jueves, 23 de octubre de 2014

Ávila: La leyenda de los orígenes de la ciudad

Escultura que representa a Sofonisbo sobre la entrada del Palacio de Valderrabano
Escribe Antonio Veredas en su libro Ávila de los Caballeros sobre la fundación de la ciudad: "Cuanto se diga de Ávila, acerca de sus orígenes, ha de carecer de fundamento, pues se ignora el verdadero nombre que pudo ostentar en tan remotos tiempos", y añade siguiendo la Historia  de Ávila del Padre Ariz: "Ptolomeo la llama Obila, Prisciliano y San Jerónimo la denominan Abila, en el cronicón de Idacio se la cita Abula y en los concilios de Toledo es nombrada Abela". A esto hay que añadir que existen varias ciudades con el nombre de Ávila, la de los vettones que se identifica con la actual Ávila; "Ávila de los Bastitanos, Ávila de las Biñas , en Palestina, citada por San Jerónimo y Josepho, y Ávila, columna de Hércules, en el Estrecho de Gibraltar, de la cual se ocupan Pedro Alpiano en su Cosmografía, y el Obispo Poza Primo, en el Martirilogio romano",

Verraco celtibérico junto al palacio de los Verdugo
Esta última versión mitológica es la que nos cuenta Eduardo Ruiz Ayúcar en su Historia de ÁvilaAbyla y Calpe, eran dos promontorios a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar que quedaron como restos de la cadena montañosa que Hércules desgarró para unir el Mediterráneo y el Océano Atlántico. Abyla era también el nombre de la mujer de Hércules con quien tuvo a Alcideo, Continúa la leyenda que Alcideo se lanzó a conquistar el centro de la Península y la primera ciudad principal que fundó la nombró Abyla en honor a su madre.

Cubo de la muralla en el lienzo norte.
Pero vayamos al Padre Ariz que nos cuenta cómo Alcideo, hijo de Hércules y Avila arriba a Cádiz desde África junto a sus tropas y su ayo Sofonisbo. Allí fueron rechazados por los griegos que habitaban la zona y los emplazaron a abandonar el lugar en tres días. Siguiendo los augurios, viajaron hacia el norte llegando al cabo de treinta días a un Collado. En el Collado vieron un gran número de palomas, que según los augurios indicaba que aquél era el lugar donde debían asentarse. Aquí decidió entonces asentarse Alcideo con los suyos, a los que reunió y les habló diciéndoles que allí acababan sus trabajos y en aquel Collado sería el lugar que debían poblar; y diciendo esto besó la tierra en señal de posesión e hizo sacrificios al Sol, matándole un toro y una vaca blanca.

Puerta de San Vicente intramuros

Tras la llegada de los africanos, los hispanos habitantes de la zona se organizaron y los atacaron cuando estaban descuidados. Sofonisbo les salió al encuentro y fue muerto por una flecha. Alcideo, enterado de la tragedia cargó con furia a los hispanos matando e hiriendo a muchos. Recuperado el cuerpo del ayo, lo hizo quemar y lo sepultó en la ladera del Collado. Los hispanos, temerosos de la furia de Alcideo,le presentaron dones, ganado y comida. Hicieron alianzas con Alcideo y se mezclaron en matrimonios mixtos. Cultivaron la tierra, domesticaron ganado y poco a poco hicieron sus casas. Alcideo mantenía la paz y ellos le obedecían como a un señor y otras poblaciones se avinieron a ser sus vasallos sujetos a sus leyes.

Lienzo norte de la muralla  desde la puerta del Mariscal
A los siete años de la llegada de los africanos, y mezclados con los hispanos que eran mayoría, Alcideo los juntó a todos y les habló de la necesidad de construir una defensa, cercar con fuertes murallas la población y pidió la ayuda de todos para llevar a cabo el trabajo. Se iniciaron las obras al octavo año, y tardaron otros trece años en terminarla los muros. Y por ser hijo de la noble Ávila, Alcideo "puso a la tal población su propio nombre de Avila".

León custodiando la Catedral frente al Palacio de Valderrábano
En la Historia de Ávila III, Carmelo Luis López nos cuenta resumida esta historia en la que el protagonista es Esferio Galates, y añade que Sofonisbo, una vez muerto en la lucha contra los hispanos fue incinerado y enterradas sus cenizas en el lugar donde hoy se encuentra el palacio de Valderrábano; y según la Segunda Leyenda, "Para representar este hecho, se puso aquel bulto (escultura) de piedra que está sobre la puerta de la calle (del Palacio de Valderrábano) con una lança o dardo en la mano como tenía Sofonisbo) cuando murió".

Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:
Avila de los Caballeros, Veredas, Antonio, Librería "El Magisterio" Adrián Medrano, Ávila, 1935.
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil.
Castilla y León - Ávila, Ruiz Ayúcar, Eduardo, Editorial Mediterráneo.
Historia de Ávila, Tomo III, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Artículo de Luis López, Carmelo: Mitos, leyendas, tradiciones y hazañasÁvila,

lunes, 22 de septiembre de 2014

Rubén Darío en Ávila


En el paseo del Rastro de Ávila, en los jardines que hay frente a la salida del arco del Rastro, hay un busto de Rubén Darío. Lo visito por curiosidad cada vez que paseo por allí y me pregunto ¿Qué hace un busto de Rubén Darío en Ávila? Mi amigo Javier Santero me contestó que tenía una razón de ser y que intentaría averiguarla, "además, -continuó- ha publicado algo sobre ella una periodista de la prensa del corazón que al parecer es pariente suya".

Paseo del Rastro junto al lienzo sur de la muralla

Recibí un mensaje de mi amigo Javier que decía muy breve que trataba sobre el romance que había mantenido, durante casi toda su vida, con una mujer de Navalsauz, un pueblo de la sierra de Gredos, que es hacia donde mira el busto del poeta: "se llamaba Francisca Sánchez, nacida en Navalsauz. La conoció en Madrid, donde su padre era jardinero. Tuvieron un hijo que murió muy pequeño. En el pueblo hay una placa conmemorativa. Falleció en 1963 en Madrid a los 88 años". Unos días más tarde volví a recibir una nota más extensa escrita por el padre de mi amigo que relataba la relación de Darío con Francisca que resumo brevemente:

Durante una estancia de Rubén Darío en Madrid, paseando con Valle-Inclán por los jardines de la Casa de Campo, ambos se acercaron a la casa del guardia del parque para pedirle agua. Allí les atendió la hija de éste, Francisca, de quien se enamoró. Darío estaba casado en segundas nupcias, al parecer engañado y a la fuerza, y huía de su mujer viajando por Europa: Francia, ItaliaEspaña, que fue cuando conoció a Francisca en 1899. Francisca acompañó a Rubén Darío de un lugar a otro (además de poeta y periodista Darío era diplomático) y, aunque era presentada a la alta sociedad como su esposa no puede hacerlo en los actos oficiales puesto que su mujer legítima, Rosario Murillo, le negaba el divorcio. Casado por lo civil con Francisca tuvieron 4 hijos de los que sólo sobrevivió uno. Al comenzar la Iª Guerra Mundial, Darío vuelve a América abandonando a Francisca; al año siguiente, en 1919, el poeta muere en Nicaragua. Francisca guardó el archivo de Rubén Darío en su casa de Navalsauz, durante cuarenta años y éste fue donado a la Universidad Complutense de Madrid.

Gredos desde el paseo del Rastro
Aunque la historia es más compleja, mi intención era sólo dar a conocer por qué hay un busto de Rubén Darío en Ávila, y para eso me ha ayudado Paco Santero, a través de su hijo Javier, abulense y lector entusiasta a quien agradezco toda la información que me ha dado, quedando pendiente únicamente un viaje a Navalsauz para recoger alguna información de primera mano.

 VIAJE A NAVALSAUZ

Salimos muy de mañana de Ávila dirección a Gredos con alguna parada programada. Uno tiende a pensar en Rubén Darío, tal como lee en su prosa, en la ensoñación de llegar a un palacio o un castillo rodeado de un hermoso jardín donde habitan duendes, con una fuente bulliciosa donde habita una ninfa que sonríe a una princesa triste. Algo parecido encontramos en nuestra primera parada, en el castillo de Villaviciosa a contemplar blasonada torre de las Damas. Luego poco más pudimos ver que el paisaje de la paramera, los piornos y los regatos por donde discurren hileras de chopos hasta llegar a la fronda del pinar que discurre paralela a la ribera del Alberche. Poco más adelante, descendiendo el terreno se llega al cruce donde la carretera se desvía a Navalsauz. Sale el camino a la derecha de la carretera; a la izquierda un muro de piedra cuajado de zarzas. Al llegar al pueblo, a la derecha se abre un desvío que nos deja frente a la pared del cementerio donde está la iglesia, y a un lado se eleva el campanario exento de piedra berroqueña. Siguiendo la carretera para entrar en el pueblo, a la derecha dejamos un prado con su almiar, a la izquierda, al mediodía, los prados y un huerto junto a una alberca que bajo la sombra de un nogal mantiene fresca el agua; allí perezoso descansaba un perro. Nos cruzamos con una mujer de pelo cano, vestía una bata de llamativo color rojo.

- Está tranquila la cosa -comentamos.
- Demasiado tranquila.
- Y, ¿la casa de Francisca, la mujer del poeta?
- En la otra calle, al final. 

La casa debía ser la penúltima, justo donde se acababa la calle y la carretera se confunde con un camino que asciende al monte.

Campanario exento de la iglesia

Rubén Darío había llegado a España en 1898 contratado por un periódico argentino. En noviembre del año siguiente, en 1899, cuando ya conocía a Francisca, envía una crónica en la que narra su visita a un pueblo de Ávila invitado por un amigo, según confiesa para conocer las fiestas populares, "una fiesta campesina" en un lugar que llama Navazuelas. Era de imaginar que era Navalsauz y que la invitación pudiera ser del padre de Francisca. ¿Sería Navalsauz? Seguro que sí. Darío había llegado a Ávila en ferrocarril, en la misma estación partió a lomos de una caballería rumbo a su destino. La travesía se hizo larga; tuvieron que hacer noche en una venta o posada, se me ocurre que pudiera ser en La Hija de Dios, donde come, bebe y apenas duerme; por la mañana, con el canto del gallo sigue rumbo a su destino. Describe un paisaje que "no deja de ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros oscuros, manchados por altos álamos y chatos piornos". Llegó al atardecer a Navazuelas. Probó la bota de vino y la suculenta comida. Lo que nosotros tardamos en recorrer hora y media, él empleó casi día y medio. Describe a vuela pluma el folclore del lugar, las canciones, los bailes, los vestidos de mujeres y hombres y narra una costumbre que consiste en que al anochecer del día de la fiesta los mozos, "novios o solicitantes", colocan ramas verdes en los tejados de las casas donde las mozas casaderas, costumbre ésta que ha perdurado en algunos pueblos abulenses hasta hace pocas fechas.

Prado

Seguimos la calle que nos indicó la mujer.  Algunas casas están caídas, los techos derrumbados y sólo quedaban en pie las paredes de mampuesto y sillarejo de granito; otras se mantienen firmes, remozadas y habitadas en temporadas, y en la mayoría, por una razón u otra, difícilmente podrían colocarse hoy ramos en sus tejados, ni en habiendo mozas. Durante el paseo nos cruzamos con un niño que jugaba solo a una pelota, mientras sus padres acondicionaban la fachada de la casa colocando macetas de geranios y hortensias. Llegamos a la casa donde vivía Francisca, una construcción nueva donde a penas pudimos ver nada, el muro que resguarda el jardín, cubierto por una espesa enredadera y una parra apenas si dejaba ver entre el follaje una placa en al que pude leer tan solo: "Fue aquí donde Francisca Sánchez Guardo .."; tan solo esto pudimos leer. Bajamos de nuevo la calle deshaciendo el camino, ahora frente a los prados que dan al sur; allí en una esquina lejos, se veía un hombre segar la hierba y en la otra esquina que formaba el prado un chopo gigantesco proyectaba su sombra hasta mitad del terreno, y en la punta de la sombra alargada del chopo, camuflado descansaba el perezoso perro que nos recibió en la alberca. Antes de llegar a nuestro coche volvimos a encontrarnos a la mujer de la bata roja, salía del huerto cargada con un cubo del que sobresalían verduras, unos tomates, lechugas, pimientos y calabacines de colores vivos. La seguimos hasta la puerta de su casa.

- ¿Dieron con la casa?
- Sí, pero está cerrada.
- Bueno, hasta que llegue el calor de agosto no viene la gente.

Casa de Francisca

Era de suponer que, en efecto, hasta entrado el verano no vendría la gente que trabajaba en la ciudad buscando el fresco de la sierra. Salimos del pueblo buscando de nuevo la carretera general camino de Gredos bordeando el AlbercheDarío tomó el camino de regreso a Ávila concluida las fiestas: "volví a tomar mi burrito, camino de Ávila, en donde probé las más ricas aceitunas que os podéis imaginar, con mi amigo el campesino". Y se despide del lector con unos versos de Horacio que escritos en latín vienen a cantar la exuberancia de las ramas de un olivo.

Placa del jardín que alude a Francisca

Almiar

Perro en la alberca

Arquitectura tradicional

El relato al que hago referencia Fiesta campesina está publicado en el libro España contemporánea de Rubén Darío por la editorial Visor Libros, Madrid (2005).

Ventana renacentista con tres blasones de los Dávila en la Torre de las Damas
del castillo de Villaviciosa (Solosancho)


viernes, 12 de septiembre de 2014

Cráneos y calaveras


Sobre la mesa había una calavera. Le pregunté al vigilante si era de verdad, y me dijo que sí, que era auténtica. La fotografié con el respeto que se debe a un muerto y sin saber nada del individuo que había sido; pensé en aquel momento que se trataba, sin más, de uno de los nuestros, un hombre o una mujer, sin un pasado ni una historia que contar. Fue en la exposición Ser-Oír, en el Centro de Arte Complutense de Madrid en 2011.

Calavera de mármol
Unos días antes hice una visita a la Galería Marita Segovia, de Madrid, en la que encontré unos cráneos, aunque se trataba de obras de arte. Había tres y pregunté por ellos, "uno de mármol, otro de madera y el tercero de cera", me dijeron. Recordé que hacía ya un año, en una galería cercana, exponía Isabel Muñoz con una serie de fotografías sobre cráneos.

Cráneo deformado por exigencia estética.  S. Pedro de Atacama,
Chile (260-300 d.C.) 
Museo de América de Madrid

Unos meses antes, un mexicano me comentó que había leído un libro sobre los indígenas de Chipaya, en los Andes bolivianos, a unos 300 kilómetros al sur de La Paz, se trataba de Dioses y vampiros, de Nathan Wachtel. En el libro narra las costumbre de los chipayas y la relación que mantienen con sus antepasados a través de sus espíritus y los huesos del difunto, una relación muy parecida a la que mantienen con las ñatitas en Bolivia y que narraba Isabel Muñoz en su exposición Eros y Ritos de hacía un año: "La ñatita es un cráneo que simboliza la energía de un hombre, de una mujer o de un niño que aún no ha abandonado el mundo de los vivos". En la práctica la ñatita se comunica con el devoto "a través de los sueños en los que revelan su identidad, su historia y sus habilidades"; curan, imparten justicia y protegen a las familias; a cambio el devoto comparte con él pequeñas cosas, un trozo de coca o un cigarrillo. "Los devotos cuidan a las ñatitas en un lugar destacado de la casa y éstas se integran entre los miembros de la familia dándoles protección sobrenatural".

Calavera de madera

El rito de los chipayas con sus muertos que narra Wachtel consistía en concreto en la edificación de una tumba para renovar las ofrendas a una difunta que había muerto hacía años y que fue enterrada en una simple fosa y cuya alma, sin encontrar reposo regresaba para tormentar a su marido. Éste "de entrada degüella un cordero negro sobre la fosa, cuya sangre derrama en libaciones hacia el oeste (donde se encuentra la morada de los muertos"; luego comienza a excavar el suelo hasta que encuentra los primeros restos, "después enciende un cigarrillo a fin de que humo aleje los efluvios peligrosos, y recoge los restos, que coloca poco a poco sobre un pedazo de tela extendida al borde del agujero". El marido va enunciando los huesos por su nombre, y "no solamente extrae los huesos, sino también los tritura, los soba y los acaricia con afecto. Se reconocen con manifestaciones de ternura, las trenzas de la difunta perfectamente conservadas. El cráneo y la osamenta se limpian cuidadosamente. Se agregan las sandalias que también se encuentran casi intactas y finalmente Martín retira el frasco de alcohol con el que el cuerpo fue enterrado". Mientras los ayudantes preparan la nueva tumba. "La pieza de tela es replegada y se coloca con las ofrendas en una caja de madera, que se instala en la tumba donde se planta una cruz en el momento preciso en que el sol desaparece tras la montaña".

Calavera de cera

El rito ha cambiado con los años, del tañer constante de las campanas de la iglesia que se había reducido a unos pocos minutos, ni se transportan los cráneos a la misma iglesia como antaño, sino que se honraban los cráneos de los antepasados fundadores, cuatro en este caso, en el mismo cementerio: "Los cuatro cráneos son alineados en medio de la vereda central hacia el Sur, los alcaldes y sus esposas se arrodillan ante ellos, rezan, les ofrecen hojas de coca y derraman generosas libaciones de alcohol, rodeados por las familias. Con gestos afectuosos se encienden los cigarrillos que fuman los antepasados. Cuadro extraño y familiar el de estos cráneos venerados, con dos o tres cigarrillos, el extremo incandescente, introducidos en la cavidad nasal. Estos se consumen "solos" y cuando con facilidad arden hasta el final, es signo de buen augurio, el año será favorable y abundante la cosecha. Cuando uno de los cigarrillos se apaga, lo más natural del mundo es que uno de los asistentes arrodillados extraiga el cigarro del cráneo, se lo lleve a la boca y lo vuelva a encender, colocándolo de nuevo, respetuosamente en la cavidad nasal".

Calavera de Oceanía - Museo Antropológico Nacional de Madrid

Una vez en las casas, se reciben a las almas, y "sobre la mesa, en un lugar de honor, se muestran las ofrendas: comida, bebida, hojas de coca y dulces. Asimismo, se exponen las pertenencias del difunto alrededor de su fotografía (cuando se cuenta con ella) y de una vela encendida. Los miembros de la familia se instalan en semicírculo, distribuyen las copas de alcohol evocando el recuerdo del desaparecido: se entremezclan las historias, los llantos, las anécdotas y los lamentos desgarradores. Se establece un diálogo con el alma, cuya presencia es evidente aun para mí".

Calavera de Oceanía - Museo Antropológico Nacional de Madrid

Para entender la cultura andina es muy recomendable la obra de Nathan Wachtel del que he extraído parte del texto: Dioses y Vampiros. Regreso a ChipayaEd. Fondo de Cultura Económica, México, 1997.
Para hacer esta entrada he de agradecer la amabilidad de la Galería Marita Segovia, en calle Lagasca, 7 de Madrid por permitirme hacer las fotografías de los cráneos.
Cráneo impregnado de minerales de cobre. Sg. XIX
ETS Ingenieros de Minas y Energía. Universidad Politécnica Madrid
De la exposición Cosmos en Biblioteca Nacional de Madrid
Calavera de España - Museo Antropológico Nacional de Madrid
Paranthropus Boisie. Zinj, Querido muchacho, cascanueces.
Reproducción en Museo Arqueológico Nacional de Madrid
Cráneo femenino -Colección Olóriz- Museo de Anatomía "Javier Puerta"
Facultad de Medicina - Universidad Complutense de Madrid
De la exposición Arte y Carne en el Centro de Arte Complutense

lunes, 25 de agosto de 2014

La Biblioteca de Mingorría


Hay en la biblioteca de Mingorría, a la derecha de la mesa del bibliotecario, un expositor que guarda a la vista de los lectores una pequeña colección de libros, en su mayoría encuadernados en piel. Estos libros, con buen criterio, no se prestan y sólo se pueden leer en la sala. Son los 279 libros que aún quedan de los 300 del lote inicial que fue el germen de la actual colección de la Biblioteca Pública Municipal de Mingorría; biblioteca que en la actualidad se encuentra entre las mejores de la provincia de Ávila, por número de volúmenes, actualmente cuenta con 15.800, y por la excelente gestión.

Este fondo inicial de libros será el hilo conductor de esta breve historia que he podido recoger de diversas fuentes sobre la biblioteca en la que paso unas cuantas horas todos los veranos. Su origen está en la iniciativa de la II República, a través de las Misiones Pedagógicas, con un fin que, según recoge Hipólito Escolar en su Historia de las Bibliotecas, nos presenta “Manuel Bartolomé Cossío, que fue el primer director del Museo Pedagógico y del nuevo Patronato, decía que lo que principalmente se proponían las misiones era despertar el afán de leer en los que no lo sentían, pues sólo cuando todo español, no sólo sepa leer, que no es bastante, sino que tenga ansias de leer, de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo, habrá una nueva España.” Para llevar a cabo este objetivo, continúa Escolar, “la República perfeccionó su labor de lectura popular con la creación de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para las Bibliotecas Públicas (1931), con la finalidad de modernizar las colecciones bibliográficas de las bibliotecas públicas del Estado y donar pequeños lotes de libros a instituciones privadas que desearan formar su propia biblioteca.
Un año más tarde (1932), y siendo ministro de Instrucción Pública Fernando de los Ríos, se confió a la Junta la creación de bibliotecas municipales en los pueblos, iniciadas con lotes de 150 volúmenes, que pronto pasaron a 300 más un suplemento ocasional de 150.


El Decreto de 13 de junio de 1932 marca las pautas para la creación de las bibliotecas públicas municipales y la solicitud de fondos a las que, según el Artículo 1º del mismo, tiene derecho: “cualquier Municipio español, en cuyo término no exista Biblioteca pública del Estado, puede solicitar de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para Bibliotecas públicas la creación de una Biblioteca municipal”; a este fin se deberá crear, según el Artículo 2º, una “Junta que se titulará “Junta de la Biblioteca municipal de…” con un máximo de diez Vocales” en la que estarán representados además del Ayuntamiento “las Asociaciones profesionales, de cultura y personalidades destacadas por su competencia, manteniendo la institución neutral y abierta a todos”.

Siguiendo estas directrices, el 4 de septiembre de ese año se firma el Acta de constitución de la Junta de la Biblioteca pública Municipal de Mingorría bajo la presidencia de Sr. Alcalde Don Miguel Camarero Alonso, con objeto de dar cumplimiento a lo dispuesto en Circular nº1” de la Junta de Intercambio. En el Acta se reflejan los nombramientos de los miembros de la Junta y sus cargos: por las asociaciones profesionales se designan 2 representantes: por la Sociedad Obrera, a Juan José Vázquez y Vázquez y a Florentino García Pintos; (vocales); otros 2 por el Sindicato Agrícola, a David Gallego Ibarzabal  y Ezequiel Sastre Nieto (vocales); 2 particulares nombrados por el Ayuntamiento, Néstor Pindado Rodríguez (vicepresidente) y Mariano Cuenca Muñoz (tesorero), “así como los maestros nacionales de esta villaManuel Rioyo (secretario) y Benedicta Álvarez Nieto (vocal).

Enviada la solicitud a la Junta de Intercambio, ésta responde el 22 de mayo de 1933 que previo al envío de los libros deben consignar el nombre del bibliotecario, su sueldo y títulos si los tiene y el horario de apertura, además se deberá haber colocado un cartel o rotulo bien visible que diga “BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE…”. Una vez resueltos estos requisitos recibirían los libros y los ficheros (uno de autores-materias y otro topográfico) por ferrocarril y a portes pagados, y “una vez que la Biblioteca esté funcionando la Junta enviará a un inspector para la organización del préstamo de libros y recoger y estimular cuantas iniciativas sirvan para el mayor éxito de la fundación”.


El 25 de mayo se reúne en sesión la Junta de la Biblioteca que “por unanimidad acuerdo designar a Don Virgilio Pindado, Bibliotecario de la misma, designándole una gratificación anual de OCHENTA pesetas, y suplente del mismo a Don Daniel Muñoz Álvarez, secretario de este Ayuntamiento”, se acuerda colocar el rótulo y “señalar las horas de lectura en dicha Biblioteca, por la mañana de diez a doce y por la tarde de siete a nueve”, dando así cumplimiento a lo solicitado.

El 23 de junio de 1933 se reciben los ficheros y el 29 del mismo mes se reúne la Junta de la Biblioteca Municipal dándose cuenta en el acta de “haberse recibido e instalado en este Ayuntamiento la Biblioteca pública municipal, concedida por la Junta de Intercambio y adquisición del libro” y “de unánime conformidad acordó quede abierta al público el día primero de julio, próximo, haciéndose saber al vecindario de esta localidad por medio de pregón” las horas de apertura al público. Se acuerda también comprar los libros de sesiones y contabilidad y abrir una suscripción voluntaria “para que las personas que lo estimen conveniente contribuyan con una cuota semestral, a fin de atender los gastos de las misma y adquisición de nuevos libros” y dar cuenta de su funcionamiento para que desde la Junta de Intercambio se organice el préstamo de libros.


El 1 de julio de 1933 se firma el “Acta de inauguración de la Biblioteca Pública municipal de esta villa de Mingorría”. El alcalde hizo constar el horario de apertura “tiempo durante el cual pueden utilizarse todos los libros de la misma haciendo presente la procedencia de su utilización en beneficio de la cultura general.” A continuación se hizo un propósito de buenas intenciones: “Por otros señores presentes se hizo uso de la palabra para expresar el mejoramiento de esta población por la instalación de la misma y la procedencia de coadyugar a su funcionamiento y amplitud, a cuyo efecto se tomarán las medidas oportunas recabando medios para obtener ingresos y nuevos libros.” “Seguidamente varios vecinos concurrentes agradecen la instalación y funcionamiento y ofrecen cooperar al sostenimiento de la misma”.

Las materias de los libros que componían los lotes asignados a las bibliotecas, según Hipólito Escolar era: “el 60 por 100 de los libros tenía carácter recreativo (poesía, novela, teatro, viajes, biografía y folklore) porque había que crear, en muchos casos, hábitos de lectura, y una biblioteca formada únicamente con libros de estudio podía alejar a los posibles lectores.” La mayoría de las obras seleccionadas eran “de fácil lectura y los autores eran los de mayor interés en aquellos días, aunque salta a la vista una gran carencia: la de libros infantiles. Su no inclusión puede deberse, quizá, a que la Junta pensaba que la lectura de los niños quedaría resuelta con las bibliotecas de misiones pedagógicas. También a la poca experiencia de sus miembros, que no valoraron la importancia que en una política de creación de lectores tiene la inculcación del hábito de la lectura en la infancia”.

El mantenimiento, gestión y adquisición de nuevos fondos para la biblioteca correspondía al Ayuntamiento, aunque la “Junta donaba el lote fundacional, facilitaba libros con el 50 por 100 de descuento, daba instrucciones para el buen funcionamiento y recomendaciones para mejorar su rendimiento cultural mediante la organización de conferencias o lecturas comentadas”. A este respecto, como se señalaba en el Artículo 4ª del Decreto de 13 junio de 1932, “La Junta hará un donativo de fundación con arreglo a la siguiente escala de población: Municipios inferiores a 1.000 habitantes, 150 volúmenes; Idem de 1.000 a 3.000 habitantes, 300 volúmenes; Idem de 3.000 en adelante, 500 volúmenes” (Mingorría por aquellas fechas contaba con una población que rondaba los 1400 habitantes, por lo que le correspondieron 300 volúmenes). Por otro lado, la Junta se comprometía a renovar los libros, que eran de su propiedad, y a incrementar los fondos en aquellos municipios que destinasen cantidades para la compra de libros.

Tal como indicaba la Junta de Intercambio en su escrito del 22 de mayo de 1933, se envió un inspector para la organización del préstamo y recogiese iniciativas para estimular el éxito de la biblioteca. El funcionario designado fue Juan Viçens, inspector de Bibliotecas Públicas Municipales en el período 1933-1936, que relata así su llegada al pueblo y hace una descripción gráfica de la villa, el local destinado a la biblioteca, el bibliotecario, la Junta que la rige y el movimiento de lectores y usuarios:

Mingorría (Ávila)
Acceso: es la estación siguiente a Ávila.
300 volúmenes
Pueblo pobre, pero no mísero; en la fonda conseguí con dificultad que me preparan una cena tolerable.
Local modesto, pero espacioso. El encargado es un alguacil de poca cultura, pero cuidadoso. La Junta está animada de la mejor voluntad. No pudo realizarse reunión pública por causa de ser la época de mayor trabajo en los campos y en la era (cosa que me ocurrió en este viaje en todas partes). Sin embargo, anunciaron la reunión con la mejor voluntad y lo que ocurrió fue que celebré la reunión con la Junta con asistencia de unas cuantas otras personas y todos escucharon con el mayor interés.
Cobran unas cuotas voluntarias a los que quieren ayudar a la biblioteca, por no tener el ayuntamiento medios suficientes. Desde luego que eso no establece limitación alguna en el derecho a leer, paguen o no, pero acaso eso no lo sabían bien todos los habitantes y algunos creían que había que pagar para leer. Les hice ver la imperiosa necesidad de que todo el mundo sepa con toda claridad que la biblioteca es completamente gratuita y se mostraron dispuestos a poner todos los medios necesarios.
El movimiento de lectores es bastante grande, pero en el verano disminuye mucho, sobre todo en agosto, fenómeno, por lo demás natural y general a todas las localidades rurales”.


En la actualidad la utilización ha cambiado, como la vida, y es mayor en los meses vacacionales, sobre todo en agosto, por ser el mes de mayor afluencia de antiguos habitantes y otros veraneantes, ya que la población actual es poco mayor de los 400 habitantes.

La biblioteca estaba situada en el primer piso del ayuntamiento en una sala de 3,20 por 5 metros, disponía de balcón orientado al este que le proporcionaba luz natural. Tras su paso por la escuela municipal, la casa de los maestros, la colección volvió al edificio consistorial cuando después de su derribo en 1990 en su lugar se edificó el actual Ayuntamiento, donde por un breve espacio de tiempo se conservó, antes de ser trasladada a la presente ubicación en las casas del antiguo cuartel de la Guardia Civil, rehabilitado como centro de cultura tradicional y biblioteca.

Como indica Hipólito Escolar, al igual que otras muchas iniciativas, la Guerra Civil acabó con este ilusionante y ambicioso proyecto de crear 100 bibliotecas municipales cada año. El gobierno nacido tras el golpe de Estado de 1936 decreta las nuevas directrices que regirán las bibliotecas públicas y muchas de éstas desaparecerán. Se redactarán listas de libros y autores cuyas contenido serán censurados y retirados por su ideología o contenido que atentaran contra la moral y la nueva ideología. Se declaraba ilícita, por Orden de 23 de diciembre de 1936, “la producción, el comercio y la circulación de libros, periódicos, folletos y de toda clase de impresos y grabados pornográficos o de literatura socialista, comunista y libertaria, y, en general, disolventes”. A la sombra del nuevo régimen se lleva a cabo la renovación de cargos de la Junta de la Biblioteca de Mingorría.

El 14 de junio de 1938 se reúne la Junta de la Biblioteca con el fin de llevar a cabo la renovación de cargos y “cubrir vacantes producidas, por defunción unas y por cese natural en sus funciones el representante del Ayuntamiento quedando la Junta constituida con los siguiente personas y cargos: “Presidente: D. Bienvenido Domínguez, Vicepresidente: Daniel Muñoz; Secretario: Dª Elena A. Esteban; Tesorero: Benigno Martín; Vocales. Dª Benedicto Álvarez, D. Pablo González, D. Juan José Vázquez, D. David Gallego, D. Ezequiel Sastre y D. Dionisio Cenalmor. Este último actuará además como bibliotecario”.

Los miembros de esta Junta serán los que hagan cumplimiento de las órdenes del Patronato Nacional de Fomento de Bibliotecas Públicas y redacta una Memoria sobre la situación de la biblioteca que se recoge en el Acta de sesión de junio 1939: “Que la Biblioteca ha funcionado con normalidad durante la guerra, siendo lectores asiduos niños de las cuatro Escuelas Nacionales que existen en la localidad”, y añade “La Biblioteca contaba con un total de 300 volúmenes. De ellos han sido retirados y remitidos a la Junta de Burgos los volúmenes pedidos y desaparecidos 6”. A continuación señala las dificultades que tiene la Junta de la Biblioteca para la adquisición de nuevos libros y las iniciativas que ha promovido al respecto: “dando preferencia a la literatura infantil, por carecer de ella, ha iniciado una suscripción voluntaria con un donativo, e invita a los funcionarios y demás amantes de la cultura para que contribuyan con sus aportaciones al indicado fin”.

Según el Libro de Registro de Entrada de Obras de la biblioteca, se remitieron al Ministerio 5 libros: Proceso histórico de la C. de la R.E., de Jiménez de Osúa, L; Cartas a una señora sobre temas de D.P., de Osorio y Gallardo, A.; Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Entre naranjos, de Blasco Ibáñez, V., y La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset, J.

La Memoria redactada indica que han desaparecido 6 libros, aunque en el Libro de Registro de Obras se consignan en las Observaciones que los libros desaparecidos en 1937 son en total 10 de los que 4 se repusieron en 1952. Alguno de estos libros “desaparecidos” fue a manos de particulares cercanos a los miembros de la Junta según me confesaron personalmente. Estos libros tenían interés bien por su contenido ideológico y moral: Fundamentos del socialismo, de Amado Inchausti, P.; El Estado de los Soviets, de Schlesinger, M.L.; y Lo sexual, de Sánchez Rivera y Moset, D.; o bien por un interés práctico para “el estudio de oposiciones” de estos particulares que nunca devolvieron: Derecho usual, de Posada, A.G.; Agricultura elemental Española, de Dantín Cereceda, J.; Manual del comerciante y tenedor de l.; de Heredia, R.; y Diccionario Pedro Alcalá Zamora Francés-Español y Español-Francés; y los que fueron repuestos en 1952: El arte de leer, de Faguet, E.; Taquigrafía. Reglas y ejercicios graduados, de Martín Estala, F.; y Compendio. Gramática. Academia Esp.

Por lo que respecta a la supervivencia de los libros de la fundación de la Biblioteca hay que añadir que se anota como desaparecido en 1957: Elementos de Aviación, de Armangué, A.; y desaparecido y repuesto sin fecha: Cartilla de Automóviles, de Arias Paz, M.; fue retirado por deterioro: Hace falta un muchacho, de Cuyás y Armengol, A. y retirados por deterioro y repuestos en 1952: Obras poéticas completas, de Campoamor, R. de; y Obras completas 1º Vol., y Obras completas 2º Vol., de Gabriel y Galán, J.M.

A partir de aquí los fondos de la fundación no tuvieron más incidencias siendo la siguiente anotación de entrada de libros, a pesar de los buenos propósitos mostrados por las juntas de incrementar los fondos, el volumen 301 el 19 de junio de 1944; y la siguiente y última Acta registrada en el Libro de actas de sesiones de la Junta de la Biblioteca municipal, la del 28 de junio de 1957 sobre la renovación de cargos, siendo presidente y alcalde Dn. Isidoro Esteban Álvarez ; vicepresidente Dn. Moisés Pindado Pajares; secretario Dn. Daniel Redondo Villa; tesorero D. Ezequiel Sastre Nieto y cabe destacar la inclusión entre los vocales, del párroco Dn. Francisco José Romero, junto a Dn. Juan José Vázquez, Dn. David Gallego y los maestros Dña. Ángeles Álvarez, Dña. Laurentina Herrero y Dn. Dionisio Cenalmor Sanchidrián, que continuaba actuando como bibliotecario.


Para la redacción de esta entrada he de agradecer la colaboración imprescindible y la infinita paciencia de Moisés Esteban Rodríguez, actual bibliotecario de la Biblioteca Municipal de Mingorría, que me ha facilitado la consulta del Libro de Registro de Entradas de Obras de la Biblioteca Pública Municipal y del Libro de actas de sesiones de la Junta de la Biblioteca municipal de esta villa y todas las informaciones que le he solicitado sobre la misma. El resto de obras consultadas son:

Historia de las bibliotecas, Escolar, Hipólito. Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 3ªed. Salamanca, 1990.

Juan Vicéns, Inspector de Bibliotecas Públicas Municipales 1933-1936, en Revista Educación y Biblioteca, nº 169, Enero-Febrero 2009, de cuyo artículo he extraído las fotografías hechas por el propio Vicéns y que se encuentran en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares.