martes, 8 de octubre de 2013

El Prometeo de Kafka


Recordaba tener este libro pero no sabía dónde y el otro día lo encontré entre otros medio olvidados también, en el desván del pueblo. Tengo varias ediciones del La Metamorfosis de Kafka, pero ésta es la más antigua que conservo y la peor editada. Tiene erratas en casi todas las páginas, pero también su encanto. Como casi todas las ediciones del breve relato de la metamorfosis de Gregor Samsa, los editores suelen rellenar el libro con otros relatos también breves, a veces son meros apuntes que los convierten en relatos, en fin, son percepciones personales. Uno de estos relatos es sobre la leyenda de Prometeo que sólo he leído en esta edición argentina de 1976, que ya no recuerdo ni dónde ni cuándo la compré. Recuerdo, eso sí, que siendo muy joven escribí una versión del mito, pero tampoco sé dónde está, incluso si tengo o no una copia. Es lo que suele ocurrir con las historias que todos conocemos, acaban olvidándose o deteriorándose en el recuerdo. El relato de Kafka dice así:

PROMETEO

     Hay cuatro leyendas referidas a Prometeo. Según la primera,  fue encadenado al Cáucaso por haber revelado a los hombres los secretos divinos,  y los dioses mandaron águilas a devorar su hígado, que se renovaba perpetuamente.
     Según la segunda, Prometeo, aguijoneado por el dolor de los picos desgarradores, se fue hundiendo en la roca hasta hacerse uno con ella.
     Según la tercera, la traición fue olvidada en el curso de los siglos. Los dioses la olvidaron, las águilas la olvidaron, él mismo la olvidó.
     Según la cuarta, se cansaron de esa historia insensata. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio.
     Quedó el inexplicable peñasco.
     La leyenda quiere explicar lo que no tiene explicación.
     Como nacida de una verdad, tiene que volver a lo inexplicable.

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