martes, 5 de abril de 2016

Códigos aleatorios: (Divertimento nº 2)

Código aleatorio
El amor de Dalí por la ciencia en sus últimos años era una pasión; es algo que recuerdo de niño, viendo en televisión cómo hablaba del ADN. yo, sin saber qué era aquello, lo oía arrastrar sílaba a sílaba al pronunciar: el ácido desoxirribonucleico.

Los dados

Pero esta historia viene de otras historia, según Albert Einstein "Dios no juega a los dados", lo que venía a decir que nada en la Naturaleza está hecho al azar. Yo me propuse lanzar los dados, no como sujeto blasfemo de sentirme creador, sino por sentir la simple emoción de saber qué hay tras los dados, participar de los procesos aleatorios y el orden inverosímil de los colores, sin atender a la rueda de cromática, de los colores, sin más patrón ni orden que el que ordenan un par de dados. "Dios no sólo juega a los dados. A veces también echa los dados donde no pueden ser vistos", contestó años después Stephen Hawking.

Gran cuadrado
Si no hubiese sido por una señorita que se sentó frente a mi en el Metro, quizá no me hubiese replanteado este juego aleatorio y lo hubiese dejado en un proyecto frustrado, cuando lo deseché un par de años antes. La chica se sentó frente a mi y comenzó a escribir con un bolígrafo rosa. ¿De cuántos bolígrafos de colores podía disponer?. Cada color tiene un número, por ejemplo el 8 es el blanco. Falta algún color, no están todos porque tampoco se fabrican todos, pero es parte del juego; tampoco puedo numerarlos desde el 1 si utilizo dos dados; el color verde, al que le asigno el 2 (1+1),  tiene menos posibilidades que el 8 (2+6, 3+5, 4+4). Bueno, esto lo sabe cualquier estudiante de primaria. Lanzo los dados y comienzo a trabajar. Otra regla: un color no puede salir dos veces seguidas, sí puede salir, pero no lo utilizo y vuelvo a lanzar.

Códigos aleatorios fragmentados
El principal problema es la uniformidad de los colores. A mano, la tinta del bolígrafo no se reparte bien sobre el papel, es imposible dar la misma presión en todos los lados, se forman claros y oscuros. Las líneas, al dibujarlas, provocan un juego óptico que confunde los colores al mirarlos. De forma mecánica, utilizando un plóter sería todo más sencillo, más limpio. El trazo debe ser limpio, me decía un pintor. Es un producto natural, hecho a mano, como la piel de una vaca, el cuero siempre tiene una señal, una cicatriz. A mi amigo Andrés se le dormía la mano de tanto dibujar, a mí, los colores, el azul y el morado o los dos tonos de verde parecen confundirse cuando trazo las líneas, por eso sólo dibujo de día, con luz natural, además, me hubiese gustado tener el Amarillo. Primero hago un gran código en el que las líneas varían de color y su grosor es diferente, cuanto más gruesa más difícil es la uniformidad, cuando más delgada más se confunde con la siguiente y la anterior. Luego el Gran Cuadrado, la unidad, como si fuese una sola célula, estanca, única; luego la fragmentación, antes o después de una hipotética unión o dispersión en un big bang que provoca la ilusión de que cada forma se distorsiona. Tan solo es un juego, una diversión, y luego repasar pacientemente cada una de las líneas.

La vida: la atmósfera y el mar


El proceloso y profundo mar azul
También fue mucho antes de que la chica del bolígrafo rosa se sentara frente a mí en el vagón del Metro, cuando se publicó El origen de la vida. Fue a principios de los años 80, sobre 1984, y en la Feria del Libro de aquel año no había caseta que no ofertase alguna edición. Como todos los años, y nunca he sabido por qué, debía llover durante la feria en Madrid. Aquel año llovió, y tampoco sé por qué razón, cuando llueve, uno debe ir a un punto determinado para reunirse con los que le han acompañado a la feria y no perderse entre el gentío. Llovió y yo no acudí al punto en cuestión, lo que me valió una reprimenda. Bajo el aguacero aproveche el parón; comprobé que los textos de las diferentes ediciones coincidían en las fórmulas y, cosas que tiene la química, conforme las leía cada vez me eran más incomprensibles. Debían ser los experimentos de Stanley Miller y en ellos, logré alcanzar de lo poco que pude leer, que existían dos factores determinantes para que se produjera vida en la Tierra, al menos eso entendía, y quizá habría más, pero desistí en comprobarlo. De aquellos dos, uno era la cantidad de O2 que debía haber en la atmósfera primitiva terrestre, ya que su presencia impedía la creación de vida orgánica; y la segunda era la imposibilidad de que la vida se hubiese originado en el mar a no ser que aquel océano primitivo estuviese por debajo de los 25 grados centígrados. Ambas cuestiones se desconocían, la cantidad de O2 y la temperatura del agua,pero si ambas se daban en un mismo instante era posible que se hubiese originado vida bien en tierra o bien en el mar..

El Gran Amarillo


Gran Amarillo
La ausencia del color amarillo podía haber sido un problema porque siempre había sido el color de mi predilección, aunque tampoco olvidaba que para otros es todo lo contrario, el caso de los actores por ejemplo, y que en la Naturaleza suele anunciar peligro. Comencé a aficionarme al color amarillo de niño jugando al parchís y he de confesar que sentía verdadera pasión al devorar las fichas rojas y verdes -las azules me dada igual-. Aunque no existía nada extraordinario en la elección del color, sí lo era el excitante ritual de agitar los dados dentro del cubilete: el 5 permitía la salida; el 6 te permitía repetir tirada; el resto de números para llegar a un lugar seguro, para comerte otra ficha, para terminar el juego o, si salía 3 veces el 6, retornar a la casilla de salida. Aunque su ausencia, como digo, no era un problema, sí parecía haberse vuelto subconscientemente una obsesión. Una noche soñé que habían fabricado, por fin, un bolígrafo amarillo. Aquella misma mañana fui a la papelería para preguntar por él, tal como había hecho el día que vi a la chica en el metro con el bolígrafo rosa.Vana ilusión; los sueños, sueños son. De vuelta a casa recordé con cierta nostalgia el sonido del dado agitándose en el cubilete y la expectación infantil pidiendo, como si de una oración se tratase, el número deseado y, la memoria comenzó de nuevo a recitar como una liturgia: el 5 para salir de casa; el 6...

Los dados de Einstein, Hawking y la cosmología cartesiana


Cuando Einstein aseguró que Dios no jugaba a los dados, esto es, que en la Naturaleza nada está al azar, propició de nuevo un debate, precisamente sobre Dios, porque en su afirmación implícitamente incluía a Dios, cuando en realidad Einstein ni creía en Dios ni era hombre religioso. En este debate, además de las creencias religiosas de Einstein volvía a tomarse de nuevo a Dios como elemento científico necesario dos siglos y medio después de que Newton lo hubiese desterrado de la Ciencia. Newton había formulado su cosmología en torno a la gravitación universal, la ley de la gravedad en resumen, que venía a cuestionar y a demoler la física cartesiana. Descartes había puesto a Dios como origen de toda creación y, por consiguiente del Universo. Había formulado una cosmología en la que todo se iniciaba en un soplo divino por lo que precisó desarrollar un espacio completo, donde no existía el vacío, relleno de materia en torno a una serie de torbellinos capaz de transmitir ese primer movimiento. Preguntado Newton sobre dónde estaba Dios en su sistema, se limitó a decir que a él no le había hecho falta Dios. A partir de aquí, y desde que Hawking propusiera un lugar indefinido, quizás oscuro y desde luego desconocido, donde Dios lanza los dados, yo me pierdo y me quedo en esa especie bucle vicioso que es el Big-Ban, en un lugar impreciso por el que debemos estar transitando ahora.


Melones y Sandías


Cuando Newton pudo prescindir de Dios, no sólo creó un debate teológico sobre la posición divina en el Universo, tal como había hecho Decartes, sino que también originó un encendido debate científico que tardó unos años en resolverse ya que la física cartesiana, con la presencia de Dios y su sistema de de torbellinos, concluía que debido al efecto de rotación la Tierra era oblonga y que al girar en torno a su eje se alargada por los polos, esto es, que tenía forma de melón. Por su parte Newton, que había observado que otros planetas del sistema solar, como Júpiter, estaban achatados por los polos, concluyó que la Tierra debía tener la misma forma. La explicación venía a ser que la Tierra para contrarrestar el efecto de la rotación que generaba una fuerza centrífuga, debía tener más masa en el ecuador y menos en los polos, un reparto de masas que con la gravedad contrarrestaría la fuerza centrífuga; si no fuese así, todos viviríamos apiñados en los polos; en definitiva que la Tierra en consecuencia debía estar achatada por los polos y ensanchada por el ecuador, esto es, tenía forma de sandía. 

El debate se desarrolló entre las academias de las Ciencias de París y Londres enfrentando a la astronomía práctica a la mecánica celeste, a la física cartesiana frente a la newtoníana. Para dirimir el debate se creó un grupo de trabajo que se encargaría de hacer mediciones para determinar quién tenía razón. Montaron una expedición que se marchó al Virreinato del Perú, que era territorio español, en concreto al actual Ecuador, por lo que España envió de relleno a dos guardiamarinas españoles casi adolescentes, que debían aprender de los académicos franceses: eran Jorge Juan y Antonio de Ulloa. En definitiva, y tras multitud de penurias, enfrentamientos, enfermedades, guerras, terremotos y apresamientos, los resultados confirmaron que Newton tenía razón, que la Tierra, oficialmente, tenía forma de sandía y, a partir de entonces, ya nada estaba construido al azar.

Recapitulación y Final


Todo comenzó nada más sonar el silbato que anunciaba el cierre de las puertas del metro; y conviene recordarlo ahora que se acaba el relato como si fuese el mismo instante cuando aquella muchacha atravesó los vagones y fue a sentarse frente a mí.

Lo que parecía un desorden de preguntas ¿Por qué razón decidió sentirse frente a mi? ¿Y si hubiese estado aquel asiento ocupado? ¿Y si la chica aquella mañana no hubiese tenido la necesidad de corregir o escribir  alguna nota, o simplemente lo hubiese hecho con un bolígrafo normal, no con aquel de color de rosa que tanto me llamó la atención? Quizá todo sea producto de esos procesos aleatorios que provocan o facilitan situaciones singulares, como este encuentro entre dos personas en un lugar concreto, en circunstancias dispares que sin saberlo y sin, claro está, buscarlo vienen a complementar y crear una escena que casi siempre pasa inadvertida.

Miré a la chica que escribía con un bolígrafo rosa. La chica tenía una belleza estructural, era alta de proporciones extraordinarias, aunque no se relacionaban en absoluto con su rostro que carecía de toda belleza. Al mirarla y observarla detenidamente, con una insistencia tal que parecía violentar en extremo el más elemental sentido de la discreción, su cara me pareció desagradable, y lo único atractivo, viéndola escribir allí sentada frente a mí, era su figura y, curiosamente, el bolígrafo rosa.

Toda la cascada de preguntas duró escasamente unos segundos y dos estaciones; al llegar a mi destino abandone el vagón y subiendo las escaleras saliendo a la calle, fue cuando decidí preguntar por los colores de los bolígrafos e intentar reactivar un proyecto abandonado hacía un par de años, unir todos aquellos puntos dispersos que flotaban en mi mente para darles forma, aleatoria o no, pero forma definitiva; y ahora, pensando en la chica y en todo el proceso para ponerle punto final me surge la duda de si aquel efímero encuentro fue o no casualidad.

Bibliografía

El orden inversímil del Cosmos

P.L. Moreau de Maupertuis, El orden verosímil del cosmos, Alianza Editorial, Madrid, 1985.

En este libro, que se puede descargar de la web del C.S.I.C., se estudia la introducción la física newtoniana en el Continente y cómo generó un debate de nacionalismo científico entre la comunidad académica francesa. Debate sobre la figura de los planetas, las leyes del movimiento, la gravitación, la atracción y el problema de Dios en la ciencia, para terminar con el interesante estudio: Venus Física en el que se intenta comprender la generación del cuerpo de hombre, estudio propiciado por el extraño fenómeno de un niño blanco nacido de padres negros.

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