viernes, 10 de octubre de 2014

Matthias Kanter: Yellow of a dried lemon


Un trazo, o mejor dicho, una pincelada casi en tercera dimensión. Son como piezas que se han cortado y se han colocado ante un fondo cuidado, sin referencias, sin muros, sin árboles, sin mobiliario alguno. ¿Un enigma? Cuál es el tema del cuadro me pregunto ¿Cuál es la obra? ¿Y el personaje? Es como un juego de adivinanzas, porque la obra se intuye, y los personajes, y los elementos que lo componen, pero... Ese pero que deja en el aire el conocimiento inconcluso. Si no me ves, no existo. Y abro los brazos y me sonrío en mi ignorancia. Soy incapaz de atrapar el concepto y me entrego al juego y, sin embargo, los conozco, sé que los conozco a todos, es como el despertar de un sueño en el que difícilmente se reconocen ni personajes, ni diálogos, sólo que se ha tenido un sueño.

Uno tras otro los lienzos, faltos de personajes, comienzan a sugerir los elementos de las escenas: un cojín, una mesa, un diván, ¿pero quién los habita? Cuando termino de recorrer la galería me paro frente al mostrador. No sé, me enconjo de hombros y mirando fijo a uno de los cuadros comento: "Es Goya, éste es Goya". Es la galerista quien sonríe ahora. ¿Se había dado cuenta de mi desconcierto y esperaba mi reacción. Entonces me acerca una reproducción. "Sí, es Goya,.. Es ¡la parte por el todo!" El sinécdoque que aprendiera en primaria. Aquella figura se repetía aquí ahora, el todo era el Goya de quien se habían eliminado todos los elementos: Carlos IV, la reina, el príncipe, los infantes; sólo quedaba la parte: la pincelada, una pincelada por cada uno de ellos. Por fin había descubierto el juego, el juego extraño, maravilloso, una metáfora del arte por el arte.

Poco a poco voy desentrañando las obras y ya puedo empezar a emprender un diálogo con el catálogo: "Me interesa el contenido de un color, la discusión entre colores y las historias que resultan de ellas", dice Kanter. Mientras, uno tras otro surgen los personajes, el cardenal de Rafael, la Danae de Rembrandt, los personajes de Goya, Piero de lla Francesca, Bellini,... Y uno se pregunta cómo es posible hacer este viaje a través de la transgresión de la obra original. Todo es un largo proceso y quizá para comprender ese trayecto haya que buscarlo en la libertad del artista para interpretar de nuevo esas obras: "Creo que en la actualidad, la pintura moderna tiene su importancia cuando se refiere a sus posibilidades inherentes y está firmemente asentada en la manera en que se hace algo". Apunta, y añade más adelante: "El siglo XX ha impulsado el conocimiento de la pintura liberada de dogmas".

Es a partir de aquí cuando comienzo como espectador a interpretar con libertad estos clásicos, incluso me atrevería a decir, a desear ver una obra en particular, y disfrutar esa licencia que me libera de la "arbitrariedad" que imponía el canon o el manual de estilo: "Es el color, que define su propio sabor y cualidad intuitiva y emocional, el tema central de la tentativa de Matthias Kanter. Cómo encontrar un tono específico, cuán variado puede ser y qué asociaciones evoca".

Un juego encantador que se presta, sobre todo, a investigar en el propio conocimiento, que invita a descubrir rasgos escondidos en la pincelada original y hacerlo emerger en un trazo único y magistral, como si de un ensayo se tratase para vivir de nuevo la obra de Rembrandt o de Goya, y saborear el conocimiento que nos queda después de despreciar lo accesorio y quedarnos simplemente con la esencia. Esa esencia es el concepto que ha sabido estimular en mí con su obra, con su hermoso experimento: "Matthias Kanter piensa en color. Aparte de reflexionar sobre las pinturas de otros siglos, fotografía los detalles de su entorno, capturando así la paleta del momento, su textura y ambiente".


Yellow of a dried lemon, de Matthias Kanter en la Galería Astarté, en la calle Monte Esquinza, 8 de Madrid hasta el 25 de octubre de 2014.

No hay comentarios:

Publicar un comentario