viernes, 8 de noviembre de 2013

Schkak Mareské



A veces, algunas veces, conviene relajar el espíritu y refrenar el ímpetu con el que las cosas, todas las cosas, nos arrollan. El arte y la vida actuales tienen mucha prisa; es la servidumbre que debemos pagar al conceptualismo, a los tiempos modernos y a veces, algunas veces, a la abstracción y a los enrevesados vericuetos de la competitividad. Por eso conviene de vez en cuando sumergirse en un poema de Bukowski, del amor a su gato o a la sinfonía última de Mahler que oyó casualmente en la radio mientras se mecía, sosteniendo una botella de vino barato, frente a la ventana de su apartamento. A veces, como digo, me gusta frenar, parar y dejar a un lado mi desordenado y compulsivo gesto de ver cuanto se pone frente a mi, de leer cuanto cae en mis manos y oír cuanto suena a mi alrededor. A veces conviene pararse a oler en la alacena el aroma que desprende el té con bergamota, o las sábanas en las que reposaron unos membrillos recién cortados, como hacía mi abuela o mi madre, al abrir el cajón del armario.

Con este espíritu me sumergí en la exposición de Schkak Mareské, y de entre todos, en uno que me recuerda a Pissarro, uno que está alejado de la sinfonía de flores, frutas y bodegones que inundan la sala: membrillos, melocotones, nueces, lirios, crisantemos, cebollas, o una granada abierta,entre tan solo un retrato, pequeño y discreto, y ese paisaje pissarriano que me enamora. Oigo que pinta los productos que cultiva en su huerta. Me giro y no veo ningún gesto nervioso, alguien saluda al artista. Tiene una sonrisa afable y generosa.

Nadie lo menciona pero me recuerda a Luis Menéndez y su poético realismo, con la misma intensidad del óleo sobre la tabla y el lienzo, el oficio, el pastel brillante del que surge el girasol, la pincelada suave que deja al descubierto la poesía de los objetos cotidianos, que tan acostumbrados a verlos nos parecen olvidados. Schkak Mareské es médico, pinta por la pasión de pintar y el gesto pausado y su sonrisa amable se trasladan a la obra, lenta y serena, refrenada en el tiempo, tan cotidiana como sencilla y real. A veces, como decía al principio, merece la pena descansar la vista sobre algo conocido y sencillo, como una flor o una fruta, y dejarse transportar por las sensaciones más primarias del conocimiento.

Schkak Mareské, en Galería Amador de los Ríos, en Fernando el Santo, 24 de Madrid.

3 comentarios:

  1. Los que estuvimos en la galería Amador de los Ríos viendo la exposición de SCHKAK tuvimos la impresión de estar viendo anticipadamente lo que tarde o temprano verémos colgado al lado de Ticiano,Caravaggio, Velázquez y otros grandes maestros. Al contemplar su obra ,nos parece pintada de la misma paleta que dio orígen a las grandes obras maestras que cuelgan de museos como el Prado ,el Louvre o la National Gallery..Finalmente ,un nuevo capítulo de la historia del arte que se escribe con el pincel .

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  2. Estuve en la galería Amador de los Ríos y me encantó la obra de Mareské,, que pinceladas mas suaves y que hiperrealismo algunas frutas y hortalizas se salen.

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  3. Anónimo, Esther, gracias por vuestros comentarios. Desde luego coincido en que la obra es excepcional y muestra una técnica increíble, y sobre todo el hecho de que hayáis estado en la exposición para comprobar la belleza de las obras.

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