lunes, 25 de agosto de 2014

La Biblioteca de Mingorría


Hay en la biblioteca de Mingorría, a la derecha de la mesa del bibliotecario, un expositor que guarda a la vista de los lectores una pequeña colección de libros, en su mayoría encuadernados en piel. Estos libros, con buen criterio, no se prestan y sólo se pueden leer en la sala. Son los 279 libros que aún quedan de los 300 del lote inicial que fue el germen de la actual colección de la Biblioteca Pública Municipal de Mingorría; biblioteca que en la actualidad se encuentra entre las mejores de la provincia de Ávila, por número de volúmenes, actualmente cuenta con 15.800, y por la excelente gestión.

Este fondo inicial de libros será el hilo conductor de esta breve historia que he podido recoger de diversas fuentes sobre la biblioteca en la que paso unas cuantas horas todos los veranos. Su origen está en la iniciativa de la II República, a través de las Misiones Pedagógicas, con un fin que, según recoge Hipólito Escolar en su Historia de las Bibliotecas, nos presenta “Manuel Bartolomé Cossío, que fue el primer director del Museo Pedagógico y del nuevo Patronato, decía que lo que principalmente se proponían las misiones era despertar el afán de leer en los que no lo sentían, pues sólo cuando todo español, no sólo sepa leer, que no es bastante, sino que tenga ansias de leer, de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo, habrá una nueva España.” Para llevar a cabo este objetivo, continúa Escolar, “la República perfeccionó su labor de lectura popular con la creación de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para las Bibliotecas Públicas (1931), con la finalidad de modernizar las colecciones bibliográficas de las bibliotecas públicas del Estado y donar pequeños lotes de libros a instituciones privadas que desearan formar su propia biblioteca.
Un año más tarde (1932), y siendo ministro de Instrucción Pública Fernando de los Ríos, se confió a la Junta la creación de bibliotecas municipales en los pueblos, iniciadas con lotes de 150 volúmenes, que pronto pasaron a 300 más un suplemento ocasional de 150.


El Decreto de 13 de junio de 1932 marca las pautas para la creación de las bibliotecas públicas municipales y la solicitud de fondos a las que, según el Artículo 1º del mismo, tiene derecho: “cualquier Municipio español, en cuyo término no exista Biblioteca pública del Estado, puede solicitar de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para Bibliotecas públicas la creación de una Biblioteca municipal”; a este fin se deberá crear, según el Artículo 2º, una “Junta que se titulará “Junta de la Biblioteca municipal de…” con un máximo de diez Vocales” en la que estarán representados además del Ayuntamiento “las Asociaciones profesionales, de cultura y personalidades destacadas por su competencia, manteniendo la institución neutral y abierta a todos”.

Siguiendo estas directrices, el 4 de septiembre de ese año se firma el Acta de constitución de la Junta de la Biblioteca pública Municipal de Mingorría bajo la presidencia de Sr. Alcalde Don Miguel Camarero Alonso, con objeto de dar cumplimiento a lo dispuesto en Circular nº1” de la Junta de Intercambio. En el Acta se reflejan los nombramientos de los miembros de la Junta y sus cargos: por las asociaciones profesionales se designan 2 representantes: por la Sociedad Obrera, a Juan José Vázquez y Vázquez y a Florentino García Pintos; (vocales); otros 2 por el Sindicato Agrícola, a David Gallego Ibarzabal  y Ezequiel Sastre Nieto (vocales); 2 particulares nombrados por el Ayuntamiento, Néstor Pindado Rodríguez (vicepresidente) y Mariano Cuenca Muñoz (tesorero), “así como los maestros nacionales de esta villaManuel Rioyo (secretario) y Benedicta Álvarez Nieto (vocal).

Enviada la solicitud a la Junta de Intercambio, ésta responde el 22 de mayo de 1933 que previo al envío de los libros deben consignar el nombre del bibliotecario, su sueldo y títulos si los tiene y el horario de apertura, además se deberá haber colocado un cartel o rotulo bien visible que diga “BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE…”. Una vez resueltos estos requisitos recibirían los libros y los ficheros (uno de autores-materias y otro topográfico) por ferrocarril y a portes pagados, y “una vez que la Biblioteca esté funcionando la Junta enviará a un inspector para la organización del préstamo de libros y recoger y estimular cuantas iniciativas sirvan para el mayor éxito de la fundación”.


El 25 de mayo se reúne en sesión la Junta de la Biblioteca que “por unanimidad acuerdo designar a Don Virgilio Pindado, Bibliotecario de la misma, designándole una gratificación anual de OCHENTA pesetas, y suplente del mismo a Don Daniel Muñoz Álvarez, secretario de este Ayuntamiento”, se acuerda colocar el rótulo y “señalar las horas de lectura en dicha Biblioteca, por la mañana de diez a doce y por la tarde de siete a nueve”, dando así cumplimiento a lo solicitado.

El 23 de junio de 1933 se reciben los ficheros y el 29 del mismo mes se reúne la Junta de la Biblioteca Municipal dándose cuenta en el acta de “haberse recibido e instalado en este Ayuntamiento la Biblioteca pública municipal, concedida por la Junta de Intercambio y adquisición del libro” y “de unánime conformidad acordó quede abierta al público el día primero de julio, próximo, haciéndose saber al vecindario de esta localidad por medio de pregón” las horas de apertura al público. Se acuerda también comprar los libros de sesiones y contabilidad y abrir una suscripción voluntaria “para que las personas que lo estimen conveniente contribuyan con una cuota semestral, a fin de atender los gastos de las misma y adquisición de nuevos libros” y dar cuenta de su funcionamiento para que desde la Junta de Intercambio se organice el préstamo de libros.


El 1 de julio de 1933 se firma el “Acta de inauguración de la Biblioteca Pública municipal de esta villa de Mingorría”. El alcalde hizo constar el horario de apertura “tiempo durante el cual pueden utilizarse todos los libros de la misma haciendo presente la procedencia de su utilización en beneficio de la cultura general.” A continuación se hizo un propósito de buenas intenciones: “Por otros señores presentes se hizo uso de la palabra para expresar el mejoramiento de esta población por la instalación de la misma y la procedencia de coadyugar a su funcionamiento y amplitud, a cuyo efecto se tomarán las medidas oportunas recabando medios para obtener ingresos y nuevos libros.” “Seguidamente varios vecinos concurrentes agradecen la instalación y funcionamiento y ofrecen cooperar al sostenimiento de la misma”.

Las materias de los libros que componían los lotes asignados a las bibliotecas, según Hipólito Escolar era: “el 60 por 100 de los libros tenía carácter recreativo (poesía, novela, teatro, viajes, biografía y folklore) porque había que crear, en muchos casos, hábitos de lectura, y una biblioteca formada únicamente con libros de estudio podía alejar a los posibles lectores.” La mayoría de las obras seleccionadas eran “de fácil lectura y los autores eran los de mayor interés en aquellos días, aunque salta a la vista una gran carencia: la de libros infantiles. Su no inclusión puede deberse, quizá, a que la Junta pensaba que la lectura de los niños quedaría resuelta con las bibliotecas de misiones pedagógicas. También a la poca experiencia de sus miembros, que no valoraron la importancia que en una política de creación de lectores tiene la inculcación del hábito de la lectura en la infancia”.

El mantenimiento, gestión y adquisición de nuevos fondos para la biblioteca correspondía al Ayuntamiento, aunque la “Junta donaba el lote fundacional, facilitaba libros con el 50 por 100 de descuento, daba instrucciones para el buen funcionamiento y recomendaciones para mejorar su rendimiento cultural mediante la organización de conferencias o lecturas comentadas”. A este respecto, como se señalaba en el Artículo 4ª del Decreto de 13 junio de 1932, “La Junta hará un donativo de fundación con arreglo a la siguiente escala de población: Municipios inferiores a 1.000 habitantes, 150 volúmenes; Idem de 1.000 a 3.000 habitantes, 300 volúmenes; Idem de 3.000 en adelante, 500 volúmenes” (Mingorría por aquellas fechas contaba con una población que rondaba los 1400 habitantes, por lo que le correspondieron 300 volúmenes). Por otro lado, la Junta se comprometía a renovar los libros, que eran de su propiedad, y a incrementar los fondos en aquellos municipios que destinasen cantidades para la compra de libros.

Tal como indicaba la Junta de Intercambio en su escrito del 22 de mayo de 1933, se envió un inspector para la organización del préstamo y recogiese iniciativas para estimular el éxito de la biblioteca. El funcionario designado fue Juan Viçens, inspector de Bibliotecas Públicas Municipales en el período 1933-1936, que relata así su llegada al pueblo y hace una descripción gráfica de la villa, el local destinado a la biblioteca, el bibliotecario, la Junta que la rige y el movimiento de lectores y usuarios:

Mingorría (Ávila)
Acceso: es la estación siguiente a Ávila.
300 volúmenes
Pueblo pobre, pero no mísero; en la fonda conseguí con dificultad que me preparan una cena tolerable.
Local modesto, pero espacioso. El encargado es un alguacil de poca cultura, pero cuidadoso. La Junta está animada de la mejor voluntad. No pudo realizarse reunión pública por causa de ser la época de mayor trabajo en los campos y en la era (cosa que me ocurrió en este viaje en todas partes). Sin embargo, anunciaron la reunión con la mejor voluntad y lo que ocurrió fue que celebré la reunión con la Junta con asistencia de unas cuantas otras personas y todos escucharon con el mayor interés.
Cobran unas cuotas voluntarias a los que quieren ayudar a la biblioteca, por no tener el ayuntamiento medios suficientes. Desde luego que eso no establece limitación alguna en el derecho a leer, paguen o no, pero acaso eso no lo sabían bien todos los habitantes y algunos creían que había que pagar para leer. Les hice ver la imperiosa necesidad de que todo el mundo sepa con toda claridad que la biblioteca es completamente gratuita y se mostraron dispuestos a poner todos los medios necesarios.
El movimiento de lectores es bastante grande, pero en el verano disminuye mucho, sobre todo en agosto, fenómeno, por lo demás natural y general a todas las localidades rurales”.


En la actualidad la utilización ha cambiado, como la vida, y es mayor en los meses vacacionales, sobre todo en agosto, por ser el mes de mayor afluencia de antiguos habitantes y otros veraneantes, ya que la población actual es poco mayor de los 400 habitantes.

La biblioteca estaba situada en el primer piso del ayuntamiento en una sala de 3,20 por 5 metros, disponía de balcón orientado al este que le proporcionaba luz natural. Tras su paso por la escuela municipal, la casa de los maestros, la colección volvió al edificio consistorial cuando después de su derribo en 1990 en su lugar se edificó el actual Ayuntamiento, donde por un breve espacio de tiempo se conservó, antes de ser trasladada a la presente ubicación en las casas del antiguo cuartel de la Guardia Civil, rehabilitado como centro de cultura tradicional y biblioteca.

Como indica Hipólito Escolar, al igual que otras muchas iniciativas, la Guerra Civil acabó con este ilusionante y ambicioso proyecto de crear 100 bibliotecas municipales cada año. El gobierno nacido tras el golpe de Estado de 1936 decreta las nuevas directrices que regirán las bibliotecas públicas y muchas de éstas desaparecerán. Se redactarán listas de libros y autores cuyas contenido serán censurados y retirados por su ideología o contenido que atentaran contra la moral y la nueva ideología. Se declaraba ilícita, por Orden de 23 de diciembre de 1936, “la producción, el comercio y la circulación de libros, periódicos, folletos y de toda clase de impresos y grabados pornográficos o de literatura socialista, comunista y libertaria, y, en general, disolventes”. A la sombra del nuevo régimen se lleva a cabo la renovación de cargos de la Junta de la Biblioteca de Mingorría.

El 14 de junio de 1938 se reúne la Junta de la Biblioteca con el fin de llevar a cabo la renovación de cargos y “cubrir vacantes producidas, por defunción unas y por cese natural en sus funciones el representante del Ayuntamiento quedando la Junta constituida con los siguiente personas y cargos: “Presidente: D. Bienvenido Domínguez, Vicepresidente: Daniel Muñoz; Secretario: Dª Elena A. Esteban; Tesorero: Benigno Martín; Vocales. Dª Benedicto Álvarez, D. Pablo González, D. Juan José Vázquez, D. David Gallego, D. Ezequiel Sastre y D. Dionisio Cenalmor. Este último actuará además como bibliotecario”.

Los miembros de esta Junta serán los que hagan cumplimiento de las órdenes del Patronato Nacional de Fomento de Bibliotecas Públicas y redacta una Memoria sobre la situación de la biblioteca que se recoge en el Acta de sesión de junio 1939: “Que la Biblioteca ha funcionado con normalidad durante la guerra, siendo lectores asiduos niños de las cuatro Escuelas Nacionales que existen en la localidad”, y añade “La Biblioteca contaba con un total de 300 volúmenes. De ellos han sido retirados y remitidos a la Junta de Burgos los volúmenes pedidos y desaparecidos 6”. A continuación señala las dificultades que tiene la Junta de la Biblioteca para la adquisición de nuevos libros y las iniciativas que ha promovido al respecto: “dando preferencia a la literatura infantil, por carecer de ella, ha iniciado una suscripción voluntaria con un donativo, e invita a los funcionarios y demás amantes de la cultura para que contribuyan con sus aportaciones al indicado fin”.

Según el Libro de Registro de Entrada de Obras de la biblioteca, se remitieron al Ministerio 5 libros: Proceso histórico de la C. de la R.E., de Jiménez de Osúa, L; Cartas a una señora sobre temas de D.P., de Osorio y Gallardo, A.; Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Entre naranjos, de Blasco Ibáñez, V., y La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset, J.

La Memoria redactada indica que han desaparecido 6 libros, aunque en el Libro de Registro de Obras se consignan en las Observaciones que los libros desaparecidos en 1937 son en total 10 de los que 4 se repusieron en 1952. Alguno de estos libros “desaparecidos” fue a manos de particulares cercanos a los miembros de la Junta según me confesaron personalmente. Estos libros tenían interés bien por su contenido ideológico y moral: Fundamentos del socialismo, de Amado Inchausti, P.; El Estado de los Soviets, de Schlesinger, M.L.; y Lo sexual, de Sánchez Rivera y Moset, D.; o bien por un interés práctico para “el estudio de oposiciones” de estos particulares que nunca devolvieron: Derecho usual, de Posada, A.G.; Agricultura elemental Española, de Dantín Cereceda, J.; Manual del comerciante y tenedor de l.; de Heredia, R.; y Diccionario Pedro Alcalá Zamora Francés-Español y Español-Francés; y los que fueron repuestos en 1952: El arte de leer, de Faguet, E.; Taquigrafía. Reglas y ejercicios graduados, de Martín Estala, F.; y Compendio. Gramática. Academia Esp.

Por lo que respecta a la supervivencia de los libros de la fundación de la Biblioteca hay que añadir que se anota como desaparecido en 1957: Elementos de Aviación, de Armangué, A.; y desaparecido y repuesto sin fecha: Cartilla de Automóviles, de Arias Paz, M.; fue retirado por deterioro: Hace falta un muchacho, de Cuyás y Armengol, A. y retirados por deterioro y repuestos en 1952: Obras poéticas completas, de Campoamor, R. de; y Obras completas 1º Vol., y Obras completas 2º Vol., de Gabriel y Galán, J.M.

A partir de aquí los fondos de la fundación no tuvieron más incidencias siendo la siguiente anotación de entrada de libros, a pesar de los buenos propósitos mostrados por las juntas de incrementar los fondos, el volumen 301 el 19 de junio de 1944; y la siguiente y última Acta registrada en el Libro de actas de sesiones de la Junta de la Biblioteca municipal, la del 28 de junio de 1957 sobre la renovación de cargos, siendo presidente y alcalde Dn. Isidoro Esteban Álvarez ; vicepresidente Dn. Moisés Pindado Pajares; secretario Dn. Daniel Redondo Villa; tesorero D. Ezequiel Sastre Nieto y cabe destacar la inclusión entre los vocales, del párroco Dn. Francisco José Romero, junto a Dn. Juan José Vázquez, Dn. David Gallego y los maestros Dña. Ángeles Álvarez, Dña. Laurentina Herrero y Dn. Dionisio Cenalmor Sanchidrián, que continuaba actuando como bibliotecario.


Para la redacción de esta entrada he de agradecer la colaboración imprescindible y la infinita paciencia de Moisés Esteban Rodríguez, actual bibliotecario de la Biblioteca Municipal de Mingorría, que me ha facilitado la consulta del Libro de Registro de Entradas de Obras de la Biblioteca Pública Municipal y del Libro de actas de sesiones de la Junta de la Biblioteca municipal de esta villa y todas las informaciones que le he solicitado sobre la misma. El resto de obras consultadas son:

Historia de las bibliotecas, Escolar, Hipólito. Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 3ªed. Salamanca, 1990.

Juan Vicéns, Inspector de Bibliotecas Públicas Municipales 1933-1936, en Revista Educación y Biblioteca, nº 169, Enero-Febrero 2009, de cuyo artículo he extraído las fotografías hechas por el propio Vicéns y que se encuentran en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares.

lunes, 18 de agosto de 2014

Gutierre-Muñoz


Desde Orbita, tomando una carretera local que va paralela a la autovía, dirección Ávila, y a 2 kilómetros escasos está Gutierre-Muñoz. Al igual que Orbita y Espinosa de los Caballeros es una población que ha sufrido un fuerte proceso migratorio pasando de los 446 habitantes censados en 1910 a los escasos 79 del pasado 2013, aunque aún viven menos en invierno, y en el que prácticamente no hay niños; los que pude ver son los niños de las familias que veranean y dan al pueblo cierto ambiente de bullicio en estos meses de calor. Cuando llegué estaban preparando las fiestas, se oía música, las calles y algunas casas estaban engalanadas con pendones y banderines medievales muy vistosos.


Buscando el origen del pueblo encontré que Gutierre-Muñoz debe su nombre de un pueblo surgido a raíz de su posición en una cañada real, aunque no encontré más información. Fue reconquistada y repoblada entre los años 1085-1088, como los anteriores, por Alfonso VI bajo la dirección de Raimundo de Borgoña, “se repobló por el del mismo nombre documentado como “villicus in Castella” en 1097”. Lo más destacado de su historia es que aquí muere en 1214 Alfonso VIII el rey de Castilla vencedor de Las Navas de Tolosa (1212) cuando se dirigía a Plasencia, la última ciudad de sus dominios, a causa de unas fiebres. En esta época debió existir un palacio hoy desaparecido.


Según las notas de Manuel Gómez-Moreno, la iglesia parroquial es “toda de principios del siglo XVI; su crucero, sus brazos y capilla mayor, con arcos apuntados y semicirculares, los más de ellos sin capiteles, y bóvedas de crucería; nace y colateral a la izquierda, comunicándose por un vasto arco escarzado, de poca altura. La nave principal tiene rica armadura morisca” a partir de aquí la descripción que hace del artesonado he de confesar que me es prácticamente ininteligible, aunque termina asegurando que la armadura “es una de las más bellas de esta región”.


La iglesia, como la de Espinosa de los Caballeros y la de Orbita está en el extremo este del pueblo, y como la primera, tiene adosado el cementerio al edificio. Un vecino me abrió la  iglesia y me dejó solo en la entrada. En el interior pude pasear con total libertad y en completa soledad, aunque sin guía, por lo que tuve que atenerme a mis anotaciones. El artesonado, la “armadura morisca” es, en efecto, una de las más bellas que he visto, aunque la nave de la derecha tenía un techo como el de cualquier casa de la zona. Me llamó la atención la amplitud del templo de dos naves, puesto que donde debía estar la tercera, se abren tres ventanas sobre una sala adosada que podía ser la sacristía. Estas ventanas abiertas al mediodía, inundan de luz el templo y le dan una sensación de desahogo y espacio.


Sobre las iglesias de dos naves José Luis Gutiérrez Robledo comenta que “son templos llenos de interrogantes que deben ponerse en relación con otros similares en la Moraña y provincias limítrofes en los que no queda nunca claro cómo era el proyecto inicial. La planta y las imágenes de lo conservado parecen indicar que la parroquia de Gutierre-Muñoz fue un templo mudéjar de una única nave, reformada en el siglo XVI pensando en levantar un edificio de 3 naves al que se le incorporó el ábside semicircular, el cuerpo de la torre y el espacio de la anterior nave”; en este caso los vecinos me comentaron que la planta de la iglesia estaba diseñada por Juan de Herrera, aunque éste no llegó a concluirlas las obras.


Sobre la decoración del interior de la iglesia, ésta tiene varios retablos, y siguiendo a Gómez-Moreno, el principal es “de mediados del siglo XVII, con pinturas y esculturas de poco valor. Lienzo con entierro de Cristo, poco menor del natural, que recuerda a Miguel Coxie, y será copia, pues otra igual hay en el museo de Valladolid”, lienzo que me fue imposible encontrar, y una cerámica en el “frontal de azulejos de Talavera, con la figura de S. Juan en medio, en su capilla que data de 1645; semejante a los de Sanchidrián y Martín Muñoz de las Posadas”, dos pueblos cercanos.


Permanecí allí casi una hora contemplando a mis anchas los retablos, la crucería y el maravilloso artesonado morisco. A la salida había un cartel que pide la voluntad para el mantenimiento del templo, y ya en la calle un grupo de adolescentes ensayaba los bailes para las fiestas. Llegué hasta la calle del Palacio, donde hay un local social, lugar de reunión de los vecinos. Allí mantuve una entretenida charla sobre la autoría de los planos de la iglesia de Juan de Herrera y el lugar donde se encontraba el palacio y si existían algunas ruinas. Me indicaron que el palacio estuvo justo detrás del local, donde en la actualidad hay un edifico moderno, por lo que no existen ni ruinas ni vestigios visibles. Después la conversación derivo en la difícil situación demográfica y el envejecimiento de la población que hace prácticamente irrecuperable el pueblo y me mostraron alguna de las casas modernas que me parecieron de buen gusto y edificadas bastante acorde con el conjunto.

Como comentaba al principio, en el pueblo murió Alfonso VIII ; éste y su época son los protagonistas de las fiestas, el pueblo se engalana de época medieval y se hace una representación teatral de la vida del monarca. Me invitaron, antes de machar, a recorrer el pueblo y ver sus galas, lo que hice con sumo gusto para poner fin a esta excursión por tres pequeñas poblaciones que, si nada lo remedia, tienden a desaparecer y que cuentan con un riquísimo patrimonio cultural, histórico y humano: Espinosa de los Caballeros, Orbita y Gutierre-Muñoz.

Estatua del rey Alfonso VIII en Soria
Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Historia de Ávila, Tomo II, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Los artículos de Ángel Barrios García, Conquista y poblaciónÁvila, 2000; Tomo VGutiérrez Robledo, José LuisArquitectura Románica y MudéjarÁvila, 2013.
Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institutción Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.

Unos meses después de mi visita se colocó esta placa conmemorativa
del octavo centenario de la muerte del rey Alfonso VIII

viernes, 8 de agosto de 2014

Orbita


Siguiendo el recorrido que inicié en Espinosa de los Caballeros, a 2 kilómetros dirección Ávila, está Orbita, otra pequeña población dedicada a la agricultura y que como aquélla también cuenta con una iglesia excepcional. El pueblo aparece en el Poblamiento de 1250 como Orvita, su origen está en la repoblación que llevó a cabo Raimundo de Borgoña por orden de Alfonso VI, como vimos en la entrada anterior de Espinosa, aunque a diferencia de ésta que fue repoblada por colonos castellanos, en Orvita fueron riojanos o vasconavarros los pobladores. 

La iglesia, de estilo mudéjar, está situada en la parte más oriental del pueblo, y siguiendo a José Luis Gutiérrez Robledo, "tenía en su cabecera un ejemplar magnífico y único de este modelo de arquería. Tenía, porque a principios de la década de 1980 toda la cabecera se vino al suelo aunque ha sido reconstruida de un modo mimético y así podemos recuperar la imagen de lo que fue su cabecera altísima”. Y quizá sea ésta la parte más interesante de nuestra historia.

Dejé el coche junto a una fuente de piedra de cuatro caños y desde allí a cincuenta metros se ve la cabecera nueva de la iglesia. Hice las primeras fotografía y pregunté por quién podía abrir la iglesia y pronto dos personas me acompañaron y guiaron en la visita, aunque antes había tomado notas de la descripción que mi paisano Manuel Gómez-Moreno había hecho de la iglesia parroquial en 1900, 86 años antes del derrumbe: “Otra de las románico-mudéjares de la Moraña, y bien notable: por fuera, su ábside y presbiterio suben a gran elevación, aún más que en Barromán, no obstante habérsele derribado el último cuerpo: hoy sirve de campanario; antes dicen que fue fortaleza y así sería para en casos de apuro. A sus pies se prolonga la nave del templo, en parte rehecha, pero a lo largo del costado meridional arrímasele un pórtico, imitación interesante de los románicos de Segovia, si no de los asturianos y leoneses más antiguos”.
Respecto al ábside anota: “Ábside y presbiterio se adornan en su parte baja con esbeltas arquerías, como de costumbre; luego sube liso el muro por gran trecho, y en lo alto le taladran muchas ventanas, de arcos asimismo redondos y dobles, no sólo hacia el exterior, sino además en el lienzo que cae sobre la nave; encima quedan arranques de otra serie de arcos. Es de notar que el aparejo de cal y canto, ordinario en estos edificios, sufre excepción en el ábside, labrado todo con ladrillos alternativamente puestos en hiladas, ya tendidos ya de pie, mostrando sus cantos menores”.

Recuerdan Secundino y Eva, mis guías, que toda esta maravillosa obra se vino abajo la mañana del 16 de febrero de 1986, con un estruendo que sacudió todo el pueblo. Aquella mañana llovía con fuerza por lo que no había casi vecinos en la calle, y era de prever que la catástrofe ocurriese toda vez que el Obispado estaba advertido de que la torre amenazaba con derrumbarse. Se envió un arquitecto, según me cuentan, y se concluiría que la iglesia estaría en pie muchos años, más que el cura de la parroquia, que por cierto aún vive.

En el derrumbe también se pierden el altar mayor, el retablo de la Vera-Cruz y la sacristía, y sufren graves daños la nave principal y los dos retablos laterales. Para recuperar lo máximo posible de su patrimonio, se crea una organización con el objeto principal de restaurar los daños que ha sufrido el templo, una labor con “un proceso que dura más de 8 años”, según los paneles informativos instalados al efecto. Durante la restauración se apuntala el arco central, y una de las dovelas que son repuestas es obra de mi amigo y vecino de Mingorría, Germán de la Iglesia, por lo que tengo interés en verla, y descubro a la vez varias originales que conservan la marca de cantero.

Según Gómez-Moreno, a la izquierda del presbiterio, hay “un arco de piedra o de yeso, con adornos de la decadencia gótica, y debajo laude de pizarra con escudo y una inscripción: “Aquí están sepultados el muy noble caballero Antonio de Reinoso, hijo del muy magnífico señor Juan Ruiz de Reinoso, señor de la villa de Antillo, é doña Isabel de la Caveza su mujer – IVDXXXI”. Por desgracia, desorientados mis guías y yo comentando los efectos que tuvo en el pórtico el derrumbe, no supimos encontrar la inscripción, aunque sí nos entretuvimos con la historia del órgano de la iglesia.

Según Secundino, casi un tercio de los pies de la nave debió caerse en los años de 1700 que debió ser cuando se restauró o actuó sobre ella, la zona “en parte rehecha” a la que alude Gómez-Moreno, y se instala el órgano. Tras largos años en desuso y estropeado se decide su restauración para lo que se contrató a un fraile de Santander que, a falta de otros medios, al parecer la reparación corrió a cargo del pueblo, el fraile fue huésped del propio Secundino. Una vez restaurado hubo un concierto en el que el señor cura cantó con tal fuerza que en ocasiones no dejaba oír la angelical armonía del instrumento restaurado.

Todo esto lo comentábamos mientras Secundino, me mostraba con total devoción, sin saber yo de dónde la trajo, una reliquia de San Esteban, a quien está dedicada la iglesia. Hice fotografías de nuevo del exterior y ya cerrando la iglesia nos despedimos en el pórtico que José Luis Gutiérrez Robledo nos describe: "Además, como ya se ha dicho, tiene esta iglesia el único ejemplar de pórtico meridional de ladrillo de la provincia, Sólo se conserva de él el tramo cercano a la cabecera con un gran arco en su frente cubierto de esquinillas, recuadros en el manchón de esquina y tres arcos de medio punto más esbeltos y en recuadros hundidos en su frente. Sirve para insistir una vez más en las diferencias entre el románico y el mudéjar, ya que aquí el material condicionará claramente la arquitectura, resultando un pórtico que define un espacio distinto al de los pórticos románicos".

Y como es mi costumbre, esta vez no pude consumir ni hacer gasto alguno en el pueblo, aunque Secundino y Eva insistieron amablemente a invitarme al desayuno, porque el bar estaba cerrado, y es que son tan pocos los habitantes del pueblo, unos 70, que sólo abren unas horas al día. Ellos volvieron a sus asuntos y yo seguí camino de Gutierre-Muñoz, mi próxima parada, 2 kilómetros más al sur.


Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Historia de Ávila, Tomo II, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Los artículos de Ángel Barrios García, Conquista y población, Ávila, 2000; y Tomo VGutiérrez Robledo, José Luis, Arquitectura Románica y Mudéjar. Ávila, 2013.

Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institutción Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.


lunes, 4 de agosto de 2014

Espinosa de los Caballeros


Hay unos pueblos que parecen enclaustrados o arrinconados de la provincia de Ávila, entre la autovía Madrid-La Coruña y la provincia de Segovia, que parecen dormir a la sombra de la fama de Arévalo: Gutierre-Muñoz, Orbita y Espinosa de los Caballeros. Estos pueblos desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1960 mantuvieron una población en torno a los 400 habitantes y a partir de esa fecha sufrieron un declive demográfico dejándola entre los 120 y 70 habitantes y parecen haber perdido interés y caer en el olvido tras 9 siglos de historia, por lo que decidí hacer una excursión e intentar rescatar alguna tradición.

El más cercano a Arévalo es Espinosa de los Caballeros. El pueblo aparece citado en el Poblamiento de 1250 como Espinosa. Es reconquistada por Alfonso VI y repoblada por el conde Raimundo de Borgoña entre 1085 y 1088 por colonos castellanos. El rey Alfonso VIII en agradecimiento a las fuerzas que Espinosa aportó para participar en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), le otorga el título “de los Caballeros”.


Llevaba en mi cuaderno notas sobre la iglesia que es lo que más sobresale del pueblo en el horizonte. Ésta tiene la singularidad de mezclar “lo mudéjar con una cabecera en sillería románica, con capiteles y canecillos románicos y con elementos góticos y tiene una torre esbelta y hermosa como pocas levantada con humildes y firmes cajones de mampostería y con bellos arcos en el campanario. El interior conoció luego una reforma barroca que alteró su imagen”, explica José Luis Gutiérrez Robledo en la Historia de Ávila.

El edifico destaca por esta mezcla de románico y mudéjar, dos estilos que convivieron en la misma época y que algunos especialistas los identifican al románico con un sustrato social de riqueza y opulencia del alto clero y aristocracia, y al mudéjar con el pueblo llano. Manuel Gómez-Moreno a principios de 1900 describe la iglesia: “Corresponde al estilo románico-morisco de tierra de Arévalo y es uno de los edificios que mejor sirve para fijar en el siglo XII su construcción. En efecto, su ábside y presbiterio son enteramente románicos, hecho de mampostería su parte baja, y de sillería de arenisca de muy blanda lo demás. Dos columnas refuerzan el ábside con capiteles de cuadrúpedos y aves, como en lo de Ávila; ventana de doble arquivolta achaflanada da luz al presbiterio, y el alero de canecillos con figuras encogidas, cigüeña, lobo, cabeza humana y hojas, como la de los capiteles más antiguos de San Vicente”; y añade a la descripción “a esto se adhiere, con muestras de coetáneo, una nave con su colateral a la izquierda, de obra de tapias de cal y canto y cintas de ladrillo, taladrada con largas saeteras, y una torre a sus pies, de la misma fábrica, con su puerta de arco apuntado, y en lo alto dos arcos de la misma forma, en cada lado, con sus arquivoltas dobles”.

Gracias a la sacristana conseguí conocer el interior, que según notas en la obra de Gómez-Moreno, fue “renovado en el barroco. El presbiterio, restaurado en 1940, conserva la bóveda de cañón y arcos doblados en los muros de la primitiva obra mudéjar. Detrás del retablo barroco del siglo XVIII, se aprecian los restos de pinturas murales…” A este espacio de detrás del retablo, al que se accede por una minúscula puerta, es una pequeña cámara formada por al semicírculo del ábside y el retablo, está apuntalado al muro en el que en la bóveda, encontramos las pinturas que representa a Cristo en majestad acompañado a cada lado por los tetramorfos, la representación de los evangelistas: un toro, un águila, un ángel y un león; y conserva la siguiente inscripción: Esta obra fizo Gº de Ribera, siendo Clygo mayor en esta Iglesia, año del Señor de Mil CCCCXXXVI.

Ahora quedaba por ver una pequeña escultura de la Virgen sentada sosteniendo al Niño, una preciosa figura románica policromada del siglo XII o XIII según las fuentes. Esta figura, me cuenta la sacristana, es “la Virgen de la Matilla. Estaba en una ermita en el prado Matilla; la ermita se derrumbó y hubo una disputa con Arévalo, quien se quedó con los terrenos y Espinosa se quedó con la imagen de la Virgen. Existe la tradición en el pueblo que todos los niños bautizados son ofrecidos a la Virgen”.

Otra imagen de la Virgen, ésta de finales del siglo XV, también pequeña y policromada, le falta la mano izquierda; y junto al retablo una escultura de Cristo crucificado con caracteres del siglo XIV. El retablo barroco, me cuenta la sacristana, “tiene cuatro cuadros, los dos de la izquierda con los patronos del pueblo, San Andrés, a quien está dedicada la iglesia, y Santa Bárbara; y a la derecha los místicos, San Juan de la Cruz y Santa Teresa”.

De allí subimos a la torre tras pasar junto al órgano de fuelle que está sin restaurar. Al campanario se sube por una escalera estrecha que tiene dos rellanos iluminados por sendas saeteras. El campanario está formado por esbeltos arcos mudéjares de una belleza extraordinaria; desde allí se divisa la llanura morañega: “Al norte Arévalo, y por ese camino, hacia el este, Martín Muñoz de las Posadas” me dice la sacristana.
Nosotros no nos podemos quejar, cuando se hicieron las Edades del Hombre en Arévalo, hubo dudas de si restaurar esta iglesia o la de San Martín en Arévalo, y se restauró aquélla, pero ésta se arregló y se hicieron catas y prospecciones. En una de las catas aparece, en un capitel del arco de la entrada, una Anunciación, y en otro, junto a la sacristía, una arpía.

Para terminar pasamos a la base de la torre donde se encuentra la primitiva entrada “que fue anulada. En esta parte, donde la piedra está más oscura, es piedra de rajuela, de la zona. Los restauradores nos dijeron que era el moho de los siglos y del humo de las antorchas que utilizaban los caballeros templarios que visitaban la iglesia y venían a reunirse aquí, por lo que no descarte que un día encontremos aquí un tesoro y el Santo Grial” me dice con humor. Por último nos enseña los enterramientos que hay en el suelo de la iglesia, que a diferencia de los habituales de lápidas de piedra, aquí son de madera, en bastante mal estado, añade que esperan una necesaria restauración.

Antes de abandonar la iglesia nos enseña con entusiasmo la sacristía donde hay una pequeña colección de casullas y la mantelería que se utiliza para los oficios. La sacristana, por otro lado, al preguntarle por su nombre se resiste a decírmelo porque, asegura, que aquello es obra de todo el pueblo y que si escribo estas líneas he de referirme a todos los habitantes, no sólo a ella. Y así termino esta excursión a Espinosa de los Caballeros, población reconquistada y repoblada a finales del siglo XI y que en la actualidad lucha por recuperar población en el difícil medio rural agrícola y ganadero “tan mecanizado que ya no precisa mano de obra, pero que este año han nacido 12 niños”, me comenta la sacristana, como el resto de habitantes, tan orgullosa de su pueblo, de su historia y su patrimonio.


Para esta excursión he consultado los siguientes libros:

Historia de Ávila, Tomo II y TomoV. Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. En los artículos de Barrios García, Á.; Miguel Cabeza, C. de; Franco Marta, A. y Gutiérrez Robledo, J.L., Ávila, 2000 y 2013.

Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institutción Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.