martes, 18 de noviembre de 2014

Ana Palacios. Albinos en Tanzania


"Hemos aprendido varias lecciones valiosas. La primera es que no es nada sencillo hablar de África." Confiesan Joan Tusell y Ángeles Jurado de Casa África, No es fácil porque de una forma u otra estamos sujetos a estereotipos y prejuicios, y esto implica que ver una exposición a veces se convierta en un reto para el espectador: África vista y pensada como un blanco; y juzgar como un blanco los problemas de los negros ya es un problema en sí, no porque sean mayores o peores, son sólo diferentes y la forma de enfocarlos es tan compleja como complejo es el continente africano donde "conviven mil formas de entender la muerte, el sexo, la vida, el arte o la espiritualidad".

Lo que más me interesó de la exposición Albinos en Tanzania, de Ana Palacios, fue cómo trataba en sus fotografías a los niños albinos jugando como niños, riendo, leyendo, saltando, es "la sensibilidad de la artista" que ha sabido ir más allá de lo meramente anecdótico y ha profundizado en lo humano, ha tratado a los pequeños como lo que son, sólo niños. "Las fotos son potentes". Me hizo gracia esta expresión de un fotógrafo amigo. Sí, sí que lo son, y delicadas, y la fuerza que hay en ellas no es la rareza de los personajes, "ser albino en África es un gran problema" leo en una parte del programa, la gran insolación y la falta de melanina que proteja la piel provoca quemaduras, en  muchos cáncer de piel o terminan padeciendo "fotofobia, estrabismo, miopía y nistagmo (no pueden dejar de mover los ojos de un lado para otro)." Sus vidas, sin la protección adecuada, no llega más allá de los 30 años.

Las fotografías están tomadas en Kabanga, en un centro especial de acogida, donde se refugian, no sólo del sol implacable, sino de la superstición y el hechizo, de la "discriminación, desprecio y miedo" que provocan los albinos en su comunidad y en su familia. La creencia de que estos "fantasmas" son concebidos "durante la menstruación, son hijos del demonio o que son resultado de relaciones sexuales con un blanco", los convierte en "objetivo de brujos y sortilegios", son perseguidos por traficantes de cuerpos que trocean sus carnes para hacer pócimas con ellos... Y es que había que explicar esta realidad para apreciar aún más el significado de la obra de Ana Palacios.

Lo cierto es que no hay nada especial en la imagen de un niño jugando al balón, o la de una niña girando y bailando, leyendo o la de un grupo saltando a la comba distraídos y felices; no hay nada más que la belleza plástica que muestran las fotografías; y cabría preguntarse entonces si la fuerza de las imágenes, esa potencia que decía mi amigo, sería la misma sin conocer el drama que subyace en cada uno de los niños. Lo más seguro es que sí la tendría, porque no hay en ellas ni un atisbo de miseria, ni violencia, ni un gesto forzado, sólo la mirada clara y la expresión espontánea e inocente que Palacios ha sabido captar y se ha atrevido a traernos y recordarnos que África vive otra realidad, y vive en la belleza y en los juegos de estos niños. Es, sin duda, más que una denuncia un hermoso regalo de risas, juegos y miradas curiosas e inquietas de unos chicos "que no quieren ser diferentes, porque no son diferentes", simplemente son niños.


Albinos en Tanzania, de Ana Palacios en EspacioFoto, en calle Viriato, 53 de Madrid, hasta el 5 de diciembre de 2014



3 comentarios:

  1. ¡Buenos días, Paco!

    Genial, justo todo eso despertó en mí y era lo que intentaba decirte...
    Gracias y buen día,
    Moka

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  2. Muchas gracias por este maravilloso reportaje y gracias por entender mis fotos tan bien... Un abrazo, Ana Palacios

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  3. Gracias a ti, Ana, es un trabajo excelente que nunca me cansaré de recomendar, tanto por su lado artístico como humano, es de una calidad excepcional.

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