domingo, 24 de mayo de 2015

Martín Chambi. Perú. Castro Prieto


La fotografía como expresión artística es algo que ya no se discute, pero también se ha convertido en una poderosa herramienta de trabajo no ya para el fotógrafo, sino para otras disciplinas como en este caso la antropología. Unir ambas en una sola obra ya es una excelencia difícil de conseguir, al menos en mi modesta opinión como espectador, que no deja de asombrarse y conmoverse ante una obra de arte y, aunque no suelo comentar exposiciones de centros oficiales, ésta, con las obras de Martín Chambi y Juan Manuel Castro Prieto, creo que trascienden mucho más allá de lo que se entiende por una mera exposición fotográfica, sobre todo por su carga espiritual y humana.

La obra de Martín Chambi es, sin ningún género de dudas, deslumbrante. Nada más entrar en la sala se encuentra el espectador frente a un espectacular Alcalde y pututeros en Ollantaytambo, la composición refleja tanto la grandiosidad del paisaje marcada por diagonales infinitas, como la actitud humana y orgullosa de unos músicos en un perfecto plano horizontal, una escena que transmite tanta serenidad como equilibrio. Justo en frente hay otra obra impresionante, Expedición al Salcantay, aquí los personajes que aparentan dominar el medio -armas, caballos y guías-, aparecen empequeñecidos en su horizontalidad frente a un paisaje de  montañas tan poderosas que parecen devorarlos.

La boda de don Julio Gadea y Olimpia Arteta, una serie de golfillos, las fiestas de carnaval, los músicos, Los balseros en el lago TiticacaLa señorita torera y ese grupo de campesinos alzando una cruz, sublime y magistral, una obra monumental que parece tener su culminación en la melancólica soledad del músico, en la Tristeza andina , una imagen digna de la mejor acuarela de Fortuny. Un recorrido cargado de belleza y humanidad inagotables de grupos o personajes solitarios.

Frente a la obra de Chambi, en un recorrido paralelo, otro regalo para el espectador, la fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. "La muestra -dice el tríptico de la exposición- pone en contacto dos universos fotográficos que tienen en común su pasión por Perú y su capacidad para captar todos los matices de su riqueza cultural en dos épocas distantes entre sí más de medio siglo". Si la obra del primero es un alarde de maestría no lo es menos la de Martín Prieto quien nos va acercando a la actualidad a través del color, con una mezcla entre la tradición y el presente que nos traslada de nuevo a los paisajes que antes visito Martín Chambi; la tradición se vuelve tecnología, los jinetes expedicionarios al Salcantay son ahora viajeros sobre las alas de un avión desmantelado, la balsa de totora que surcaba plácida el lago es ahora un magnífico pez anclado como un palafito a la orilla del lago; y la Campesina de Q'eromarca descalza, mirada penetrante, seria y actitud grave se transforma ahora en dos jóvenes risueños  posando con sus llamas frente a los turistas.

Y los paralelismos existentes de la Boda de Leonardo y Magdalena con la de Julio y Olimpia, y los retratos de personajes anónimos, el limpiabotas, los posados maravillosos en los que los soportes son parte de la misma historia, son escenas que viven por sí mismas, sin necesidad del otro. Pero si hay una imagen profunda y actual, una simbiosis entre la tradición y la modernidad que, como decía al principio, trasciende más allá de la propia imagen, es el retrato de Rubén Pachacuteq, un retrato que encierra en sí mismo toda una historia del personaje, al igual que los pututeros de Ollantaytambo, aquí sólo la camiseta del protagonista nos transporta hasta hoy en el tiempo y a la metrópoli soñada en el espacio.

No es habitual encontrar dos maestros  a los que separan más de cincuenta años, como dice el tríptico, en una misma exposición. La obra de cada uno por separado es tan extraordinaria que hacerlas convivir, como maestro y alumno, es tan sencillo como deseable, tan espectaculares como armoniosas, tan espirituales como humanas. Una visita, sobre todo para los amantes de la fotografía, obligada.


Martín Chambi. Perú. Castro Prieto, en el Museo Nacional de Antropología, en la calle Alfonso XII, 68, junto a la estación de Atocha, prorrogada hasta el 6 de septiembre de 2015.




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