jueves, 20 de febrero de 2014

Castillo de Fuente el Sol


En la anterior entrada salía de Fuensaldaña dirección a la última parada en la ruta de castillos por tierras de Valladolid: Fuente el Sol. Comenzaba a declinar el sol, el calor seguía siendo sofocante y temía no llegar a tiempo para poder tomar las fotografías, porque el castillo para mi era una verdadera incógnita. Dejé a un lado la fortaleza de Simancas, bordeé Tordesillas y el castillo de La Mota  en Medina del Campo, llegando hasta Ataquines. Desde allí una carretera prácticamente recta te lleva a Fuente el Sol, un pequeño pueblo de poco más de 300 habitantes. Al llegar casi no encontré a nadie, y al pasar frente a una casa vi un cartel que anunciaba carreras de galgos. Llegué al final del pueblo donde media docena de hombres charlaba a la sombra, sentados contra una pared de adobe. Les pregunté por el castillo y señalaron a mi derecha.


La historia del castillo de Fuente el Sol tiene muy poca bibliografía sobre la que documentarme. Ésta se inicia cuando el rey Fernando I de Aragón premia la fidelidad de su camarero, Álvaro de Ávila donándole la villa en 1413. Éste debe ser el (hierno de Mosen Rubín de Braquemonte)  "Álvaro Dávila Mariscal, y Camarero del Rey de Aragón que casó con Juana de Braquemonte, señor de las villas de Fuente El Sol y Cespedosa..." que menciona Mosén Rubín en su testamento. A su muerte en 1435 Álvaro de Ávila dona la villa en testamento a su hijo, Álvaro de Bracamonte, quien decidió tomar el apellido de su madre en vez de mantener el paterno, quien emparentó mediante matrimonio con la poderosa familia Álvarez de Toledo (Ducado de Alba) y es entonces, con la aportación de su mujer cuando decide construir el castillo en torno a 1470. Álvaro de Bracamonte era a su vez regidor de Arévalo y Medina del Campo, posición que aprovechó para obligar a los vecinos de ambas a aportar mano de obra forzosa para la construcción de la fortaleza.


El castillo sigue el patrón de la denominada Escuela de Valladolid: planta cuadrada con torres en los extremos, en uno de ellos es sustituida por una poderosa torre del homenaje. En Fuente el Sol no se pudo elevar la torre según estaba previsto por lo que, para mantener las proporciones, se optó por no elevar tampoco los muros, "por ello quedó poco esbelto y algo pobre". La torre debió ser mayor de lo que ahora conocemos, sobre todo por la robo de materiales que hizo desaparecer un piso superior y parte de los muros. Los materiales, muy pobres, tan sólo cuentan sillería en los ángulos de la torre del homenaje, y el en tránsito de ésta al patio de armas existe un vano encintado de grandes dovelas que es lo más llamativo. Al parecer tenía un foso defensivo en parte tallado sobre la roca.
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Sobre los Dávila y Bracamonte de la época, sólo encontré breves reseñas que no me aportaron mucho, y sí algo de confusión, además de la cita del testamento de Mosén Rubín que añade sobre los hijos de Álvaro de Ávila (el Mariscal): "Álvaro de Braquemonte, hijo mayor del Mariscal casó con la señora de Pinto, y no tuvieron hijos. Juan de Braquemonte, su segundo hijo casó con doña Teresa de Vargas en Truxillo, y procrearon a Diego de Braquemonte, y a Juan de Braquemonte." Cobos Guerra y Castro Fernández añaden en su libro que Álvaro de Bracamonte murió en 1486 y hubo un "ruidoso pleito por los bienes familiares entre Rubín de Bracamonte, su sobrino, y su hijo Juan, legitimado en 1488. Al final Rubín se quedó con Fuente el Sol" y a la muerte de éste lo heredó "su hermano Diego que en 1515 instituye el mayorazgo con "la fortaleza e casa que esta fecha en la dha villa de Fuente el Sol"." En la actualidad el patio de armas, propiedad del Obispado, es cementerio municipal; mientras que la torre del homenaje, que ha sido almacén y palomar, llama la atención la gran cantidad de palomas que hay en la torre, es de propiedad particular. Respecto a su estado actual se puede observar la consolidación llevada a cabo en la cubierta de la torre del homenaje.

Terminada la visita, y atosigado por los perros de la finca colindante, salí de nuevo dirección a Ataquines, donde cuenta la tradición que allí paró la Reina Isabel la Católica para descansar en un viaje entre Arévalo y Medina del Campo. Al dar los primeros pasos para estirar las piernas observó que tenía el cordón de un zapato desatado y llamando a su criada le ordenó: "Ata aquí, Inés", origen romántico del nombre de la población. Seguí la ruta bordeando Arévalo, ya en la provincia de Ávila, dejando su castillo majestuoso en la confluencia de los ríos Adaja y  Arevalillo a mi derecha dirección Ávila hasta Mingorría donde terminaba mi periplo por tierras de Valladolid.


Para preparar la visita y conocer mejor la construcción e historia del castillo, consulté los siguientes libros:
Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila , de Fray Luis Ariz, 1607 ed. Facsímil. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ávila, Ávila, 1978
Los castillos y fortalezas de Castilla y León, Martín Jiménez, Carlos M., Ed. Ámbito.
Castilla y León. Castillos y fortalezas, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, Ed. Edilesa.
http://www.monumentalnet.org/ Esta web es muy interesante pues ofrece información muy útil.

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