lunes, 9 de mayo de 2016

José Ramón Lozano: Anhelos


Entrar en la sala y ver de nuevo la obra de José Ramón Lozano fue redescubrir su pintura, la misma fuerza, la misma pasión y la misma atracción que provocó en este espectador la primera vez que la disfruté. Lo había en este tiempo en ocasiones puntuales, obras sueltas en ferias, pero no había podido ver el conjunto de su nueva producción en la que se descubre más colorido, algo más de pasión y quizá un poco menos de violencia, si cabe decirlo así, manteniendo el mismo vigor emocional.


En todas las obras que expone José Ramón Lozano en estos Anhelos, que así titula la muestra, se percibe una evolución  hacia un mundo más íntimo, hacia una introspección que puede leerse en la mirada de los modelos, una mirada ausente que remite al interior de los retratos, de quien anhela encontrar en su interior a su propia persona. Los rostros han variado poco, pero en esencia; han perdido ese toque violento que transmitía el rostros anteriores cuando parecían surgír del lienzo en los contrates del rojo y los  negros o blancos del fondo. Era como una denuncia, como un estigma que se lanzaba al espectador y provocaba una dicotomía emocional: o se amaba la obra o nos hacía sucumbir a sensaciones de tristeza y violencia. Ahora se dulcifican esos rostros a través de los fucsias y amarillos, y los colores neutros del fondo.


Aunque no es solo colorido, ni el apaciguamiento de la fuerza con que José Ramón Lozano esboza y ejecuta sus retratos, también trae el concepto de movimiento en el que hace partícipe al espectador, un ligero barrido del color que permite contemplar el retrato como quien contempla el rostro de un viajero tras la ventanilla de un tren. Recordé la lectura, a la que acudí más tarde, de un fragmento del Manifiesto Futurista en el que el autor, Marinetti, daba la bienvenida al enriquecimiento del mundo con una nueva belleza, la belleza de la velocidad, y aquí, en una de las obras pude comprobar que ciertamente con tan solo un rasgo, el devenir del pincel o la espátula, el artista es capaz de ubicar al espectador en un espacio propio frente a la obra.


Suerte o ventaja la de conocer y seguir al artista, para percibir esos cambios que van marcando su evolución, aunque sólo sea a través de pequeños retoques, de nuevos ensayos con el color y la técnica y la conversación formal y amable, entrañable siempre, entre el artista y el espectador.


Anhelos, de José Ramón Lozano, en la galería BAT Alberto Cornejo, en María de Guzmán, 61 de Madrid, hasta el 4 de junio de 2016.



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