domingo, 19 de enero de 2014

Amparo Sard: La otra


Una de mis salas preferidas, aunque no la había traído aquí antes, es la del Museo ABC, quizá sea por esa especie de congoja que produce el caminar sobre tarima, que parece que uno va a hundirse a cada paso, cuando cruje el aire en cada movimiento y parece que se van a despertar los personajes de los cuadros; sea por la falta de ese silencio implícito que parece debe acompañar a una sala de exposiciones o que sea a su vez un lugar a caballo entre galería de arte y museo. Sea cual sea la causa es un lugar sugerente que dedica prácticamente su espacio al dibujo, al cómic y al diseño.

La exposición actual, de Amparo Sard no deja de sorprenderme por la apuesta, para mí, arriesgada y esto es muy sencillo de explicar, porque la vinculación que hace el museo con el dibujo es clara, sin embargo, las obras de Sard no están hechas con un solo trazo sobre el papel, sino con perforaciones, agujeros, punzadas, pinchazos en el papel, de mayor o menor grosor, que van perfilando las figuras y les da forma y relieve. Las obras, una a una, las perforaciones marcan los contornos y el grosor de éstas son los encargados de dar volumen y sombras a los retratos, pero en conjunto las obras carecen de estos volúmenes y casi de perspectiva.

Al entrar en la sala la primera percepción es la un todo grisáceo, uniforme y aséptico. La penumbra que la envuelve y los reflejos de los focos en los cristales de las enmarcaciones propician un ambiente de ensoñación, como si se transitara por una nube en la que cuelgan retratos fantasmales, íntimos e introspectivos, la antesala del submundo que la autora titula La otra, y lo que en principio parece un defecto se torna en virtud.

Retratos, insectos, amputaciones, movimientos retenidos en un instante como si se tratase de la obra de un taxidermista "donde la punción del papel -sin ningún otro elemento gráfico añadido-, perforado cientos, miles de veces con agujas o puntas hasta abullonarlo y conferirle un aspecto de bajorrelieve". Una serie de vídeos, cuatro, rompen el conjunto gris aparentemente plano, y dan color a la muestra: espejos, reflejos y lavatorios, dan movimiento a una quietud asfixiante que nos trae una bocanada de aire limpio y oxigenado, y nos regalar unos minutos para volver a sumergirnos en la atmósfera densa de la sala, donde el todo, de nuevo, parece etéreo.

La otra, pues, es para Sard y antes que nada, ella misma, con un sutil disfraz de distanciamiento, en un ambiente misterioso, clautrofóbico y sórdido -porque no se sabe si vive o si es un autómota, si es libre o está encerrada-, pero con un lenguaje poético, sin sangre, blanco, limpio, puro.



La Otra, de Amparo Sard, en Museo ABC, calle Amaniel, 29. Hasta el 3 de febrero de 2014.

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