viernes, 20 de febrero de 2015

Jerónimo Salinero: Divertimento para cuerda


Tienen los fotógrafos un momento mágico que llaman la hora azul. Es la hora en la que la luz artificial de la ciudad se compensa con la luz natural y los colores van tomando tonalidades azules que los saturan. Es uno de los momentos idóneos del día, al amanecer y al atardecer; dura unos pocos minutos, pero es la hora ideal para hacer buenas fotografías. Lo mismo ocurre después de la inauguración de una exposición, dos días después puede ser la hora azul para el espectador, cuando las obras aún conservan todo su colorido y el ambiente de la sala parece saturarse de los reflejos, que la luz natural que llega de la calle y la luz artificial de los focos, arrancan de los lienzos. Es el momento idóneo para pasear junto al artista e ir desgranando impresiones que horas después, acostumbrado el ojo a la visión deslumbrante del color, éste parece difuminarse.

Jerónimo Salinero me estuvo contando qué es su Divertimento  para cuerda, la exposición que presenta en Galería Orfila, aunque más que contar en qué consiste su explicación se refería a qué materiales usa: colas, resinas, aglutinantes y, sobre todo, la inspiración, y sobre la inspiración la intuición y la improvisación: la obra no está preconcebida, ni pensada a penas, simplemente surge. El paseo es agradable, la conversación fluye entre matices de las obras y los conceptos que los espectadores y los artistas tenemos de ellas independientemente de los críticos.

"De hilo, cuerda, instrumento, idea y obra, está construida el alma". La cuerda, no busca una forma sobre el lienzo, sino que cae caprichosa y aleatoria, y dibuja en la superficie formas y planos sobre los que se van conformando espacios independientes, espacios que delimitan en cada uno un microcosmos propio, donde se enfrentan colores, formas y texturas. He sentido durante el paseo la tentación de tocar los cuadros, los azules, los ocres, las superficies cuarteadas, los materiales lisos, las áreas rugosas y segmentadas, cortadas e independientes. Existe en alguna de las obras algo de ingenuo y surge la palabra, una y otra vez, art brut, la ingenua composición del loco, la expresión infantil donde un amarillo se enfrenta al siena o donde un área oblonga se esboza en un rosto,o donde en un óvalo se insinúa un ojo: "mira como la cuerda perfila la superficie, delimita el musical revuelo de las formas, que como notas se cruza, buscando el deseado encuentro".

En ocasiones no es necesario preguntar mucho, ni se precisa investigar demasiado como decía un maestro, sino seguir la recomendación del autor: salir y ver, disfrutar la sensación que se desprende del cuadro, seguir con ojos atentos el juego que la cuerda nos insinúa: los planos, los tiempos, los colores y las texturas, sin más influencia para nuestros sentidos que la obra misma.


Divertimento para cuerda, de Jerónimo Salinero, en Galería de Arte Orfila, en la calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 10 de marzo de 2015.



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