martes, 27 de mayo de 2014

Carmen Pastrana: Nicethingtosay


La exposición que Carmen Pastrana presenta en la galería Bat, Nicethingtosay, parece fácil dividirla en dos temas aparentemente sencillos. Uno las máscaras, un conjunto de obras que tienen como objetivo la capacidad de la artista en repetir un modelo al que va variando sólo en el colorido, como esas obras de Warhol con caras de Marilyn reproducidas una y otra vez cambiando sólo el color del pelo o la sombra de los ojos. La otra parte, más íntima, plagada de alegorías, me pareció un maravilloso sueño en el que la autora nos introduce en el mundo de los sentidos, de deseos, del surrealismo, de la capacidad de soñar.

Es esta segunda parte la que más me ha atraído. Parecía la representación de un sueño desbocado, unas veces dulce, otras imposible, donde el título de cada obra era un viaje sugerente: el yo que "se me escapa", como se escapan los pensamientos y los deseos inconfesables, de forma imperceptible; o como se nos escapa el alma en el vuelo imposible de máquinas, coches, héroes agazapados, casas a la deriva que "van llegando" arrastradas por un viejo aeroplano, sobre una banquisa que se desplaza a la deriva en nuestros sueños plagados de formas inconexas y hogares que nunca habitaremos, "desordenando los colores", dando forma al vacío y al silencio.

Me ha envuelto el espacio, el aire, entre el yo y ese ave que parece migrar a sueños más lejanos o más profundos, al nacimiento de una nueva idea, la cigüeña que vuelve  todos los años al mismo campanario, a la misma torre, o ese otro gigantesco yo que invade el jardín: "Mi jardín que no veo". Soñar, soñar, volar y jugar con los nombres, con las imágenes de los lienzos, jugar a volar en espacios abiertos y pensar que, como esa cigüeña, "Puede que sólo esté en su cabeza", que nada es cierto, como soñar con árboles de frutos deseados e imposibles, árboles rosas con racimos de billetes y coches de lujo.

El silencio, el blanco y el vacío imperan en la sala. No sólo observa el espectador, la misma autora es quien observa desde la obra su propio deseo; y ese silencio y esa soledad de la sala es la que más atrae, la que me permite ir de un lado a otro sin nadie que me entorpezca, sin otra mirada que se interponga a la mía, sin otros silencios que los que la autora quiera ofrecernos mientras paseamos por ese jardín de sombras como gigantes y colosos que pintara Goya en sus delirios. Y al final, vuelta al aire corrompido, al florero que respira embutido en una máscara, al aviador que se vive cada vuelo con un traje nuevo, la vuelta a la realidad mutante y a la cotidiana certeza de un aire no tan transparente.


Nicethingtosay, de Carmen Pastrana en Galería BAT, Alberto Cornejo, en la calle María de Guzmán, 61 de Madrid. Hasta el 14 de junio de 2014.

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