viernes, 1 de mayo de 2015

Michael Swaney y Filippos Tsitsopoulos: Fisiología del gusto


Entrando en la galería, a la derecha en la primera sala, hay cuatro dibujos; cuatro dibujos sobre papel que son la llave para introducirte en las cuatro obras, cuatro fotografías de comida: verdura, pan, carne y fruta, en las que el autor, Michael Swaney, ha intervenido sutilmente sobre ellas, y que junto a Filippos Tsitsopoulos y el comisario Alexios Papazacharias, nos introducen en una alegoría al gusto en una exposición que va girando en torno a la imaginaria invitación a una cena, recreando las teorías de Savarin, gran "figura histórica de la gastronomía", y nos ofrecen a través de esas obras "copiosas viandas para el pensamiento y para la vista".

Rafael me comenta, antes de comenzar el recorrido, el estilo brut art. el concepto de las obras, las fotografías y las intervenciones que trasladan los cuatro dibujos a los cuatro cuadros. Y todo comienza, como un juego, casi en el montaje de la exposición, en el que el galerista aporta un punto de osadía, una pizca de su propia salsa, a la composición: uno de los cuadros está en el suelo, descansando, en una alegoría, quizá, al Almuerzo sobre la hierba de Manet. Sólo falta el pintor, el amigo y la modelo desnuda. Pero antes, antes del banquete, de aventurarse en esta Fisiología del gusto, hay que comenzar por el principio, y descender a la cripta; luego pasearse por esta sala de las viandas y a continuación en un montaje, en una visita a la casa -con cuidado porque las puertas son bajas y los escalones altos-, para terminar, con dos proyecciones simultáneas, en la sala final.

Y aunque te guíen, no hay nada más excitante en una galería de arte que recrear a tu gusto la exposición, ni nada más espontáneo que aquello que puede uno recrear en su mente como espectador, y en la galería Rafael Pérez Hernando, lejos de cualquier rigidez que pueda tener una sala convencional cabe intentar, a partir de ahí, pensar en la modelo que debe desnudarse y descansar frente a la merienda imaginaria, bajar a la cripta para conocer los retratos de los comensales, ¿o quizás los retratos de antepasados que antes debieron custodiar una escalera que conduce a un piso superior? Pero el aviso hay que tenerlo en cuenta: el concepto del brut art nos previene para mantenernos frente a los retratados, como una obra fresca, rotunda y actual, es una sensación que sólo he experimentado aquí, en esta sala. Y hay, no sé por qué, una cuerda que divide a unos retratados de otros, como una línea imposible de cruzar. -"A ti te gusta esto porque eres un fan"- Me dice Rafael. - "No, le contesto, me gusta porque lo paso bien, porque lo disfruto".

Y subes a la planta, frente a frente de nuevo con las fotografías, primero a los dibujos que te van a introducir en ellas; luego cuadro a cuadro: panes, bollería, mortadelas, la carnes y el rosbif, las uvas, melones, maracuyás, y la imaginaria modelo abandonada por Manet. y tiempo hay para recordar la abundancia de los bodegones de Meléndez y hasta, porqué no, la vieja friendo huevos de Velázquez. El trazo es tan fino y la intervención tan discreta que cuesta percibirla, y en este éxtasis traspasando el primer arco, una cortina roja de corazones como de caramelo, nos da paso a la casa.

Me había dicho Rafael que tuviese cuidado, que estaba hecho casi como con trampa. "¡Como una trampa! -repetí yo para mis adentros- Y quizás, pensé también, como la casa de Hansel y Gretel, o aún peor, como el laberinto donde el cruel Minotauro devorará a los jóvenes atenienses... Es una casa de madera, la casa donde expone Michael Swaney y donde será, imagino también, la comida, donde se cocina y donde se guarda la vajilla, la cerámica y las obras del decorado "Tengo hambre ay dame por favor comprar q comer..." hay escrito en uno de los platos; otro de avisa "Beware of the dog", Visitando el salón donde descansa una pareja de cerámica, pasando a la cocina y a la antesala decorada con un retrato de Warhol, se oye a lo lejos una música que invita, quizás, pienso de nuevo, a la sobremesa.

En la última sala, dos proyecciones frente a frente. En una un personaje tiene envuelta la cabeza en cebollas, cigalas, tomates,... como si un retrato de Arcimboldo hubiese cobrado vida; y en la otra, en la pared de enfrente, un personaje con la cara enharinada, blanquecina, gesticulando ¿mastica, llora, piensa, habla, canta? ¡Quien sabe! Todo envuelto en una aria majestuosa marcada por las notas de órgano de dulce, angelical y digestiva armonía... Y mientras el espectador mira los rostros de uno y otro, y pasea entre ambos, como un juez, parece deliberar cuál de todos será el mejor de los bocados, mientras la música, como en bucle sin fin, parece comenzar de nuevo: "Fisiología del gusto es como una invitación a una cena..."


Fisiología del gusto de Michael Swaney y Filippos Tsitsopoulos , forma parte del proyecto a3bandas, y está comisariada por Alexios Papazacharias: (¿qué hace un comisario y un artista en una galería de arte?), en la galería Rafael Pérez Hernando, en la calle Orellana, 18 de Madrid, hasta el 6 de junio de 2015.






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