martes, 11 de febrero de 2014

El retrato y la muerte. Historia de una colección de fotografía post-morten


La Galería Rafael Pérez Hernando ofrece 2 exposiciones, una de ellas sobrecogedora, en la Cripta de la galería: El retrato y la muerte. Es una de esas muestras por las que uno no sabe por dónde empezar a comentar, porque va más allá de lo que nos tiene acostumbrado el arte. En cuanto se baja a la Cripta, la media luz y el silencio que se hace dueño del espacio, un cúmulo de sensaciones, pensamientos e imágenes ajenas se amontonan nada más ver las primeras fotografías, una  de esa docena de niños que parecen dormidos, pero que están muertos, en su caja, en su cuna o en su cama. "Las tomaban como recuerdo. Los padres contrataban a un fotógrafo que los retratara", era el último intento de retener al pequeño, se le preparaba como en un teatrillo, con un decorado humilde, para que posaran quietos y perpetuarlos de alguna forma.

Me vino a la memoria un lamento de mi abuela que me hablaba de aquellos años duros de post guerra, y no sé cómo me habló de su hijo, de su primer hijo, un niño que murió muy pequeño, se le inundaron los ojos de lágrimas y después de un pequeño suspiro sólo dijo: "mi niño". Mantener vivo ese recuerdo, retener esa última imagen idílica era práctica habitual desde que irrumpió la fotografía a mediados de 1800 y que se fue perdiendo cuando ya todo el mundo tenía una cámara, algunas de las imágenes de la colección, me dice Virginia, son de la década de 1980.

Al proyecto se ha unido una serie de fotografía de Olga Simón, que hace una intervención sobre una imagen del  Archivo Maximino Reboredo (Lugo). Un niño yerto sobre una cama o su caja, una mujer que se inclina sobre él, lo abraza y se aleja con el cuerpecito oculto entre su pecho, la cama se queda vacía, o la caja. ¿Qué ves? me pregunta Olga. "Es una imagen de como si la escena ya hubiese pasado, que se tomó cuando ya había ocurrido, una imagen imposible, parece más un deseo que una realidad". Me pide que lo escriba en un cuaderno. Hay poca luz y no tengo gafas, le digo. Detrás de mi un hombre escribe en el cuaderno de bitácoras si impresión

Es duro ver esas imágenes, pensé, esas vidas tronchadas tan temprano, cuerpecitos inocentes que no dejaban de evocar a León Felipe: "vi cómo se la llevaban / en un caja muy blanca..." Y al hilo de estas imágenes y ese silencio profundo que se impone en la Cripta leo que Rafael Pérez Hernando estuvo a punto de anular el proyecto, y si así hubiese sido nos habríamos quedado sin esa docena de imágenes tan amargas y esa estupenda intervención de Olga Simón tan llena de sentimiento y este homenaje al recuerdo que intentaban perpetuar, creo yo, más que una imagen un sentimiento.

Las fotografía son propiedad de Virginia de la Cruz Lichet, comisaria de la exposición, que ha hecho una selección de entre el centenar de su colección, material recogido para su tesis doctoral, Retratos fotográficos post-morten en Galicia.

El Retrato y la Muerte. La historia de una colección de fotografía post-morten, comisarada por Virginia de la Cruz Lichet y obra de Olga Simón, en Galería Rafael Pérez Hernando, en la calle Orellana, 18 de Madrid, hasta el 29 de marzo de 2014.

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