lunes, 25 de noviembre de 2013

Irene Dubrovsky: Mapas de la Alteridad


Siempre sentí una profunda atracción por los mapas. Todavía conservo el primer atlas que tuve de niño y me parece que aún no se ha mejorado, aunque no es así, pero al verlo se renueva la fascinación que hace años ejercían en mi. Recuerdo una cita: Cuando era un niño, escribe Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, tenía pasión por los mapas. Me pasaba horas y horas mirando Sudamérica, o África, o Australia, y me perdía en todo el esplendor de la exploración. En aquellos tiempos había muchos espacios en blanco en la tierra, y cuando veía uno que parecía particularmente tentador en el mapa (y lo cuál no lo parece), ponía mi dedo sobre él y decía: cuando crezca, iré allí...


La exposición que entré a ver, de la artista mexicana Irene Dubrovsky, en el Instituto de México en España, me hacía recordar esa atracción del afán viajero y el misterio de lo incógnito que de niño me transportaba imaginariamente a cualquier rincón del mundo. Plasmar esa pasión de forma abstracta y guiarse por los complejos rumbos que marcan las conexiones aéreas y los husos horarios, y que sean ellos los que nos indiquen dónde están los nodos de población, esos vacíos representados en blanco, despoblación o desierto, es un enigma aún indescifrable en mi.

La obra de Dubrovsky no es fácil de clasificar, aunque trasciende una belleza peculiar y atractiva difícil de encajar en un modelo o en una corriente artística. El crítico de la exposición comenta que la naturaleza de su obra no puede clasificarse como pintura, ni como arte objeto ni como tapiz ni collage, ni dibujo; sólo puede posicionarse como una gloriosa manifestación del arte contemporáneo. Antes advierte que las obras de Dubrovsky transitan entre lo figurativo, lo abstracto y lo geométrico para generar juegos ópticos y tridimensionales. Esto es lo que va a percibir el espectador de forma inconsciente, pero existe un trasfondo que evoca el significado social de la obra, más allá de la ejecución artística, que no deja de ser primorosa, elegante y envolvente, son los vacíos, esos espacios en blanco que señala Conrad y que el propio crítico nos recuerda: la abstracción del espacio, un espacio que es arrasado por la crisis del capitalismo y las grandes utopías geopolíticas, un espacio en blanco que margina a millones de personas, las relega al ostracismo de las corrientes modernas, la tecnología, el desarrollo y la nueva civilización y las posterga, tal vez, al corazón de las tinieblas.

Resalta gráficamente las zonas del planeta en las que no existe comunicación aérea con el resto del mundo, ya sea porque se conserva como un oasis natural o evidencia que es una zona que ha sido desdeñada por las grandes economías mundiales, vuelve a recordarnos el crítico. La misión del artista es develar esas incógnitas, esas culturas olvidadas; y la del espectador, absorberlas, reinterpretarlas y hacerlas suyas. Sin duda la obra de Irene Dubrvsky es un gran tejido que envuelve y vuelve a coserse, se transmuta en la invención del espectador, la invención del otro; en recordar que a través del arte podemos ser mejores seres humanos.

Mapas de la alteridad, de Irene Dubrovsky, en Instituto de México en España, Carrera de San Jerónimo, 46 de Madrid, frente al Congreso. Lunes a viernes de 10 a 15 horas.

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