sábado, 11 de enero de 2014

Ángel Masip: Meteorismo



Parece estar todo fuera de lugar, es como el caos, como si las piezas se hubiesen caído y ahí se han quedado; ese cuadro no está centrado, está escorado a la derecha, todo a la derecha que puede estar, junto al rincón; las fotografías, en pliegos, como la resma de papel de un tendero, desorganizadas, colgando sin ritmo, sin ton ni son... Pero no, todo está desordenadamente ordenado. Cada cosa está en su sitio, cada detalle se ha estudiado con detenimiento, quizá con el único fin no restar la más mínima atención a cada obra.

Una exposición centrada en los meteoros, los meteoritos, en el espacio deshumanizado que trasciende un poco más allá del concepto que normalmente tenemos del mismo, como emulando la grandiosidad del firmamento que se nos abre en una noche sin luna, sin nubes, sin más luz que la propia luz de las estrellas sobre el fondo negro y la profunda nada infinita. Hubiese sido mucho más fácil recurrir a las declaraciones del Mayor Tom, y sus marcas de camisas, el éxito del lanzamiento, a Strauss y naves espaciales danzando por el vacío, a la voz reverberante del ingeniero de la NASA, el eco lejano del astronauta o al bip de la computadora obsoleta. Quizá sea lo más recurrente para estos casos, porque es difícil abstraerse del tópico y saber presentar las piezas como verdaderas protagonistas: lienzos, piedras, cristales, naturalezas muertas, fotografías en blanco y negro, el silencio, el vacío absoluto y el grandioso caos del espacio, todo ello ordenado por una simple fórmula o una palabra inequívoca: Meteorismo.

Es la sensación que tuve al entrar en la muestra de Ángel Masip en La New Gallery. La sala que se ha modificado completamente desde la anterior muestra, ha duplicado el espacio, el continente. "Es por amor al artista, a la obra". Hablamos del mal momento del arte y mi acompañante me mira incrédula, como si ese mal momento no existiese. Me explica, insiste, que falta amor al artista: creer en la obra del artista tanto o más como en uno mismo: "¡Por el arte!" brinda. Cada pieza tiene su espacio, el espacio que le pertenece, aislada del resto adquiere su propio protagonismo, sin perder el concepto de unidad que define la exposición.

Ángel Masip crea la obra y al pie de cada gran pieza nos da pistas, incluso argumentos para interpretarla. La galería proporciona el espacio, la ubica, la ambienta, te invita a la reflexión. Hay dos mundos; uno infinito, en blanco y negro, como la noche oscura que citaba antes, donde se mueven innumerables objetos sobre el lienzo y caen de él como una metáfora del exceso o la gravedad. El otro el individual, la pieza única, el meteoro yerto, refulgente, destellante y bello: rey de la creación caído en tierra, elevado al altar de una columna, objeto único de todas las miradas.

Y de entre este perfecto caos, el aparente orden desordenado, puede no ser más que una cruel metáfora, un capricho del creador, el meteoro inane, insustancial, vacío, evoca la dictadura del momento, la flatulencia que lo envuelve todo, quedarse en las primeras notas de Strauss y no trascender un poco más allá, creer que la obra es simplemente la primera impresión, el débil soporte de un lienzo y unos materiales dispersos. "Explicar la obra no es posible, ni siquiera deseable" me dice mi acompañante "detrás hay mucha gente, mucho soporte, el autor, el artista, el creador, la galería..." Se sonríe y alza el vaso de vino "¡Por el arte!". ¡Por el arte!


"Así como no hay una gran obra de arte que no haya surgido por amor, no hay tampoco una relación noble y productiva con la obra de arte ni no es por medio del amor". Hermann Hesse.

Meteorismos, de Ángel Masip, en La New Gallery, en calle Carranza, 6 de Madrid, hasta el 15 de febrero de 2014.


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