miércoles, 23 de noviembre de 2016

Luz R. Guillén: Puerta de salida


Realmente el problema fue llegar tarde a la inauguración porque, como suele ocurrir, la sensación de haber visto la muestra sin público, evitando cualquier influencia sobre lo que se va a ver, quita cierta sensación de frescura a las inauguraciones, sobre todo no poder ir poco a poco e ir oyendo los comentarios de los invitados sobre qué les sugieren las obras. Llegué con el tiempo pasado y las frases que a veces parecen inconexas quedan flotando como espíritus que pululan en el ambiente, frases que parecen entorpecer cualquier reflexión sobre los obras; tan solo percibía movimiento en ellas, un movimiento que se repetía en cada una, como telones de un escenario abriéndose o cerrándose, recogiendo escenas que parecían haber ocurrido hacía tan solo unos instantes. Y con esta sensación de llegar tarde, sumergido en una especie de surrealismo en el que ciertas formas parecían emerger del fondo del lienzo, personajes extraños y fugaces que apenas son perceptibles en su fuga a la retina del observador.


La obra al óleo, facilita -leo en la nota de prensa- "la posibilidad de salir", navegar entre "tejidos que se desgarran, desvanecen, escapan, por rendijas o marcos hacia zonas desconocidas". El arte de la fuga, no de huida, sino el contrapunto musical traspasado a la polifonía del color, a las veladuras que nos sumergen en "unas sensaciones blandas que se diluyen en espacios inexplorados" y parecen culminar en una acción que se antoja inacabada,


Es, de vuelta a la sala al día siguiente, en la busca de esas sensaciones que la soledad nos regala, descubrir en las pinceladas que el día anterior parecían invitar a la salida, el lirismo del movimiento, el sueño surrealista plasmado en la más pura teatralidad del instante, momento que captura Luz Guillén, instante violento y fugaz como escenografías que sólo esperan la llegada de actores físicos; los telones, simulando abrirse a un primer acto, dan paso a un desfile por el proscenio desierto, de espíritus en danza al ritmo de la orquesta que bien podía interpretar, se me antoja, la 8ª sinfonía de Schubert, inacabada y sutil, vigorosa y, a la vez, misteriosa.


Y acabada la lectura, disfrutando del oficio de Luz R. Guillén, como quien degusta una sinfonía multicolor, acompasado con el silencio de la sala, nos queda acudir de nuevo al color y al movimiento plasmado en el lienzo, a la danza de colores que nos sumerge en esa teatralidad y efusión de lirismo pictórico, hasta un cierto desasosiego y abandono de un espectral romanticismo que arrastra la imaginación del espectador hacia la más pura de las abstracciones.


Puerta de salida, de Luz R. Guillén, en Galería Orfila, calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 3 de diciembre de 2016.


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