sábado, 25 de octubre de 2014

Helena Revuelta


Tiene la pintura de Helena Revuelta trazos  que al principio me recordaban el expresionismo alemán de entreguerras, el primer expresionismo de Munch y Kirchner, su primera fuente de inspiración, y el ambiente sosegado y pausado de los sueños que se sumergen en el surrealismo: "Navegar sobre un río sin fin /es la profundidad de mi conciencia", comienza el poema de la propia pintora que da entrada a modo de prólogo del libro Lo que ayer era verdad hoy es desilusión, de Antonio Leyva, que es la vez introducción a la exposición.

"El proceso de creación es muy sencillo. Concibo la idea en el subconsciente y la plasmo en un dibujo. La dejo reposar un par de días y entonces vuelvo sobre ella", me dice. Es cuando surgen esos personajes solitarios, a veces envueltos en un aura fantasmagórica, como seres atormentados, otras como personajes que deambulan por una ciudad opresora que se disuelve en lenguas de fuego, soles o ventanas abiertas a la profundidad del subconsciente, de donde surgen, o hacia donde se dirigen y provienen, las miradas de observadores como seres pasivos y anónimos.

Las obras tienen componentes más modernos, comento con mi acompañante, algo de cómic y algo de graffiti, los trazos largos y los gestos exagerados de los personajes a los que sólo les falta una voz o un texto que los identifique: ondas, espirales, gestos forzados como el personaje de un graffiti que observa al paseante cruzar frente al muro. Son los ojos ocultos de la ciudad que todo lo ve y todo lo devora, la locura cotidiana, tensa y atroz: ruido, agobio y ese grito que recuerda a Munch, ese gesto angustioso que transporta al espectador a un mundo de sueños, exento de ruidos, a la introspección, a la reflexión, a las calles vacías propicias para exteriorizar los pensamientos y arrancar del observador, si es que existe, la serenidad necesaria para resistir, como describía Goya, los monstruos que los sueños de la razón producen.

"En efecto, los personajes se envuelven  en la power line que resalta la pieza del muro, lo desgaja y lo acerca al observador anónimo del graffiti; lo transfiere a un mundo de psicodelia y surrealismo de líneas suaves, geometrías sin ángulos, colores densos y cálidos que le proporcionan ese ambiente de sueño lisérgico, unas veces abominables y terrorífico, otras reparador y reconfortante". Y mientras paseamos por la sala llena de invitados, del fondo nos llega la voz de Maria Isabel Conde que presenta el libro que acompaña a la exposición. "Ayer verdad / hoy desilusión / mañana... descubrimiento!", me dedica la pintora, jugando con el título, como un arcano más de la baraja de imágenes que producen sus sueños.


Lo que ayer era verdad hoy es desilusión, de Helena.Revuelta en la Galería Orfila, calle Orfila, 3 de Madrid, hasta el 12 de noviembre de 2014.


jueves, 23 de octubre de 2014

Ávila: La leyenda de los orígenes de la ciudad

Escultura que representa a Sofonisbo sobre la entrada del Palacio de Valderrabano
Escribe Antonio Veredas en su libro Ávila de los Caballeros sobre la fundación de la ciudad: "Cuanto se diga de Ávila, acerca de sus orígenes, ha de carecer de fundamento, pues se ignora el verdadero nombre que pudo ostentar en tan remotos tiempos", y añade siguiendo la Historia  de Ávila del Padre Ariz: "Ptolomeo la llama Obila, Prisciliano y San Jerónimo la denominan Abila, en el cronicón de Idacio se la cita Abula y en los concilios de Toledo es nombrada Abela". A esto hay que añadir que existen varias ciudades con el nombre de Ávila, la de los vettones que se identifica con la actual Ávila; "Ávila de los Bastitanos, Ávila de las Biñas , en Palestina, citada por San Jerónimo y Josepho, y Ávila, columna de Hércules, en el Estrecho de Gibraltar, de la cual se ocupan Pedro Alpiano en su Cosmografía, y el Obispo Poza Primo, en el Martirilogio romano",

Esta última versión mitológica es la que nos cuenta Eduardo Ruiz Ayúcar en su Historia de ÁvilaAbyla y Calpe, eran dos promontorios a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar que quedaron como restos de la cadena montañosa que Hércules desgarró para unir el Mediterráneo y el Océano Atlántico. Abyla era también el nombre de la mujer de Hércules con quien tuvo a Alcideo, Continúa la leyenda que Alcideo se lanzó a conquistar el centro de la Península y la primera ciudad principal que fundó la nombró Abyla en honor a su madre.

Pero vayamos al Padre Ariz que nos cuenta cómo Alcideo, hijo de Hércules y Avila arriba a Cádiz desde África junto a sus tropas y su ayo Sofonisbo. Allí fueron rechazados por los griegos que habitaban la zona y los emplazaron a abandonar el lugar en tres días. Siguiendo los augurios, viajaron hacia el norte llegando al cabo de treinta días a un Collado. En el Collado vieron un gran número de palomas, que según los augurios indicaba que aquél era el lugar donde debían asentarse. Aquí decidió entonces asentarse Alcideo con los suyos, a los que reunió y les habló diciéndoles que allí acababan sus trabajos y en aquel Collado sería el lugar que debían poblar; y diciendo esto besó la tierra en señal de posesión e hizo sacrificios al Sol, matándole un toro y una vaca blanca.


Tras la llegada de los africanos, los hispanos habitantes de la zona se organizaron y los atacaron cuando estaban descuidados. Sofonisbo les salió al encuentro y fue muerto por una flecha. Alcideo, enterado de la tragedia cargó con furia a los hispanos matando e hiriendo a muchos. Recuperado el cuerpo del ayo, lo hizo quemar y lo sepultó en la ladera del Collado. Los hispanos, temerosos de la furia de Alcideo,le presentaron dones, ganado y comida. Hicieron alianzas con Alcideo y se mezclaron en matrimonios mixtos. Cultivaron la tierra, domesticaron ganado y poco a poco hicieron sus casas. Alcideo mantenía la paz y ellos le obedecían como a un señor y otras poblaciones se avinieron a ser sus vasallos sujetos a sus leyes.

A los siete años de la llegada de los africanos, y mezclados con los hispanos que eran mayoría, Alcideo los juntó a todos y les habló de la necesidad de construir una defensa, cercar con fuertes murallas la población y pidió la ayuda de todos para llevar a cabo el trabajo. Se iniciaron las obras al octavo año, y tardaron otros trece años en terminarla los muros. Y por ser hijo de la noble Ávila, Alcideo "puso a la tal población su propio nombre de Avila".

En la Historia de Ávila III, Carmelo Luis López nos cuenta resumida esta historia en la que el protagonista es Esferio Galates, y añade que Sofonisbo, una vez muerto en la lucha contra los hispanos fue incinerado y enterradas sus cenizas en el lugar donde hoy se encuentra el palacio de Valderrábano; y según la Segunda Leyenda, "Para representar este hecho, se puso aquel bulto (escultura) de piedra que está sobre la puerta de la calle (del Palacio de Valderrábano) con una lança o dardo en la mano como tenía Sofonisbo) cuando murió".

Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:
Avila de los Caballeros, Veredas, Antonio, Librería "El Magisterio" Adrián Medrano, Ávila, 1935.
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil.
Castilla y León - Ávila, Ruiz Ayúcar, Eduardo, Editorial Mediterráneo.
Historia de Ávila, Tomo III, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Artículo de Luis López, Carmelo: Mitos, leyendas, tradiciones y hazañasÁvila,

lunes, 20 de octubre de 2014

Calos Ranc: Original Mecánico


Sorprende que sea el libro y el deseo de su posesión, o el coleccionismo, el concepto en torno al que gira la exposición Original mecánico, de Carlos Ranc, que se puede ver en el Instituto de México en España, y a "las horas monomaníacas del coleccionista de libros, el tiempo dedicado a perseguir y hurgar -no sólo en librerías de viejo, sino también en internet y en tiraderos tan prometedores como dudosos" para conseguir la última obra que complete una serie de libros o una colección.

Me vino a  la cabeza, mientras recorría la exposición y me paraba frente a una hilera de libros sin título, las palabras de Pío Baroja en Las horas solitarias, recordando sus años de lector de novelas de lance haciendo un recorrido por las librerías de viejo de Madrid: "Entre los bibliófilos hay lo ricos que compran libros para formar colecciones, y muchas veces para venderlas al extranjero, y los eruditos y los escritores que buscan datos o padecen bibliomanía, que es una enfermedad incurable".

La exposición no sólo es sobre el coleccionismo ni sobre el amontonamiento de ejemplares en una caja de cartón a la vista del espectador. sino el viaje a la búsqueda de un ejemplar a través de las reseñas externas visibles de cada tomo, "los motivos de sus portadas, la reescritura del mensaje de sus lomos" que va más allá del papel puramente decorativo que en ocasiones se le da, como se apunta en el catálogo, a un ejemplar o toda una colección enciclopédica sin más fin que el de rellenar una pared. Sin embargo Carlos Ranc parece buscar a través de su obra un "más allá del espacio íntimo y callado de la biblioteca o la mesita de noche, los libros se abran a una nueva e imprevista multiplicidad de lecturas".

Y es que el concepto de libro está cambiando, las nuevas tecnologías lo arrinconan o lo aglutinan en un concepto informe electrónico: "Así, la obra de arte que es un libro en sí mismo daría lugar a una masa de objetos intangibles, indistinguibles e inidentificables unos de otros", asegura César Antonio Molina, y en opinión del editor Roberto Calasso, en el mismo artículo en ABC Cultural, para quien el libro: "es un objeto individual, separado, independiente, jerarquizado, bello, único a pesar de su reproducción, con vida propia autosuficiente, solitario, intemporal, inmortal; un medio incontrolable de saber y conocimiento".

Por estas razones me ha sorprendido esta exposición, su dedicación al libro como obra de arte en sí misma, una experiencia, cuanto menos excitante y bella, a través de un ejercicio de búsqueda e identificación del ejemplar único y deseado, que no deja de ser a su vez fuente contagiosa de la incurable enfermedad del bibliomano.


Original mecánico, de Carlos Ranc, en el Instituto de México en España, en Carrera de San Jerónimo, 46 de Madrid, hasta el 14 de noviembre de 2014





miércoles, 15 de octubre de 2014

Ana Gallardo: Pencas


Hace unos días leía una crítica de arte que se titulaba ¿Qué demonios es el arte? -Arte es todo aquello que despierta y estimula las emociones-, me dijo una vez un profesor. Ayer, paseando sin rumbo llegué a la galería Oliva Arauna. Desde la calle tan solo vi un gran mural que cubría la pared de la entrada, una la fotografía de 4 mujeres y, en el centro del mural, una pantalla de plasma; el resto de paredes estaban vacías. Dudé si entrar porque creí que estaban desmontando. Me decidí y entré.

La exposición constaba de ese mural, el vídeo de la pantalla de plasma, "dos grandes dibujos a carboncillo y un mural en la sala que le va a impresionar" -me dice la chica de recepción-, "es un trabajo sobre un geriátrico de prostitutas en México". Los dos dibujos a carboncillo representan a varias mujeres embozadas, sin rostro, con gesto avergonzado, anónimas. En el mural de la sala hay una inscripción, como de un diario. No está escrita sino grabada en la pared, grabada en profundidad, atravesando la piel de yeso del muro, dejando a la vista la osamenta de ladrillo, grabada con rabia, rabia de impotencia contenida, de humillación reprimida, de soledad, como esperando a que sobreviva al olvido. Las emociones -pensé- no siempre son placenteras, ni dulces, ni amables. El texto grabado comienza: "Quería trabajar en el geriátrico de mujeres prostitutas, todas viejas, todas muy viejas..."

El resto que leí fue la nota breve que se entrega en la galería: "Los trabajos de Ana Gallardo que integran su muestra conforman, en cierto modo, un conjunto de obras límite. Urgentes e irreductibles, oscilan entre la invisibilidad y la densidad psicológica; la palabra desesperada y la impotencia; la discreción y la exhibición del tabú; el ímpetu y la resignación; la materialidad mínima y situaciones humanas extremas. Continuando con su reflexión en torno a la precariedad -en tanto situación impuesta marginal, al viejo, al enfermo, al desamparado, al solitario o al violentado-, ella se manifiesta en esta ocasión como tema y método, logrando comunicar mediante el simple trazo, el vigor de la carbonilla y un texto volcado sobre la pared, una violencia que, -aunque cuele por el lado oscuro de la cotidianidad- nos encuentra desarmados".


Pencas, de Ana Gallardo, en la Galería Oliva Arauna, en la calle Barquillo, 29 de Madrid, programada para clausurar a mediados de octubre, aún no tiene fecha fija, por lo que aún pueden verla, aunque...

... en enero de 2015 la Galería Oliva Arauna cerró sus puertas definitivamente

domingo, 12 de octubre de 2014

Estampa 2014


Paseo y reflexión por la feria del grabado y obra gráfica, Un paseo muy tranquilo entre los expositores. Me pareció que había poco público para ser viernes por la tarde, un día que se había levantado lluvioso y que se arregló dejando una tarde y noche apacibles. El lugar es idóneo, las instalaciones del Matadero de Madrid le dan un aire propicio para apreciar el arte: cine, pintura, danza, teatro, libros, peformance... aunque lo que se gana en espacio expositivo tiene a su vez un inconveniente: llegar hasta allí, un poco lejos de todas partes.

La visita de casi dos horas ha sido entretenida aunque no muy satisfactoria, he echado en falta más obra gráfica, que en definitiva es para lo que está dedicada y diseñada la feria. Puede que fuese yo quien no acertase a ver en realidad lo que diferencia a una feria especializada en una disciplina a una de contenido más global y generalista. Imagino que la galería en la actual situación de crisis quiere exponer todo su fondo y en éste siempre abunda más la pintura y alguna escultura, que siempre son bienvenidas para romper un poco la monotonía de una sola disciplina.

La obra gráfica creo que está comenzando a perder interés entre los artistas, e incluso entre los críticos, y me sorprende, por ejemplo, cuando leo en la crónica de ABC, argumentando los motivos por los que hay que ir a la feria: "1. EL ADIOS A LA SERICIÓN. Este es un momento en el que Estampa (re)nace con nuevos proyectos y objetivos, entre ellos dejar de ser una feria dedicada exclusivamente a la obra gráfica y seriada (algo que ya caía por su propia lógica dada la creciente hibridación del arte más actual) para abrirse a todos los lenguajes y estrategias de creación visual". Pues entonces: !Adiós al grabado! La globalización del arte está, pues, en marcha. Con tales argumentos la riqueza técnica que posibilita esta disciplina acabará perdiéndose ni apreciándose: litografía, calcografía, xilografía, serigrafía, fotografía, el buril, la punta seca, huecograbado, aguafuerte los ácidos... todos los grandes se han expresado a través de ellas según los tiempos de Durero a Holbein, Cranach, Goya, Doré, Chillida, Warhol, Hamilton... y son precisamente a estas técnicas para las que se hace la feria, y si en vez de explicarlas, valorarlas y documentarlas es mejor solaparlas bajo el valor añadido que proporciona un óleo o una escultura, pues mejor exponer en una gasolinera, por donde pasa más gente, que en una galería.

Hay gente que como yo es microcoleccionista, porque el presupuesto no nos da para más, y es precisamente la estampación la que posibilita tener una pequeña colección de obras con las que atenuar de alguna manera satisfactoria la necesidad de poseer una obra de arte. Recientemente me han regalado un monotipo, lo que me ha hecho inmensamente feliz, primero porque ya no puedo comprar obra, y segundo porque con taless actitudes esta obra de 40€ acabará siendo, por extinción de la especie, un verdadero tesoro.

Así que me dediqué a ver toda la obra sin desdeñar técnicas, y saludar a las galerías que tengo la suerte de visitar: Rafael Pérez Hernando,  Bat Alberto Cornejo, AstartéFernando Pradilla, Fernández Braso Estampa; charlar con algunas nuevas para mi como Liebre de MadridMaior de Pollença, Gaspar de Barcelona o Siboney de Santander; intentar conocer a alguno de los artistas que vienen a promocionar su obra, como fue el caso de Juan Francisco Casas, lo que es muy reconfortante, y por último poder profundizar en el conocimiento de la obra de un selecto grupo de artistas representativos de un país invitado, en esta ocasión de México.


Feria Estampa 2014, en Matadero Madrid, Paseo de la Chopera, 14, los días 9 al 12 de octubre de 2014.

Javier Calleja - Galería Rafael Pérez Hernando (Madrid)
Almelé y Bondía - Galería Astarté
Fernando Navarro - Galería Naranjas con Arte (Vila-real)
Pep Duran -  +R Maserre Galería
Sean Makaoui 
Juan Francisco Casas - Galería Fernando Pradilla (Madrid)

Ignacio Llamas - Galería Adora Calvo (Salamanca)
Vanessa Beecroft - Galería Maior (Pollença)
Emilio Pemjean - Galería Siboney (Santander)
Andy Warhol - Galería Juana Aizpuru (Madrid)
Santiago Ydáñez - Galería Invaliden1 (Berlín)
Susana Poyatos - Bustos Haute-Couture (Granada)
Juan Francisco Casas - Galería Fernando Pradilla
Páblo López Luz - Galería Arróniz (México)

sábado, 11 de octubre de 2014

Eduardo Iglesias: Los elegidos

Eduardo Iglesias autor de Los elegidos
Que el autor diga que va a desvelar la trama de su novela el día de su presentación es un acto, cuanto menos, de valentía y fue a partir de aquí cuando comencé a meterme de lleno en el coloquio de la presentación del libro. Esa demostración de confianza del autor en su obra he de confesar que me sorprendió.

Ayer, sin haberlo programado, fui a terminar la tarde escuchando la presentación del libro Los elegidos, del Eduardo Iglesías. Fue en el Salón de Actos de la Casa del Lector, en el Matadero de Madrid. Sobre el estrado las 5 personas que estaban interviniendo en la presentación. Al principio me quedé mirando las imágenes que iban pasando tras ellos de un monasterio abandonado. Me llamó la atención porque tenía un graffiti en uno de los muros, e inmediatamente me recordó al monasterio de Bonaval, uno de los pueblos negros de Guadalajara. Las imágenes y los textos que iban alternando, extracto de frases del libro, me fueron introduciendo sin darme cuenta en la charla entre el pintor Javier de Juan, el músico Alberto Iglesias, el escritor y cineasta Ray Loriga, el autor Eduardo Iglesias y el editor Enrique Murillo.

Alberto Iglesias, músico
La conversación, era cada vez más relajada, en realidad era un diálogo entre amigos que la hacía fluida, contaban sus cosas como si estuviesen en la mesa de un café o en el salón de su casa. Por fortuna no oí esos elogios tan al uso en estos actos, ni sé si los hubo, y fue cuando Eduardo Iglesias lanzó esa especie de órdago, asegurando que aún desvelando la trama de la novela sus lectores seguirían enganchados en la lectura, cuando presté más atención: El monasterio no era Bonaval sino uno abandonado  por la inundación del pantano de Yesa, en Navarra, lugar donde transcurre la acción, en la frontera con Aragón: un furtivo se refugia en un monasterio y forma una banda de atracadores a la que se van uniendo otros personajes entre ellos una mujer.

El relato continuó entre anécdotas y risas y cuando llegó el turno de preguntas sólo hubo una: la autoedición. Qué opinaba el editor Murillo sobre la autoedición, una práctica bastante habitual en estos tiempos. Fue ésta la parte que más me interesó de la presentación, la labor casi desconocida del editor, la persona encargada de leer, sugerir y decidir qué obra se va a publicar: "es quien recomienda al lector el libro, quien dice al público este libro es bueno"; y añadió que sin este consejero el libro autoeditado suele perderse en los anaqueles de las librerías y pasar desapercibido.

Ray Loriga, escritor y cineasta
Yo me quedé con esos dos rasgos de valentía; primero la del autor confiando plenamente en su obra, y segundo el del editor que selecciona y arriesga en la edición, cada uno en su labor. Al final el libro no pude comprarlo pero lo haré, la selección de frases y la frescura de la charla de los invitados lo hacen atractivo, "Bach es cojonudo pero te hace sudar. No te da descanso", "Al atardecer, cansancio, sudor y penas. Los dos caminan..."; la trama es sencilla y los diálogos directos, frases cortas, "estilo muy castellano", oí decir. Cuando lo lea seguro que no lo traeré aquí porque no sé hacer crítica literaria, han sido sólo esos dos rasgos de valentía los que me han persuadido a escribir esta entrada.


Los elegidos, de Eduardo Iglesias, Editorial Los libros del lince.

viernes, 10 de octubre de 2014

Matthias Kanter: Yellow of a dried lemon


Un trazo, o mejor dicho, una pincelada casi en tercera dimensión. Son como piezas que se han cortado y se han colocado ante un fondo cuidado, sin referencias, sin muros, sin árboles, sin mobiliario alguno. ¿Un enigma? Cuál es el tema del cuadro me pregunto ¿Cuál es la obra? ¿Y el personaje? Es como un juego de adivinanzas, porque la obra se intuye, y los personajes, y los elementos que lo componen, pero... Ese pero que deja en el aire el conocimiento inconcluso. Si no me ves, no existo. Y abro los brazos y me sonrío en mi ignorancia. Soy incapaz de atrapar el concepto y me entrego al juego y, sin embargo, los conozco, sé que los conozco a todos, es como el despertar de un sueño en el que difícilmente se reconocen ni personajes, ni diálogos, sólo que se ha tenido un sueño.

Uno tras otro los lienzos, faltos de personajes, comienzan a sugerir los elementos de las escenas: un cojín, una mesa, un diván, ¿pero quién los habita? Cuando termino de recorrer la galería me paro frente al mostrador. No sé, me enconjo de hombros y mirando fijo a uno de los cuadros comento: "Es Goya, éste es Goya". Es la galerista quien sonríe ahora. ¿Se había dado cuenta de mi desconcierto y esperaba mi reacción. Entonces me acerca una reproducción. "Sí, es Goya,.. Es ¡la parte por el todo!" El sinécdoque que aprendiera en primaria. Aquella figura se repetía aquí ahora, el todo era el Goya de quien se habían eliminado todos los elementos: Carlos IV, la reina, el príncipe, los infantes; sólo quedaba la parte: la pincelada, una pincelada por cada uno de ellos. Por fin había descubierto el juego, el juego extraño, maravilloso, una metáfora del arte por el arte.

Poco a poco voy desentrañando las obras y ya puedo empezar a emprender un diálogo con el catálogo: "Me interesa el contenido de un color, la discusión entre colores y las historias que resultan de ellas", dice Kanter. Mientras, uno tras otro surgen los personajes, el cardenal de Rafael, la Danae de Rembrandt, los personajes de Goya, Piero de lla Francesca, Bellini,... Y uno se pregunta cómo es posible hacer este viaje a través de la transgresión de la obra original. Todo es un largo proceso y quizá para comprender ese trayecto haya que buscarlo en la libertad del artista para interpretar de nuevo esas obras: "Creo que en la actualidad, la pintura moderna tiene su importancia cuando se refiere a sus posibilidades inherentes y está firmemente asentada en la manera en que se hace algo". Apunta, y añade más adelante: "El siglo XX ha impulsado el conocimiento de la pintura liberada de dogmas".

Es a partir de aquí cuando comienzo como espectador a interpretar con libertad estos clásicos, incluso me atrevería a decir, a desear ver una obra en particular, y disfrutar esa licencia que me libera de la "arbitrariedad" que imponía el canon o el manual de estilo: "Es el color, que define su propio sabor y cualidad intuitiva y emocional, el tema central de la tentativa de Matthias Kanter. Cómo encontrar un tono específico, cuán variado puede ser y qué asociaciones evoca".

Un juego encantador que se presta, sobre todo, a investigar en el propio conocimiento, que invita a descubrir rasgos escondidos en la pincelada original y hacerlo emerger en un trazo único y magistral, como si de un ensayo se tratase para vivir de nuevo la obra de Rembrandt o de Goya, y saborear el conocimiento que nos queda después de despreciar lo accesorio y quedarnos simplemente con la esencia. Esa esencia es el concepto que ha sabido estimular en mí con su obra, con su hermoso experimento: "Matthias Kanter piensa en color. Aparte de reflexionar sobre las pinturas de otros siglos, fotografía los detalles de su entorno, capturando así la paleta del momento, su textura y ambiente".


Yellow of a dried lemon, de Matthias Kanter en la Galería Astarté, en la calle Monte Esquinza, 8 de Madrid hasta el 25 de octubre de 2014.