viernes, 13 de diciembre de 2013

Mercedes Solé: El Museo del Prado en pedazos

Junto a Las Meninas, a su izquierda, está el retrato de Felipe IV vestido de cazador, y cada vez que visito la sala del Museo del Prado me paro a contemplar este cuadro, no por el rey sino para ver el perro que posa junto a él. No me suele pasar con muchas obras porque en casi todas, y como a casi todo el mundo, me gusta recrearme en la obra completa, en la escopeta, en la mirada del rey, en el paisaje o en la postura que parece rectificada; pero a mi lo que realmente me gusta es la expresión del perro y si tuviese que quedarme con un trozo del cuadro sería éste, el perro.

Esto es lo que ha hecho Mercedes Solé con una serie de obras del Museo del Prado. Ha escogido los fragmentos que más le gusta de cuadros famosos: la mano del Caballero del Greco, el cuervo con la hogaza de pan de San Antonio Abad de Velázquez, la cabeza del caballo del Duque de Lerma de Rubens o alguna de las Hilanderas. Ha ido pintando esa sección, la que a ella le gusta, nada más, prescindiendo del resto de la obra, y luego le ha dado "un toque personal sobre el metacrilato" que las protege a modo de cristal: unas perlas en el cuello de una de las Las tres Gracias de Rubens, unos tubos de óleo sobre la paleta del pintor renacentista, un recorte del reflejo de Felipe IV junto al perro de las Meninas, las flores de Las Floreras de Goya o la delicada figurilla de la diosa mesopotámica  Ninkasi junto a la copa de un bodegón de Zurbarán.

Mercedes Solé, artista y copista del Prado, es lo que muestra satisfecha, un conjunto nuevo y personal, la copia de un fragmento y la intervención sobre él, es la forma que tiene de "situarse de forma natural en el interior de la obra que le inspira, tal hiciera con tanta brillantez el que tan notablemente incrementara la producción de los grandes artistas con que convivió" escribe Antonio Leyva en la tarjeta de presentación.

Ahora le toca a cada uno elegir un cuadro, seleccionar un fragmento y jugar mentalmente a qué nos sugiere sólo un trozo de esa obra maestra, aunque no nos atrevamos a pintarla como hace Solé, sino como un ejercicio mental y descubrir sentimientos como el melancólico aburrimiento del perro de Felipe IV de Velázquez.

El Museo del Prado en pedazos, de Mercedes Solé, en Galería Orfila, en calle Orfila, 3 de Madrid.

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