viernes, 8 de agosto de 2014

Orbita


Siguiendo el recorrido que inicié en Espinosa de los Caballeros, a 2 kilómetros dirección Ávila, está Orbita, otra pequeña población dedicada a la agricultura y que como aquélla también cuenta con una iglesia excepcional. El pueblo aparece en el Poblamiento de 1250 como Orvita, su origen está en la repoblación que llevó a cabo Raimundo de Borgoña por orden de Alfonso VI, como vimos en la entrada anterior de Espinosa, aunque a diferencia de ésta que fue repoblada por colonos castellanos, en Orvita fueron riojanos o vasconavarros los pobladores. 

La iglesia, de estilo mudéjar, está situada en la parte más oriental del pueblo, y siguiendo a José Luis Gutiérrez Robledo, "tenía en su cabecera un ejemplar magnífico y único de este modelo de arquería. Tenía, porque a principios de la década de 1980 toda la cabecera se vino al suelo aunque ha sido reconstruida de un modo mimético y así podemos recuperar la imagen de lo que fue su cabecera altísima”. Y quizá sea ésta la parte más interesante de nuestra historia.

Dejé el coche junto a una fuente de piedra de cuatro caños y desde allí a cincuenta metros se ve la cabecera nueva de la iglesia. Hice las primeras fotografía y pregunté por quién podía abrir la iglesia y pronto dos personas me acompañaron y guiaron en la visita, aunque antes había tomado notas de la descripción que mi paisano Manuel Gómez-Moreno había hecho de la iglesia parroquial en 1900, 86 años antes del derrumbe: “Otra de las románico-mudéjares de la Moraña, y bien notable: por fuera, su ábside y presbiterio suben a gran elevación, aún más que en Barromán, no obstante habérsele derribado el último cuerpo: hoy sirve de campanario; antes dicen que fue fortaleza y así sería para en casos de apuro. A sus pies se prolonga la nave del templo, en parte rehecha, pero a lo largo del costado meridional arrímasele un pórtico, imitación interesante de los románicos de Segovia, si no de los asturianos y leoneses más antiguos”.
Respecto al ábside anota: “Ábside y presbiterio se adornan en su parte baja con esbeltas arquerías, como de costumbre; luego sube liso el muro por gran trecho, y en lo alto le taladran muchas ventanas, de arcos asimismo redondos y dobles, no sólo hacia el exterior, sino además en el lienzo que cae sobre la nave; encima quedan arranques de otra serie de arcos. Es de notar que el aparejo de cal y canto, ordinario en estos edificios, sufre excepción en el ábside, labrado todo con ladrillos alternativamente puestos en hiladas, ya tendidos ya de pie, mostrando sus cantos menores”.

Recuerdan Secundino y Eva, mis guías, que toda esta maravillosa obra se vino abajo la mañana del 16 de febrero de 1986, con un estruendo que sacudió todo el pueblo. Aquella mañana llovía con fuerza por lo que no había casi vecinos en la calle, y era de prever que la catástrofe ocurriese toda vez que el Obispado estaba advertido de que la torre amenazaba con derrumbarse. Se envió un arquitecto, según me cuentan, y se concluiría que la iglesia estaría en pie muchos años, más que el cura de la parroquia, que por cierto aún vive.

En el derrumbe también se pierden el altar mayor, el retablo de la Vera-Cruz y la sacristía, y sufren graves daños la nave principal y los dos retablos laterales. Para recuperar lo máximo posible de su patrimonio, se crea una organización con el objeto principal de restaurar los daños que ha sufrido el templo, una labor con “un proceso que dura más de 8 años”, según los paneles informativos instalados al efecto. Durante la restauración se apuntala el arco central, y una de las dovelas que son repuestas es obra de mi amigo y vecino de Mingorría, Germán de la Iglesia, por lo que tengo interés en verla, y descubro a la vez varias originales que conservan la marca de cantero.

Según Gómez-Moreno, a la izquierda del presbiterio, hay “un arco de piedra o de yeso, con adornos de la decadencia gótica, y debajo laude de pizarra con escudo y una inscripción: “Aquí están sepultados el muy noble caballero Antonio de Reinoso, hijo del muy magnífico señor Juan Ruiz de Reinoso, señor de la villa de Antillo, é doña Isabel de la Caveza su mujer – IVDXXXI”. Por desgracia, desorientados mis guías y yo comentando los efectos que tuvo en el pórtico el derrumbe, no supimos encontrar la inscripción, aunque sí nos entretuvimos con la historia del órgano de la iglesia.

Según Secundino, casi un tercio de los pies de la nave debió caerse en los años de 1700 que debió ser cuando se restauró o actuó sobre ella, la zona “en parte rehecha” a la que alude Gómez-Moreno, y se instala el órgano. Tras largos años en desuso y estropeado se decide su restauración para lo que se contrató a un fraile de Santander que, a falta de otros medios, al parecer la reparación corrió a cargo del pueblo, el fraile fue huésped del propio Secundino. Una vez restaurado hubo un concierto en el que el señor cura cantó con tal fuerza que en ocasiones no dejaba oír la angelical armonía del instrumento restaurado.

Todo esto lo comentábamos mientras Secundino, me mostraba con total devoción, sin saber yo de dónde la trajo, una reliquia de San Esteban, a quien está dedicada la iglesia. Hice fotografías de nuevo del exterior y ya cerrando la iglesia nos despedimos en el pórtico que José Luis Gutiérrez Robledo nos describe: "Además, como ya se ha dicho, tiene esta iglesia el único ejemplar de pórtico meridional de ladrillo de la provincia, Sólo se conserva de él el tramo cercano a la cabecera con un gran arco en su frente cubierto de esquinillas, recuadros en el manchón de esquina y tres arcos de medio punto más esbeltos y en recuadros hundidos en su frente. Sirve para insistir una vez más en las diferencias entre el románico y el mudéjar, ya que aquí el material condicionará claramente la arquitectura, resultando un pórtico que define un espacio distinto al de los pórticos románicos".

Y como es mi costumbre, esta vez no pude consumir ni hacer gasto alguno en el pueblo, aunque Secundino y Eva insistieron amablemente a invitarme al desayuno, porque el bar estaba cerrado, y es que son tan pocos los habitantes del pueblo, unos 70, que sólo abren unas horas al día. Ellos volvieron a sus asuntos y yo seguí camino de Gutierre-Muñoz, mi próxima parada, 2 kilómetros más al sur.


Para esta entrada he consultado la siguiente bibliografía:

Historia de Ávila, Tomo II, . Institución Gran Duque de Alba de la Diputación de Ávila. Caja de Ahorros de Ávila. Los artículos de Ángel Barrios García, Conquista y población, Ávila, 2000; y Tomo VGutiérrez Robledo, José Luis, Arquitectura Románica y Mudéjar. Ávila, 2013.

Catálogo Monumental de la provincia de Ávila, Gómez-Moreno, Manuel, Ed. Institutción Gran Duque de Alba y Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Ávila, 1983.


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