sábado, 15 de marzo de 2014

Florencia Rojas: Vírgenes


Ha sido un equívoco, un juego sobre todo con el tiempo, la llegada a destiempo, el adelanto inconsciente, que ha sido, sin lugar a dudas, mi mejor aliado. Cuando entras en la sala 6más1 para ver la exposición Vírgenes, de Florencia Rojas, te encuentras con una serie de 5 fotografías de gran formato, y 2 vídeos, de una belleza exquisita, sobrecogedoras. Cada una de ellas es una imagen que transfiere serenidad, vigor, inocencia, fragilidad y delicadeza. De haber estado solo, en medio de la multitud que se reúne para las inauguraciones, no hubiese percibido nada más. No es poco, desde luego, pero me hubiese dejado muchas sensaciones por descubrir, que poco a poco me fueron explicando y poco a poco fui descubriendo y rescatando para hacer un recorrido mental de los retratos.

La autora parece jugar con los términos de virgen: virginidad, incorruptibilidad, lo no profanado, la imagen ingenua de las modelos y la idealización de la Virgen, el personaje misterioso, la encarnación mística de la pureza. Los rostros están limpios, pero sin la expresividad que clama una reverencia. Son cinco rostros de cinco jóvenes a los que se han transferido la pátina, el reflejo, la impronta de una virgen tomada en una iglesia, de un interior ceremonioso trasladado al templo de la naturaleza, como jugando al regreso de la virgen primigenia encarnada en la delicada pose de Venus (Concepción), en la severa y arrogante mirada de Diana (Vera) o el en gesto inocente de una Atenea adolescente (Pauline).

Todo ello es posible. Pero tras estas imágenes no sólo están la transposición del ser virginal e inmaculado, también está el juego perverso del canon moderno de belleza, la virgen a la que se ha eliminado toda expresión humana, todo rasgo distintivo como si fuese un defecto a erradicar. Apartados, lejos de las imágenes idealizadas, casi pétreas, de estas vírgenes, dos vídeos que nos muestran a las modelos ante el reto de permanecer inmóviles, imperturbables al vuelo de una avista, al viento o al frío. Marina, uno de los vídeos, muestra a la modelo en el bosque, "la esencia, el fin, es que llore, sin provocar el llanto de forma artificial" me comenta David, "sólo el frío lo consigue". Estático, el rostro de Marina se contrae, lucha en la quietud, sus labios se entreabren y el dolor resplandece en unos ojos que empiezan a humedecerse. "Es, comento, el Stabat Mater, dolorosa, agotada del llanto, como en un lienzo renacentista", y las lágrimas, duras, brotan y se agotan a la vez que el vídeo se sume, al fin, en la penumbra de la sala.


Vírgenes, de Florencia Rojas, en la Galería 6mas1, en la calle Piamonte, 21 de Madrid.

No hay comentarios:

Publicar un comentario