sábado, 3 de agosto de 2013

Martín Muñoz de las Posadas: El Greco, Pompeio Leoni y el Cardenal Espinosa

Cuando el día se acorta y los fríos dejan Mingorría desangelado y las calles desiertas, sólo las últimas hojas de los chopos, que revolotean y se arremolinan con el viento en torno a la fuente de piedra, son el único movimiento que se percibe. Las jornadas pasan monótonas: del trabajo a casa, de allí algunas veces al bar, la charla y una partida de cartas junto a una estufa de hierro. Entonces, en coche, salgo dirección a Olmedo, hasta Martín Muñoz de las Posadas. Allí el panorama es idéntico. Pido un café, mientras miro cómo la nieve cae mansa en invierno, o la lluvia arrecia en primavera sobre el empedrado en la plaza, una plaza tan ancha que parece que las nubes y toda la tormenta están allí dentro.

La primera vez que llegué al pueblo, me sorprendió el tamaño de la iglesia, de Nuestra Señora de la Asunción, y la plaza tan amplia. 

Hay frente a la iglesia una fila de casas porticadas, donde está el ayuntamiento con sus banderas; y en la esquina, en diagonal con la iglesia, el palacio del Cardenal Diego de Espinosa. Normalmente tomo mi café y tras una charla con la dueña del bar, en quince minutos me marcho. Otras veces aprovecho y llevo alguna visita para que vean la plaza y les cuento lo mismo que estoy escribiendo ahora; otras, visitamos la iglesia, y un guía del pueblo, el primero fue uno, estudiante en Salamanca, nos explica la historia de la iglesia, del palacio, del Cardenal y de un cuadro de El Greco.

He de confesar que tardé un tiempo en conocer todo lo que había en este pueblo de Segovia, que no alcanza los 400 habitantes. Su historia gira en torno a la persona del Cardenal Diego de Espinosa, Presidente del Consejo de Castilla e Inquisidor General, entre otros cargos, durante el reinado de Felipe II, época en la que debió alcanzar el pueblo su mayor esplendor. Tiene la iglesia románica, del siglo XIII, que se amplió y restauró en estilo gótico en el XVI. Allí el Cardenal mandó construir la Capilla Mayor, con un formidable retablo, donde está enterrado él y su familia. Pero lo que más me sorprendió, sin duda, es la escultura del Cardenal en posición orante, obra de Pompeio Leoni, autor también del grupo de esculturas de la familia de Carlos V y de Felipe II de El Escorial. Sólo para ver esta obra vale la pena ir hasta Martín Muñoz. Otra cosa sobre la que suelo entretenerme son las marcas de cantero que tienen algunas piedras de la construcción románica.

Si formidable es la iglesia no lo es menos el palacio. Según consta en el catálogo que te dan en el ayuntamiento, es una obra de la Escuela de Toledo, de planta rectangular, construido en piedra, ladrillo y tejados de pizarra. Tiene un maravilloso patio renacentista de dos plantas que están comunicadas por una escalera de piedra. La galería de columnas y una sencilla balaustrada, todo en piedra, le dan una sobriedad y belleza sobrecogedoras.

Pero volvamos a la iglesia. Durante la ampliación se hicieron unas pequeñas capillas laterales. En una de estas capillas hay una Crucifixión de El Greco. Este cuadro no tiene nada que ver con la historia que hasta ahora hemos contado, pero que no deja de ser singular. Lo encargó don Andrés Núñez Madrid, párroco de la iglesia de Santo Tomé de Toledo, donde está El entierro del Conde Orgaz; como donante aparece rezando junto a la Virgen en el lienzo. Este don Andrés cedió en testamento el cuadro a la parroquia de Navalperal, limítrofe con Martín Muñoz. Esta población se despobló y el mobiliario de la parroquia, entre el que estaba el cuadro, pasó a Martín Muñoz. El lienzo sufrió, entre traslados y almacenamientos, un deterioro que hacía necesaria su restauración.
 Hacia 1919 el Marqués de Cedillo quiso llevarse el lienzo para su restauración lo que originó una sublevación de los vecinos que impidieron que la obra abandonase el pueblo. Más reciente, hace unos 35 años, el Ministerio de Cultura decide restaurar la iglesia justo cuando el Estado comienza a su vez a transferir competencias a la Comunidad Autónoma. La Junta retoma las obras, pero la empresa que las realizaba presenta suspensión de pagos y éstas quedan paralizadas. Entre las obras, los andamios, el abandono del edificio a medio restaurar y  con el riesgo de un mayor deterioro, el cuadro pasa a la casa parroquial y de ahí se decide dejar el cuadro en custodia en el cuartel de la Guardia Civil. Una vez en el cuartelillo para mayor seguridad se decide encerrar el cuadro en un calabozo. Esto hecho sin más, trascendió a los medios de comunicación y varios canales de televisión presentaron la noticia como algo extraordinario dando un viso tragicómico al asunto. En la actualidad se puede contemplar el cuadro restaurado, debidamente protegido y bien documentado en la iglesia.

El viernes pasado coincidió, con mi visita veraniega a Martín Muñoz, que se está celebrando el V Centenario del nacimiento del Cardenal Espinosa, por lo que se están celebrando actos, se han organizado charlas, una pequeña exposición y una ruta guiada, todo cuidadosamente preparado. Es de agradecer el interés y esmero que tienen los habitantes de este pueblo por mantener y difundir su patrimonio que, sin lugar a dudas, es de una riqueza excepcional.


Martín Muñoz de las Posadas está en la N-601, Km. 115, muy cerca de Adanero en la A-6

4 comentarios:

  1. Paco dices que Navalperal es limítrofe con Martín Muñoz.
    Conozco Navalperal de Pinares y Navalperal de Tormes ambos en la provincia de Avila.

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    1. Gracias por tu comentario. Este Navalperal no tiene nada que ver con los de Ávila, ya no existe, se despobló y por eso el cuadro y los enseres de su parroquia se trasladaron a Martín Muñoz

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    2. Me ha encantado tu relato sobre el pueblo, y sólo con leerlo estoy deseando ir. Espero contar contigo como guía.

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    3. El pueblo era Navalperal del Campo. Estaba entre Martín Muñoz y Codorniz. El término municipal pasó a Montuenga y el cuadro y otras reliquias de la iglesia a Martín Muñoz.

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