viernes, 2 de octubre de 2015

Santiago Ydáñez: El Oso y el Roble


La primera vez que vi una obra de Santiago Ydáñez fue hace años en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en el Cuartel Conde-Duque. Era un lienzo enorme, la cara impresionante de un hombre gritando, en blanco y negro y no precisaba más color para transmitir mayor expresividad. No pude menos que intentar fotografiar el lienzo. No me dejaron, era cuando no se permitía fotografiar en los museos. Con el teléfono móvil hice una fotografía, de escasa calidad, aunque no supe quién era su autor por lo que al cabo de una semana volví a la misma sala; el autor era Santiago Ydáñez Ydáñez.la obra del año 2000.

Luego vinieron más, en las ferias de Art Madrid, Estampa o en el CAC de Málaga. Las obras de gran formato, casi siempre en blanco y negro, pinturas exentas sin fondo como si hubiese surgido de la nada, como el Pablo de Valladolid de Velázquez. y seguía sin conocer al autor, y es que "me prodigo poco", me comentó el propio Ydáñez cuando le conté mi seguimiento de su obra mientras lo saludaba en la New Gallery durante la presentación de su exposición El Oso y el Roble.

Aun habiéndolo seguido durante tanto tiempo notenía la certeza ni la seguridad de eludir cualquier sorpresa sobre la obra de Ydáñez. Lo sigo a través de las redes sociales y algunas de las obras expuestas en la muestra ya las conocía, aunque, claro está, que la frescura y la sensibilidad que ofrece el original de una obra nunca la supera una imagen y menos aún cuando uno se enfrenta a obras en las que, sobre todo, destaca la percepción del ambiente, en algunos aspectos y en este caso, algo intimidatorio, el que se recrea en torno a los personajes retratados, perfectamente ubicados en la sórdida atmósfera de entreguerras, a veces demasiado puras e idílicas, de una Europa Central, en descomposición y una Alemania hacia la deriva nazi

El Oso y el Roble es, según el catálogo, la expresión de la desaparición de un mundo aparentemente seguro de esa Europa Central y los cambios que siguieron al final de la tragedia de la II Guerra; y quizá se sorprenda al espectador ver un retrato de Hitler junto a una armoniosa escena de patinaje, unos espléndidos perros o el formidable retrato en color de un personaje desconocido que asemeja a un cómico o un personaje decadente frente a un dóberman, a la estética de personajes puros y perfectamente ubicados que buscan el orden perfecto que se pretende dar de una sociedad racial y artificialmente pura, sin mezcla: aristocracia, deportistas y jóvenes perfectamente aleccionados, perros...

Y para dotar de ese aire bucólico y ordenado es precisa una técnica soberbia que, como el retrato de aquel hombre gritando, sepa definir los gestos apenas esbozarlos. Como si fuese un pintor de acuarela, Ydáñez aprovecha hasta los blancos de los lienzos para realzar sus puestas en escena en las que se apoya únicamente en unos personajes sobrios y delicados. Algunas de las imágenes, sus modelos parecen imágenes robadas, fotografías antiguas que en ocasiones son fáciles de reconocer o recordar, son el hilo argumental de la puesta en escena que parece culminar en el retrato de La clase disección de Santiago Ramón y Cajal, sobre una fotografía de Alfonso Sánchez de 1915, en la que Ydáñez hace confluir toda la serie de retratos.

Tal vez se me escapa la original idea de pintar pequeñas piezas en las tapas de estuches de cubiertos: una serie de caballos, el retrato de Hitler, una mujer joven o un paisaje de Puente de Génave, cubertería de época, dorada, de alpaca, elementos para trinchar, cortar, desgajar y diseccionar esa pieza de carne, de pastel o de países para conformar un mapa nuevo. Quizá sea esa la paradoja de una Centro Europa trocezada y desgajada, de una Alemania derrotada en el pasado y una Alemania actual que supervisa con mano de hierro la historia presente, es el Oso y es el Roble.

Cumplí con creces mis expectativas, la obra de Santiago Ydáñez una vez más me cautivó, tan espectacular como aparentemente sencilla, obras que no precisan de un argumento o de un hilo conductor, cada una de ellas llena, vive y completa perfectamente su espacio sin necesidad de recurrir a un referente. Un trabajo magnífico.

El Oso y el Roble, de Santiago Ydáñez Ydáñez en La New Gallery, calle Carranza, 6 de Madrid hasta el 21 de noviembre de 2015.









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