos y de Castro que comparan su similitud con la torre de Covarrubias (Burgos), presenta "arco de herradura en la puerta elevada de entrada, bóvedas de cañón sobre muros de grosor decreciente con la altura, e incluso comparte la tardía reforma (siglo XIV) con ladroneras en su coronación". Datan su construcción a principios del siglo X tras la conquista de Ágreda por "Sancho Garcés de Navarra y el eventual abandono de la ciudad por los árabes". En su opinión, en este momento se iniciaría el proceso de repoblamiento de la zona con comunidades mozárabes, aunque, recuerdan, "la reacción Califal a partir de 963 obligaría al repliegue cristiano," -en este mismo año el general Galib destruirá Osma y San Esteban y acomete la construcción, en 965, de la fortaleza de Gormaz, consolidando el poder califal en esa zona, más al sur y al oeste de Soria-, aunque este avance no debió afectar a estos núcleos mozárabes quedando estas pequeñas poblaciones en un espacio ambiguo y estanco hasta la toma de Tarazona y Medinaceli, por Alfonso el Batallador de Aragón en 1119. Durante este lapsus de tiempo, las torres mantendrían su función defensiva hasta ese inicio del siglo XII en el que se lleva a cabo la repoblación una vez consolidada la reconquista de las tierras de Ágreda y Soria, y es a partir de entonces cuando comenzaría el declive y despoblamiento de algunos de estos núcleos.



Para terminar, también es de interés para el visitante el Centro de visitantes de la "Ruta de los Torreones", situado en la misma torre, aunque no se indica, y también mencionar la estrecha relación de Noviercas con Gustavo Adolfo Bécquer, pues de aquí era su mujer y en ella pasó largas temporadas, existiendo una casa-museo dedicada al poeta.



Para esta entrada, además de la información del cartel que existe junto a la torre y la que se facilita en los folletos turísticos, he utilizado la siguiente documentación:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998.

Noviercas. Puerta de la iglesia de los Santos Justo y Pastor

lunes, 16 de enero de 2017

Tarraco: los alrededores de Tarragona, la ciudad romana


Mi profesor de Historia aseguraba que Roma, la civilización romana, era sobre todo el Derecho y las Obras Públicas: puertos, calzadas, ciudades y acueductos. Recordé esto el primer día de este año 2017 en Tarragona, la antigua Tarraco, donde se puede disfrutar del magnífico anfiteatro frente al mar, el foro, el circo, todo dentro de la ciudad, y la impresionante la muralla de 4 kilómetros aunque en la actualidad se reduce a solo uno, "bien visible desde el paseo Arqueológico, que discurre entre la muralla romana y la contramuralla del siglo XVIII (...) hasta el edificio del Museo Arqueológico Provincial. Se asienta sobre un curioso basamento ciclopeo y ha sido reedificada en diversas ocasiones, siendo de destacar la obra medieval del siglo XIV", escribe Emma Liaño Martínez en su formidable Inventario de la Ciudad de Tarragona y su provincia . Este libro nos va a servir de guía, junto a las explicaciones que ofrecen los paneles informativos al pie de los monumentos que visitamos partiendo del anfiteatro. Sin entrar en él nuestra excursión nos llevará a la Torre de los Escipiones, el Arco de Bará y el acueducto de les Ferreres o Puente del Diablo y, aunque no se reseña en el Inventario, la impresionante cantera o pedrera de El Médol.


Iniciamos nuestro itinerario tomando la A7 y la N-340, la Vía Augusta romana que comunicaba Gades (Cádiz) con Roma. A unos 6 kilómetros se encuentra la torre de los Escipiones. En el Inventario, Liaño la describe como un interesante monumento funerario; la construcción "es una torre cuadrangular según modelo oriental, heredado de Grecia, adornada con relieves de divinidades relacionadas con el culto a los muertos, llamada torre de los Escipiones (...) atribuida erróneamente a la Gens Cornelia".


Construida junto a la Vía Augusta, el cartel informativo la describe como una torre de tres cuerpos superpuestos, con sillares extraídos en una cantera cercana, fue erigida en el I d.C. En comparación con otras construcciones similares del mismo tipo y época "debía estar rematado por una cubierta piramidal hoy totalmente desaparecida". En el cuerpo superior se encuentra la cámara funeraria donde se depositarían las urnas con las cenizas de los difuntos. En la fachada principal se conserva un bajorrelieve muy desgastado, casi imperceptible, en el que se representarían a las personas enterradas. En el cuerpo intermedio se conservan dos figuras en altorrelieve y en posición simétrica, "que tradicionalmente -pero erróneamente- han estado identificadas con los hermanos Escipiones, origen del nombre con el cual se conoce popularmente el monumento".


Estas dos figuras están representadas de pie vestidas con indumentaria oriental y representan a "Atis, divinidad oriental originaria de Frigia (en Asia Menor), protectora de los difuntos y su resurrección". Sobre ambas esculturas existe una inscripción "dentro de una tabula ansata, la cual, de acuerdo con las últimas investigaciones- se puede traducir como: Enalteced la obras que dejó al morir olvidándose de él, erigió para los suyos un solo sepulcro donde tienen que permanecer para siempre". Este tipo de monumentos funerario estaban situados a lo largo de las principales vías con el fin de perpetuar la memoria de los difuntos. En el panel informativo hay tres imágenes de la torre de diferentes épocas que explican la repercusión que este monumento ha tenido a lo largo del tiempo.


Finalizada esta visita continuamos nuestro camino por la misma N-340, dirección Torredembarra, a otros 14 kilómetros nos encontramos el Arco de Bará en plena carretera. Liaño describe el monumento como el más interesante del término municipal; consta "de un solo vano, con arco de medio punto sobre impostas señaladas y dos pilastras corintias por lado estriadas sobre zócalo. El arquitrabe es de una hilada y se remata con friso liso y cornisas. Fue dedicado por Licinio Sura, según inscripción del friso publicada del siguiente modo: EX TESTAMENTO. L. LICINI. L.F. SERG. SURAE CONSECRATUM". Señala que durante el siglo XIX se restauró en 3 ocasiones, y una cuarta en el pasado siglo XX, "habiéndose desviado la carretera general por ambos lados del monumento para dejar visible una pequeña parte del piso de la calzada que pasaba bajo él".


En panel informativos que hay junto al arco, podemos leer sobre su construcción que "erigido entre los años 15 y 5 a.C. por disposición testamentaria de Lucio Licinio Sura, praefectus de la colonia Victrix Iulia Lepida (Velilla de Ebro, Zaragoza)- y dedicado al emperador Augusto". Se construyó con piedra local, probablemente de una cantera cercana en la misma Roda de Bará, La inscripción que antes reproducíamos se encuentra situada sobre los capiteles de las pilastras corintias; añade que falta una elemento, un piso superior, "el ático, elemento arquitectónico que coronaba el monumento, no se ha conservado".


"Su construcción, -en la vía Augusta a unos 20 kilómetros de Tárraco- se explica en el contexto de la reforma administrativa realizada por Augusto en el año 27 a.C.-en la cual Tárraco fue designada capital de la provincia Hispania Citerior- y en el marco de la renovación red viaria hispánica impulsada también por Augusto". Concluye señalando la importancia del monumento para comprender el alto grado de romanización que alcanzó la región e incluye varios dibujos y fotografías de diferentes épocas en las que se puede ver el arco desde su aspecto más deteriorado hasta una simulación de cómo debió ser completo.


Desde aquí volvimos sobre nuestros pasos dirección Tarragona para visitar el acueducto de les Ferreres o Puente del Diablo tomando de nuevo la N340, la A7 y una vez en la ciudad la N-240 dirección Valls; nada más cruzar bajo la autopista AP7 existe un desvío que lleva al aparcamiento. El acueducto, cuenta Liaño "salva el desnivel del valle del río Francolí. Los arcos miden 6.40 metros de luz. Y la altura máxima es de 26 metros y la longitud de 217 metros. Fue restaurado en en siglo X, en tiempos de Abderramán III, y en 1855", aunque toda la canalización, según Barrow, tenía una longitud total de 35.50 kilómetros.


La información sobre su construcción que proporciona el panel que hay al inicio del recorrido es escasa, tan sólo indica que era uno de los dos, y el de mayor longitud, acueductos que proveían de agua a Tarraco desde el río Francolí -antiguo Tulcis-; y que existía un tercer acueducto que canalizando las aguas del río Gaya (Gaià), en total "los estudiosos hablan de un caudal de 1000 litros por habitante y día". El agua, añade, era para los romanos, además de un bien de primera necesidad para beber, cocinar y limpiar, un elemento en torno al cual giraba gran parte de la vida social de sus ciudades en termas y baños.


"Res gestae, simplemente "cosas hechas" -comenta Barrow que les gustaba decir a los romanos y como muestra reproducimos una frase del panel informativo para recordarnos la importancia de la construcción de las obras públicas en el mundo romano según describe "Fronti, primer curator aquarum o inspector de aguas de Roma a finales del siglo I d.C." quien decía: "Compara, si quieres, con la piedras tan numerosas y necesarias de tantos acueductos, las superfluas pirámides o las construcciones de los griegos, famosas pero inútiles". Es de destacar que el acueducto se puede cruzar a pie por el cauce por donde debía transcurrir el caudal de agua. Una vez alcanzado el otro extremo o bien se vuelve por el mismo puente o se puede optar por bajar por esa misma ladera entre la espesa vegetación que crece en ese lado más cercano al mar.


Señalar por último que para llegar al acueducto se hace a través de los restos de un jardín romántico de finales del siglo XIX y principios del XX, de inspiración inglesa, diseñado y construido por Rafael Puig y Valls, ingeniero de Montes tarraconense a cuya familia perteneció la finca, donde puede leerse un frase a la entrada escrita en azulejos: "VIAJERO. No olvides que los pueblos más cultos, son los que tratan con fervoroso respeto a los ancianos, los enfermos, a los árboles y los pájaros. ¡No lo olvides viajero! Mariano Puig y Valls". Así concluimos ese día nuestra excursión comentando el por qué del nombre de Puente del Diablo; éste, según la tradición más extendida en construcciones similares se debe a la leyenda de que fue construido por el mismo diablo en una sola noche. Aunque estas tradiciones varían de un lugar a otro, todas concluyen que fue el diablo quien construyó o intentó impedir su construcción.


A la mañana siguiente volvimos a tomar la carretera A7 hasta su confluencia con la Vía Augusta (la N-340) en el desvío a La Mora. En la rotonda elevada que hay en la confluencia de ambas vías, se abre a la izquierda un camino de tierra que nos conduce hasta la cantera o pedrera de El Médol, la mayor cantera y más importante que abastecía de grandes bloques y sillares a Tarraco. Para acceder al monumento se hace a pie por un camino de tierra, bien pavimentado, bordeado a ambos lados por sendas hileras de cipreses que lo resguarda en lo posible del ruido de la autopista que pasa a escasos metros.


La información sobre la cantera comienza con la descripción del Clot -la hoya formada en el lugar tras la extracción de los bloques de piedra, se calcula que en total se extrajeron más de 150.000 metros cúbicos-. Lo más singular es la Aguja de El Médol, "el elemento más característico del Clot que muestra el nivel original del terreno donde se empezó a explotar la cantera. Tiene casi 20 metros de altura (...) y es uno de los pocos ejemplos que disponemos de este tipo de elemento en todos los territorios del Imperio Romano". A continuación destaca la rampa, a la izquierda de la imagen superior, que se utilizaba para acceder a la cantera y que conserva a uno de sus lados una estructura que debió ser un puesto de control, aunque ésta no pudimos visitarla; y a la derecha, frente a la aguja está el frente donde comenzo la explotación en sus inicios desde en el siglo I a.C, "el frente escalonado resultado de la extracción continua, uno por uno, de los sillares. La extracción continua de bloques en profundidad acabó creando lo que es ahora el Clot".


Esta acción sobre el terreno ha creado un ambiente más sombrío en el interior del Clot donde se ha propiciado el crecimiento de una flora diferente al pinar que lo rodea, y en las paredes verticales se ha favorecido el asentamiento de una fauna diferente: murciélagos, azores, búhos, salamanquesas, etc. La cantera se estuvo explotando hasta mediado el siglo XX por lo que tuvo varios frentes abiertos, algunos descubiertos tras un incendio forestal en 2010 que dejó visibles estas nuevas zonas, y donde se pueden observar también la huella de los diferentes sistemas de extracción, desde los originales de zanjas y cuñas "zanjas cavadas con pico y cuñas para arrancar los bloques" hasta la irrupción de la pólvora. Existen a su vez varios bloques abandonados a medio cortar debido "a la existencia de abundantes cavidades kárticas formadas por la acción del agua en el interior de la roca" lo que no garantizaba la utilidad del bloque extraído.


En conjunto es un viaje extraordinario a través del tiempo y el espacio que nos permitió conocer un poco más el carácter de la sociedad romana y nuestro patrimonio a través de cuatro monumentos realmente singulares, un recorrido que os invito a realizar porque siempre se percibe más y mejor información en el lugar frente a las obras.



Para esta entrada he consultado además de la información que se ofrece al pie de los monumentos visitas, los siguientes libros:

Inventario artístico de Tarragona y su provincia, Liaño Martínez, Emma, Ministerio de Cultura, Madrid, 1983
Los Romanos, R.H. Barrow, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

Medallón (clípeo) representación de Júpiter-Ammón
Museo Arqueológico Nacional de Tarragona

sábado, 10 de diciembre de 2016

San Pedro de la Nave


Siguiendo por la provincia de Zamora después de pasear junto a la Puerta de la Traición o de la Lealtad, nuestro próximo destino era El Campillo, a 25 kilómetros por la carretera N-122 hasta el cruce con la ZA-P-2327 hasta donde termina la carretera para ver San Pedro de la Nave, uno de esos edificios que por su humildad y aparente sencillez es capaz de conmover al viajero.


San Pedro de la Nave fue construida a orillas del río Esla entre los años 680 y 711, "por lo que se trata de una de las últimas obras del arte visigodo". A orillas del río estuvo algo más de 12 siglos hasta que en la década de los años 30 del siglo XX, la construcción del embalse de Ricobayo, condenaba a la iglesia a desaparecer bajo las aguas de la presa. A instancias del arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez Moreno, que es quien la descubre por casualidad en 1903 y la cataloga como visigoda, es edificio, concluye, "construido en el siglo VII, como iglesia de un monasterio durante la monarquía goda de Toledo". Será el propio Gómez Moreno quien dirija su traslado. La iglesia se desmonta piedra a piedra para trasladarla al cercano pueblo de El Campillo donde, entre 1930 y 1932, se vuelve a montar, siendo desde entonces"el edificio que más destaca del humilde caserío que lo circunda".


"Su primera traza respondió a una planta de cruz griega, aunque luego se trazaron las dos naves laterales que le confieren el aspecto final, híbrido entre la planta basilical y la cruciforme. Posee dos estancias, una a cada lado del presbiterio, que debieron de servir de celdas eremíticas. Las cubiertas son abovedadas en medio cañón, pero mientras las del cabecero y la de los recintos laterales se conservan en su original estructura pétrea, las de los tramos occidentales de las naves son de ladrillo volteado. Los arcos son de herradura, al modo visigótico. Destacan los capiteles historiados de "Daniel en el foso de los leones" y "El sacrificio de Isaac".


No obstante, tras esta escueta descripción que nos proporciona el catálogo turístico, vale la pena detenerse para leer la descripción más pormenorizada que se hace en Arteguías. En esta página se comentan otras posible fechas de construcción, adelantando ésta al siglo X, al Reino de Asturias; si se construyó en una o dos fases o la utilidad que pudo darse a las estancias laterales además de celdas para monjes eremitas, se pueden considerar "auténticas sacristías o cámaras para la custodia del tesoro sagrado (libros y utensilios para la liturgia, objetos de valor donados al monasterio, etc.)", y la interpretación de las imágenes esculpidas en los capiteles historiados. Respecto a la datación del edificio y su estilo visigodo, Gómez Moreno escribe: "Y si ahora, visto dos veces y estudiado el edificio, logro cierta fijeza de criterio, es para desmentir la tradición erudita... (que la consideraba del siglo X) Para mí es obra de finales del VII ó principios del VIII".


Llama la atención que la iglesia no tenga adosado el campanario, sino que la espadaña con sus campanas se encuentra "en el muro que rodea este monumento que a nadie deja de sorprender por su belleza". Hoy día esta pequeña población de escasos habitantes, tiene el privilegio de celebrar en tan singular edificio sus liturgias, aunque, como dice un vecino, no todos. Y desde aquí, tras hacer un pequeño gasto en el bar, volvimos a Zamora para terminar el día visitando la iglesia de Santiago de los Caballeros, donde cuenta la tradición, fue armado caballero El Cid Campeador.


Para esta entrada he consultado las siguientes fuentes de información:

Zamora. Desconocida perfecta. Patronato de Turismo. Diputación de Zamora. 2014
San Pedro de la NaveArteguías.com
Vida y trabajo de Manuel Gómez-Moreno con la arquitectura altomedieval como temaLuis Caballero Zoreda, CSIC, Madrid 2010.





domingo, 4 de diciembre de 2016

Torre de Lomana


Después de visitar Frías, el castillo y el impresionante puente medieval sobre el Ebro, tomando dirección a Trespaderne nos desviamos escasos kilómetros para detenernos en Lomana con el único fin de recrearnos en su casa-fuerte, robusta e impresionante. El edificio es también conocido como Torre de los Bonifaz, que, como nos recuerda José Manuel Gutiérrez en su Castillos de Castilla y León, fue mandada construir por Alfonso de Bonifaz en el siglo XV, Este Bonifaz era o decía ser "descendiente del legendario Ramón Bonifaz, brillante marino que acompañó al rey Fernando III en la conquista de Sevilla", además de ser el primer Almirante de Castilla y creador de la Marina Real de Castilla en el siglo XIII.


La construcción de un edifico defensivo dentro del señorío de los Velasco sin pertenecer a ellos, está aparejada a la relación de servidumbre que los Bonifaz debían a éstos; una relación que debió iniciarse con la cesión que Juan II hace en 1446 de la ciudad de Frías al conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco. Cabe recordar que esta cesión fue problemática toda vez que el antecesor en el trono, Enrique III, había otorgado un privilegio por el cual ningún rey podía donar o enajenar Frías. La ciudad se resistió a aceptar a su nuevo señor, por lo que éste, cuatro años más tarde, tuvo que sitiarla hasta someterla por sed y hambre tras dos meses de cerco. Según Pedro M. Vargas, en su espléndida entrada en Castillos del Olvido, los Bonifaz en esas fechas habían sido alcaides de Frías por nombramiento real y se mantendrían al mando de la fortaleza por el apoyo que Alonso Bonifaz debió dar al conde de Haro en la toma de la ciudad. Quizá sea esta la razón por la que los Bonifaz no tendrían muchos problemas para edificar la casa fuerte dentro de su señorío, servicios que mantendrían en el tiempo puesto que en el Catastro del conde de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII, refiriéndose al castillo de Medina de Pomar, centro de los estados señoriales de los Velasco, se anota que "dichas torres se hallan al cuidado de don Marcos Bonifaz, su alcaide".


La casa fuerte está construida en mampostería y sillería en los vanos, todo en piedra arenisca; su planta es rectangular y presenta cubos redondos en las esquinas siendo el que está junto a la puerta de acceso de mayor grosor, habiendo perdido todo el edificio su almenado. La puerta de acceso, en la fachada sur, es una puerta en arco apuntado sobre la que destaca una ladronera y "varias ventanas fusileras.. que hay que considerarlas posteriores, posiblemente de las guerras carlistas" según indica Pedro M. Vargas. Tiene tres plantas y sus muros escasamente superan el metro de grosor; cuenta con varios ajimeces tanto en la primera planta, lugar donde solían habitar los dueños, como en la segunda, abriéndose una tronera bajo el parteluz de cada ajimez; tiene además varias saeteras; en las fachadas del oeste, norte y este la vegetación cubre parcialmente los muros y hace difícil su visión.


En conjunto, concluye J.M. Gutiérrez, la torre "muestra un gran empaque y ofrece una imagen de construcción sólida... (que) permite controlar en lontananza un amplio espacio del valle del río Ebro". De propiedad particular, sólo puede visitarse desde el exterior sin tener acceso al interior donde, según cuentan en el lugar existe un pozo que comunica con el castillo de Frías.


Para elaborar esta entrada he consultado los siguientes libros:
Castillos de Castilla y LeónGutiérrezJosé Manuel , Ed. Edical, Valladolid, 2007.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Torre de LomanaVargas, Pedro M, en http://castillosdelolvido.com/torre-de-lomana/