viernes, 15 de noviembre de 2013

Castillos: Por tierras de Valladolid


Hace unos días leí en el blog de una amiga que no hay nada más reconfortante que hacer lo que a uno realmente le gusta, en su caso era ir al cine, en el mío son muchas cosas, pero hay una que no se solventa con 2 horas y es visitar castillos.Ver un castillo no es únicamente ver arquitectura medieval, en muchos casos en pura ruina, es vivir la historia, adentrarse en la simbología, la filosofía, el arte, en definitiva es un compendio de sociología. Una vez leí que un castillo y un barco son los ejemplos simplificados de una organización social perfectamente estructurada y jerarquizada. Por alguna de estas razones o por todas ellas, me gusta visitarlos.

Castillo de Íscar
En septiembre me organicé una excursión por tierras de Valladolid: mapa, cámara, documentación y bloc de notas. Previamente hago un pequeño circuito con los lugares por los que voy a ir pasando, parando si llega el caso, y anotando las anécdotas que me ocurren. Lo mejor, aparte de la visita al castillo, es el contacto con los vecinos, charlar con otros visitantes, ir aprendiendo cosas, pequeñas historias y peculiaridades que nunca se recogen en los libros: hablo con el dueño del bar, con la señora que barre su puerta, con quien pasa por allí... es algo gratificante, espontáneo y enriquecedor.

Castillo de Portillo
Salí de Madrid sin un itinerario claro a las 11:15 y con un calor que comenzaba a ser molesto. No sabía hasta dónde iba a llegar, ni si iba a hacer las visitas ese día o al día siguiente. El primer destino era Íscar, desde allí tenía dos opciones o subir hasta Portillo o volver para comer en Olmedo y desde allí a Fuente el Sol. En el caso de que tuviese más tiempo la segunda opción era de Íscar hasta Portillo, Fuensaldaña y Fuente el Sol, aunque esta posibilidad era la más improbable porque entre medias tenía que cruzar Valladolid. Finalmente fue lo que hice, la más completa: paré en Íscar, donde comí; después Portillo, Fuensaldaña, donde pasé una tarde muy agradable visitando prácticamente todas las dependencias del castillo, y camino de Fuente el Sol, pasé sin parar por Simancas, Medina del Campo y Arévalo, este último en Ávila, que aunque tienen fortalezas formidables ya las conocía. Terminé la jornada merendando en Pajares de Adaja y de allí a Mingorría donde terminé la excursión a las 20:05 después de 410 km. de ruta, que hubiesen sido menos de haber encontrado a la primera la subida a Portillo, si hubiese tenido bien indicadas las carreteras y no me hubiese extraviado dos veces en Valladolid.

Castillo de Fuensaldaña
Hubo varias incidencias. Entre Olmedo e Íscar volcó un pequeño camión cargado de tablas de madera que me retuvo varios minutos. Luego sufrí las propias de todos los lugares de España: nadie sabe dónde se puede comer en su pueblo porque claro, todo el mundo come en su casa. Una peculiaridad de Íscar es que para ir al restaurante todas las calles son dirección prohibida y para volver a la carretera extrañamente también lo son. Portillo es un pueblo que está en un alto y a los pies tiene un barrio que se llama Arrabal de Portillo, donde anduve extraviado dando un par de vueltas al pueblo y sin ver el castillo por ninguna parte, hasta que me indicaron la dirección correcta, el castillo está oientado al norte en vez de al sur como es lo normal. Aunque la verdadera odisea fue cruzar Valladolid, me llevó casi media hora, sobre todo porque la carretera de circunvalación nueva está sin terminar y tras varias vueltas uno acaba curiosamente en el punto de partida y además hacía un calor insoportable. Una vez en Fuensaldaña visité el castillo en un grupo organizado del que yo era el único integrante por lo todas las explicaciones de la guía fueron para mi solo.
Castillo de Fuente el Sol
Desde allí a Fuente el Sol, al llegar pregunté a un grupo de viejos, unos 6 que estaban charlando a la sombra de una tapia de adobe, y se extrañaron que alguien fuese al pueblo para ver sólo el castillo, y más aún el día que tenían carreras de galgos. Por fin en Pajares de Adaja , ya en tierras de Ávila, donde merendé un trozo de chorizo y una cerveza sin alcohol que me sirvió, muy amablemente, un señor que no era del bar y con quien estuve charlando sobre lo mal que se está dando la caza este año.

Llegué a Mingorría exhausto, donde terminé el día sin ganas de hacer un repaso de la jornada. Cada visita merece una entrada por sí sola, para detallar los lugares, describir las fortificaciones y las charlas con los lugareños, pero son historias que ya iré desgranando por aquí. Para acabar una recomendación, para estos viajes no utilicéis ese chisme que se llama GPS os hará perder todo el encanto del contacto con la gente.

Como comentaba ya he subido la historia de cada uno de los castillos y los hechos históricos más destacados que sucedió en cada uno de ellos.

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