domingo, 26 de febrero de 2017

ARCO 2017

Termina la sesión del sábado de la feria, para mí media hora antes. Decido caminar, cargado con la cámara y algunas revistas que me han regalado en la feria hasta la estación de metro más cercana, son 20 minutos caminando. Llego al anden, se abren las puertas del vagón y dos chicas, no llegan a los veinte años, me ganan el último asiento libre. A mi izquierda una pareja, también jóvenes, chico y chica, se quedan de pie junto a mi. Sólo son 7 estaciones. Las chicas del asiento comentan las imágenes de su CANON digital, series de hasta diez imágenes prácticamente iguales; reconozco neones, otras son obras de arte irreconocibles, muchos selfies, imagen tras imagen llegan a una enorme pieza de escultura, ¡pepinillos! Sueltan una carcajada. Siguen pasando más imágenes, más series, borran algunas sin haberlas visionado con detalle. Vienen de la feria, como yo, reconozco las obras y alguno de los fondos que han elegido para fotografiarse: ARCO, el gran fotocall.


El error de algunos visitantes es pensar que van a descubrir cosas nuevas, que las hay, pero esta es una feria de galerías no de artistas. En el Pabellón 9, quizá el más convencional, es fácil encontrar obra de Millares, Guerrero, Palazuelos, Tapies, Miró, algún Picasso, Guinovart, Gordillo, Tapies, Richard Serra, Plensa... aunque en los informativos de TV se han encargado de destacar el lado más simple de la feria ¿quién puede pagar XXX por ...? Una carencia del público que comienza a instalarse en los medios, cualquiera vale, ¿ya no hay críticos en televisión? Esto es Madrid, y durante estos días a la sombra de ARCO hay muchas ferias: espacios públicos cerrados, casas y palacios venidos a menos organizan sus muestras, hoteles, garajes, el showroom donde las obras se exhiben en estática pasarela. ¡Que vaya el becario! Ordenan desde la redacción. Que vaya el becario. Quizá con un poco de suerte se encuentre con algún artista, Quizá el problema sea reconocer uno. Hay críticos, artistas y creadores de punto de cruz que están en los papeles; los grandes periódicos tienen su stand y regalan sus suplementos y te invitan a coleccionar las reediciones del Capitán Trueno.


"Al principio colocan las galerías buenas, junto a la entrada para que sea lo primero que veas, luego están los demás. ¡No son listos ni nada! Lo hacen para vender" Oigo decir a un visitante después de mencionar el nombre de una galería al grupo que lo acompaña. Es curioso, pienso, que vengan con el discurso hecho; y visitan y visionan y se colocan alrededor de las obras que han difundido los informativos, se arremolinan entorno a ellas y se fotografían pacientemente, en riguroso turno junto a la obra. ¿Qué es el arte? Leo que preguntan en una revista. Si me remito a una respuesta de Hamilton, es lo que hace un artista.


Otros años me he dedicado a desgranar las obras y los proyectos por galerías. Este año ha sido para mí un pequeño caos. Me ha gustado más el Pabellón 7; en esto coincidimos más de uno. He visto un Miró de primera época, una obra pequeña fechada en torno a 1910, una huerta, que me ha gustado ¿Todo esto en pintura? Sí, sólo esto, bueno, no, también la obra del Equípo 57, el año pasado, buscado obra de José Guerrero, descubrí muchas obras del Equipo 57, pero este año especialmente me han gustado las colecciones de fotografía, también, como el Miró, de pequeño formato. Parada en la Casa Sin Fin con obra de Alejandro S. Garrido, la serie de fotografías Corea. Una historia paralela (2012-2015); y Manolo Laguillo con Periferias de Madrid (1994).

Alejandro S. Garrido: Corea. Una historia paralela
En torno a la fotografía dos obras,una  Jessica Rankin, Could I just have the Sober Hand (2016) en la galería Carlier-Gebauer, un paisaje a base de múltiples tomas de paisajes creando un nuevo horizonte; y Agnés Varda (b.1928) con tres fotografías que ha traído Galeríe Nathalie Obadia (Paris-Bruxelles) y de estas Cha-cha-cha danced by members of the I.C.A.C...." (1962-1963).
Agnés Varda. Cha-Cha-Cha dances by members of the I.C.A.C. ...
He echado de menos algo transgresor, quizá porque no he sabido encontrarlo, porque todos los años lo ha habido, los solo projects de años anteriores que aportaban mucha frescura, quizá por eso me quede con la obra de Teresa Margolles Pesquisas (Inquiries) 2016 que trae la Galerie Peter Kilchmann de Zurich: instalación donde se hurga en lo más profundo de la naturaleza humana, más allá de cualquier conceptualismo: 30 impresiones en color de fotografías de carteles de mujeres desaparecidas que cubren las calles de Ciudad Juarez, México, desde los noventa hasta hoy.

Teresa Margolles. Pesquisas (Inquiries
Hay más. Mucho más. La cuestión es mantener el optimismo y saber que vas a encontrar obras que te gustan, que te emocionen y provoquen sensaciones y, de nuevo en el vagón de Metro miro a la pareja de mi izquierda, -las dos chicas de la CANON sentadas a mi derecha continúan visionando series interminables imposible de distinguir-. El chico de mi izquierda sostiene un Smarphone cargado de imágenes, también de ARCO, alguna en blanco y negro, se las enseña a la chica. Están demasiado cerca de mí. No quiero se indiscreto. La chica habla con gesto de entusiasmo pero no la oigo. Puedo ver de soslayo que él sonríe. Baja la mano y el Smarphone y se besan contra la puerta del vagón. Tan solo queda una parada para el transbordo. El arte es lo que hace el artista -recuerdo- el problema simplemente es encontrarlo.


ARCO 2017: Se ha celebrando entre los días 22 y 26 de febrero de 2017, en el recinto ferial IFEMA, de Madrid.

Jessica Rankin. Could I just have the Sober Hand
P.D. Víctoria, ayer sábado estuve a verte en su stand. Me atendió un chico mexicano, con ese deje lírico que tanto me gusta, me dijo que no te encontrabas. Creí que estabas enferma, pero no, era que no estabas. ¡Vicky! dijo su compañero. Sí. No ha venido. Estuvo ayer todo el día y vuelve mañana, hoy libra. Yo había ido para presentarte a Fernando, un amigo y paisano tuyo. Qué pena que no estabas. Sobre la mesa había una revista. La ojeé como quien ojea un listín telefónico. Pude ver, muy rápido, un relato. Le pregunté al chico mexicano cuánto costaba. La voluntad, me dijo, pongamos que con 1 euro. La cartera estaba vacía, en el monedero sólo tenía céntimos. Le hice una señal llevándome dos dedos a los bigotes: estoy a dos velas. No me entendió. No tengo 1 euro. "¡Cómo! pensaría él. Este pelao viene a un lugar en el que se paga 20.000 euros por medio vaso de agua, 8.000 por un tronco pulidito y quebrado no más, y 5.000 por un alambre torcidito y colgado del techo, y este no tiene 1 euro". Digo que eso debió pensar porque no dijo nada. Miré a mi amigo Fernando y le pedí el euro. Hizo la misma señal que yo, a dos velas. Los últimos céntimos, me dijo, me los diste tú. Cierto. Le dejé 15 céntimos, 15,15 euros por dos bocadillos y una cerveza, y 3 euros por dejar la mochilita, obligado, en el guardarropa. Yo quise pagar 1,65 que costaba un abrigo, pero la chica del guardarropa me dijo que no, que eran 3, como las maletas. Pero esto no es una maleta, me quejé. Tampoco es un abrigo, insistió. Le di también unos céntimos a la chica de la comida, la de los bocadillos. En fin, vacié el monedero sobre mi mano. 57 céntimos conté, un alambre torcidito (eso es un clip protestó) y un corazón diminuto de goma color rosa en el que está escrito. Good Luck. Es todo lo que tengo. Dejé la revista sobre la mesa. Vale, dijo el chico, quédesela. Le ofrecí todas las monedas. Sonriendo me acercó el ejemplar de Terremoto y se agachó, como buscando algo bajo la mesa, hasta que me marché. Si puedes dale tú el euro y cuando nos veamos yo te lo doy.

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