miércoles, 28 de octubre de 2015

Amanece: (Divertimento nº 1)

(...)

De lejos me observan como lo haría ese cielo
común de los pastores
cuando pasan las nubes
sobre los recipientes de la leche
en el amanecer de los establos;
como lo haría a solas, en otro amanecer,
la mujer que se peina para nadie
en el cuarto interior de una secreta
población de provincias.

(...)

Basilio Sánchez. Las estaciones lentas. Colección Visor de Poesía (2008)

AMANECE

La Lumière c´est la vie. Por lo tanto cuanta más luz en las pinturas, más vida, más verdad, y más belleza, escribía Sorolla.

16-10-2015 08:02:26 
Amanece, contemplar uno de los mayores espectáculos de la naturaleza: el nacimiento de la luz. Suelo levantarme mucho antes de que amanezca, cuando Madrid parece aún dormir, mucho antes de que se ilumine el horizonte. Alguna vez he intentado fotografiar este instante, aún de noche, como estos últimos días sin Luna, cuando pueden verse por el Este a simple vista: Venus radiante, más abajo Júpiter junto a Marte y más abajo aún, a cuatro dedos sobre el Orto, lugar por donde aparecerá majestuoso el Sol, el solitario Mercurio. La fotografía, a pulso, es imposible.

16-10-2015 08:09:08
Entonces, después de intentarlo, dejo la cámara sobre el alféizar de la ventana de la cocina mientras preparo el desayuno. Me entretengo mirando ese horizonte que comienza a clarear muy, muy despacio.

16-10-2015 08:11:46
La primera luz tras el horizonte se tiñe de rojo. Es la Aurora quien asoma, la de rosáceos dedos a quien canta Homero que comienza a iluminar las azoteas.

16-10-2015 08:14:24
Y al abrir la ventana para volver a disparar la cámara, se nota el olor acre de la ciudad. Madrid se despereza envuelta en el murmullo informe del tráfico lejano. El olor y el ruido los diluye el aroma y el borbotar del café, en la cocina apenas si hay ruido que el arrastras de pies y de cucharillas contra la taza. Fuera, entre las nubes, los planetas, aún visibles, se elevan y se escoran hacia el sur.

16-10-2015 08:15:42
Cada época tiene sus habitantes y sus hábitos, casi siempre en esta media luz: revolotea al último murciélago y ya, cuando despuntan los primeros rayos, un vuelo de palomas se desata en busca de la antena más alta desde donde ver la salida del Sol. Marte se apaga y Mercurio, el de los pies alados, casi no se aprecia.

16-10-2015 08:20:22

Otras veces son las urracas las graznan controlando su territorio. La primavera trae a los vencejos, que se quedarán hasta el inicio del otoño cuando empiecen a aparecer bandadas ordenadas de patos que vuelan hacia el sur huyendo del invierno; y mientras pienso estas cosas, como canta Ovidio, la Aurora acaba de disipar las tinieblas.

16-10-2015 08:31-22
Muy de mañana, aún en la oscuridad, el mirlo, en celo, canta para atraer a la hembra. Al abrir la ventana de nuevo para una nueva foto, se recibe el zumbido del tráfico es cada vez más potente que va apoderándose de la quietud y el silencio si es que los hubo. Muy altos ya, Júpiter, el que habita los repliegues luminosos del cielo, casi no se ve, sólo el lucero, Venus, resiste aún a la claridad.

16-10-2015 08:51:24
Se entreabría la puerta del Alba, palidecieron la Luna y el lucero matutino, canta Ovidio, y las crines de los cuatro caballos que tiran del carro del Sol barren la oscuridad cielo.
Cierro la ventana y, como muchas mañanas, saludo:
Amanece.
Buenos días gente.

Las fotografías son del día 16 de Octubre de 2015, hechas entre las 8:02:26 y las 08:51:24, de una serie de 34 fotografías, están hechas a pulso sin utilizar trípode, están sin retocar. Los textos que hacen referencia a los planetas son los que me suelen venir a la mente mientras veo los cambios de luz y son de Las Metamorfosis de OvidioFenicias de Eurípides y La Iliada de Homero.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Fernando Jarque: Retener


La primera vez que vi la obra de Fernando Jarque fue en una pequeña exposición en la que compartía espacio con otros artistas. La exposición estaba formada por una serie de pequeñas obras, escultura y pintura, elaboradas con "achiperres", trozos de madera, tuberías, piedras y útiles desechados que de forma reordenada los dota de nueva vida, conformando, obra a obra y en su conjunto, un todo equilibrado y armonioso.

El propio artista nos comenta en qué consistía la muestra: "Siempre en nuestra casa tenemos la caja de herramientas con docenas de "achiperres" por si acaso necesitamos "apretujar" nuestra condición de especialistas en algo", comienza su ideario y justificación del programa, "cuando paseamos distraídos encontramos inútiles objetos urbanos que no sirven para nada", -añade- "La conjunción sin sentido premeditado me ha llevado a ordenar color y materia en una breve composición de reciclaje con el único motivo de divertirme. Las series y piezas son irrepetibles por la casualidad de las existencias de los objetos que encuentro".

La obra de Fernando Jarque la podemos englobar dentro del constructivismo, último movimiento moderno artístico de la Rusia prerevolucionaria que se manifestó, sobre todo, en el teatro, cine y arquitectura, hasta que en los años de 1930 la política de los soviets prohíbe toda manifestación artística moderna y prácticamente todas sus obras se pierden quedando sólo como testigo de su evolución fotografías en blanco y negro de la época. Al principio se concibe como un movimiento con un fuerte componente social en el que el artista está subordinado al bien común, lo importante es la obra la que perdura pasando el autor a un segundo plano, aunque una posterior lectura, a modo de contracorriente, aseguraba que el arte es siempre una propuesta individual y personal y que ésta se genera al margen de movimientos sociales y políticos.

Trasladándonos a la sociedad actual de opulencia y consumo, en la que la aparente la abundancia de recursos deriva en ocasiones en un despilfarro de materias, éste no deja de ser un fenómeno social al que los artistas no son ajenos, sino que se erigen en ocasiones en voces críticas sobre el abuso de este arrogante despilfarro y mediante sus obras nos ofrecen un discurso nuevo, que va más allá del mero reciclaje y la reutilización de los materiales sino que otorgan una segunda oportunidad a esos objetos desechados por inservibles, criticando de manera formal un consumismo salvaje, la obsolescencia programada y la vejez prematura de los útiles.

En este ámbito se mueve la obra que Fernando Jarque nos presenta en la sala de exposiciones del Ilustre Colegio de Veterinarios de Madrid, que bajo el titulo de "Retener" da forma y color a estos objetos desechados otorgándoles una nueva vida, "una segunda oportunidad", en el más genuino lenguaje taurino. Sus colaboradores son, confiesa, "vertederos, escombreras, containers, basureros" quienes le surten de material,  llevando a sus obras piezas a las que pretende dar esa segunda oportunidad en una función para la que no fueron creados, y nos recuerda, casi a propósito con el lugar de exposición, que "la vaca en el armario siempre encuentra el adecuado aposento".


Retener, de Fernando Jarque Dueñas, en la sala de exposiciones del Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, calle Maestro Ripoll, 8. 28006-Madrid del 5 al 26 de noviembre de 2015.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Fernando Palacios: Organic Mundi


Texturas. Esta es la palabra que más se oía en la inauguración de Organic Mundi de Fernando Palacios en la Galería Orfila. Quizá una de las mayores satisfacciones para algunos pintores sea la experimentación, investigar con materiales, pigmentos y formas que vayan conformando sobre la tela o el papel la idea y el objeto que han imaginado. Fue una visita fugaz ; sólo una primera impresión de las  obras expuestas. A continuación, tras la lectura del tríptico de presentación, una opinión entre líneas: "En ocasiones, (la obra de Palacios) toma un aspecto licuado que deja entrever la textura del lienzo, y en otras alcanza tal relieve que roza lo tridimensional".

El segundo día que acudí a la sala retomé y observé con más serenidad las obras y descubrí que lo realmente importante, más que las similitudes que hubiese que encontrar con la obra de sus maestros u otros artistas, es la interpretación que Palacios hace del universo, capaz de crear su propia cosmología: formas, estructuras y paisajes, y prolongarlos más allá del horizonte que dibuja en el lienzo, formas que recuerdan, en cierto modo, a imágenes esquemáticas, runas y protoformas de un escritura incipiente, y dar forma a toda una iconografía de valles y cadenas montañosas que la mente de un astrónomo pueda imaginar en un astro recién descubierto por él.

Y de entre toda la cosmografía irrumpe un bosque que surge de la profunda oscuridad del espacio "¡qué osadía utilizar el negro!", oigo a mi lado, Es una ruptura de la forma, de espacios curvos y horizontes que insinúan el infinito, para trasladarnos a un díptico maravilloso en el que los ocres, blancos y amarillos verticales rasgan una densa y profunda nada.

Hubiese sido fácil buscar similitudes, parecidos e influencias en la obra de Fernando Palacios, como decía antes, pero preferí no hacerlo e insistí en buscar su lado experimental, el uso de materiales y la creación de texturas, ahora sí, me atreví incluso a preguntarle por los pigmentos que se extienden sobre el papel dibujando esferas que semejan pequeñas lunas o gigantescos planetas hasta dotarlos en ocasiones de un grosor palpable, ese relieve casi tridimensional e inaudito de formas aleatorias y colores terrosos como cualquier otro pintor hubiese utilizado para pintar la tierra de un campo arado.

Sobre esta orografía configurada en los lienzos con ocres, amarillos y blancos, se impone en ocasiones la expansión de un espacio en el que parecen gravitar las esferas como satélites silenciosos que giran y viajan, en torno a un cuerpo o un sistema aún mayor, en la inmensidad de un espacio abierto, monocromo y limpio en el que parece trasladarse, paradójicamente, en la quietud del lienzo.

Ha sido un pequeño descubrimiento, una nueva sensación quizá. En definitiva, el espectador se encuentra frente a una obra atractiva, en la que el artista no solo indaga sobre el espacio, sino que trabaja las texturas de manera tan imaginativa como atrevida. Una oportunidad sincera para un espectador atento.


Organic Mundi, de Fernando Palacios en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 24 de octubre de 2015


viernes, 2 de octubre de 2015

Santiago Ydáñez: El Oso y el Roble


La primera vez que vi una obra de Santiago Ydáñez fue hace años en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en el Cuartel Conde-Duque. Era un lienzo enorme, la cara impresionante de un hombre gritando, en blanco y negro y no precisaba más color para transmitir mayor expresividad. No pude menos que intentar fotografiar el lienzo. No me dejaron, era cuando no se permitía fotografiar en los museos. Con el teléfono móvil hice una fotografía, de escasa calidad, aunque no supe quién era su autor por lo que al cabo de una semana volví a la misma sala; el autor era Santiago Ydáñez Ydáñez.la obra del año 2000.

Luego vinieron más, en las ferias de Art Madrid, Estampa o en el CAC de Málaga. Las obras de gran formato, casi siempre en blanco y negro, pinturas exentas sin fondo como si hubiese surgido de la nada, como el Pablo de Valladolid de Velázquez. y seguía sin conocer al autor, y es que "me prodigo poco", me comentó el propio Ydáñez cuando le conté mi seguimiento de su obra mientras lo saludaba en la New Gallery durante la presentación de su exposición El Oso y el Roble.

Aun habiéndolo seguido durante tanto tiempo notenía la certeza ni la seguridad de eludir cualquier sorpresa sobre la obra de Ydáñez. Lo sigo a través de las redes sociales y algunas de las obras expuestas en la muestra ya las conocía, aunque, claro está, que la frescura y la sensibilidad que ofrece el original de una obra nunca la supera una imagen y menos aún cuando uno se enfrenta a obras en las que, sobre todo, destaca la percepción del ambiente, en algunos aspectos y en este caso, algo intimidatorio, el que se recrea en torno a los personajes retratados, perfectamente ubicados en la sórdida atmósfera de entreguerras, a veces demasiado puras e idílicas, de una Europa Central, en descomposición y una Alemania hacia la deriva nazi

El Oso y el Roble es, según el catálogo, la expresión de la desaparición de un mundo aparentemente seguro de esa Europa Central y los cambios que siguieron al final de la tragedia de la II Guerra; y quizá se sorprenda al espectador ver un retrato de Hitler junto a una armoniosa escena de patinaje, unos espléndidos perros o el formidable retrato en color de un personaje desconocido que asemeja a un cómico o un personaje decadente frente a un dóberman, a la estética de personajes puros y perfectamente ubicados que buscan el orden perfecto que se pretende dar de una sociedad racial y artificialmente pura, sin mezcla: aristocracia, deportistas y jóvenes perfectamente aleccionados, perros...

Y para dotar de ese aire bucólico y ordenado es precisa una técnica soberbia que, como el retrato de aquel hombre gritando, sepa definir los gestos apenas esbozarlos. Como si fuese un pintor de acuarela, Ydáñez aprovecha hasta los blancos de los lienzos para realzar sus puestas en escena en las que se apoya únicamente en unos personajes sobrios y delicados. Algunas de las imágenes, sus modelos parecen imágenes robadas, fotografías antiguas que en ocasiones son fáciles de reconocer o recordar, son el hilo argumental de la puesta en escena que parece culminar en el retrato de La clase disección de Santiago Ramón y Cajal, sobre una fotografía de Alfonso Sánchez de 1915, en la que Ydáñez hace confluir toda la serie de retratos.

Tal vez se me escapa la original idea de pintar pequeñas piezas en las tapas de estuches de cubiertos: una serie de caballos, el retrato de Hitler, una mujer joven o un paisaje de Puente de Génave, cubertería de época, dorada, de alpaca, elementos para trinchar, cortar, desgajar y diseccionar esa pieza de carne, de pastel o de países para conformar un mapa nuevo. Quizá sea esa la paradoja de una Centro Europa trocezada y desgajada, de una Alemania derrotada en el pasado y una Alemania actual que supervisa con mano de hierro la historia presente, es el Oso y es el Roble.

Cumplí con creces mis expectativas, la obra de Santiago Ydáñez una vez más me cautivó, tan espectacular como aparentemente sencilla, obras que no precisan de un argumento o de un hilo conductor, cada una de ellas llena, vive y completa perfectamente su espacio sin necesidad de recurrir a un referente. Un trabajo magnífico.

El Oso y el Roble, de Santiago Ydáñez Ydáñez en La New Gallery, calle Carranza, 6 de Madrid hasta el 21 de noviembre de 2015.