viernes, 15 de enero de 2016

José Núñez: La fiel y permanente Naturaleza


Divertido es el adjetivo que más oí durante la inauguración de la exposición de José Núñez, en la Galería Orfila, aunque su obra más que divertida es fresca y personal; utilizaría ese punto de humor, de diversión como la definían los presentes, a la sensación de espontaneidad que transmiten sus obras, tanto su pintura como, sobre todo, sus terracotas policromadas. Es difícil escapar del diálogo que mantienen ambas disciplinas, y sería un error intentarlo. Su pintura es de trazos enérgicos y seguros dominada por colores cálidos sin apenas mezclas sobre el lienzo, son el paradigma de la aparente ingenuidad del conjunto de las obras y el delicado trasfondo de sensaciones que emergen en ellas: los sueños, los deseos, la fantasía y las realidades que el autor nos brinda.

La fiel y permanente naturaleza, paisajes soñados, paisajes vividos o simplemente imaginados en los que se confunden la realidad del yo que estuve allí o la ilusión  y el deseo de haber estado: paisajes idílicos en los que la domina la sensación de quietud muchas veces, fijando la escena, y en otras la paz y el sosiego suavizados en mínimo movimiento que se desprende de unas nubes apenas esbozadas, tan blancas como transparentes, sobre un azul celeste tan celeste como el cielo mismo. Núñez nos invita a un viaje ilusionante a través de unos paisajes en los que prácticamente esquematiza las formas y los colores, como en la oscuridad de la noche tan luminosa de Luna llena.Y aquí y allá, en cada uno de los cuadros, con una pincelada casi imperceptible, es fácil reconocer un personaje, un hombre, una sombra o un perro, elementos que se apropian de la escena para certificar que la acción ha ocurrido de verdad.

En este todo es difícil deshacer el diálogo entre los paisajes idílicos y el panteismo emergente de las terracotas. Es casi inevitable que las piezas nos recuerden las pequeñas sacerdotisas cretenses o a las Astarté fenicias, pero sería muy sencillo quedarse ahí, en sus gestos, unas veces procaces y voluptuosos, otros inmersos en la obscena ingenuidad propia del Jardín del Edén, sin intentar ver en ellas expresiones tan comunes como los propios títulos que las evocan e identifican y que en ocasiones nos hacen sonreír: La maja yacente, La sentada, Dolido en las entrañas o Anonadado, El catálogo de la exposición nos orienta en este sentido: "Su aspecto es de unos tiernos personajes en los que destacan sus grandes cabezas, de ojos circulares de mirada vacua y de sorpresa, remarcando de forma evidente su carácter sexual y de procreación".

Y en este juego, en el mencionado diálogo entre seres, duendes e ídolos paganos y las pinturas en las que abunda la luz y el color, el espectador es tan libre de buscar su propia interpretación como la del autor de dejarnos en la incógnita de si esos paisajes han existido o los ha soñado, si por ese camino entre suaves montes quien avanza es Ulises y su perro o si la playa no es más que el desolado escenario donde la desdichada Dido agoniza en su amor tras ser abandonada por Eneas.

Muy recomendable y atractiva es la lectura del texto que acompaña el catálogo de la exposición, La futura morada, de David Lechuga, en la que propone desprendernos de la visión contaminada "que nos acompaña en la vida" y prestarnos con mirada limpia, con una contemplación sencilla y profunda ante la obra de Núñez, centrando casi exclusivamente su análisis en las terracotas policromadas por lo que conviene acercarse, con más razón aún, a la galería.


La fiel y permanente naturaleza, de José Núñez, en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 27 de enero de 2016.






1 comentario:

  1. Una obra muy interesante en los tiempos que vivimos, por su honestidad y frescura.

    ResponderEliminar