domingo, 8 de enero de 2017

En el muro de La Salle en Lacoma


Un paseo. Hacía tiempo que no pasaba un buen rato frente a un muro mientras pintan. Llego tarde y me he perdido el blanqueo. Una pena porque debajo se quedan las piezas que hace un par de años nos reunió a casi los mismos. No son esos muros espectaculares, y eso que hay piezas que sí lo son; es una reunión de amigos, de colegas, la crew que llaman, que han llegado cargados con un arsenal de sprays, alguna barra de pan, fiambre y cervezas, que el día, mañana y tarde, se hace largo y el sol, por estas fechas, se esconde pronto; y mientras me paseo para ver las piezas, es un deleite insospechado el olor a pintura en el ambiente, oír monótono batir de las bolas de los botes o el susurro del spray escupiendo pintura.


Tanto tiempo frente al muro da para mucha conversación. ¿Cómo va el trabajo? Mal; peor. Tengo que terminar hoy, si no termino, la Mari se enfada si vengo mañana, no puedo faltar dos días. La niña está fenomenal. Van llegando algunos colegas, de los que pintan y de los que miran.


Se enciende algún cigarro y la litrona de Mahou pasa de mano en mano mientras se da un respiro y se mira la pieza desde lejos, hay que tener perspectiva. Yo te conozco. ¿De verdad? Tu cara también me suena, pero no caigo. Alguno desenvuelve el bocadillo, yo mismo le acompaño. ¡Alguien gusta! Sonrisas. ¿Oye, y el inglés? Es difícil que venga, tiene reunión de familia, ya sabes, Año Nuevo, Reyes, pero seguro que aparece mañana o pasado para fotografiar la piezas.


Alguien pasa un gris perla y, mala suerte, una boquilla se atasca, alguien sale del muro y va hasta el coche aparcado quinientos metros más allá. Si le pongo una línea blanca me ahorro la power, y quizá le ponga alguna pompita o un destello. Y mientras charlas las sombras de la tarde se alargan y la Luna se eleva silenciosa a nuestras espaldas. Desde que terminé la carrera no he encontrado nada, me dice, fue terminar la última clase y comenzar la crisis. Hay trabajo, pero nada serio. Hablamos de los ausentes. Hace dos años que no lo veo. Pues está por México, se fue con uno de Hortaleza. ¿Sigues por Bruselas Sí, pero la cosa también está por allí bastante mal.


El problema, comentamos, es que ya no hay quien haga buenas letras. El problema, insiste, es la caligrafía, los chicos ya no saben escribir, no han aprendido con los cuadernos Rubio y así les va. Otros, algunos se dan al hiperrealismo, hacer imágenes perfectas, para eso ya hay cámaras de fotos, hay que hacer los personajes más libres, más cartoon, más cómic, con un toque personal ¡Oye, me gusta esa cara! En definitiva, hay gente que evoluciona, pero cada disciplina tiene su soporte, el spray sólo queda bien en un muro, para el papel las acuarelas y para los pinceles los lienzos.


De la derecha surge del parque un niño, ¡que ayer fueron los Reyes!, El chico está radiante,  montado en su bicicleta nueva con ruedines y lleva puesto un casco que casi le cubre los ojos. Está gracioso y es divertido verlo. La chica me dice que es de Vallecas, ¿de tan lejos? Tu cara me suena; la tuya también, me contesta. Nos presentamos y a tras el saludo nos despedimos. Se encienden las farolas. Los colores con la luz eléctrica tan tenue no son tan vivos. Me despido de todos. Mañana vuelvo, quizá vea a alguno rematando las piezas. Por si acaso, ¡hasta mañana!


Y mañana, también hoy, día luminoso, tarde espléndida tras la helada de la madrugada, el muro ya está completo, y a partir de una pieza inmensa de Murphy, una a una repaso todas las piezas: Yavik, Ler, Kohe, Chakan, Kongui,... ¿todos? Buenos casi todos, algunos no sé que escriben. Pues ya es usted mayor para saber leer. En fin.







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