sábado, 11 de octubre de 2014

Eduardo Iglesias: Los elegidos

Eduardo Iglesias autor de Los elegidos
Que el autor diga que va a desvelar la trama de su novela el día de su presentación es un acto, cuanto menos, de valentía y fue a partir de aquí cuando comencé a meterme de lleno en el coloquio de la presentación del libro. Esa demostración de confianza del autor en su obra he de confesar que me sorprendió.

Ayer, sin haberlo programado, fui a terminar la tarde escuchando la presentación del libro Los elegidos, del Eduardo Iglesías. Fue en el Salón de Actos de la Casa del Lector, en el Matadero de Madrid. Sobre el estrado las 5 personas que estaban interviniendo en la presentación. Al principio me quedé mirando las imágenes que iban pasando tras ellos de un monasterio abandonado. Me llamó la atención porque tenía un graffiti en uno de los muros, e inmediatamente me recordó al monasterio de Bonaval, uno de los pueblos negros de Guadalajara. Las imágenes y los textos que iban alternando, extracto de frases del libro, me fueron introduciendo sin darme cuenta en la charla entre el pintor Javier de Juan, el músico Alberto Iglesias, el escritor y cineasta Ray Loriga, el autor Eduardo Iglesias y el editor Enrique Murillo.

Alberto Iglesias, músico
La conversación, era cada vez más relajada, en realidad era un diálogo entre amigos que la hacía fluida, contaban sus cosas como si estuviesen en la mesa de un café o en el salón de su casa. Por fortuna no oí esos elogios tan al uso en estos actos, ni sé si los hubo, y fue cuando Eduardo Iglesias lanzó esa especie de órdago, asegurando que aún desvelando la trama de la novela sus lectores seguirían enganchados en la lectura, cuando presté más atención: El monasterio no era Bonaval sino uno abandonado  por la inundación del pantano de Yesa, en Navarra, lugar donde transcurre la acción, en la frontera con Aragón: un furtivo se refugia en un monasterio y forma una banda de atracadores a la que se van uniendo otros personajes entre ellos una mujer.

El relato continuó entre anécdotas y risas y cuando llegó el turno de preguntas sólo hubo una: la autoedición. Qué opinaba el editor Murillo sobre la autoedición, una práctica bastante habitual en estos tiempos. Fue ésta la parte que más me interesó de la presentación, la labor casi desconocida del editor, la persona encargada de leer, sugerir y decidir qué obra se va a publicar: "es quien recomienda al lector el libro, quien dice al público este libro es bueno"; y añadió que sin este consejero el libro autoeditado suele perderse en los anaqueles de las librerías y pasar desapercibido.

Ray Loriga, escritor y cineasta
Yo me quedé con esos dos rasgos de valentía; primero la del autor confiando plenamente en su obra, y segundo el del editor que selecciona y arriesga en la edición, cada uno en su labor. Al final el libro no pude comprarlo pero lo haré, la selección de frases y la frescura de la charla de los invitados lo hacen atractivo, "Bach es cojonudo pero te hace sudar. No te da descanso", "Al atardecer, cansancio, sudor y penas. Los dos caminan..."; la trama es sencilla y los diálogos directos, frases cortas, "estilo muy castellano", oí decir. Cuando lo lea seguro que no lo traeré aquí porque no sé hacer crítica literaria, han sido sólo esos dos rasgos de valentía los que me han persuadido a escribir esta entrada.


Los elegidos, de Eduardo Iglesias, Editorial Los libros del lince.

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