lunes, 30 de mayo de 2016

Feria del Libro 2016

Última visita a la Feria: Los libros

 La Feria se acaba y paseando esta tarde, la última antes del último día, pienso en dos cosas que no puedo separar: el libro y el escritor; el libro como protagonista indiscutible, y el escritor como creador de historias, el ensayista e historiador, el poeta, el dramaturgo; quienes da vida a los personajes y crean paisajes para elevar el alma del lector a un mundo de ficciones, de certezas o de abstracciones.

Rafael Sánchez Ferlosio
He visto a Rafael Sánchez Ferlosio y al verlo he recordado paisajes de sombras duras y luces filtradas a través de los chopos en la ribera de su Jarama, los gritos de los bañistas, la comida de los primeros domingueros y los jóvenes protagonistas zambulléndose en el río; escenas que comienzan todas en ese "Describiré brevemente y por su orden estos ríos, empezando por el Jarama:...". Más tarde se me han venido a la mente los personajes de un hipódromo que recrea Javier Marías que hoy, como otros años, firma con estilográfica; y más allá, en la otra hilera de casetas, el escritor y editor Lorenzo Silva y su inseparable Bevilacqua, y ante todos y sobre todos Cervantes y Don Quijote.


Son libros, nada más que libros. Los hay para niños, para adolescentes, para adultos y para viejos, para todos aquellos que como decía Azorín, recorren esas edades que van de la apasionada lectura compulsiva del ávido lector adolescente, hasta los años que amainan ese ímpetu en la vejez y tornan al libro en instrumento de relectura. A mi lado han pasado niños llorando y emocionados con sus cuentos en la mano; adolescentes esperando en la cola para que el ídolo -actor, deportista, músico y creadores de ficciones imposible- les firme su libro; y también al paciente adulto parado frente a Sánchez Ferlosio o Marías buscando esa lectura pausada y costumbrista,... Son los libros todo un mundo para cada uno de nosotros.

Y como cualquier otro, también miro, ojeo, hablo y saludo, fotografío más que los demás si cabe, y me entretengo, y me llevo algún libro de esos que el escritor no firmará, porque hace años que ha muerto, o está recluido en su estudio, libros que unos me parecen caros y otros, como el último que me llevo Tranvías, de nuestro Benito Pérez Galdos y del mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, por sólo 4,41€.


Y antes de despedirme de la Feria entro en una caseta para preguntar por un libro que me atrajo desde el primer día el Libro de las Horas de Juana I de CastillaJuana la Loca. de la editorial Patrimonio, un libro pequeño, una maravilla encuadernada con cierres de oro, iluminado con obras que bien podrían ser de Van der Weyden, de El Bosco y alguna influenciada por Rembrand. No me atrevo a tocarlo y que emociona verlo, son 12.000€, el libro más caro de la Feria, y se le agradezco a Eva, la editora, que me lo enseña con mimo mientras busca paciente las ilustraciones que menciona de los maestros.


Y termino la Feria de 2016, con la última frase de Sánchez Ferlosio en su Jarama: "Suministra a la grande acequia llemada Real del Jarama, y ya en las vegas de Aranjuez entrega sus aguas al Tajo, que se las lleva hacia Occidente, a Portugal y al Océano Atlántico"; saludando al general en su montura y saliendo por la calle O'Donnell después de parar frente a los restos ruinosos de la iglesia de San Isidoro "Una de las preciosidades que a Ávila pertenecieron", y así, hasta el año que viene, Oh general, mi general.




Segundo día de Feria: Los libreros

Sin lugar a dudas el verdadero encanto de la Feria del Libro es poner en contacto al escritor con sus lectores; que el lector vea y charle, aunque sea brevemente, con quien le hace soñar y viajar a través de las páginas de un libro. Este viaje sólo es posible, o casi siempre, por mediación del librero y del editor, por eso visitar la Feria un día de diario, un día laboral por la mañana, tiene un encanto especial y también sus incentivos: contemplar la labor callada del librero.


A primera hora de la mañana el paseo de Coches tiene un aire diferente. Es el momento en el que con puntualidad comienzan a levantarse las persianas de las casetas y con una dedicación casi franciscana, paciente y ordenado el librero coloca con mimo su puesto, cuelga carteles, fotografías, repone libros, a un lado las novedades, al otro el fondo; recibe nuevas remesas que una pequeña legión de distribuidores traen en cajas de cartón; al fondo una expositora coloca de pie los libros que cree más llamativos; otro sale de su caseta para comprobar, imitando a un posible comprador, como ha quedado su exposición; otro comenta alguna anécdota con el vecino y el de más allá lee la prensa, que siempre hay algún artículo sobre la Feria, aunque nadie aún habla de ventas.


Muchas veces me he preguntado de quién es la Feria del Libro: ¿Del librero, de las editoriales, de los escritores, de los distribuidores,...? Es todo un mundo el que gira en torno al libro, y todos tienen su protagonismo y son, claro está, quienes dictan las modas: la novela histórica, las novela negra, un país invitado o un autor que lanza un libro esperado. o como éste, el año Cervantes, el 400 aniversario de su muerte. Leo que no se le ve mucho, y es cierto, y a Shakespeare, que murió el mismo día y el mismo años, menos aún, y es que quizá sean autores más propicios en el libro antiguo, sólo quizá.

El público también es otro, tal vez más entendido, que viene dispuesto a comprar, a ver novedades que en ocasiones se repiten una caseta tras otra, o ver pequeñas joyas, como el Libro de las Horas de Juana I de Castilla, una maravilla que se enseña con mimo; también he visto algún libro con grabados originales, del Quijote precisamente. También son visitantes que llegan para recoger ese ejemplar que se pidió y que no estaba en ese día anterior, y sobre todo se ven niños y estudiantes que llegan en grupos y dan color y vida con sus pequeñas algarabías al paseo que estaba prácticamente desierto a esas horas de la mañana.


Me acerco a la caseta del Minsiterio de Defensa y pido el libro que el fin de semana no pude revisar. Son dos volúmenes de Edward Cooper, editado por Marcial Pons y el propio Ministerio, y es que este año la editorial ni la librería de Marcial Pons están en la Feria; son cosas que pasan, aunque afortunadamente sus fondos se distribuyen a través de otros.

Y continúan las pequeñas anécdotas: la cartelería que avisa machaconamente que los libros tienen un 10% de descuento, -descuento que sólo se hace en la Feria-, y este año recuerdan además, que se puede pagar con tarjeta de crédito. Algunos aprovechan y se publicitan como la genuina librería del barrio; otros su especialidad: libros de viaje, ciencias sociales, historia, infantil, esoterismo, deportes, ... y ya comienzan a oírse por la megafonía ambiente los nombres de los autores que firmarán ese día, la caseta y la hora con el fondo una hermosa melodía que conforme avance la mañana se irá apagando bajo el murmullo de visitantes, de músicos callejeros y los cuentacuentos.







Primer días de Feria: los autores


Visita al General, Oh mi General!, en su pedestal, Martínez Campos, parece vigilar desde su montura el desarrollo de la Feria, este año el 75 aniversario, y Cervantes, en el 400 de su muerte; el resto, no hay más, sino más de los mismo, y quizá una frase que enturbia un poco el mundo literario cuando no hace mucho Eduardo Mendoza proclamaba que le importaba poco que no se lea en España porque tampoco lo que se publicaba vale la pena.

Fernando García de Cortázar
Inicio mi recorrido como todos los años, desde el principio, visitando primero los restos de la iglesia de San Isidoro tomando después el Paseo de Coches desde la puerta que da a la calle O'Donnel. La primera caseta, la número 1, a mi derecha, la última, la 367 a mi izquierda; y como todos los años, al principio una especie de euforia, quizá porque es aquí donde se concentran algunos de los libros más serios: ensayos, historia, editoriales de centros oficiales, luego esas editoriales de libros miniados, ilustrados, facsímiles de libros medievales, de horas y beatos, tan vistosos, y tan caros, y entre los que asoma alguno de Cervantes, solo alguno, el gran ilustre. Poco a poco asoman los autores invitados para firmar sus obras, que convocan a los lectores frente al hueco de la caseta donde charlarán breve, "¿cómo te llamas?" y estamparán su firma bajo una dedicatoria aséptica la mayoría de las veces. Es la costumbre, es la norma y el atractivo: una primera edición y la firma del autor.

Pancracio Celdán
Como siempre comienzan los sentimientos encontrados y compruebo que conozco a muy pocos autores de los que están firmando. Tal vez sea que estoy volviendo viejo, pienso, quizá haya demasiados y es imposible conocerlos a todos, o que es demasiado pronto, el segundo día de feria. Pero pronto llega el primero de esos autores que nunca sabes por qué está aquí, que viene a presentar su libro,... es el músico, el deportista, el personaje mediático, ¡hasta un ratón!, que tiene más convocatoria que el escritor, el poeta o el profesor.

Luis Alberto de Cuenca
Una de las primeras paradas es la caseta de Visor, he pasado la de Pre-Textos y la de Hiperión y me entretengo ojeando los libros de la colección de poemas. En la caseta de al lado, un joven con estética norteamericana sonríe mientras firma libros ante una fila de incondicionales; firma y se fotografía con ellos. Es un joven que escribe para adolescente. A mi lado veo de soslayo que está, con ademán aburrido Luis Alberto de Cuenca. Lo saludo. Dudo porque no sé que libro coger y me indica uno: "Por Fuertes y Fronteras", -"Quedan pocos ejemplares. No es reedición, ni se hará otra", me dice mientras mira al editor o al empleado. -"Cómo te llamas? Paco Lorca. Paco.... -duda- Lorca -repito-. Como Federico -dice -Como Federico, afirmo. Escribe con pluma, creo que escribe con pluma, porque mientras hablamos estoy pagando y me distraigo de estos detalles: "Para Paco Lorca, con un fuerte abrazo. Luis Alberto de Cuenca. 29 mayo 2016". Me dice de quién es el grabado de la portada, de un ilustrador inglés, creo recordar, aunque no tengo certeza. Nos despedimos.

Fernando Arrabal
Mientras he saludado y fotografiado a Carlos Santos, periodista y locutor de RNE, ameno y divertido; también, en otra caseta, he saludado al profesor y erudito Pancracio Celdrán al que he estado oyendo en esa misma emisora de RNE unas horas antes. Saludo a Juan Antonio Corbalán, deportista y médico por quien siento admiración. También aburrido, aunque con ese aire de divido milenarista que le rodea, estaba Fernando Arrabal, y para despedirme de los autores de la Feria lo hago con el historiador y catedrático Fernando García de Cortázar. Me llevo otro libro: "El truco preferido de Satán", selección de textos de Walter Benjamín ilustrado con fotografías de Alberto García-Alix. escritos breves que me harán más llevadero el trayecto en metro hasta casa.

Escultura del general Martínez Campos, obra de Mariano Benlliure
Antes de despedirme de la Feria busco las casetas de dos editoriales, una es la Gredos donde pregunto por un libro que me falta de una colección, el tomo V de su Historia de España. Se ha descatalogado, me dicen. La editorial, después de más de 70 años la ha comprado, RBA; la otra que busco es Everest, ésta ha corrido peor suerte, ha desaparecido. Charlo con tristeza con una empleada que tal vez éstos sean los cambios lógicos, aunque sin decirlo ni nombrarlo, pensamos que en parte se pierde calidad por con la cantidad, y quizá, los ilustres pensadores clásicos de Gredos se editarán, de nuevo, para venderse en quioscos de prensa. Sonreímos y me marcho, le digo, a comprobar que alguna otra editorial sigue abierta y publicando vaya a quedarme sin dos libros de Marcial Pons que había visto nada más llegar.

Carlos Santos
José Antonio Corbalán
Gerónimo Stilton

jueves, 19 de mayo de 2016

El castillo de Montuenga


Después de visitar Medinaceli, Somaén y Arcos del Jalón, nos quedaba, antes de abandonar la provincia de Soria el castillo de Montuenga. La fortaleza bastante arruinada, se eleva sobre la villa ocupando la totalidad de teso al que se acomoda y, siguiendo a Carlos M. Martín Jiménez, en sus rutas para ir descubriendo los castillos de Soria- "a pesar de su arruinamiento, la fortaleza conserva un aire de singular belleza que hace recomendable su visita. No espere, empero, el visitante encontrar mucho más que una bella estampa".



Coincide con el resto de textos que he consultado en la escasa información que existe sobre este castillo, "poco se conoce de su historia, salvo su condición de integrante de cordón de fortificaciones medievales que protegía el valle del río Jalón", alineándose con las fortificaciones vecinas que ya habíamos visitado, a las que el autor añade la de Jubera de cuya fortaleza sólo quedan restos. La estructura del castillo de Montuenga es sencilla: edificio alargado, construido en mampostería con las esquinas reforzadas con sillería. Consta de dos torres, una en cada uno de sus extremos, una pentagonal en forma de proa y la otra cuadrada, unidas ambas por dos muros que cerraban el recinto formando el patio de armas; la puerta de acceso se abría hacia el suroeste. De su construcción llama "la atención la presencia de escorias de hierro en las llagas entre los mampuesto. Las torres conservan restos de la planta baja abovedada y de estrechas aspilleras" -según indica el cartel informativo que hay al pie de una de las torres-. La fortaleza confiaba su defensa al desnivel vertical rocoso sobre el que se asienta.


En este cartel también se comenta la doble función estratégica del castillo; primero controlar el paso por este lado del río Jalón entre la Meseta y el valle del Ebro; y en segundo lugar la defensa de la frontera entre el reino de Castilla y el reino de Aragón. El castillo debió tener algún protagonismo durante la guerra civil que enfrentó a Pedro I con su hermanastro Enrique II,  Montuenga, junto a Somaen, siguió suerte paralela a Medinaceli, al que pertenecían ambas aldeas -según narra Cobos Guerra y Castro Fernández en su Castillos y Fortalezas de Castilla y León-. Medinaceli fue entregada a Bernal de Bearne en 1368, un año antes de la muerte de Pedro I, y con ella Montuenga. quedando a partir de 1374 bajo el dominio de los duques de Medinaceli.


Para esta entrada he consultado los siguientes libro:
Castillos y fortalezas de Castilla y LeónMartín Jiménez, Carlos M., Ambito Ed., Valladolid, 2003.
Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998.






lunes, 9 de mayo de 2016

José Ramón Lozano: Anhelos


Entrar en la sala y ver de nuevo la obra de José Ramón Lozano fue redescubrir su pintura, la misma fuerza, la misma pasión y la misma atracción que provocó en este espectador la primera vez que la disfruté. Lo había en este tiempo en ocasiones puntuales, obras sueltas en ferias, pero no había podido ver el conjunto de su nueva producción en la que se descubre más colorido, algo más de pasión y quizá un poco menos de violencia, si cabe decirlo así, manteniendo el mismo vigor emocional.


En todas las obras que expone José Ramón Lozano en estos Anhelos, que así titula la muestra, se percibe una evolución  hacia un mundo más íntimo, hacia una introspección que puede leerse en la mirada de los modelos, una mirada ausente que remite al interior de los retratos, de quien anhela encontrar en su interior a su propia persona. Los rostros han variado poco, pero en esencia; han perdido ese toque violento que transmitía el rostros anteriores cuando parecían surgír del lienzo en los contrates del rojo y los  negros o blancos del fondo. Era como una denuncia, como un estigma que se lanzaba al espectador y provocaba una dicotomía emocional: o se amaba la obra o nos hacía sucumbir a sensaciones de tristeza y violencia. Ahora se dulcifican esos rostros a través de los fucsias y amarillos, y los colores neutros del fondo.


Aunque no es solo colorido, ni el apaciguamiento de la fuerza con que José Ramón Lozano esboza y ejecuta sus retratos, también trae el concepto de movimiento en el que hace partícipe al espectador, un ligero barrido del color que permite contemplar el retrato como quien contempla el rostro de un viajero tras la ventanilla de un tren. Recordé la lectura, a la que acudí más tarde, de un fragmento del Manifiesto Futurista en el que el autor, Marinetti, daba la bienvenida al enriquecimiento del mundo con una nueva belleza, la belleza de la velocidad, y aquí, en una de las obras pude comprobar que ciertamente con tan solo un rasgo, el devenir del pincel o la espátula, el artista es capaz de ubicar al espectador en un espacio propio frente a la obra.


Suerte o ventaja la de conocer y seguir al artista, para percibir esos cambios que van marcando su evolución, aunque sólo sea a través de pequeños retoques, de nuevos ensayos con el color y la técnica y la conversación formal y amable, entrañable siempre, entre el artista y el espectador.


Anhelos, de José Ramón Lozano, en la galería BAT Alberto Cornejo, en María de Guzmán, 61 de Madrid, hasta el 4 de junio de 2016.



martes, 3 de mayo de 2016

Julia Margaret Cameron


No había vuelto a escribir sobre las exposiciones de la Fundación Mapfre desde que se cambiaron de AZCA a la calle Bárbara de Braganza. Pero la actual de Julia Margaret Cameron creo que vale la pena comentarla porque es de las que provocan sensaciones positivas. Vuelvo de nuevo con el cuaderno de notas para escribir casi a tientas, por la escasa luz de la sala, y de nuevo a esos paseos de obra a obra y vuelta atrás, a estos pequeños viajes que hacen de estas muestras algo especial.

La exposición sobre Julia Margaret Cameron me gustó por dos aspectos al margen de las fotografías y la edad con la que la comenzó sus trabajos, en 1863 a los 48 años. La primera fue la pasión con la que se tomó su trabajo tras la cámara; y la segunda el hecho de que considerase la fotografía como un arte, lo que la lanzó a la búsqueda de una nueva forma de creación: la manipulación de la luz, la composición de las obras, su trato con los modelos: amigos, sirvientas, familiares, y la imaginativa intuición en el revelado. Quizá hubo antecedentes, no lo sé, pero esa "concepción de la fotografía como forma artística" fue lo que más me sedujo.

En una de las frases escritas en la pared de la sala de exposiciones se comentaba que el público de la época quería ver en la fotografía, sobre todo, una nitidez absoluta; el espectador quería ver los botones de las chaquetas, las arrugas del rostros, hasta el último detalle del personaje retratado, mientras que las imágenes de Cameron carecían de esa nitidez y esa minuciosidad, en ellas había algo que transmitían sensibilidad y otras sensaciones que el espectador debía encontrar.

Anoté varios comentarios. Son algo "más de cien fotografías" las que se exponen y esos comentarios en ocasiones me hacían volver tras mis pasos para compararlos con otros anteriores o sobre los rostros que ya creía haber visto. La originalidad más relevante de Cameron era el ligero desenfoque del personaje: "Sus fotografías rompían con las reglas establecidas: estaban deliberadamente desenfocadas y a menudo incorporaba imperfecciones, arañazos, manchas y otros rastros del proceso creativo", algo que le valió severas críticas de sus contemporáneo.

Un trabajo concienzudo el suyo, sus modelos -escribe una de ellas-, "temblaban cuando eran llamadas" para posar. Estudiaba y ensayaba con la luz , "luz fuerte y directa", o la posición de la modelo "pose de perfil"; en una de las copias "la modelo mira con decisión fuera del marco"; en otra "la modelo sostiene con decisión la mirada a la cámara"; cuidaba el atuendo de sus modelos, los hombres generalmente posaban "vestidos con ropa de diario o envueltos en terciopelo para destacar la cabeza y los hombros". Sus "fotografías eran estudios artísticos hechos con intensidad y ternura".

Su obra es generalmente el retrato, algunos de personajes son la élite de la cultura del momento, otros sus propios familiares y sirvientes que se prestaban para sus proyectos sobre Madonnas, la ilustración de poemas, teatro y escenas que recreaban episodios míticos "una doncella virtuosa es hechizada por una perversa maga", o costumbristas como la coronación el primer día del mes de mayo "de una joven hermosa como Reina de Mayo (Maya)" tocada con guirnaldas; y la exultante alegría que muestra con una nueva cámara que le permitía retratar rostros a tamaño natural y abrirse a nuevos caminos, hacia la experimentación constante, "el enfoque suave, raspaba los negativos, imprimía fotografías a partir de negativos rotos o dañados o utilizaba varios negativos para una sola imagen".

La exposición está organizada por  el Victoria and Albert Museum de Londres, el antiguo South Kensington Musem, donde fueron expuestas sus fotografías y donde realizó las primeras ventas. La muestra, realmente extraordinaria, nos descubre a Julia Margaret Cameron como a una mujer de fuerte carácter, apasionada con su trabajo y pionera en la concepción artística de la fotografía.

Julia Jackson, 1867 (detalle)
Julia Margaret Cameron, en Fundación Mapfre, en la calle Bárbara de Braganza, 13 de Madrid, hasta el 15 de mayo de 2016.