miércoles, 30 de marzo de 2016

El muro de La Tabacalera


No suelo ir a La Tabacalera, cada vez que he intentado entrar he tenido algún problema: no es la hora, estamos trabajando, vuelva mañana,... La puerta esta siempre cerrada, siempre descolorida, los carteles que anunciaban (no recuerdo qué anunciaban), desgarrados, unos solapando a otros, los orines y el óxido se comían la pintura de las plantillas (stencil)... entonces me distraigo rodeando el edificio, aburrido y dudando si marcharme hacia el metro de La Latina o subir hasta Atocha y entretenerme por la Casa Encendida antes de entrar en el Reina Sofía.


Hace un tiempo, no recuerdo bien cuánto pero hará ya casi un par de años, pintaron el muro de la calle Miguel Servet y algún medio se hizo eco de aquello, sobre todo de una inscripción que al leerla ahora me lo recordó: "Mientras estos muros son pintados de forma legal, el ayuntamiento limpia cientos de graffitis ilegales". Seguí el trabajo de los chicos a través de internet, algunos los conocía, otros, aunque no los conocía, los seguía por los murales que salpican Madrid; otros, no sé quienes son y me apena haber dejado de seguirlos, todo hay que decirlo. Aún hoy cuando veo algunas piezas las fotografío aunque no las publique, las guardo como muchas otras fotografías de cuadros o paisajes que se acumulan en ordenador. Quizá sea por todo esto, porque ese muro durará mucho tiempo sin retoques ni blanqueos, por lo que las publico antes de que se echen a perder en su propia legalidad en la que, por fin los chicos, son reconocidos como artistas.





















lunes, 21 de marzo de 2016

Anacleto Ceracchini: Pintura


Desbordante de color Anacleto Ceracchini, más que pintar parece divertirse; su pintura es un canto a la alegría, una festividad y un divertimento que aleja cualquier maleficio que se pueda encontrar en el arte. Sus personajes sin rostro, recuerdan a los personajes que habitan las obras de Giorgio de Chirico, caras oblongas de maniquíes que sustituyen en sueños a los personajes, solo que Ceracchini reviste esos rostros de sombras luminosas, saltándose alegremente los perfiles enigmático e inquietantes de surrealismo para revestirlos de color y luz.

Pero hay una diferencia con de Chirico, no ya de estilo sino de significado y objetivo, mientras éste nos sumerge en el submundo de los sueños y el surrealismo, Ceracchini nos transporta a un mundo tan real como idílico y cotidiano, saca a sus personajes a la calle, los expone a la vida diaria, a la luz, a las carreras de bicicletas, a las de caballos, a los encierros de toros, o a Don Quijote cabalgando sobre planos multicolor en los Campos de Montiel en pos de gigantes y molinos; y lo hace en un mundo que transita entre el naif  de una vida alegre y la alegría viva, la más superficial si acaso, pero esa alegría ingenua que habita en cada ser y que todo lo impregna de color, y un fauvismo cándido y risueño, sin olvidarnos, por qué no, del trágico toque expresionista de Kichner o la espiritualidad también expresionista de Franz Marc.


El espectador atento puede encontrar otros parecidos y ver otras suertes, otros mensajes e incluso otros recuerdos porque los guiños a otros maestros, a otras obras y a otros estilos es constante: jugadores de cartas, amantes, la Torre de Babel, danza de bacantes e incluso sueños, hasta llegar a la abstracción, todo en un universo personal y festivo en el que, como nos dice el catálogo, el color genera formas y contenidos para convertirse en el nexo de unión que da sentido al cuadro.


Anacleto Ceracchini, pintura, en Galería Orfila, en la calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 5 de abril de 2016.




jueves, 17 de marzo de 2016

Viaje a Alcabón en Toledo

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense de Alcabón
Sábado de mañana fría, apenas 4ºC, teníamos programado ir a Alcabón en la provincia de Toledo, sin paradas programadas, sólo visitaríamos Torrijos antes de llegar a nuestro destino donde nos esperaban a la hora de la comida y con la duda si el tiempo apacible y soleado nos permitiría visitar el castillo de Escalona o el de San Silvestre en Novés, aunque los planes se trastocaron porque, como luego me dijo nuestro anfitrión en Alcabón, "importan más las personas que las piedras".

Castillo de Maqueda
Salimos pues de Madrid a las 10:04 por la carretera de Extremadura, la A-5.A las 11:02 llegamos a Maqueda, accediendo por la entrada sur y detenernos frente al castillo que domina la antigua carretera. El castillo de la Vela, como se llama, tiene bien conservados los lienzos y cubos, lo que le da un aire majestuoso sobre el alto en el que se asienta al sur de la población. Por allí pasaron Almanzor, Alfonso VI, el condestable Don Álvaro de Luna y la reina Isabel la Católica. Me llamó la atención una tronera abierta en uno de los cubos que domina la antigua carretera. Durante años el castillo, propiedad del Ministerio del Interior, fue cuartel de la Guardia Civil. Durante su rehabilitación, con el propósito de instalar en él el Museo de la Guardia Civil, llegó la crisis actual y se paralizó el proyecto poniéndose a la venta el edificio. El acceso al recinto se hace por el lienzo norte aunque su visita no fue posible.

Castillo de Caudilla
Retornamos a las 11:15 a la rotonda que nos llevaría dirección a Torrijos. Pasados unos 7 kilómetros llegamos a Val de Santo Domingo para dirigirnos, atravesando el pueblo, a Novés. A unos 3 kilómetros llegamos a Caudilla, un despoblado donde no teníamos programada la visita. Allí descubrimos la iglesia y los restos del castillo. Es un lugar singular donde circulan caminando bandadas de perdices por las calles desiertas. En un campo recién labrado y cercado por una alambrada están los restos del castillo de Caudilla, antigua fortaleza palaciega de la que se mantienen en pie dos torreones: un torreón circular y parte de la torre del homenaje y un trozo de lienzo que los unía; el último derrumbe debió ocurrir no hace mucho tiempo (en 1999) según fotografías que pude ver luego, a causa del abandono en el que está sumido. Junto a la vereda que separa las tierras de labor, una caminante me indicó cómo llegar a el castillo de San Silvestre, recomendándome hacerlo desde Torrijos y no desde Novés, como tenía pensado. Todo se quedó en proyecto a partir de entonces, una rotura muscular en el gemelo derecho al intentar incorporarme al sembrado para rodear y fotografiar los restos del castillo. Desistí. El dolor era intenso y tampoco pude llegar hasta la iglesia, luego supe tenía restos de inicios del siglos XII y pinturas murales. Retomamos el camino de nuevo al Val de Santo Domingo y de allí a Torrijos.

Iglesia de Caudilla
Torrijos es una población estratégica en la ruta de Ávila a Toledo. Tiene unos 15.000 habitantes y cuenta con un edificio de gran belleza, la Colegiata del Santísimo Sacramento con una portada renacentista espectacular. No pudimos entrar en el edificio por lo que tuvimos que conformarnos admirar la fachada. Caminando lentamente por la rotura muscular llegamos a la plaza de San Gil, donde se encuentra el palacio de Pedro I, una agradable sorpresa. El edifico actual es reconstrucción del siglo XV-XVI del antiguo palacio. Tiene un claustro de dos pisos de altura. En una de las esquinas hay, guarnecida por un cristal, una estatua del Pedro I, no sé si original, pero idéntica a la que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. La parte trasera del palacio hay otro patio, abierto y porticado, con el nombre de María de Padilla, amante y esposa del rey Pedro I, a quien éste regaló el palacio original. De allí volvimos de nuevo hasta la colegiata para visitar la plaza de España y un mercadillo antes de salir hacia Alcabón.

Colegiata del Santísimo Sacramento
Alcabón en una población documentada desde 1095. En la actualidad mantiene su estructura en torno a la calle principal que coincide con la carretera que atraviesa el pueblo. Nada más entrar desde Torrijos, encontramos la ermita de Nuestra Señora de la Aurora, principios del siglo XVII, dando inicio a la calle central que nos lleva hasta la plaza de España, núcleo principal del pueblo donde encuentra el Ayuntamiento, un edificio moderno; el bar, un local espacioso y agradable, y el edificio más singular del pueblo, la Almazara, antiguo molino de aceite de origen árabe y una bodega, hoy reconvertido en restaurante, perfectamente adaptado, mantienen las prensas, muelas y depósitos para la obtención de aceite, así como las tinajas y la estructura intacta de la antigua bodega. De la plaza de España sale la calle de la Iglesia que nos lleva hasta la actual parroquia, Santo Tomás Cantuariense, un edificio del siglo XVII que se asienta en el solar que ocupó el anterior templo construido en el siglo XV. Tiene un bello retablo, también del siglo XVII, y un órgano del primer tercio del XVIII. Las construcciones son modernas y apenas si hay casas antiguas, las que se mantienen están deterioradas aunque destaca que conservan las alturas manteniendo así su homogeneidad; la pérdida de materiales como el adobe y la teja, y el uso del ladrillo y la uralita les resta cierto encanto. El pueblo está rodeados de tierras de labor, ya que el cultivo del cereal, olivo y vid fueron su actividad principal. Como la mayoría de los pueblos de España a medidos del siglo pasado comenzó su declive llegando a perder la mitad de la población.

Alcabón - Calle de la Iglesia
Tras la comida en la Almazara, un suculento cocido con un buen vino de la zona, y una visita pormenorizada, que el dueño del local nos regaló, por la historia del edificio y las singularidades de la producción y clases del aceite de oliva, recorrimos el pueblo visitando los lugares que he ido mencionando, despacio, eso sí, hasta que el Sol comenzó a declinar y por el sureste le elevaba una hermosa Luna llena que nos invitaba a volver a Madrid. Así concluyó una jornada excepcional y singular gracias a nuestros anfitriones y a pesar del pequeño accidente que me impidió moverme con soltura.
Alcabón - Campo sembrado
Alcabón - Bodega
Alcabón - Iglesia de Santo Tomás Cantuariense
Alcabón - Carne del cocido
Alcabón - Almazara
Alcabón - Almazara detalle
Torrijos - Atrio Palacio de Pedro I
Torrijos - Ayuntamiento Palacio de Pedro I
Alcabón - Plaza de las Erillas

martes, 8 de marzo de 2016

Los chavales del Ahorra


Estas piezas estaban en el Ahorra hace tres años. El Ahorra es una plaza que la forman la parte trasera de unos locales comerciales de una sola altura, un polideportivo municipal, el Ciudad de los Poetas, y un supermercado, el Ahorramás, quedando abierta al este, limitada por una pérgola que da a un parque. Tiene una pista de baloncesto donde los chicos quedaban y aún quedan para "echar unas risas y unas canastas", aunque hace tiempo perdió parte de su estructura. En el suelo alguno de ellos ha escrito con cierta sorna: Saconia Arena.

Algunas veces me paraba a ver estas piezas y las comentaba, sobre todo esta de ZOTA! Mi acompañante de turno llegaba a entender algo sobre ellas: la escritura, la powerline, los tag, las pompas, las dedicatorias,... todo el significado que englobaba, en definitiva, a todos los chicos, los chavales del Ahorra, Sara, los GNS y su vinculación con aquel espacio que iba un poco más allá del "yo estuve aquí", era en definitiva una declaración, la apropiación simbólica del territorio, su lugar y su mundo.

La fotografía la tomé hoy hace 4 años, el 8 de marzo de 2012, duró un año más, hasta la mañana del 23 de marzo de 2013 cuando una brigada de limpieza del Ayuntamiento blanqueó todas las piezas del muro del polideportivo. La historia, luego me enteré. era algo más triste que saber que eliminaban parte de la cultura y la memoria de los chicos, detrás de aquel borrado estaba la gente que hoy gestiona la cultura del barrio desde su propia incultura e ignorancia.


Quiero que este post sea un abrazo entrañable sobre todo para Sara y para Mercedes, y esa hermosa nube que engloba la amistad y el recuerdo de los chavales del Ahorra a la memoria de ZOTA.