lunes, 16 de diciembre de 2013

Camerún


Para hacer esta entrada me he documentado sólo porque el concepto europeo de lo que es y representa una máscara o una estatua no me servía para esta exposición. Las máscaras y estatuas, presentes en todas las civilizaciones, tienen un sentido mágico desde épocas primitivas, pero el sentido que los europeos en general les damos no es el mismo que los pueblos centroafricanos dan a sus producciones, al igual que el sentido de la muerte, la pérdida de un familiar, tampoco es el mismo.

"Una máscara o una estatua africana suele ser un objeto ritual. Lo que en occidente se define como objeto de arte es, antes que nada, un objeto útil en el contexto de un marco cultual determinado". La máscara está asociada a la vestimenta y el baile de la que forma parte; la estatua lo está al antepasado y sólo tiene sentido en el ámbito del culto familiar y en los ritos. "El ser humano perduraba en su esencia. Sólo una parte del difunto, que ya ha adquirido el rango de ancestro, desaparece: su aspecto carnal, su cuerpo. La permanencia entre los suyos, el mundo de los vivos, está garantizada a perpetuidad", de esta forma el fallecido pasa a tener otro estado, se transforma y adquiere otra dimensión: la inmortalidad.

Esta fue la primera lección que intenté aprender para poder comprender la exposición y la belleza extraordinaria de las piezas. De todas formas no podía evitar que me trajeran al recuerdo y las vinculase con nuestra cultura occidental europea; y la primera propuesta fue rescatar del recuerdo ese deseo de vuelta al pasado que pregonaron algunos artistas de principios del siglo pasado, el primitivismo que vemos en obras de Picasso, Braque o Modigliani cuando buscaban una salida a los cánones impuestos a través de los siglos y que habían perdido toda expresividad y naturalidad. Le pregunté a otro invitado qué opinaba de las obras. Me dijo que le atraían sobre todo los tocados y el pelo de las máscaras; a mi, sin embargo, me llamaba la atención los rasgos exagerados y la laxitud de las formas en algunos casos, la expresividad y las escarificaciones que el personaje representado trasladaba a la máscara, una transmisión de personalidad, quizá, y con esa idea podía imaginar, quizá también, un aspecto mucho más íntimo del personaje representado.

Entre las esculturas, había varias, destacaba una Maternidad, que recuerda a una virgen románica con el niño, y una impresionante Reina Mafo hecha de cuentas menudas engarzadas a modo de collares y pulseras rojizas, y frente a ellas un guerrero en pose intimidatoria, sujetando un puñal con ambas manos y una expresión de fiereza sobrecogedora.
La exposición la completan otras piezas de uso cotidiano: espantamoscas, reposacabezas, asientos, tocados y una selección de fotografías de José Ramón Bas.

Tal vez todas estas obras sean como los restos de un naufragio; todo lo expuesto: máscaras, esculturas, muebles y útiles de madera no suelen tener mucha duración en su entorno natural, como máximo 10 años si no han sucumbido antes a los insectos y la humedad, por eso lo extraordinario de estas piezas, verdaderas mediadoras entre el mundo visible y el mundo sagrado, el nexo de unión entre los vivos y los muertos, la expresión visible de los espíritus. Este valor mágico, que nadie tema, se pierde al terminar la ceremonia en la que han sido utilizados, y a partir de entonces no deja de ser más que una obra de arte, que es el sentido que tiene para nosotros.

La muestra cuenta con la colaboración de la Embajada de Camerún y fue emocionante asistir al evento y oír al embajador saludar a los presentes y a sus colegas de Sudáfrica y Congo, de ahí el valor de la exposición y un casi certificado de autenticidad, una muestra traída desde sus orígenes y en parte avalada por los hijos de los autores. Una muestra realmente extraordinaria.

Camerún en Edith Mbella Gallery, en calle Marqués de Cubas, 8 de Madrid.

Para documentarme sobre máscaras, estatuas y rituales he consultado: Negro. Arte Centroafricano, catálogo de la exposición del mismo nombre celebrado en el Centro de Arte Complutense de Madrid, 2010.

No hay comentarios:

Publicar un comentario