domingo, 1 de febrero de 2015

Castillo de Curiel



Desde el castillo de Peñafiel mirando hacia el norte, cruzando el Duero, se recorta sobre un cerro el castillo de Curiel, una población que está sólo a 5 kilómetros del centro de Peñafiel donde me contaron, en un bar de la plaza Mayor que suele utilizarse como coso taurino en las fiestas, una leyenda que narra cómo un gigante solía beber el agua del río Duero; para hacerlo, el gigante ponía un pie en Peñafiel y el otro en Curiel. y agachado bebía el agua del río. Si no me hubiesen contado esta leyenda quizá no me hubiese animado a llegar hasta allí y descubrir tanto la población como la insólita historia de su patrimonio.

El castillo roquero en lo más visible de Curiel, conocido como Castillo de doña Berenguela, madre de Fernando III el Santo, está sobre el cerro que domina el pueblo y fue testigo de la historia entre los siglos IX y XIV. La fortaleza perteneció al infante don Juan, hijo de Alfonso X el Sabio y hermano del rey Sancho IV, personaje de vida azarosa muerto en 1319. A finales del siglo XIV, en 1386, el rey Juan I dona Curiel y su tierra a Diego López de Zúñiga a cambio de Villalba de la Losa (Burgos).

Con la cesión de CurielDiego López de Zúñiga, debió cambiar bastante la fisonomía de la villa al iniciar éste la construcción de un segundo castillo, (castillo-palacio o casa fuerte) en el casco urbano. Los Zúñiga eran miembros de la llamada nobleza de servicio, descendientes de familia navarra que habían ascendido en la corte de Castilla tras tomar partido por Enrique II de Trastámara en la guerra civil que lo enfrentó a Pedro I el Cruel. Fue Diego López de Zúñiga el segundo de los cuarto hijos de Íñigo Ortiz, quien debió prestar importantes servicios a Enrique II, por lo que consiguió para sus cuatro hijos cargos en la corte, de hecho Diego se había criado en al corte junto al infante don Juan, futuro Juan I lo que facilitaría su ascenso. Con el sucesor de éste en el trono, participó activamente en la regencia durante la minoría de edad de Enrique III, frente a los llamados epígonos Trastamara, los parientes del rey. Estos son reemplazados en el poder por la nueva nobleza o nobleza de servicio a la que pertenece Ruy López Dávalos, nombrado condestable de Castilla, como vimos en la historia del castillo de La Triste Condesa en Arenas de San Pedro (Ávila), y el propio Diego López de Zúñiga que es nombrado justicia mayor.

Diego López de Zúñiga inicia las obras del que iba a ser su castillo-palacio y ya en 1397 las obras debían estar terminadas porque en testamento de ese año lo cede a su esposa en usufructo con sus casas de la villa, donación que reitera en el testamento de 1410 y en el de 1417 donde señala la donación de "las casas que labro en la villa de Curiel, con el palomar, huerta y heredades". El castillo-palacio constaba de dos patios que, como los de la época, debían estar adornados con elementos y decoración mudéjar. Tenía dos torres, una en cada esquina del edificio que no solían resaltar la planta general, en el caso de Curiel los paños exteriores las simulaban formando las esquinas. Sobre la puerta de ingreso al castillo-palacio según nos indican Cobos Guerra y Castro Fernández "existía un escudo de la familia Zúñiga y una inscripción: "Esta obra mando facer Diego Lopes Stuñiga Justicia Mayor del Rey... Villa e acabose en el anno del nacimiento de nuestro señor Jesucristo de Mil e CCCC e X annos", aunque - el escudo que hay en la actualidad- ha sido colocado recientemente". Sobre la puerta de ingreso existe un vistoso matacán sobre ménsulas así como almenas en todo su frente.

El castillo-palacio fue propiedad de la casa de Osuna hasta mediados del siglo XIX. En 1862 es adquirido, por Indalecio Martínez Alcubilla, vecino de Madrid, que realiza una profunda "limpieza del castillo", del que extrae más de 500 carros de escombros aunque se mantiene la decoración mudéjar del edificio.
En 1919 lo adquiere otro particular, Agustín Yagüe, que inicia su desmantelamiento y expolio: obtiene de él 3.800 arrobas de leña entre la que se encontraba "gran parte de la espléndida decoración mudéjar" que se había mantenido hasta entonces, y algunos restos son vendidos y se dispersan. Parte de la decoración se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, identificándolos como de Curiel de los Ajos, además, "uno de sus artesonados se encuentra hoy en día en San Simón de California (EE.UU.) y otro fue trasladado al Alcázar de Segovia. El patio del castillo fue también vendido y hoy se encuentra en la finca "El Canto del Pico" en Torrelodones" (Madrid).

Frente a la entrada existía el rollo jurisdiccional hoy desaparecido del que sólo se conservan las gradas en cuyo centro hay plantado un hermoso arbusto. También destaca la iglesia de Santa María, del siglo XII aunque su interior, que no pude ver, es de los siglos XV y XVI. A la salida del pueblo se encuentra el Arco de Curiel una de las puertas de acceso de la muralla. Por su parte, el castillo de doña Berenguela sigue dominando el pueblo y, rehabilitado recientemente, se ha convertido en hotel rural pudiéndose visitar y desde el que se tienen unas vistas panorámicas extraordinarias.

Armadura en el hotel rural que hoy existe en el Castillo de doña Berenguela
Para este viaje y elaborar esta entrada en consultado además de la web del Ayuntamiento de Curiel de Duero, los siguientes libros:

Castilla y León. Castillos y fortalezasCobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa, León, 1998
Las noblezas españolas en la Edad Media Siglos XI-XVGerbet, Marie-Claude, Alianza Universidad. Madrid 1997.

Peñafiel visto desde el castillo de Curiel. En el centro de la imagen puede
distinguirse sobre el cerro el castillo.
Vista parcial de Curiel desde el castillo de doña Berenguela. A la izquierda
el castillo-palacio de los Zúñiga y a la derecha la iglesia de Santa María
Arco de Curiel desde su interior
Escena de la decoración del castillo-palacio de los Zúñiga.
Museo Arqueológico Nacional

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