martes, 28 de enero de 2014

Emerge 2014

Stream Weves de Sandra Artiñano
10 días. Sólo 10 días para exponer. Me gustan estas exposiciones colectivas de jóvenes recién salidos de las escuelas y facultades de arte, traen cosas nuevas, mueven ideas y atrapan nuevos conceptos. Ver a estos artistas que acaban de saltar a la palestra profesional es un ejercicio que me gusta hacer, y apostar por ellos, como hacen algunas galerías, en este caso Rafael Pérez Hernando, es encomiable, y aunque sólo sean 10 días es una aventura que pocos se deciden a tomar. Vendrán más, eso espero.

La Playa (video) de Josué J. Ruiz 
En la exposición, muy completa, hay una pequeña muestra de casi cada disciplina: escultura, pintura, instalación, vídeo y fotografía, algo realmente difícil de encontrar en una sola muestra. ¿Con qué obra quedarse? ¿Qué es lo mejor o qué es lo que más nos gusta? Es muy difícil definirse y dejar a alguno de los artistas fuera de una lista de preferencias. El día de la inauguración oí comentarios de todos los gustos, estaban mezclados artistas, amigos, parejas, familiares, era difícil saber quién era el autor, pero los comentarios iban en todos los sentidos. Las obras eran frescas y tenían un componente crítico, social e intimista.


3 días sin comer en una patera rumbo a España, el título de la obra de Viviana Silva ya por sí mismo es significativo. "Las imágenes que me interesan pertenecen a imágenes del "otro": del anónimo, del desparecido, del periférico", confiesa al comentar su obra: "asimismo, a fotografías de guerra y conflictos sociales, historias de gente desechada por la sociedad, de inmigrantes, exiliados y de mujeres..."

Las estética de Bifronte, (video instalación) y Hibridación (fotografía) de Nana Máez, plasma el estatus actual de la mujer, de su evolución social. El primero son 3 actos maravillosamente narrados: la sumisión, la duda y la decisión en la secuencia de un rostro maquillado hasta que se libera basados en tres textos de Shakespeare, Lope y García Lorca. En el segundo la hibridación de la mujer y el rol que desarrolla: de ser madre y las tareas domésticas a ser independiente, trabajadora y ambiciosa, dueña de su propio destino.

El aspecto antropológico de las relaciones humanas lo desarrolla Juan Carlos Rosa, en una instalación de 11 piezas de pequeño formato (8x6) de transferencias sobre lienzo: Lo importante es con quién compartes el plato, no de qué está lleno. El autor trata estas relaciones desde varios puntos de vista, desde el aspecto "de la pertenencia al grupo, falsas relaciones, derechos de imágenes, pérdida de intimidad, la relación público/privada, la memoria, el espacio/tiempo".

Sería muy extenso centrarse en cada una de las obras expuestas, la de Sandra Artiñano, las esculturas de Antonio Camaño, la propuesta de Ana Casado de retorno a la naturaleza y las no menos interesantes de Elisa de la Torre, los vídeos de Josué J. Ruiz, la pintura de Ignacio Muñoz Pidal,  o las propuestas de Alberto Rubio, Álvaro Rubio y Juancho Arregui.

Ignacio Muñoz Pidal
Emerge 2014 en la Galería Rafael Pérez Hernando, en calle Orellana, 18, de Madrid, hasta el 1 de febrero de 2014

viernes, 24 de enero de 2014

Pelayo47: Japón


 Hacía tiempo que intentaba volver a visitar la galería Pelayo 47 pero nunca coincidían nuestros horarios "ya sabe, el banco, las gestiones..." me dice. De esta galería hice una de las primeras entradas a en el blog. Fue sobre una exposición de un ilustrador que me traía a la memoria novelas policíacas. Dominaba el color amarillo de las iluminaciones, de personajes y electrodomésticos de los años 50, todo en tono amarillo. De esto hace casi un año, desde entonces la calle Pelayo está prácticamente igual, no sé si ha cambiado algún comercio pero junto a la galería sigue estando el anticuario, su a la izquierda, casi al final calle abajo, el dibujo de una copa de vino que anuncia un restaurante; más arriba el bar de estética homosexual donde suelo tomar un café, y en un entrante, una pieza de arte urbano que alerta: "Peligro osos". En la entrada de la galería, sigue estando un capazo con postales y revistas; sobre éste un cajón a modo de buzón con más postales que la gente se lleva. Tan solo una pieza nueva en la calle, en la acera de la izquierda, junto a un buzón verde de correos, el dibujo de un ángel firmado por Ze Dr. Es como si el tiempo, en este escaso año que ha transcurrido, se hubiese parado y sólo la presencia del ángel parece negarlo.

Era el preludio a la exposición de arte japonés, sobre el tiempo inamovible, el arte y la tradición que a los occidentales nos encanta ver: "el mundo de la flor y el sauce, así se conoce el entorno de las geishas", representado escenas costumbrista "tomadas en el Japón que comenzaba a abrirse a occidente a finales del siglo XIX": el palanquín, el samurai, las cortesanas, el dormitorio, el comedor, los peinados, las sedas, fotografías que "reflejan, con una cuidada puesta en escena, casi teatral, la mágica realidad que, ya en su momento plasmaran los artistas de las ukiyo-e", fotografías coloreadas a mano, en la que cada personaje y cada cosa están en su lugar, con ese orden y minuciosidad que se desprende de las costumbres orientales.

Si maravillosas son las fotografías no menos impresionantes son los rollos de papel de seda pintados. Se representan animales "los gestos del pincel dibujan animales sorprendidos en movimientos tan descriptivos de su fisiología, como exactos en los contornos de su fisonomía". Representaciones verticales de paisajes, aguas turbulentas y brumas donde una carpa brinca armoniosa entre la espuma del río en pos, quizás, de un insecto. "El conjunto es una magistral lección de dibujo y admiración de la naturaleza", son los Animales en el pincel, como si la esencia del dibujo, el color y la forma, reposaran entre las cerdas suaves del pincel dispuestas a saltar al papel y perpetuar el movimiento en un instante.

"Hay más" me dice señalando el interior donde hay una mesa, un expositor de libros y una pantalla de televisión casi en el techo donde van sucediéndose algunas imágenes de la exposición. Aquí hay más luz, es otro ambiente. Las imágenes de la pantalla se acercan y agrandan; están acompañadas de música suave, música japonesa con esa cadencia de notas que fluyen con tranquilidad y sosiego y dan la paz necesaria para la contemplación. Y en la pared una serie de dibujos, bocetos de jardines, un jinete, un puente y gatos acurrucados en el más íntimo de los sueños. Todo en blanco y negro, casi grisáceo. Son la esencia, la primera captura de la imagen transportada al papel transparente, delicado y sutil. Casi a escondidas, aprovecho un instante en que estoy solo, cierro los ojos e intento recrear las imágenes, todas las imágenes en mi mente, acompañándolas con la música de fondo que tal vez no tenga más allá de cuatro o cinco notas, que te hace sentir plenamente el tiempo reposado en las fotografías, en los rollos de papel de seda y en los bocetos. Y al abrirlos de nuevo se siente como un despertar, como haber salido de un sueño para permanecer en otro sueño, en la placidez de la sala que impregna y sustrae cualquier movimiento que sea más rápido que la propia respiración.

Me comenta con entusiasmo que han pasado muchas personas para ver la exposición, sobre todo jóvenes, que ven las obras con un silencio respetuoso, casi ceremonial, luego se llevan alguna postal, el que puede compra, me dice, el que no, disfruta, aprende y vive el arte tan de cerca y tan vivo, como la persona que tiene a su lado. Fue media hora, quizás algo más, un tiempo intenso y lleno de sensaciones que sólo esas imágenes podían transmitir en el ánimo y hacer el tiempo tan breve  y a la vez intenso en belleza.

La galería Pelayo47 está en la calle Pelayo, 47 de Madrid. La exposición está hasta primeros de febrero.

miércoles, 22 de enero de 2014

Elvis: El nacimiento del Rock'n Roll

Recuerdo vagamente aquel concierto de Elvis en Las Vegas. Lo había visto en televisión: lentejuelas, pañuelos y más pañuelos, gritos ensordeceros de fans y la voz, su gran voz. Siempre intenté comprender la pasión que desataba en la gente, el delirio extenuante de los espectador que vivían a la sombra del ídolo, con un fervor casi religioso, exagerado, casi enfermizo. Años más tarde leía que uno de los ídolos actuales, Bruce Springteen, una noche saltó la valla de Graceland, la casa de Elvis, para decirle en persona cuánto le admiraba.

Pero hubo un antes de toda esa vorágine, un tiempo en el que Elvis era un desconocido y, según cuenta el fotógrafo contratado por la discográfica RCA Víctor, Alfred Wertheimer, éste preguntó: "¿Elvis quién?" cuando le dijeron que lo fotografiase.

El nacimiento del Rock'n' Roll es el título con que se expone en Mondo Galería las fotografías que Alfred Wertheimer hizo en 1956. Era el primer año de profesional de Elvis. Son fotografías que aún se manteinen frescas, con cierta ingenuidad, porque Elvis pasaba literalmente de él, le dejaba hacer su trabajo y por eso las imágenes "han envejecido tan bien" (hoy Elvis tendría 78 años recién cumplidos). Detrás de cada fotografía Wertheimer anotaba lo que había captado en ese momento: la anécdota, el personaje, el lugar, y en la galería te proporciona una relación en el que están escritas estas anotaciones. El resto es pasearse por la sala y meterte en el ambiente de aquellos años con el fondo de una de sus canciones, porque vale la pena.

Yo no me extiendo más. Hay muchas entradas sobre la exposición y entrevistas a Al Wertheimer en los mejores periódicos. Os dejo unos enlaces por si os queréis hacer una idea de aquellos días, pero la oportunidad de visitar la galería y ver las fotografías, tan cerca, es un placer innegable. Como última opción pondré el único disco que conservo de Elvis, uno de esos chisporroteantes de 45 rpm que aún tienen la ceremoniosa necesidad de levantar la aguja, posarla y dejarla deslizarse sobre los surcos negros del vinilo, y arrancar de la voz poderosa del Rey del Rock una de sus mejores baladas.

El nacimiento del Rock'n' Roll de Alfred Wertheimer, en Mondo Galería, calle San Lucas, 9 de Madrid, hasta el 1 de febrero de 2014.


En la web de la galería: http://www.mondogaleria.es/index.php/en/
En Hoyesart para ver algunas de las fotografías y entrevista a Alfred Wertheimer:http://
bit.ly/1dvWIHJ

domingo, 19 de enero de 2014

Amparo Sard: La otra


Una de mis salas preferidas, aunque no la había traído aquí antes, es la del Museo ABC, quizá sea por esa especie de congoja que produce el caminar sobre tarima, que parece que uno va a hundirse a cada paso, cuando cruje el aire en cada movimiento y parece que se van a despertar los personajes de los cuadros; sea por la falta de ese silencio implícito que parece debe acompañar a una sala de exposiciones o que sea a su vez un lugar a caballo entre galería de arte y museo. Sea cual sea la causa es un lugar sugerente que dedica prácticamente su espacio al dibujo, al cómic y al diseño.

La exposición actual, de Amparo Sard no deja de sorprenderme por la apuesta, para mí, arriesgada y esto es muy sencillo de explicar, porque la vinculación que hace el museo con el dibujo es clara, sin embargo, las obras de Sard no están hechas con un solo trazo sobre el papel, sino con perforaciones, agujeros, punzadas, pinchazos en el papel, de mayor o menor grosor, que van perfilando las figuras y les da forma y relieve. Las obras, una a una, las perforaciones marcan los contornos y el grosor de éstas son los encargados de dar volumen y sombras a los retratos, pero en conjunto las obras carecen de estos volúmenes y casi de perspectiva.

Al entrar en la sala la primera percepción es la un todo grisáceo, uniforme y aséptico. La penumbra que la envuelve y los reflejos de los focos en los cristales de las enmarcaciones propician un ambiente de ensoñación, como si se transitara por una nube en la que cuelgan retratos fantasmales, íntimos e introspectivos, la antesala del submundo que la autora titula La otra, y lo que en principio parece un defecto se torna en virtud.

Retratos, insectos, amputaciones, movimientos retenidos en un instante como si se tratase de la obra de un taxidermista "donde la punción del papel -sin ningún otro elemento gráfico añadido-, perforado cientos, miles de veces con agujas o puntas hasta abullonarlo y conferirle un aspecto de bajorrelieve". Una serie de vídeos, cuatro, rompen el conjunto gris aparentemente plano, y dan color a la muestra: espejos, reflejos y lavatorios, dan movimiento a una quietud asfixiante que nos trae una bocanada de aire limpio y oxigenado, y nos regalar unos minutos para volver a sumergirnos en la atmósfera densa de la sala, donde el todo, de nuevo, parece etéreo.

La otra, pues, es para Sard y antes que nada, ella misma, con un sutil disfraz de distanciamiento, en un ambiente misterioso, clautrofóbico y sórdido -porque no se sabe si vive o si es un autómota, si es libre o está encerrada-, pero con un lenguaje poético, sin sangre, blanco, limpio, puro.



La Otra, de Amparo Sard, en Museo ABC, calle Amaniel, 29. Hasta el 3 de febrero de 2014.

viernes, 17 de enero de 2014

Roldán y Ferragut

Capitel en calle San Pedro de Cuenca
En Cuenca, bajando la calle de San Padro, que va desde el castillo hasta la catedral, a la izquierda hay un solar con los restos de un edificio que tiene una columna en cuyo capitel puede adivinarse, por lo desgastado, una lucha entre caballeros. En la iconografía medieval es muy habitual encontrar escenas que narran un episodio en particular, manera que en aquella época se escribían las historias para un pueblo que no sabía leer y que, por lo general, eran hechos referidos a las luchas entre cristianos y musulmanes.

Caballero capturando a un musulmán
Santa Mª Real de Nieva
Este capitel me recordó a otra escena que está representada en el maravilloso claustro de Santa María la Real de Nieva (Segovia), en la que un caballero cristiano abate a un musulmán y en el reverso del capitel aparece el musulmán llevado prisionero. Pero quizás el que mejor puede explicarnos una historia completa es el capitel que representa la lucha entre Roldán y el gigante Ferragut en el Palacio de los Reyes de Navarra en Estella (Navarra).

La historia tiene lugar cuando la práctica totalidad de la Península está bajo dominio musulmán. En 777 dos emisarios árabes llegan a la corte de Carlomagno en Paderborn (Sajonia). Eran los enviados por Al-Arabí, gobernador de Zaragoza, y su aliado Al-Hussayn, gobernador de Barcelona. Estos piden ayuda para derrotar Abderramán I y reconquistar CórdobaCarlomagno acepta y arma dos ejércitos que entrarán en 778, cada uno, por un lado de los Pirineos. Carlomagno penetra por occidente al mando de uno de los ejércitos; llega a Pamplona  y desde allí se traslada a Zaragoza. El otro ejército, que entra por oriente, llega a Barcelona, pero allí no les permiten entrar, así que continúan hasta Zaragoza donde se junta con el de Carlomagno; pero tampoco les permiten entrar. ¿Qué había hecho cambiar de opinión a los gobernadores de Barcelona y Zaragoza? La cuestión es que Carlomagno decide poner sitio a Zaragoza, durante el cual recibe noticias de una sublevación en Sajonia, entonces opta por levantar el asedio y volver junto a todo el ejército por el lado occidental. Para no irse de vacío, toman y saquean Pamplona, y desde allí el grueso de sus tropas cruza los Pirineos por Roncesvalles el 15 de agosto, pero la retaguardia, que llevaba las provisiones, botines, tesoros y rehenes, es atacada y aniquilada por los vascos. Entre los muertos estaban los mejores caballeros del palacio de Carlomagno, y entre ellos su sobrino Roldán.

Roldán, a la derecha, clava su lanza en el ombligo de Ferraut, a la izquierda

Ferragut llega al combate
El fracaso de la expedición, sin haber alcanzado objetivo alguno, obligó a los cronistas carolingios a ensalzar magnificando tanto la empresa de Carlomagno, como la figura heróica de Roldán y su épico final difundido en todo el Imperio Carolingio, a través de la Canción de Roldán. Además hubo otras obras que se encargaron de elevar, aún más si cabe, la figura de Roldán narrando luchas épicas y hechos memorables entre los que destaca su enfrentamiento con el gigante Ferragut, una de las primeras leyendas que se extendieron por el Camino de Santiago.

Lucha a pie entre Ferragut y Roldán 
Según la Historia de Turpin, durante aquellos acontecimientos recibió Carlomagno la noticia de que cerca de Nájera (La Rioja) había un gigante llamado Ferragut que había llegado de Siria junto a 40.000 turcos para enfrentarse a su ejército. Ferragut tenía la fuerza de 40 hombre y no temía a las armas. Carlomagno envió a varios de sus mejores caballeros a luchar contra él y todos fueron derrotados uno a uno. Roldán  pide permiso para medirse al gigante y a duras penas lo obtiene de su tío. Pelearon durante varios días sin conseguir en este tiempo Roldán herir ni vencer al gigante musulmán. En uno de los descansos, y dentro de la cortesía caballeresca, tienen un debate dialéctico sobre religión y acuerdan que el vencedor será aquél que tenga al verdadero Dios de su lado. En la conversación Ferragut le confiesa que su fortaleza consiste en que es inmune a las armas y a los golpes y que sólo tiene un punto vulnerable: el ombligo. Al reanudar la lucha Roldán consigue derribar al gigante y atravesar con su daga el ombligo de Ferragut saliendo victorioso de la contienda y demostrando que el dios cristiano era el único y verdadero.

Para esta entrada he consultado varios textos aunque el más completo ha sido La Conquista árabe 710-797, Roger Collins, Editorial Crítica.
También me ha sido muy útil el magnífico trabajo de Francisco Crosas López sobre la expedición de Carlomagno, la gesta y muerte de Roldán, que se puede consultar en:  http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=roldan

sábado, 11 de enero de 2014

Ángel Masip: Meteorismo



Parece estar todo fuera de lugar, es como el caos, como si las piezas se hubiesen caído y ahí se han quedado; ese cuadro no está centrado, está escorado a la derecha, todo a la derecha que puede estar, junto al rincón; las fotografías, en pliegos, como la resma de papel de un tendero, desorganizadas, colgando sin ritmo, sin ton ni son... Pero no, todo está desordenadamente ordenado. Cada cosa está en su sitio, cada detalle se ha estudiado con detenimiento, quizá con el único fin no restar la más mínima atención a cada obra.

Una exposición centrada en los meteoros, los meteoritos, en el espacio deshumanizado que trasciende un poco más allá del concepto que normalmente tenemos del mismo, como emulando la grandiosidad del firmamento que se nos abre en una noche sin luna, sin nubes, sin más luz que la propia luz de las estrellas sobre el fondo negro y la profunda nada infinita. Hubiese sido mucho más fácil recurrir a las declaraciones del Mayor Tom, y sus marcas de camisas, el éxito del lanzamiento, a Strauss y naves espaciales danzando por el vacío, a la voz reverberante del ingeniero de la NASA, el eco lejano del astronauta o al bip de la computadora obsoleta. Quizá sea lo más recurrente para estos casos, porque es difícil abstraerse del tópico y saber presentar las piezas como verdaderas protagonistas: lienzos, piedras, cristales, naturalezas muertas, fotografías en blanco y negro, el silencio, el vacío absoluto y el grandioso caos del espacio, todo ello ordenado por una simple fórmula o una palabra inequívoca: Meteorismo.

Es la sensación que tuve al entrar en la muestra de Ángel Masip en La New Gallery. La sala que se ha modificado completamente desde la anterior muestra, ha duplicado el espacio, el continente. "Es por amor al artista, a la obra". Hablamos del mal momento del arte y mi acompañante me mira incrédula, como si ese mal momento no existiese. Me explica, insiste, que falta amor al artista: creer en la obra del artista tanto o más como en uno mismo: "¡Por el arte!" brinda. Cada pieza tiene su espacio, el espacio que le pertenece, aislada del resto adquiere su propio protagonismo, sin perder el concepto de unidad que define la exposición.

Ángel Masip crea la obra y al pie de cada gran pieza nos da pistas, incluso argumentos para interpretarla. La galería proporciona el espacio, la ubica, la ambienta, te invita a la reflexión. Hay dos mundos; uno infinito, en blanco y negro, como la noche oscura que citaba antes, donde se mueven innumerables objetos sobre el lienzo y caen de él como una metáfora del exceso o la gravedad. El otro el individual, la pieza única, el meteoro yerto, refulgente, destellante y bello: rey de la creación caído en tierra, elevado al altar de una columna, objeto único de todas las miradas.

Y de entre este perfecto caos, el aparente orden desordenado, puede no ser más que una cruel metáfora, un capricho del creador, el meteoro inane, insustancial, vacío, evoca la dictadura del momento, la flatulencia que lo envuelve todo, quedarse en las primeras notas de Strauss y no trascender un poco más allá, creer que la obra es simplemente la primera impresión, el débil soporte de un lienzo y unos materiales dispersos. "Explicar la obra no es posible, ni siquiera deseable" me dice mi acompañante "detrás hay mucha gente, mucho soporte, el autor, el artista, el creador, la galería..." Se sonríe y alza el vaso de vino "¡Por el arte!". ¡Por el arte!


"Así como no hay una gran obra de arte que no haya surgido por amor, no hay tampoco una relación noble y productiva con la obra de arte ni no es por medio del amor". Hermann Hesse.

Meteorismos, de Ángel Masip, en La New Gallery, en calle Carranza, 6 de Madrid, hasta el 15 de febrero de 2014.


domingo, 5 de enero de 2014

En busca de la obra perdida

Era el mes de abril de 1981, lo sé porque está escrito en la parte superior derecha de la primera página del primer volumen de En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann. Hacía unos meses me había licenciado del Ejército y aún no acababa de recuperar el ritmo de la vida civil. Me pasaba las horas en el trabajo y de allí a casa. Allí dibujaba, pintaba o simplemente me dedicaba a leer. Casi no salía. Una tarde se presentó mi primo, que es un par o tres años menor que yo, y me pidió un favor. Me enseñó una fotografía tipo carnet, de esas de 2x3, y me pidió que la dibujara y, claro está, estaba dispuesto a pagármelo. Le dije que muy bien, que si lo quería, en óleo, tinta china o carboncillo. Me dijo que nada de eso, quería un dibujo a lápiz, en una lámina normal y corriente. Acordamos que me pagaría en especies, no quería cobrarle a un familiar, y le pedí el segundo tomo de la obra de Proust, A la sombra de las muchas en flor. He de aclarar que tuve siempre mis dudas porque, aunque era mi primo nunca fue una persona de fiar, me arriesgaba a no cobrar nunca si le pedía dinero, por eso decidí aceptar como pago el libro.

Una semana después pasó por mi casa de nuevo para recoger la obra, un retrato hecho con lápices Stadtler creo recordar, porque nunca he utilizado otros. No había traído el libro como habíamos acordado. Me aseguró que se olvidó del título y que por favor le diese el dibujo y el título del libro escrito en un papel. Se marchó con el dibujo y no volví a verlo, ni a él ni al libro. Una mañana de sábado me lo encontré y discutimos por el asunto del retrato. En vista de que no estaba dispuesto a pagarme decidí acompañarlo hasta su casa hasta que consiguiese cobrar. A mitad del camino apareció un motorista que tuvo la mala fortuna de caer de la motocicleta. Fui a ayudarle y cuando conseguí levantar al accidentado mi primo ya había desaparecido.

Había transcurrido aproximadamente un año de aquello  y tuve que ir a casa de mi tía no recuerdo por qué asunto. Entré en el salón y allí estaba, entre ardillas disecadas, jilgueros y abubillas también disecadas y una colección de repujados de cuero desperdigados por paredes y muebles, porque mi tío era cazador y en sus ratos de ocio, durante las vedas, trabajaba el cuero. Como digo, allí estaba mi dibujo, enmarcado, presidiendo el salón. Me quedé mirándolo con atención, porque cuando uno está frente a una obra propia encuentra sus defectos y sus virtudes e indefectiblemente se le va la mirada a ellos. Estaba embelesado mirándolo cuando oí a mi tía preguntarme si me gustaba, que era la novia de su Antonio y que él la había dibujado. Obviamente le dije que no, que el dibujo era mío. Ella insistió y me llevó ante el retrato para que viese la firma. Estaba firmado por él. Había borrado mi nombre y la había puesto el suyo, aunque aún se podía distinguir, muy débil, parte de mi nombre debajo del suyo, el cristal lo disimulaba bastante.

Es lo que tiene trabajar para encantadores de serpientes, y como se suele decir, uno puede elegir casi cualquier cosa en esta vida menos a la familia, porque ésta te viene dada al nacer. La cuestión es que mi primo acabó casándose con su novia e imagino, todo esto ya son elucubraciones mías, que se llevaría el retrato a su casa. Con el tiempo se divorciaron, e imagino también que ni él ni mi tía querrían tener el retrato de aquella chica; y ella un cuadro firmado por él. Así que la cuestión ahora consiste en saber qué habrá sido de mi dibujo y quién lo tendrá, si es que aún existe, si lo tiene alguien o quizá lo vendiesen, lo destruyeran o lo tenga algún descendiente de la pareja. Sea cual sea su estado o propietario actual, no dejará de ser un dibujo mío firmado por un impostor y nadie, si no se fija lo suficiente, sabrá reconocer que debajo de esa firma está mi nombre.


jueves, 2 de enero de 2014

Castillo de Fuensaldaña


Visitar el castillo de Fuensaldaña, a escasos 7 kilómetros de Valladolid, fue una pequeña odisea. Venía de ver el castillo de Portillo y tuve que cruzar Valladolid en plena hora punta, pero valió la pena. Fuensaldaña es una de esas fortalezas que, como la de Aunqueospese, no tienen una finalidad defensiva, sino que se construyó como residencia señorial. Su estilo es conocido como Escuela de Valladolid: planta cuadrada con torreones circulares en las esquinas, potente torre del homenaje que solía tener una relación de altura con el lado central de la construcción, la de Fuensaldaña tiene una altura de 34 metros. La suya es una historia muy ligada a los personajes que lo construyeron y habitaron, y al parecer siempre estuvieron en el lugar equivocado, más que a los acontecimientos históricos.

El castillo se comenzó a construir a mediados del siglo XV por Alonso Pérez de Vivero, Contador Mayor del rey Juan II de Castilla, lo que venía a ser ministro de Hacienda en la actualidad. Este personaje se fue haciendo, mediante compras, con todos los terrenos señoriales de Fuensaldaña, lo que tardó casi 20 años en conseguir e iniciar las obras en las que empleó a un grupo de moros cautivos de su propiedad, dirigidos por el maestro cantero Mohamad. Alonso Pérez estuvo inmerso en una conjura urdida por la reina Isabel de Portugal, mujer de Juan II, contra el condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, la conjura fue descubierta y el condestable ordena su asesinato en Burgos en 1453.

Las obras las continuó su hijo y sucesor, Juan de Vivero, vizconde de Altamira. Este personaje fue famoso porque los futuros Reyes Católicos se casaron en 1469 en su palacio de Valladolid. El hecho tiene su enjundia toda vez que su hijo, Alfonso de Vivero, al estallar la guerra de sucesión tras la muerte de Enrique IV de Castilla, entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, tomó partido por la princesa Juana. Tras la victoria de Isabel, Alfonso es castigado y confiscado el castillo hasta que en 1480 consigue el perdón real y le es devuelta la propiedad. Sin embargo, poco después es acusado de asesinar a su esposa, doña Elvira de Quiñones y la fortaleza le es de nuevo confiscada y no la recuperará hasta 1490.

En poder de nuevo de los Vivero, en 1519, el hijo y sucesor de Alfonso, Juan de Vivero, es acusado también de matar a su esposa, doña Mencia Sarmiento que al parecer le engañaba con el alcaide del castillo, Gracián Astete, a quien también apuñala y deja al borde de la muerte. La sentencia contra el celoso esposo y asesino no deja de ser singular:  "...le prendan el cuerpo y preso le hagan subir encima de un asno e con soga de esparto a la garganta desnudo de la cinta arriba atadas las manos e con pregón público le sean dado cien azotes públicamente por las calles e lugares acostumbrados de la tal ciudad villa o lugar do ansi fuese preso lo cual ansi hecho le metan en un saco de cuero y encierren con el un can e un gato e una culebra e un ximio e cosan la boca de dicho saco y lo lancen a la mar o en el rio o pielago mas ondo que fuere mas cerca del dicho lugar donde se ejecute y este alli hasta que naturalmente muera". La sentencia es de 1520, por estos hechos le es confiscado el castillo. Pero no acabó aquí el asunto ya que ese mismo año, pero enmarcado en los hechos de la Guerra de las Comunidades, la fortaleza acoge a las tropas comuneras sin oponer resistencia, hay que tener en cuenta que al no ser una fortificación defensiva carecía de guarnición y apenas si contaba con media docena de defensores. En febrero de 1521 la Comunidad de Valladolid ordena su demolición, que afortunadamente no llegó a ejecutarse. Dos meses más tarde, el 23 de abril de ese año de 1521 las tropas comuneras, que habían salido del castillo de Torrelobatón, son derrotadas en Villalar.

En un salto en el tiempo, durante el cual el edificio se deteriora de forma progresiva y alarmante, ya en el siglo XIX el Marqués de Alcañices lo destina a labores agrícolas. En el siglo XX el castillo es comprado por la Diputación de Valladolid que lo restaura para albergar un parador de turismo, una vez concluidas las obras se desecha la idea. Finalmente la Diputación cede el edificio en 1983 para acoger las Cortes de Castilla y León. Se realizan nuevas obras y el patio de armas se techa y pasa a ser el Hemiciclo. Lo reducido del edificio para tal institución, falta de dependencias, carece prácticamente de ascensores, obliga finalmente a trasladar las cortes castellanoleonesas a Valladolid en 2007. Desde entonces la fortaleza se queda sin función alguna.

En la actualidad sólo tiene una función turística y celebración de actos culturales. El día que lo visité había una muestra de vestidos medievales y una curiosa e interesante recreación del cuadro Los desposorios de los Arnolfini, de Jan van Eyck, pintor que durante la primera mitad del XV anduvo por esas tierras. También es de destacar que durante última etapa del siglo XX las mujeres de la limpieza se quejaron de que por el edificio corrían las almas de las dos mujeres asesinadas por los Vivero, hecho insólito que añade a estas historias un tinte romántico. En definitiva, se pueden visitar prácticamente todas sus dependencias y recorrer el adarve en su totalidad, lo que no deja de ser emocionante, aunque no se pueda acceder a la torre del homenaje.

La guía,  la visita siempre es guiada, me relató prácticamente todo lo que he contado aquí, pero he vuelto a recuperar mis fuentes con las que preparé la excursión, para la consulté sobre todo:
Castillos y Fortalezas de Castilla y León, Cobos Guerra, F. y Castro Fernández, J.J. de, editorial Edilesa, León, 1998.
Los castillos y fortalezas de Castilla y León, Martín Jiménez, Carlos M., editorial Ámbito, Valladolid, 2003.
Castillos de Castilla y León, Gutiérrez, J.M.,  Edical, Valladolid, 2007.
También es interesante visitar http://galeon.com/castillofuensaldana/fuensaldana.html