viernes, 23 de enero de 2015

Aleix Plademunt: Allmost There


"Cuando la visión del conjunto del mundo se amplia, no sólo disminuye el dolor que causa, sino también el sentido. Entender el mundo equivale a colocarse a la cierta distancia de él. Lo que es demasiado pequeño para verlo a simple vista, como las moléculas, lo ampliamos; lo que es demasiado grande, como el sistema de las nubes, los deltas de los ríos, las constelaciones, lo reducimos. Cuando lo tenemos al alcance de nuestros sentidos, lo fijamos. A lo fijado lo llamamos conocimiento".


Así comienza la tarjeta de presentación de Allmost there de Aleix Plademunt , una muestra tan personal e introvertida como excitante, en La New Gallery. La primera de este año ha sido una inauguración muy atractiva. He podido hablar con el público y he oído hablar a mis vecinos sobre las obras, uno de los ejercicios más reconfortantes que tenemos los espectadores, y aunque quise conocer muy pronto, llevándome al propio Aleix a un lado, cuál era el nexo entre las obras para conocer un poco mejor la exposición y su propuesta, algo lícito por mi parte aunque me restaba la intensidad y la complicidad que debía tener como espectador, sólo conseguí como respuesta: "Búscala y luego hablamos".

Después de un primer recorrido, la primera impresión es confusa, demasiados formatos y temáticas, pensé; las fotografías unas muy grandes, otras pequeñas y los temas, que ahora convenía ordenar mentalmente, muy variados; hielo y nieve, personajes sin rostro, piedras, huesos y restos arqueológicos, un bifaz, una calavera, una galaxia, un avión atascado en la nieve, el rellano de una escalera... Si fuese posible me hubiese gustado quedarme en el centro de la sala, cerrar los ojos y repetir de memoria, como si un juego infantil se tratara, las imágenes que podía recordar. Éstas son las impresiones que apunté en mi cuaderno de notas:

Cuando la distancia no es nada. Cerca. Lejos en el tiempo, en el espacio, en el deseo, en la escapada. ¿Qué hay detrás de la pared adornada con la cabeza de un ciervo? Esta todo tan cerca y tan lejano, el cráneo del antepasado antes que hombre, la herramienta, el útil de piedra, los huesos descarnados afilados como navajas. Andrómeda. El microscopio sobre la célula invisible, el meteorito, una roca y el avión que no puede despegar. Y al pasar por la autopista, expedito el camino hacia el norte, sobre el monte lejano, ¿recuerdas?, una fortaleza anclada en el horizonte como una nube inmóvil, es lo que estuvimos hablando, ¿Tú quién eres? parece preguntar a la mujer que se tapa el rostro con la mano, y a su lado una calle vacía... Hay, además, sobre el fondo blanco de nieve que se pierde en el horizonte, un caballo, tan cerca y tan lejos, sobre la nieve blanca, que perezosa como la nube e inmóvil como la fortaleza, ha caído durante la noche, durante todo el tiempo, en toda la distancia.

No cabe duda que el artista ha sido capaz de mantener la entente entre la obra y el espectador sin la necesidad de un discurso complejo. Esta es toda una ventaja que Aleix Plademunt nos facilita a los espectadores para participar en ese juego que cada artista propone a su público, buscar y descifrar en sus obras las sensaciones que hay escondidas en ellas. Un juego de palabras detrás de cada imagen que encierra la dicotomía espacio-tiempo y la relativa percepción de las cosas: "Durante toda nuestra infancia y juventud nos esforzamos por establecer la distancia correcta de las cosas y fenómenos. Leemos, aprendemos, experimentamos, corregimos. Y un día llegamos a un mundo en el que se han fijado todas las distancias necesarias, y establecido todos los sistemas. Es entonces cuando el tiempo empieza a correr más deprisa". Karl Ove Knausgaärd (La muerte del padre) concluye la tarjeta de presentación.


Allmost there, de Aleix Plademunt, en La New Gallery, en la calle Carranza, 6 de Madrid, hasta el 21 de febrero de 2015



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